La sexualidad: camino hacia la no-dualidad y la plena comunión

       Leonardo Boff

            En un artículo anterior mostramos cómo lo femenino es la fuente-matriz de lo masculino que viene después. Es el camino occidental que utiliza la antropología y la psicología. Pero, con referencia a la mujer, Sigmund Freud afirma que ella es un ser inferior, y Jacques Lacan que ella no existe porque no puede ser definida. Dejemos de lado estos resabios de machismo cultural atávico. Vayamos a la mirada oriental, que es más fecunda y menos prejuiciosa.

            La visión oriental de la sexualidad sigue otro camino, distinto del occidental. Desarrolla una antropología extremadamente refinada. Por ejemplo, para la tradición del Yoga y del Tao, la sexualidad no es vista como algo en sí mismo. Está integrada en un todo mayor. Con ella y a través de ella se busca alcanzar la experiencia de la no-dualidad; es decir, propiciar una unión suprema entre los compañeros y el universo.

            La antropología del yoga trabaja con la realidad de la kundalini, que se expresa a través de los siete chakras (centros energéticos). Kundalini, en sánscrito, significa la energía de la serpiente cósmica: es aquella energía universal que llena todo el universo, representada por el dragón y la serpiente alada. Los cosmólogos modernos hablan de la Energía de Fondo o del Abismo generador de todos los seres.

            La kundalini, como una serpiente, estaría enrollada dentro de cada uno de nosotros, en la parte inferior del cuerpo (en el coxis), con la cabeza erguida, lista para iniciar su recorrido. En la kundalini se concentra la energía vital de la sexualidad.

            Una vez despertada, pasa por los distintos centros vitales: en el sacro, enrollada sobre sí misma en forma de fuego; luego por el chakra de los órganos genitales y reproductivos; pasa al solar (ombligo), por donde nos llega la energía de todo el universo; de allí al chakra del corazón, que permite la experiencia del amor y de la empatía; al chakra del pulmón, con el cual inspiramos y expiramos energía; después emerge el chakra frontal, entre los ojos, también llamado “tercer ojo”, que nos permite ver la tercera orilla de la realidad, es decir, una visión de totalidad; y, finalmente, el chakra de la glándula pineal, en la parte superior de la cabeza, que nos concede una experiencia de totalidad y de comunión con el Todo universal.

            En nuestra cultura, sin embargo, la kundalini ha quedado preferentemente fijada en el chakra de los órganos genitales: en esa excitación erótica que despierta los sentidos, eyacula, realiza la descarga y relaja. Si se queda en eso, sin recorrer los diversos chakras, se pierde una experiencia de totalidad plenificante y de amor profundo, fruto de una entrega. Se afirma que el hombre tiene una gran dificultad para una entrega total, ya que se trata de una experiencia de “muerte”. Se detiene a mitad de camino. Al no entregarse, se priva de la experiencia más completa. En general, el hombre se satisface, se relaja y duerme. La mujer, en cambio, se da vuelta y llora frustrada porque no se produjo la entrega total, no se realizó el recorrido por los chakras, no sintió el amor real, no se dio la expansión de la conciencia que conduce a la superación de la dualidad, mediante la cual él y ella se sumergen en una unidad profunda.Ella tiene otro ritmo que debe ser conocido por el compañero: saber esperar y ayudarla, mediante la caricia esencial, a alcanzar su clímax. Entonces, sí, se produce la relajación.

            Realizando esta comprensión más integradora y holística, se revela mejor el misterio que la sexualidad encierra, aquella dimensión ligada a la reproducción de la vida y que, al mismo tiempo, permite una comunión entre los dos con el todo que los trasciende.

            Otro es el camino del Tantra, ya sea en el hinduismo o en el taoísmo. Tantra, en sánscrito, posee muchas definiciones. La más significativa es la de “urdimbre”, como los hilos que constituyen la unidad del tejido. Podríamos decir que es la total integración sexual del hombre y la mujer, una entrega sin frenos, de tal modo que superan la dualidad hombre-mujer y forman un todo. El hombre se une tanto a la mujer que se vuelve mujer, y la mujer, hombre.

            Normalmente se entiende mal el Tantra, como si fuera una técnica para prolongar la relación sexual. Su sentido es totalmente otro. Afirma la sexualidad, que es innata y volcánica. Pero no se agota en sí misma. Es el camino hacia aquello que tal vez sea lo más difícil para los seres humanos: la entrega total y una experiencia radical de su bioenergía en su fluir natural.

            En primer lugar, se exige una relajación completa, sin buscar un fin determinado. Luego, hombre y mujer se relacionan sexualmente sin procurar la eyaculación o el clímax. Por el contrario, supone en ambos un completo autocontrol de la capacidad sexual.

            Cada uno, totalmente relajado, olvidándose de todo y de todos, se concentra plenamente en el otro y en el fluir de la energía sexual. Lentamente va emergiendo tal unidad entre ellos que se vuelven uno; es decir, han superado la tan anhelada no-dualidad. Es un éxtasis, la suprema realización humana. El abrazo profundo puede durar horas y horas sin eyacular ni llegar al clímax. El resultado final es un radical relajamiento y la experiencia de una unidad total entre ambos, que incluye todas las cosas. Se vive un arrebato que perdura varios días, tal es la radicalidad de esta unificación (cf. Bhagawan Shree Rajneesh, Tantra: sexo y espiritualidad, Agora, São Paulo, 1977).

            Como se desprende, la sexualidad —tanto en el Yoga como en el Tantra— posee su dimensión instintiva y, al mismo tiempo, en el nivel de la conciencia, se convierte en un camino hacia la más alta comunión, es decir, hacia la no-dualidad. No es casual que de la sexualidad surja el bien mayor: la vida humana en sus diversas expresiones. Ella es fuente natural y sagrada de espiritualidad y de experiencia de lo Divino.

Leonardo Boff escribe para la revista del ICL Liberta (https://www.revistaliberta.com.br); también ha publicado, junto con Lucia Ribeiro, Masculino-Femenino (Record, 2007), y con Rose-Marie Muraro, Femenino-Masculino: el encuentro de las diferencias (Record, 2010).

SERPAJ    SERVICIO  PAZ Y JUSTICIA

DONALD TRUMP Y BENJAMIN NETANYAHU SON GENOCIDAS

CRIMINALES DE LESA HUMANIDAD.

Publicamos aqui a denúnncia do Prêmio Nobel da Paz, Adolfo Pérez Esquivel, argentino, dirigida aos dois genocidas e lesa-pátria que son Donald Trump e Bejamin Netanyahu. Sempre se engajou a nível nacional e internacional na defesa dos direitos humanos, agora mais do que nunca. Ele representa uma das reservas morais e espirituais de nosso Continente. LBoff

El mundo se encuentra sacudido por GUERRAS, INVASIONES, BLOQUEOS, MUERTE, HAMBRE Y DESTRUCCIÓN DEL MEDIO AMBIENTE, provocados por gobernantes irresponsables que atentan contra la vida de las personas y de nuestra “Casa Común”. Privilegian el capital financiero y el poder económico de dominación, y se olvidan de Dios, de los valores, la ética y la responsabilidad con la vida de los pueblos.

Desconocen y violan todos los Tratados Internacionales, despreciando lo que tanto costó construir a la humanidad después de la Segunda Guerra Mundial para restablecer el equilibrio y la convivencia entre los países del mundo.

Preocupa ver que los organismos internacionales, bajo presión o complicidad, guarden silencio o no tengan la capacidad de poner límite a la crueldad. Recuerdo a Martin Luther King cuando decía que no le dolía tanto el accionar de los “malos” como el silencio de los “buenos”.

a Cuba y lo refuerce actualmente con la flota naval impidiendo el suministro de petróleo y recursos necesarios para la Isla, provocando graves dificultades energéticas que afectan la salud y la alimentación de la población, y sea una permanente amenaza para su soberanía? Cuba, que no es un peligro —por el contrario, es un país solidario con los que menos tienen— está en riesgo frente a la agresión de Estados Unidos.

Trump y Netanyahu, en su delirio guerrerista, actúan por “suspensión de conciencia”, en el juego de la guerra piensan que es lícito y justo matar, no asumen la responsabilidad de la gravedad de sus acciones. Hannah Arendt llega a la impresionante conclusión sobre Adolf Eichmann en la Segunda Guerra Mundial, cuando señala al jerarca nazi como una nueva especie criminal: HOSTIS GENERIS HUMANI, es decir, el que comete crímenes en circunstancias que le hacen imposible saber que obra mal.

Trump ordena la invasión de Venezuela y secuestra al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Celia Flores; los llevan prisioneros a Estados Unidos para ser juzgados y condenados antes del juicio.

Impone el bloqueo a Venezuela y cierran su espacio aéreo, violando todos los Tratados Internacionales, dañando la vida y la soberanía del país.

Es indignante que el presidente de Estados Unidos secuestre a 6200 niños migrantes, separados por la fuerza de sus familias e internados en cárceles, violando los derechos de la infancia. Hago un llamado al Congreso de Estados Unidos para que intervenga y que los niños y niñas vuelvan con sus familias.

Es urgente que el pueblo de Estados Unidos ponga límites a los abusos de poder de Trump. En diversos Estados levantan su voz contra el genocidio en Gaza y la guerra contra Irán por parte de Estados Unidos e Israel. Se extiende la guerra regional, y es urgente reclamar la suspensión de los ataques contra el Líbano, que desde el conflicto ha provocado más de 3000 muertes y la matanza de más de 100 niñas en un colegio en Minab por los bombardeos.

El movimiento judío en Israel NO EN NUESTRO NOMBRE reclama y exige terminar la guerra contra Palestina. Hay muchas iniciativas y acciones a escala mundial, como la Flotilla Global Solidaria a Gaza.

La Corte Penal Internacional dio orden de captura internacional para el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, a quien acusa de genocida en la Franja de Gaza.

Trump y Netanyahu creen en el poder de las armas, no en el diálogo, el derecho y la razón, quieren imponer al mundo sus intereses geopolíticos y hegemónicos. Estados Unidos utiliza el veto en la ONU para impedir la condena a Israel.

La resistencia de los pueblos aumenta día a día en defensa de la vida, de su soberanía e identidad; buscan construir un nuevo amanecer, SABIENDO QUE LA PAZ SE CONSTRUYE COMO FRUTO DE LA JUSTICIA Y EL DERECHO DE LOS PUEBLOS.

La guerra desatada contra Irán por Estados Unidos e Israel es una ofensa a la humanidad: en el tiempo que lleva la guerra han asesinado a más de 3000 personas en Irán y ponen en peligro la vida planetaria, frente a la amenaza de una posible GUERRA NUCLEAR.

Trump, en su suspensión de conciencia, busca mantener la hegemonía mundial a través de la fuerza, imposiciones económicas y aranceles, frente a otras potencias emergentes que reclaman un nuevo orden mundial. Equivocó el camino; eligió el peor de todos: la guerra, donde todos pierden. Está preocupado por los números, costos y pérdidas económicas en la guerra, y olvida que detrás de los números hay rostros de hombres, mujeres, niños y niñas que reclaman un lugar digno en la vida.

Le pido al presidente Trump que mire su vida espiritual, si la tiene; que no olvide que la violencia y las muertes contra los pueblos ofenden a Dios y a toda la humanidad, y que lo que siembra, recoge.

El Papa Francisco, en su incansable prédica por la paz, sabía de las consecuencias de la escalada bélica y decía que el mundo ya se encuentra en la Tercera Guerra Mundial, que va aumentando a cuentagotas, y que la humanidad está frente a la amenaza de una posible guerra nuclear. Hay que hacer todo lo posible para evitarla y llamar a la conciencia de los responsables; pide orar y actuar, y saber que LA PAZ ES EL CAMINO.

El preámbulo de las Naciones Unidas es muy claro: “Nosotros, los pueblos del mundo, queremos la paz…”

No olvidarlo y defender el derecho de los pueblos se hace urgente.

Buenos Aires 13 de abrilol 2026.

           Adolfo Pérez Esquivel

           Premio Nobel de la Paz 1980

                         Presidente Honorario SERPAJ

Fundación Servicio Paz y Justicia, organización reconocida con el Premio Mensajera de la Paz por Las Naciones Unidas y Educación para la Paz por la UNESCO. Piedras 730, Ciudad de Buenos Aires (1070), Buenos Aires, Argentina, Teléfono 54 11 43615745 mail: secinstitucional@serpaj.org.ar, http://www.serpaj.org.ar

No asumimos la nueva conciencia planetaria:Artemis II


Leonardo Boff

Los numerosos viajes espaciales, seis de ellos tripulados a la Luna, y otros que incluso salieron de nuestro sistema solar y recorren el espacio ilimitado del universo, no han creado, en general en la humanidad y mucho menos en los dirigentes de los pueblos, la nueva conciencia planetaria que de allí se deriva. Seguimos viviendo bajo el régimen de los Estados-nación, cada uno con sus límites, definidos por el Tratado de Westfalia de 1648. La Covid-19 no respetó los límites de las naciones. Afectó a todos. De ello todavía no se han sacado las debidas consecuencias. El modo de vida depredador y consumista volvió con aún más furor. No se escucharon las lecciones que la Madre Tierra nos dio.

Se suma además el hecho de que en nuestros días tenemos guerras por territorios (Ucrania, Franja de Gaza, Groenlandia y otros). Vista desde la perspectiva de los astronautas, como bien observó uno de los cuatro de la nave espacial Artemis II: “desde aquí arriba somos un solo pueblo”. Esta afirmación vuelve ridículas esas disputas. Son sostenidas por crueles y genocidas como Netanyahu y Trump, que todavía no han descubierto que somos una sola especie humana y que la Tierra es nuestra única Casa Común, en la que caben judíos, palestinos y otros.

Inolvidables son las palabras de Neil Armstrong, el primero en pisar la Luna el 20 de julio de 1969: “Es un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la Humanidad”. Y continuaba: “De repente noté que aquella pequeña y bella arveja azul era la Tierra… Con mi pulgar cubrí totalmente la Tierra”.

Demos algunos testimonios más de astronautas, reunidos en el libro de Frank White, The Overview Effect (Boston, 1987, tengo un ejemplar autografiado por él). Del astronauta Russell Schweickart: “La Tierra vista desde afuera: uno percibe que todo lo que le es significativo, toda la historia, el arte, el nacimiento, la muerte, el amor, la alegría y las lágrimas, todo eso está en ese pequeño punto azul y blanco que puedes cubrir con tu pulgar. Y desde esa perspectiva se entiende que todo en nosotros cambió, que empieza a existir algo nuevo, que la relación ya no es la misma que antes” (The Overview Effect, p. 38).

Del astronauta Gene Cernan: “Fui el último hombre en pisar la Luna en diciembre de 1972. Desde la superficie lunar contemplaba, con un temor reverencial, la Tierra sobre un fondo de azul muy oscuro. Lo que veía era demasiado bello para ser comprendido, demasiado lógico, lleno de propósito como para ser fruto de un mero accidente cósmico. Uno se sentía, interiormente, obligado a alabar a Dios. Dios debe existir por haber creado aquello que yo tenía el privilegio de contemplar” (op. cit., p. 39).

Sigmund Jähn: “Las fronteras políticas ya han sido superadas. También las fronteras de las naciones. Somos un solo pueblo y cada uno es responsable de mantener el frágil equilibrio de la Tierra. Somos sus guardianes y debemos cuidar el futuro común” (op. cit., p. 43).

Estas visiones, que parecen evidentes, nunca fueron tomadas en serio por la geopolítica ni por los jefes de Estado. Incluso sin haber visto la Tierra desde fuera (nunca salió de su ciudad, Königsberg), Immanuel Kant (1724–1804), en su última obra La paz perpetua (1795), enfatizó que la Tierra pertenece a toda la humanidad y constituye un bien común de todos. No habría, entonces, razón para luchar por territorios si todo es de todos. Podríamos vivir en una paz perpetua.

Pero quien, en nuestro tiempo, tomó conciencia de este cambio a partir del hecho de ver la Tierra desde fuera, fue el prolífico escritor ruso Isaac Asimov, autor de cientos de libros de contenido científico, aunque de divulgación. Con motivo de los 25 años del lanzamiento del Sputnik, el 4 de octubre de 1957 —que inauguró la era espacial—, fue invitado por el New York Times a escribir un artículo sobre el legado de ese acontecimiento. Redactó un breve texto titulado “Sputnik’s Legacy: Globalism” (“El legado del Sputnik: el globalismo”).

Retomo algunos puntos, porque siguen siendo actuales, aunque poco considerados.

“La primera palabra que hay que decir es globalismo. Incluso contra nuestra voluntad”, afirma Asimov, “debemos considerar la Tierra y la humanidad como una única entidad (single entity)”. “Los satélites —continúa— muestran ese ser único (unit), lo aceptemos o no. Por primera vez en la historia podemos identificar los huracanes y las perturbaciones climáticas desde su inicio hasta su fin. Los medios de comunicación nos conectan globalmente unos a otros, comprobando el globalismo (lo que hoy llamaríamos globalización). Ese es el lado material.

Pero hay también un lado psicológico: “La visión de la Tierra como un todo, como esfera planetaria, nos obliga a sentirla como pequeña y frágil. Es arbitraria la división de su superficie en porciones (naciones), consideradas sagradas, que deben preservarse a cualquier costo, incluso si ello implica la destrucción del planeta”. Lo importante es ver el todo, el planeta.

Por último, está el lado de las potencialidades. La Era Espacial abrió el camino para nuevos viajes y para descubrir cómo están compuestos los planetas y cómo funcionan. “Todo esto será imposible sin una cooperación global. El desarrollo del espacio es un proyecto de la humanidad en su conjunto, y en ello se mostrará el valor del globalismo”.

Sin embargo, debemos hacer una elección entre lo local y lo global. “El localismo (las naciones consideradas en sí mismas) puede acelerar nuestra deriva hacia una eventual destrucción, incluso de la propia humanidad. El globalismo nos ofrece la esperanza de una civilización mayor, más amplia y mejor, con mayor versatilidad y flexibilidad, liberándonos del encierro de lo local”. Si consideramos las alternativas —localismo como muerte frente a globalismo como vida—, seguramente elegiremos la vida. Ese es el legado de la Era Espacial”.

Hoy estamos viviendo lo contrario de todo lo que se expresó anteriormente. Predomina la afirmación de la nación (nacionalismo) en oposición a otras naciones, con la ideología del fascismo acompañando frecuentemente este movimiento, tanto a nivel nacional como mundial. En lugar de profundizar la globalización —más allá de su reducción a lo económico— como una nueva etapa de la Tierra y de la humanidad (todos estamos regresando de una gran dispersión) y reencontrándonos en un mismo lugar, el planeta Tierra, hemos retrocedido hacia un pasado de divisiones, oposiciones y guerras, en el afán de conquistar territorios.

Sin embargo, creo que lo que es verdadero tiene fuerza y termina imponiéndose. Superará esta regresión nacionalista y fascista, y reforzará un nuevo rumbo para la Tierra y la humanidad como una única y compleja realidad: nuestra Casa Común.

Leonardo Boff escribe para la revista del ICL LIBERTA ( https:// www.revistaliberta.com.br; y es autor también de La Tierra en la palma de la mano (Vozes, 2016) (https://www.leonardoboff.org)

El fin del principio-Adán: lo femenino es anterior a lo ma

Leonardo Boff

La vida ya existe en la Tierra desde hace 3.8 billones de años. El antepasado común de todos los seres vivos fue probablemente una bacteria unicelular sin núcleo que se multiplicaba de manera asombrosa por división interna o por clonación. En la clonación, si no hay control sobre la bacteria, en tres días podría dominar el planeta, tal es su impulso vital y de auto-multiplicación. Pero siempre prevalece un equilibrio que autolimita este proceso; de lo contrario, tendríamos graves desequilibrios ecológicos hasta el punto de que la vida se volvería imposible. Esto duró cerca de un billón de años.

Posteriormente surgió una célula con membrana y dos núcleos, dentro de los cuales se encontraban los cromosomas. En ella se identifica el origen del sexo. Cuando ocurría el intercambio de núcleos entre dos células binucleadas, se generaba un único núcleo con los cromosomas en pares. Antes, las células se subdividían por clonación; ahora lo hacen mediante el intercambio entre dos diferentes con sus núcleos. Así se revela la simbiosis —composición de elementos distintos— que, junto con la selección natural, representa una, aunque no la única, de las fuerzas más importantes de la evolución.

Lo que muchos biólogos sostienen —incluido el astrofísico Stephen Hawking, en su libro El universo en una cáscara de nuez (Mandarim, San Pablo 2001)— es que en la evolución y en el proceso biogénico no existe simplemente el triunfo del más apto, como pretendía Darwin. Tal visión es aún insuficiente, pues no toma en cuenta las interdependencias existentes entre todos los seres, incluso a nivel físico-químico, mucho antes del surgimiento de la vida. Es esta interdependencia, la cooperación de todos con todos, la que constituye la línea maestra del proceso evolutivo.

La competencia, con la posibilidad de que triunfe el más apto, solo es posible dentro de la interdependencia y la cooperación universal. El débil también posee su oportunidad y su lugar, y gracias a la interdependencia sobrevive. Este principio originario de interdependencia de todos con todos fundamenta la sostenibilidad y explica la biodiversidad y la fuerza de la vida.

Christian de Duve, premio Nobel de Medicina, llega a afirmar en su conocido libro Polvo vital: la vida como imperativo cósmico” (Campus 1997) “la vida es como una plaga tan violenta que jamás se ha conseguido exterminarla” (p.368). A lo largo de la historia de la Tierra ocurrieron quince grandes extinciones de especies vivas, pero ella, la Tierra viva, logró siempre reconstruir la biodiversidad e incluso enriquecerla.

Cuando surgió la sexualidad con la bipolaridad masculino/femenino, apareció también la gran diversidad y la singularidad de los seres vivos. El intercambio del material genético se da siempre bajo un principio cuántico, es decir, está vigente el principio de indeterminación de Werner Heisenberg. Nunca se sabe exactamente qué resulta de las conjunciones ni qué enriquecimientos surgen a partir de los dos tipos de capital genético, el femenino y el masculino.

Este hecho tiene consecuencias filosóficas: la vida está tejida más de intercambios, cooperación y simbiosis que de lucha competitiva por la supervivencia y la competencia, como ocurre en el ámbito de los negocios.

Cuando se alcanza el nivel consciente y libre, esta riqueza y este intercambio pasan de la exterioridad biológica a la interioridad subjetiva, es decir, al proyecto personal. La sexualidad puede transformarse en un propósito de vida, vivido en pareja y en libertad, expresado en el amor. Esta opción ya no está regida por el código genético descrito por la biología. Aquí intervienen otros principios ligados a la innovación, la libertad, la cooperación consciente, el cuidado y el amor, sobre los cuales se estructuran relaciones nuevas, creativas y libres, también entre hombre con hombre o mujer con mujer.

Retomando el hilo: durante los dos primeros billones de años, en los océanos o lagos de donde surgió la vida, no existían órganos sexuales específicos. Existía una existencia femenina generalizada que, en el gran útero de los océanos, lagos y ríos, generaba vida. En este sentido podemos decir que el principio femenino es primero y originario, y no el masculino. Así se invalida el mito bíblico y cultural de la primacía de Adán (lo masculino).

Solo cuando los seres vivos dejaron el mar, fue surgiendo lentamente el pene, elemento masculino que, al entrar en contacto con la célula femenina, le transmitía parte de su ADN, donde se encuentran los genes.

Con la aparición de los vertebrados, los reptiles, hace 370 millones de años, estos crearon el huevo amniótico lleno de nutrientes y consolidaron la vida en tierra firme. Con la aparición de los mamíferos, hace unos 125 millones de años, surgió una sexualidad definida de macho y hembra. Allí emergen el cuidado, el amor y la protección de las crías. Hace 70 millones de años apareció nuestro ancestro humano, que vivía en la copa de los árboles, alimentándose de brotes y flores. Con la desaparición de los dinosaurios, hace 67 millones de años, pudo descender al suelo y desarrollarse hasta llegar a nuestros días.

Conviene detallar mejor la complejidad implicada en la sexualidad.

El sexo genético-celular humano presenta el siguiente cuadro: la mujer se caracteriza por 22 pares de cromosomas somáticos más dos cromosomas X (XX). El hombre posee también 22 pares, pero con un cromosoma X y otro Y (XY). De ello se deduce que el sexo base es femenino (XX), mientras que el masculino (XY) representa una derivación por un único cromosoma (Y). Por tanto, no existe un sexo absoluto, sino uno dominante. En cada uno de nosotros, hombres y mujeres, existe “un segundo sexo”.

En cuanto al sexo genital-gonadal, es importante señalar que en las primeras semanas el embrión es andrógino, es decir, posee ambas posibilidades sexuales, femenina y masculina. A partir de la octava semana, si el cromosoma Y interviene mediante el andrógeno, la definición será masculina. Si no ocurre, prevalece la base común femenina. En  términos del sexo genital-gonodal podemos decir: el camino femenino es primordial. A partir de lo femenino se da la diferenciación, lo que desautoriza el fantasioso “principio-Adán” . La ruta de lo masculino es una modificación de la matriz femenina, por causa de la secreción del andrógenos.

Existe además el sexo hormonal. Todas las glándulas sexuales, tanto en el hombre como en la mujer, son reguladas por la hipófisis, que es sexualmente neutra, y por el hipotálamo, que sí está sexuado. Estas glándulas producen tanto andrógenos (masculinos) como estrógenos (femeninos). Son responsables por los caracteres sexuales secundarios. La predominancia de uno u otro determina características y comportamientos femeninos o masculinos. Así, un hombre con mayor presencia de estrógenos puede presentar rasgos femeninos, y lo mismo ocurre en la mujer respecto a los andrógenos.

Por último, la sexualidad posee una dimensión ontológica. El ser humano no “tiene” sexo. Él es sexuado en todas sus dimensiones, corporales, mentales y espirituales. Antes de la emergencia de la sexualidad, el mundo es el de lo idéntico; con ella surge la diferencia mediante el intercambio entre distintos, que permite la convivencia y la interrelación.

Esto tiene consecuencias antropológicas: la vida está más tejida de cooperación y simbiosis que de lucha competitiva.

Así ocurre con la sexualidad humana: cada persona, además de su impulso instintivo, siente la necesidad racional y afectiva de canalizarlo y sublimarlo. Quiere amar y ser amada, no por imposición, sino por libertad. La sexualidad florece en el amor, la fuerza más poderosa “que mueve el cielo y las estrellas” (Dante) y también nuestros corazones. Es la máxima realización a la que puede aspirar el ser humano. Pero conviene recordar: lo femenino es anterior, surge primero y es fundamental. Lo masculino apareció mucho más tarde en el proceso de la sexogénesis. Ambos, sin embargo, se encuentran para conformar la unidad diversa de la especie humana, de mujer y varón.

Leonardo Boff escreve para a revista LIBERTA (https:// www.revistaliberta.com.br); escreveu também com Rose-Marie Muraro: Feminino-masculino:uma nova consciência para o encontro das diferenças,Record RJ 2010; Epirito Santo y Maria, DABAR 2002. (https://www.leonardoboff.org).