“En su país la vida parece no valer nada: se mata por un celular”

Leonardo Boff

            Esa frase no es mía. Es de uno de los mayores humanistas de nuestro continente, el expresidente uruguayo José Mujica. Después de un largo diálogo sobre el destino de nuestros países, del mundo, del capitalismo transformado en una cultura que nos envuelve a todos, en cierto momento confesó:“En Brasil la vida parece no valer nada: se mata por un celular. En Uruguay, cuando hay un crimen semejante, siendo un país ‘chiquitito’, todos llegan a saberlo”. En su país queda así, sin investigación, pues se trata de un negro.

            Al final nos abrazamos, y tal fue la sintonía en nuestras palabras que me dijo: “somos almas hermanas”. Yo, sorprendido, guardé silencio para no llorar y, con la voz entrecortada, apenas le dije: “ia .Hay dos personas que yo admiro enormemente:el Papa Francisco y Usted,Mujica.” Él me abrazó fuertemente y vi que una lágrima furtiva corría por sus cansados ojos.

            Decía la verdad. Una conocida de una comunidad periférica del Gran Río me contó: “hablé con un policía militar que iba y venía por nuestra placita y me dijo: ‘caramba, estoy aquí desde hace dos horas y todavía no maté a ningún joven negro’”. Muchos jóvenes negros entre 15 y 18 años son asesinados con un tiro en la cabeza con esta justificación: o pertenecen al narcotráfico o van a entrar en él. Entonces se procede al “abate” (expresión de un exgobernador hoy preso /eliminación, ejecución)

            En el mundo actual parece, efectivamente, que la vida no vale nada. Véase la matanza y el genocidio cometidos bajo el mando de Benjamin Netanyahu en la Franja de Gaza. Los asesinatos de niños en Sudán, sin hablar de los miles de muertos en Ucrania y en Irán bajo los bombardeos, por un lado de los rusos y, por otro, de los norteamericanos y los israelíes, incluso utilizando Inteligencia Artificial.

            El jefe de la Oficina de la ONU para Asuntos Humanitarios afirma: “los gastos de 14 días de guerra salvarían 87 millones de vidas” (O Globo, 22/4/26, p.19). ¿Por qué no decidimos por la vida y preferimos la muerte? Ese es el misterio de nuestra condición humana, que se muestra cruel y sin piedad.

            Leo algo aterrador que ya está en funcionamiento y se completará hacia 2027: una superinteligencia artificial que maneja trillones de algoritmos, acumulados de todo el mundo. Ya no depende de decisiones humanas. Puede, eventualmente, tomar la decisión de eliminar toda la vida humana. El profesor HOC, uno de nuestros más serios analistas geopolíticos, describió en detalle su funcionamiento en su YouTube: “La disputa que puede decidir el futuro de la humanidad: Anthropic y el gobierno estadounidense” (basta entrar en Google y escribir este título)

            En este contexto amenazador conviene reflexionar, aún a tiempo, sobre la excelencia de la vida. Las respuestas consagradas dicen que proviene de Dios o de algo misterioso, inaccesible para nosotros.

            Pero nuestra visión cambió radicalmente cuando en 1953 James Watson y Francis Crick descifraron la estructura de la molécula de ácido desoxirribonucleico (DNA), que contiene el manual de instrucciones de la creación humana. La molécula de DNA consiste en múltiples copias de una unidad básica, el nucleótido, que se presenta en cuatro formas: adenina (A), timina (T), guanina (G) y citosina (C).

            Ese alfabeto de cuatro letras se despliega en otro alfabeto de veinte letras que son las proteínas. Forman el código genético que se presenta en una estructura de doble hélice o de dos cadenas moleculares. Es el mismo en todos los seres vivos. Por eso somos todos parientes. Para los científicos Watson y Crick: “la vida no es más que una vasta gama de reacciones químicas coordinadas; el ‘secreto’ de esta coordinación es un complejo y fascinante conjunto de instrucciones inscritas químicamente en nuestro DNA” (cf. DNA: el secreto de la vida, Companhia das Letras, 2005, p. 424). Pero es mucho más: para otros cosmólogos, una energía de fondo, amorosa y poderosa, hizo converger todos los elementos para formar este conjunto de instrucciones: alguien que aparece como la fuente de toda la vida. ¿Quién es? Este es el misterio decifrado por las religiones.

            Así, la vida fue insertada en el proceso global de la evolución. Después de la gran explosión del Big Bang, hace 13.700 millones de años, la energía y la materia liberadas se fueron expandiendo, densificando, complejizando y creando nuevas formas de organización. Al alcanzar un alto nivel de complejidad, irrumpió la vida como un imperativo cósmico. (cf.Joël de Rosnay, La aventura de la vida, Vozes 1992)

            La vida representa, entonces, una posibilidad presente en las energías originarias y en la materia primordial. La materia no es “material”, sino un campo altamente interactivo de energías condensadas, como sostienen destacados físicos cuánticos, biólogos y cosmólogos.

            La vida existe desde hace 3.800 millones de años. Ella es la Eva originaria de todos los seres vivos. Nosotros, los humanos, somos un subcapítulo del capítulo fundamental que es la propia vida. Somos aquella porción de la Tierra que un día, bajo extrema complejidad, comenzó a sentir, pensar, amar y venerar. Así surgió el ser humano.Somos Tierra.

            Por último, me atrevo a repetir lo que escribí en un artículo anterior. Según varios biólogos y cosmólogos, “el Universo sería incompleto sin la vida”. Siempre que se alcanza cierto nivel de complejidad, la vida surge como un imperativo cósmico, en cualquier parte del universo. Es la tesis de Christian de Duve, premio Nobel de biología, y del físico cuántico, de la India Amit Goswami.

            Por lo tanto, debemos enriquecer nuestra visión del universo, no como algo muerto, sino lleno de vida en trillones de planetas dentro de miles de millones de galaxias. Nuestra Vía Láctea, de tamaño medio, es portadora de esta joya preciosa que es la vida. En nosotros, la vida se hizo reflexiva y consciente, con la capacidad de dar rumbo a la historia.

            Pero en este momento, dada nuestra osadía irresponsable, hemos creado una superinteligencia artificial que puede destruirnos. Sin embargo, alimentamos la esperanza de que la vida siempre triunfará, como logró sobrevivir a las quinze grandes extinciones del pasado.

Leonardo Boff escribe para la revista del ICL LIBERTA (https://www.revistaliberta.com.br); escribió junto con el cosmólogo M. Hathaway El Tao de la Liberación, premiado en 2010 en Estados Unidos con la medalla de oro en nueva ciencia y cosmología; cf. también Ética de la vida, Record, 2006 (https://www.leonardoboff.org).

La sexualidad: camino hacia la no-dualidad y la plena comunión

       Leonardo Boff

            En un artículo anterior mostramos cómo lo femenino es la fuente-matriz de lo masculino que viene después. Es el camino occidental que utiliza la antropología y la psicología. Pero, con referencia a la mujer, Sigmund Freud afirma que ella es un ser inferior, y Jacques Lacan que ella no existe porque no puede ser definida. Dejemos de lado estos resabios de machismo cultural atávico. Vayamos a la mirada oriental, que es más fecunda y menos prejuiciosa.

            La visión oriental de la sexualidad sigue otro camino, distinto del occidental. Desarrolla una antropología extremadamente refinada. Por ejemplo, para la tradición del Yoga y del Tao, la sexualidad no es vista como algo en sí mismo. Está integrada en un todo mayor. Con ella y a través de ella se busca alcanzar la experiencia de la no-dualidad; es decir, propiciar una unión suprema entre los compañeros y el universo.

            La antropología del yoga trabaja con la realidad de la kundalini, que se expresa a través de los siete chakras (centros energéticos). Kundalini, en sánscrito, significa la energía de la serpiente cósmica: es aquella energía universal que llena todo el universo, representada por el dragón y la serpiente alada. Los cosmólogos modernos hablan de la Energía de Fondo o del Abismo generador de todos los seres.

            La kundalini, como una serpiente, estaría enrollada dentro de cada uno de nosotros, en la parte inferior del cuerpo (en el coxis), con la cabeza erguida, lista para iniciar su recorrido. En la kundalini se concentra la energía vital de la sexualidad.

            Una vez despertada, pasa por los distintos centros vitales: en el sacro, enrollada sobre sí misma en forma de fuego; luego por el chakra de los órganos genitales y reproductivos; pasa al solar (ombligo), por donde nos llega la energía de todo el universo; de allí al chakra del corazón, que permite la experiencia del amor y de la empatía; al chakra del pulmón, con el cual inspiramos y expiramos energía; después emerge el chakra frontal, entre los ojos, también llamado “tercer ojo”, que nos permite ver la tercera orilla de la realidad, es decir, una visión de totalidad; y, finalmente, el chakra de la glándula pineal, en la parte superior de la cabeza, que nos concede una experiencia de totalidad y de comunión con el Todo universal.

            En nuestra cultura, sin embargo, la kundalini ha quedado preferentemente fijada en el chakra de los órganos genitales: en esa excitación erótica que despierta los sentidos, eyacula, realiza la descarga y relaja. Si se queda en eso, sin recorrer los diversos chakras, se pierde una experiencia de totalidad plenificante y de amor profundo, fruto de una entrega. Se afirma que el hombre tiene una gran dificultad para una entrega total, ya que se trata de una experiencia de “muerte”. Se detiene a mitad de camino. Al no entregarse, se priva de la experiencia más completa. En general, el hombre se satisface, se relaja y duerme. La mujer, en cambio, se da vuelta y llora frustrada porque no se produjo la entrega total, no se realizó el recorrido por los chakras, no sintió el amor real, no se dio la expansión de la conciencia que conduce a la superación de la dualidad, mediante la cual él y ella se sumergen en una unidad profunda.Ella tiene otro ritmo que debe ser conocido por el compañero: saber esperar y ayudarla, mediante la caricia esencial, a alcanzar su clímax. Entonces, sí, se produce la relajación.

            Realizando esta comprensión más integradora y holística, se revela mejor el misterio que la sexualidad encierra, aquella dimensión ligada a la reproducción de la vida y que, al mismo tiempo, permite una comunión entre los dos con el todo que los trasciende.

            Otro es el camino del Tantra, ya sea en el hinduismo o en el taoísmo. Tantra, en sánscrito, posee muchas definiciones. La más significativa es la de “urdimbre”, como los hilos que constituyen la unidad del tejido. Podríamos decir que es la total integración sexual del hombre y la mujer, una entrega sin frenos, de tal modo que superan la dualidad hombre-mujer y forman un todo. El hombre se une tanto a la mujer que se vuelve mujer, y la mujer, hombre.

            Normalmente se entiende mal el Tantra, como si fuera una técnica para prolongar la relación sexual. Su sentido es totalmente otro. Afirma la sexualidad, que es innata y volcánica. Pero no se agota en sí misma. Es el camino hacia aquello que tal vez sea lo más difícil para los seres humanos: la entrega total y una experiencia radical de su bioenergía en su fluir natural.

            En primer lugar, se exige una relajación completa, sin buscar un fin determinado. Luego, hombre y mujer se relacionan sexualmente sin procurar la eyaculación o el clímax. Por el contrario, supone en ambos un completo autocontrol de la capacidad sexual.

            Cada uno, totalmente relajado, olvidándose de todo y de todos, se concentra plenamente en el otro y en el fluir de la energía sexual. Lentamente va emergiendo tal unidad entre ellos que se vuelven uno; es decir, han superado la tan anhelada no-dualidad. Es un éxtasis, la suprema realización humana. El abrazo profundo puede durar horas y horas sin eyacular ni llegar al clímax. El resultado final es un radical relajamiento y la experiencia de una unidad total entre ambos, que incluye todas las cosas. Se vive un arrebato que perdura varios días, tal es la radicalidad de esta unificación (cf. Bhagawan Shree Rajneesh, Tantra: sexo y espiritualidad, Agora, São Paulo, 1977).

            Como se desprende, la sexualidad —tanto en el Yoga como en el Tantra— posee su dimensión instintiva y, al mismo tiempo, en el nivel de la conciencia, se convierte en un camino hacia la más alta comunión, es decir, hacia la no-dualidad. No es casual que de la sexualidad surja el bien mayor: la vida humana en sus diversas expresiones. Ella es fuente natural y sagrada de espiritualidad y de experiencia de lo Divino.

Leonardo Boff escribe para la revista del ICL Liberta (https://www.revistaliberta.com.br); también ha publicado, junto con Lucia Ribeiro, Masculino-Femenino (Record, 2007), y con Rose-Marie Muraro, Femenino-Masculino: el encuentro de las diferencias (Record, 2010).

SERPAJ    SERVICIO  PAZ Y JUSTICIA

DONALD TRUMP Y BENJAMIN NETANYAHU SON GENOCIDAS

CRIMINALES DE LESA HUMANIDAD.

Publicamos aqui a denúnncia do Prêmio Nobel da Paz, Adolfo Pérez Esquivel, argentino, dirigida aos dois genocidas e lesa-pátria que son Donald Trump e Bejamin Netanyahu. Sempre se engajou a nível nacional e internacional na defesa dos direitos humanos, agora mais do que nunca. Ele representa uma das reservas morais e espirituais de nosso Continente. LBoff

El mundo se encuentra sacudido por GUERRAS, INVASIONES, BLOQUEOS, MUERTE, HAMBRE Y DESTRUCCIÓN DEL MEDIO AMBIENTE, provocados por gobernantes irresponsables que atentan contra la vida de las personas y de nuestra “Casa Común”. Privilegian el capital financiero y el poder económico de dominación, y se olvidan de Dios, de los valores, la ética y la responsabilidad con la vida de los pueblos.

Desconocen y violan todos los Tratados Internacionales, despreciando lo que tanto costó construir a la humanidad después de la Segunda Guerra Mundial para restablecer el equilibrio y la convivencia entre los países del mundo.

Preocupa ver que los organismos internacionales, bajo presión o complicidad, guarden silencio o no tengan la capacidad de poner límite a la crueldad. Recuerdo a Martin Luther King cuando decía que no le dolía tanto el accionar de los “malos” como el silencio de los “buenos”.

a Cuba y lo refuerce actualmente con la flota naval impidiendo el suministro de petróleo y recursos necesarios para la Isla, provocando graves dificultades energéticas que afectan la salud y la alimentación de la población, y sea una permanente amenaza para su soberanía? Cuba, que no es un peligro —por el contrario, es un país solidario con los que menos tienen— está en riesgo frente a la agresión de Estados Unidos.

Trump y Netanyahu, en su delirio guerrerista, actúan por “suspensión de conciencia”, en el juego de la guerra piensan que es lícito y justo matar, no asumen la responsabilidad de la gravedad de sus acciones. Hannah Arendt llega a la impresionante conclusión sobre Adolf Eichmann en la Segunda Guerra Mundial, cuando señala al jerarca nazi como una nueva especie criminal: HOSTIS GENERIS HUMANI, es decir, el que comete crímenes en circunstancias que le hacen imposible saber que obra mal.

Trump ordena la invasión de Venezuela y secuestra al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Celia Flores; los llevan prisioneros a Estados Unidos para ser juzgados y condenados antes del juicio.

Impone el bloqueo a Venezuela y cierran su espacio aéreo, violando todos los Tratados Internacionales, dañando la vida y la soberanía del país.

Es indignante que el presidente de Estados Unidos secuestre a 6200 niños migrantes, separados por la fuerza de sus familias e internados en cárceles, violando los derechos de la infancia. Hago un llamado al Congreso de Estados Unidos para que intervenga y que los niños y niñas vuelvan con sus familias.

Es urgente que el pueblo de Estados Unidos ponga límites a los abusos de poder de Trump. En diversos Estados levantan su voz contra el genocidio en Gaza y la guerra contra Irán por parte de Estados Unidos e Israel. Se extiende la guerra regional, y es urgente reclamar la suspensión de los ataques contra el Líbano, que desde el conflicto ha provocado más de 3000 muertes y la matanza de más de 100 niñas en un colegio en Minab por los bombardeos.

El movimiento judío en Israel NO EN NUESTRO NOMBRE reclama y exige terminar la guerra contra Palestina. Hay muchas iniciativas y acciones a escala mundial, como la Flotilla Global Solidaria a Gaza.

La Corte Penal Internacional dio orden de captura internacional para el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, a quien acusa de genocida en la Franja de Gaza.

Trump y Netanyahu creen en el poder de las armas, no en el diálogo, el derecho y la razón, quieren imponer al mundo sus intereses geopolíticos y hegemónicos. Estados Unidos utiliza el veto en la ONU para impedir la condena a Israel.

La resistencia de los pueblos aumenta día a día en defensa de la vida, de su soberanía e identidad; buscan construir un nuevo amanecer, SABIENDO QUE LA PAZ SE CONSTRUYE COMO FRUTO DE LA JUSTICIA Y EL DERECHO DE LOS PUEBLOS.

La guerra desatada contra Irán por Estados Unidos e Israel es una ofensa a la humanidad: en el tiempo que lleva la guerra han asesinado a más de 3000 personas en Irán y ponen en peligro la vida planetaria, frente a la amenaza de una posible GUERRA NUCLEAR.

Trump, en su suspensión de conciencia, busca mantener la hegemonía mundial a través de la fuerza, imposiciones económicas y aranceles, frente a otras potencias emergentes que reclaman un nuevo orden mundial. Equivocó el camino; eligió el peor de todos: la guerra, donde todos pierden. Está preocupado por los números, costos y pérdidas económicas en la guerra, y olvida que detrás de los números hay rostros de hombres, mujeres, niños y niñas que reclaman un lugar digno en la vida.

Le pido al presidente Trump que mire su vida espiritual, si la tiene; que no olvide que la violencia y las muertes contra los pueblos ofenden a Dios y a toda la humanidad, y que lo que siembra, recoge.

El Papa Francisco, en su incansable prédica por la paz, sabía de las consecuencias de la escalada bélica y decía que el mundo ya se encuentra en la Tercera Guerra Mundial, que va aumentando a cuentagotas, y que la humanidad está frente a la amenaza de una posible guerra nuclear. Hay que hacer todo lo posible para evitarla y llamar a la conciencia de los responsables; pide orar y actuar, y saber que LA PAZ ES EL CAMINO.

El preámbulo de las Naciones Unidas es muy claro: “Nosotros, los pueblos del mundo, queremos la paz…”

No olvidarlo y defender el derecho de los pueblos se hace urgente.

Buenos Aires 13 de abrilol 2026.

           Adolfo Pérez Esquivel

           Premio Nobel de la Paz 1980

                         Presidente Honorario SERPAJ

Fundación Servicio Paz y Justicia, organización reconocida con el Premio Mensajera de la Paz por Las Naciones Unidas y Educación para la Paz por la UNESCO. Piedras 730, Ciudad de Buenos Aires (1070), Buenos Aires, Argentina, Teléfono 54 11 43615745 mail: secinstitucional@serpaj.org.ar, http://www.serpaj.org.ar

No asumimos la nueva conciencia planetaria:Artemis II


Leonardo Boff

Los numerosos viajes espaciales, seis de ellos tripulados a la Luna, y otros que incluso salieron de nuestro sistema solar y recorren el espacio ilimitado del universo, no han creado, en general en la humanidad y mucho menos en los dirigentes de los pueblos, la nueva conciencia planetaria que de allí se deriva. Seguimos viviendo bajo el régimen de los Estados-nación, cada uno con sus límites, definidos por el Tratado de Westfalia de 1648. La Covid-19 no respetó los límites de las naciones. Afectó a todos. De ello todavía no se han sacado las debidas consecuencias. El modo de vida depredador y consumista volvió con aún más furor. No se escucharon las lecciones que la Madre Tierra nos dio.

Se suma además el hecho de que en nuestros días tenemos guerras por territorios (Ucrania, Franja de Gaza, Groenlandia y otros). Vista desde la perspectiva de los astronautas, como bien observó uno de los cuatro de la nave espacial Artemis II: “desde aquí arriba somos un solo pueblo”. Esta afirmación vuelve ridículas esas disputas. Son sostenidas por crueles y genocidas como Netanyahu y Trump, que todavía no han descubierto que somos una sola especie humana y que la Tierra es nuestra única Casa Común, en la que caben judíos, palestinos y otros.

Inolvidables son las palabras de Neil Armstrong, el primero en pisar la Luna el 20 de julio de 1969: “Es un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la Humanidad”. Y continuaba: “De repente noté que aquella pequeña y bella arveja azul era la Tierra… Con mi pulgar cubrí totalmente la Tierra”.

Demos algunos testimonios más de astronautas, reunidos en el libro de Frank White, The Overview Effect (Boston, 1987, tengo un ejemplar autografiado por él). Del astronauta Russell Schweickart: “La Tierra vista desde afuera: uno percibe que todo lo que le es significativo, toda la historia, el arte, el nacimiento, la muerte, el amor, la alegría y las lágrimas, todo eso está en ese pequeño punto azul y blanco que puedes cubrir con tu pulgar. Y desde esa perspectiva se entiende que todo en nosotros cambió, que empieza a existir algo nuevo, que la relación ya no es la misma que antes” (The Overview Effect, p. 38).

Del astronauta Gene Cernan: “Fui el último hombre en pisar la Luna en diciembre de 1972. Desde la superficie lunar contemplaba, con un temor reverencial, la Tierra sobre un fondo de azul muy oscuro. Lo que veía era demasiado bello para ser comprendido, demasiado lógico, lleno de propósito como para ser fruto de un mero accidente cósmico. Uno se sentía, interiormente, obligado a alabar a Dios. Dios debe existir por haber creado aquello que yo tenía el privilegio de contemplar” (op. cit., p. 39).

Sigmund Jähn: “Las fronteras políticas ya han sido superadas. También las fronteras de las naciones. Somos un solo pueblo y cada uno es responsable de mantener el frágil equilibrio de la Tierra. Somos sus guardianes y debemos cuidar el futuro común” (op. cit., p. 43).

Estas visiones, que parecen evidentes, nunca fueron tomadas en serio por la geopolítica ni por los jefes de Estado. Incluso sin haber visto la Tierra desde fuera (nunca salió de su ciudad, Königsberg), Immanuel Kant (1724–1804), en su última obra La paz perpetua (1795), enfatizó que la Tierra pertenece a toda la humanidad y constituye un bien común de todos. No habría, entonces, razón para luchar por territorios si todo es de todos. Podríamos vivir en una paz perpetua.

Pero quien, en nuestro tiempo, tomó conciencia de este cambio a partir del hecho de ver la Tierra desde fuera, fue el prolífico escritor ruso Isaac Asimov, autor de cientos de libros de contenido científico, aunque de divulgación. Con motivo de los 25 años del lanzamiento del Sputnik, el 4 de octubre de 1957 —que inauguró la era espacial—, fue invitado por el New York Times a escribir un artículo sobre el legado de ese acontecimiento. Redactó un breve texto titulado “Sputnik’s Legacy: Globalism” (“El legado del Sputnik: el globalismo”).

Retomo algunos puntos, porque siguen siendo actuales, aunque poco considerados.

“La primera palabra que hay que decir es globalismo. Incluso contra nuestra voluntad”, afirma Asimov, “debemos considerar la Tierra y la humanidad como una única entidad (single entity)”. “Los satélites —continúa— muestran ese ser único (unit), lo aceptemos o no. Por primera vez en la historia podemos identificar los huracanes y las perturbaciones climáticas desde su inicio hasta su fin. Los medios de comunicación nos conectan globalmente unos a otros, comprobando el globalismo (lo que hoy llamaríamos globalización). Ese es el lado material.

Pero hay también un lado psicológico: “La visión de la Tierra como un todo, como esfera planetaria, nos obliga a sentirla como pequeña y frágil. Es arbitraria la división de su superficie en porciones (naciones), consideradas sagradas, que deben preservarse a cualquier costo, incluso si ello implica la destrucción del planeta”. Lo importante es ver el todo, el planeta.

Por último, está el lado de las potencialidades. La Era Espacial abrió el camino para nuevos viajes y para descubrir cómo están compuestos los planetas y cómo funcionan. “Todo esto será imposible sin una cooperación global. El desarrollo del espacio es un proyecto de la humanidad en su conjunto, y en ello se mostrará el valor del globalismo”.

Sin embargo, debemos hacer una elección entre lo local y lo global. “El localismo (las naciones consideradas en sí mismas) puede acelerar nuestra deriva hacia una eventual destrucción, incluso de la propia humanidad. El globalismo nos ofrece la esperanza de una civilización mayor, más amplia y mejor, con mayor versatilidad y flexibilidad, liberándonos del encierro de lo local”. Si consideramos las alternativas —localismo como muerte frente a globalismo como vida—, seguramente elegiremos la vida. Ese es el legado de la Era Espacial”.

Hoy estamos viviendo lo contrario de todo lo que se expresó anteriormente. Predomina la afirmación de la nación (nacionalismo) en oposición a otras naciones, con la ideología del fascismo acompañando frecuentemente este movimiento, tanto a nivel nacional como mundial. En lugar de profundizar la globalización —más allá de su reducción a lo económico— como una nueva etapa de la Tierra y de la humanidad (todos estamos regresando de una gran dispersión) y reencontrándonos en un mismo lugar, el planeta Tierra, hemos retrocedido hacia un pasado de divisiones, oposiciones y guerras, en el afán de conquistar territorios.

Sin embargo, creo que lo que es verdadero tiene fuerza y termina imponiéndose. Superará esta regresión nacionalista y fascista, y reforzará un nuevo rumbo para la Tierra y la humanidad como una única y compleja realidad: nuestra Casa Común.

Leonardo Boff escribe para la revista del ICL LIBERTA ( https:// www.revistaliberta.com.br; y es autor también de La Tierra en la palma de la mano (Vozes, 2016) (https://www.leonardoboff.org)