ESPERANZA: INDIGNACIÓN Y CORAJE

En Brasil hemos vivido en los dos últimos años dos grandes golpes: primero fue el juicio y la deposición de la presidenta Dilma Rousseff y este año de 2018 el ascenso de la extrema derecha con la elección de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil.

Bolsonaro no ganó. Perdió el PT y, con él, Brasil.

1. Vivimos tiempos sombríos e inciertos

Vivimos tiempos sombríos e inciertos. Internacionalmente somos motivo de vergüenza y de escarnio. No sabemos siquiera qué futuro nos espera. La estructura de gobierno que se ha montado hasta ahora, particularmente en el Ministerio de Relaciones Exteriores y en el de Educación, nos dibujan un cuadro perturbador. En lugar de la asignación a partidos de los cargos del Estado está ocurriendo una militarización de sus principales puestos.

Los militares no han tenido que dar un golpe. El ex capitán Bolsonaro los llamó para el Gobierno. Como estamos sin horizonte, nos hemos quedado perplejos y muchos llenos de desesperanza.

2. Rescate de la utopía y de las utopías minimalistas

En un contexto así, antes de hablar de esperanza, tenemos que rescatar la dimensión de la utopía. La utopía no se opone a la realidad, sino que pertenece a ella, porque ésta no se hace sólo por lo que está hecho y dado, por lo que está ahí palpable, sino por lo que todavía puede ser hecho y dado, por lo que es potencial y viable, aunque no sea todavía visible.

La utopía nace de este trasfondo de potencialidades presentes en la historia, en cada pueblo y en cada persona. El renombrado filósofo alemán Ernst Bloch introdujo la expresión principio-esperanza. Es más que la virtud de la esperanza; emerge como una fuente generadora de sueños y de acciones. El principio esperanza representa el inagotable potencial de la existencia humana y de la historia que permite decir no a cualquier realidad concreta, a las limitaciones de nuestra condición humana, a los modelos políticos y a las barreras que cercenan el vivir, el saber, el querer y el amar. Y decir sí a formas nuevas o alternativas de organización social o de plasmación de cualquier proyecto. El no es fruto de un sí previo y anterior.

Hoy podemos afirmar que las grandes utopías, las utopías maximalistas, del iluminismo (dar cultura letrada a todos), del socialismo (hacer que el nosotros prevalezca sobre el yo) y también del capitalismo (que el yo prevalezca sobre el nosotros) han entrado en una profunda crisis. Nunca realizaron lo que prometían: no todos participan de la cultura letrada, la mayoría no presenció la distribución equitativa y justa de los bienes, y la riqueza fue sólo de pequeños grupos y no de las mayorías. Más aún: todas estas utopías han degradado la Casa Común por la superexplotación, y han producido un mar de pobreza, de injusticia social y de sufrimiento evitable, en lugar de beneficios para todos.

Nos vemos obligados a volvernos hacia las utopías minimalistas, aquellas que no pudiendo cambiar el mundo, pueden sin embargo mejorarlo.

Las utopías minimalistas son aquellas que fueron implementadas por los gobiernos Lula-Dilma y sus aliados con base popular que ahora seguramente serán desmontadas por el gobierno de ultraderecha.

A nivel de las grandes mayorías son verdaderas utopías mínimas viables: recibir un salario que atienda las necesidades de la familia, tener acceso a la salud, llevar a los hijos a la escuela, conseguir un transporte colectivo que no quite tanto tiempo de vida, contar con servicios sanitarios básicos, disponer de lugares de ocio y de cultura y de una jubilación suficiente para enfrentar los achaques de la vejez.

La consecución de estas utopías minimalistas crea la base para utopías más altas: aspirar a que la nación supere relaciones de odio y de exclusión, que los pueblos se abracen en la fraternidad, que no guerreen entre ellos, que todos se unan para preservar este pequeño y hermoso planeta Tierra, sin el cual ninguna otra utopía sería posible.

3. Recuperar la fuerza política de la esperanza

La victoria de Bolsonaro es fruto de un inmenso y bien tramado fraude: suscitando el anti-petismo, presentando la corrupción endémica en el país como si fuera cosa del PT, defendiendo algunos valores de nuestra cultura tradicionalista y atrasada, ligada a un tipo de familia moralista y a una comprensión distorsionada de la cuestión de género, alimentando prejuicios contra los indígenas, los quilombolas, los homoafectivos, los LGTB y divulgando millones y millones de fake news calumniando y difamando al candidato Fernando Haddad. Informaciones seguras constataron que cerca del 80% de las personas que recibieron tales noticias falsas creyeron en ellas

Detrás del triunfo de la extrema derecha actuaron fuerzas del Imperio, particularmente de la CIA, como lo han mostrado varios analistas del área internacional, la clase de los adinerados, herederos de la Casa Grande, con vistas a preservar sus privilegios, parte del Ministerio Público, del grupo ligado al Lava-Jato, parte del STF y con fuerza expresiva la prensa empresarial conservadora que siempre ha apoyado los golpes y se siente mal con la democracia.

La consecuencia es el descalabro político, jurídico e institucional. Es falaz decir que las instituciones funcionan. Funcionan selectivamente para algunos. Todas ellas están contaminadas por la corrupción y la voluntad de apartar a Lula y al PT de la escena política. La justicia fue vergonzosamente parcial, especialmente lo fue el justiciero juez federal de primera instancia Sérgio Moro, que hizo todo lo posible para meter a Lula en la cárcel, incluso sin materialidad criminal para tanto. Él siempre se movió no por el sentido del derecho, sino por el law fare (distorsión del derecho para condenar al acusado), por un impulso de rabia y por convicción subjetiva. Se dice que estudió en Harvard. Allí estuvo solo cuatro semanas, en el fondo para encubrir el entrenamiento que recibió en los órganos de seguridad de los EEUU sobre el uso del law fare.

Consiguió impedir que Lula fuera candidato a la presidencia ya que contaba con la intención de voto de la mayoría y hasta le secuestraron el derecho de votar. La victoria fraudulenta de Bolsonaro (a causa de los millones de fake news) legitimó una cultura de la violencia. Ella ya existía en el país en niveles insoportables (más de 62 mil asesinatos anuales), pero ahora se siente legitimada por el discurso de odio que el candidato y ahora presidente Bolsonaro supo alimentar durante la campaña. Tal realidad siniestra ha traído como consecuencia un fuerte desamparo y un sufrido vacío de esperanza.

Este escenario, contrario al derecho y a todo lo que es justo y recto, ha afectado a nuestras mentes y corazones de forma profunda. Vivimos en un régimen de excepción, en un tiempo de post-democracia (juez de Río, Rubens Casara). Ahora importa rescatar el carácter político-transformador de la esperanza y de la resiliencia, las únicas que nos podrán sostener en el marco de una crisis sin precedentes en nuestra historia. Tenemos que dar la vuelta por encima, no considerar la actual situación como una tragedia sin remedio, sino como una crisis fundamental que nos obliga a resistir, a aprender de las contradicciones y a salir más maduros, experimentados y seguros para trazar un nuevo camino más justo, democrático, popular e incluyente para Brasil.

Nos referimos al principio esperanza, ya citado antes, que es aquel impulso que nos lleva a movernos siempre, a proyectar sueños y utopías y nos permite sacar sabias lecciones de los fracasos y hacernos más fuertes en la resiliencia, en la resistencia y en la lucha.

4. Las dos hermosas hijas de la esperanza

De San Agustín (353-450 de la era cristiana), tal vez el mayor genio cristiano y africano de Hipona, hoy Argelia, gran formulador de sentencias, nos viene esta máxima: la esperanza tiene dos bellas y queridas hijas: la indignación y el coraje. La indignación para rechazar las cosas tal como están; y el coraje, para cambiarlas.

En esta fase de nuestra historia, debemos evocar, en primer lugar, a la hija-indignación contra lo que el futuro gobierno de Bolsonaro está y aún va a perpetrar criminalmente contra el pueblo, contra los indígenas, contra los negros, contra los quilombolas, contra la población del campo, contra las mujeres, contra los sin techo, y los sin tierra (MST) criminalizándolos como terroristas, contra los trabajadores y los ancianos, quitándoles derechos y rebajando a millones de personas, que de la pobreza están pasando a la miseria.

No escapa la autonomía nacional, pues el gobierno, ofendiendo nuestra soberanía, está permitiendo vender tierras nacionales a extranjeros y muestra un humillante alineamiento con la estrategia derechista y militarista del gobierno norteamericano de Trump.

Si el gobierno ofende al pueblo, éste tiene derecho de evocar a la hija indignación y no darle paz. Debe denunciar, resistir y presionar lo más que pueda para cambiar los rumbos de la política.

La hija-coraje se muestra en la voluntad de cambio, a pesar de los enfrentamientos que pueden ser intensos. Es ella la que nos mantendrá animados, nos sustentará en la lucha y podrá llevarnos a cambios sustantivos. Es imperativo volver a las bases populares, donde nació el PT, crear escuelas de formación política, pasar de beneficiarios de proyectos gubernamentales de inclusión a ciudadanos activos que se organizan, ejercen presiones, salen a las calles y presentan proyectos alternativos a los oficiales que den centralidad a los más pobres y vulnerables y se decidan por otro tipo de democracia participativa y ecológica.

Recordemos el consejo de Don Quijote: “no hay que aceptar las derrotas sin antes dar todas las batallas”.

Hay un dato que debemos siempre tener en cuenta y es evocar el primer artículo de la constitución que reza: “todo el poder emana del pueblo”. Gobernantes, diputados y senadores son sólo delegados del pueblo. Cuando éstos traicionan y ya no representan los intereses generales, sino los del mercado voraz, y de grandes grupos corporativos nacionales e internacionales que sólo conocen la competencia y desconocen lo que es más humano en nosotros, como es la colaboración y la solidaridad, el pueblo tiene derecho de reclamar un impeachment y buscar formas legales de alejarlos del poder.

Las dos bellas hijas de la esperanza podrán hacer suya la frase del escritor argelino-francés Albert Camus, autor de la famosa novela La Peste: “En medio del invierno, aprendí que dentro de mí vivía un verano invencible”.

El pueblo brasileño, en su momento, así esperamos, hará sentir dentro de sí este verano invencible, fruto de una rebelde esperanza. Será el rescate de la democracia contra la impostura del gobierno Bolsonaro y de sus seguidores y un pilar para refundación de nuestro país sobre otros valores y sobre bases más humanitarias y participativas

La esperanza no es sólo un principio, es decir, un dato de la esencia humana. Es también una virtud cristiana, junto con la fe y el amor. La esperanza, en cierto modo, está en la base de la vida. Podemos perder la fe y continuamos viviendo. Podemos perder el amor de nuestra vida y realizarnos en otro. Pero cuando perdemos la esperanza estamos a un paso del suicidio porque la vida ha perdido sentido y el futuro no tiene ningún horizonte con una luz orientadora. Dominan las tinieblas.

5. La esperanza en el Nuevo Testamento

Curiosamente los Evangelios nunca hablan de esperanza. Lógicamente en el pueblo elegido existía la esperanza de la venida del Mesías liberador. Se encuentra una vez en la epístola de San Juan (1 Jn, 3,3), 4 veces en la epístola a los Hebreos y 3 veces en la primera epístola de San Pedro. Pero es una virtud muy presente en los Hechos de los Apóstoles (7 veces) y frecuentemente en las cartas de San Pablo. Bien escribe en la Epístola a los Romanos que Abraham tuvo “una esperanza contra toda esperanza, de ser padre de muchas naciones” (4,18). En otro pasaje dice que “la esperanza nunca engaña, pues el amor está en nuestros corazones” (5,5).

Cristo nos salvó, pero peregrinamos en el mundo lejos de Dios. Por eso afirma San Pablo: “es en la esperanza que somos salvados” (Rom 8,24). A los Efesios les dice que en un cierto tiempo “vivíamos sin esperanza y sin Dios” (2,12) y ahora por la sangre de Cristo pertenecemos al Mesías.

Aunque no se use a menudo la palabra esperanza, la realidad de la esperanza para los cristianos fue, es y será Jesucristo vivo, muerto y resucitado. Por él Dios mostró que la promesa de salvación y de liberación de la creación y de la humanidad nunca se desvaneció. En él, por la resurrección, estamos seguros de que la esperanza jamás nos defraudará y que por ella se ha adelantado el fin bueno de la creación, del destino humano y del universo.

Debemos sumar las energías de la esperanza, de la que está siempre presente en nuestro ser, con aquella que es una virtud cristiana. Ambas se dan las manos. Ellas nos enriquecen dándonos energía para soportar las aflicciones del tiempo presente pero mucho más nos dan el coraje para enfrentarlas e inaugurar un nuevo camino.

Tal vez nunca en nuestra historia hayamos necesitado tanto de las dos formas de esperanza como ahora, pues los tiempos son malos y estamos gobernados por fuerzas poderosas del odio, de la exclusión, de la falsedad, de la violencia y de la mentira.

Que el Espíritu que es esperanza de los pobres no nos deje desanimarnos sino que nos acompañe con su Energía divina para ser fieles al sueño de Jesús. Él vino para enseñarnos a vivir los bienes del Reino: el amor, la justicia, la compasión con los pobres, el perdón y la total confianza en el poder de Dios, “apasionado amante de la vida” (Sb 11,26).

(Conferencia dada el día 2 de diciembre de 2018 en Belo Horizonte a un numeroso grupo de políticos que asumen la fe cristiana como fuente de ética y de inspiración para los ideales democráticos, grupo este organizado por el ex-diputado Durval Angelo de Andrade, actualmente miembro del Tribunal de Cuentas del Gobierno de Minas Gerais).

Leonardo Boff, teólogo y asesor de movimientos sociales.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Cries of captivity and liberation on Black Awareness Day

The Passion of Christ continues century after century in the bodies of the crucified. Jesus will agonize until the end of the world, so long as a single one of His brothers and sisters is still subject to some cross, like the Buddhist bodhisatwas (the Illuminated) who pause at the threshold of Nirvana, do not enter, returning to the world of the suffering –samsara– in solidarity with all who suffer — persons, animals and plants. With this conviction, the Catholic Church, in the liturgy of Good Friday, puts these moving words in the mouth of Jesus Christ:
“My people, what have I done, how have I offended you?, answer me. What else could I have done for you? How did I fail you? I had you leave Egypt and fed you manna. I prepared good land for you, and you prepared a cross for your king”.

As we Brazilians celebrate the abolition of slavery, (May 13, 1888), we realize that it is still incomplete. The Passion of Christ continues in the passion of the Black people. A second abolition is needed: the abolition of misery and hunger. The cries of captivity and liberation are still heard, coming from the senzalas, and now from the favelas around our cities. The Black population still talks to us through wails and pleading.

“White brother and sister of mine, my people: what have I done to you, how have I offended you? Answer me! ”

I inspired in you music full of banzo and contagious rhythm. I taught you how to use the bumbo, the cuica and the atabaque. It was I who gave you the rock and ginga of the samba. And you took what was mine, made a name… a big name, accumulated money with your compositions and returned nothing to me.

I came down from the mountains and showed you a world of dreams, a world of boundless fraternity. I created for you thousands of multicolored fantasies, and for you I prepared the greatest feast in the world: I danced the carnival for you. And you were so very happy that you gave me a standing ovation. But soon, very soon, you forgot me, sending me back to the mountains, to the favelas, to the naked and crude reality of unemployment, hunger and oppression. .

“White brother and sister of mine, my people: what have I done to you, how have I offended you? Answer me! ”

As an inheritance, I gave you the beans and rice that are the day-to-day dish. Of the left overs I made the feijoada, the vatapá, the efó and the acarajé: the typical cuisine of Bahia and Brazil. And you make me endure hunger. And you let my children die of malnutrition or suffer irremediable brain injury, leaving them forever stunted.

I was violently snatched from my African homeland. I knew the negreros’ nave-phantom. I was made a thing; a “piece“, a slave. I was the Black mother to your children. I cultivated the fields, harvested the tobacco and planted the sugarcane. I did all the jobs. It was I who built the beautiful churches that everyone admires and the palaces that the slave owners inhabit. And you call me sluggish and arrest me as a vagabond. You discriminate against me for the color of my skin and still treat me as if I continued to be a slave.

“White brother and sister of mine, my people: what have I done to you, how have I offended you? Answer me!”

I knew how to resist. I managed to run away and founded quilombos: fraternal societies, without slaves, of people who were poor but free: Blacks, mestizos and whites. In spite of the lashes on my back, I passed cordiality and sweetness to the Brazilian soul. And you sent me to the capitão-do-mato, hunting me like a bug. You razed my quilombos and still now you ensure that abolishing the misery that enslaves cannot be forever a daily and effective truth.

I showed you what it means to be a living temple of God. And therefore, how to feel God in a body filled with axé, and how to celebrate God in rhythm, in dance, and in food. And you repressed my religions, calling them Afro-Brazilian rites or considering them simple folklore. You invaded my terreiros, throwing salt on them and destroying our sacred figures. Often you turned the macumba into a police case. The majority of the youth murdered in the peripheries between 18 and 24 years of age are Black, and because they are Black they are suspected of being at the service of the drug mafias The majority of them are simple laborers.

“White brother and sister of mine, my people: what have I done to you, how have I offended you? Answer me!”

When with so much work and sacrifice I enabled some advance in life, receiving a hard-earned salary, buying my little house, educating my children, singing my samba, supporting my favorite team and being able to have a cold beer with their friends on the week end, you say that I am a Black man with a white man’s soul, thus degrading the value of our souls as dignified and hard working Black men. And in the contests, under equal conditions, you almost always leave me behind, in favor of a white.

And when policies were developed to repair the historic perversity, allowing that which you always denied me, to study and prepare myself in the universities and technical schools, so that I could improve my life and the life of my family, the majority of your people shouted: that violates the Constitution, it is discrimination, a social injustice.

“White brother and sister of mine, my people: what have I done to you, how have I offended you? Answer me!”

My Black brothers and sisters, on this November 20th, the day of Zumbí and of the Black Consciousness, I wish to pay homage to you, to all of you, who have managed to survive during all this long time, because the happiness, the music, the dance and the sacred are all inside of you in spite of all this Way of the Cross. of the sufferings that are unjustly imposed on you.

With much axé and love, Leonardo Boff white and Black, by option.

Leonardo Boff Eco-Theologian-Philosopher Earthcharter Commission

Free translation from the Spanish sent by
Melina Alfaro, alfaro_melina@yahoo.com.ar.

”A Igreja é dos místicos, não do poder.” L.Boff na La Repubblica

Vai aqui a tradução brasileira da entrevista publicada aqui neste blog assim como saiu no jornal de Roma  La Repubblica no dia 26/11/2018 por ocasião do lançamento de minha retradução da Imitação de Cristo de 1441 do latim medieval em quatro livros elaborada pelo grande homem espiritual que foi Tomás de Kempis. Acrescentei mais um sobre o Seguimento de Jesus, importante para a Igreja de hoje especialmente para os cristãos que vivem no mundo, chieo de conflitos e violêncisas e se comprometem com a justiça social e com os direitos dos mais vulneráveis.Lboff

 

                            ”A Igreja é dos místicos, não do poder.”          

                     Entrevista com        Leonardo Boff

                     Revista IHU on-line 27/11/2018

O seu “canto do cisne”: assim é considerada, por ele mesmo, a tradução que Leonardo Boff, ex-frei franciscano e ex-presbítero brasileiro, renomado expoente da teologia da libertação, fez da “Imitação de Cristo”, de Tomás de Kempis. A um dos textos mais meditados depois do Evangelho e retraduzido a partir da edição da Tipografia Poliglota Vaticana, Boff acrescenta, “no ocaso da vida”, um quinto livro sobre o seguimento de Jesus.

A reportagem é de Paolo Rodari, publicada em La Repubblica, 26-11-2018. A tradução é de Moisés Sbardelotto.

Eis a entrevista.

Freud, Jung e Heidegger leram Tomás de Kempis refletindo sobre o tema do esvaziamento de si contra todo apego ao próprio eu. Há a necessidade disso hoje?

É um tema central e representa a atitude de Jesus que, ‘mesmo sendo de natureza divina’, despojou a si mesmo para ser igual a nós. Essa renúncia ao apego ao próprio eu é a primeira virtude do budismo e também do caminho espiritual cristão. E é o tema central do maior dos místicos do Ocidente, Mestre Eckhart, com o seu Abgeschiedenheit, a prática do desapego. Psicólogos como Freud e filósofos como Heidegger compreenderam essa necessidade de Tomás de Kempis. O desapego é o primeiro passo para o verdadeiro processo de individuação e de identidade pessoal. É isso que nos assegura o maior dom depois do amor, que é a liberdade interior.

O senhor escreve que seguir Jesus significa assumir a sua causa, correr os seus riscos e, eventualmente, aceitar o seu próprio destino trágico. O que isso significa?

É uma realidade testemunhada pela Igreja da libertação da América Latina sob os regimes militares em vários países. É esse tipo de Igreja que leva a sério a opção pelos pobres, que produziu e produz ainda hoje muitos mártires, entre leigos e leigas, padres e bispos, como Oscar Romero em El Salvador e Angelelli na Argentina.

A Igreja, em algumas de suas partes, parece ligada a uma visão imperialista/constantiniana, imersa na história e dedicada à conquista do poder. E Francisco, às vezes, aparece como um meteoro em um mundo que se esforça para manter o seu ritmo. O que o senhor acha?

Eu acho sinceramente que a Igreja-instituição, isto é, a Igreja como sociedade hierárquica, não se sente parte do povo de Deus como pedia o Concílio Vaticano II, mas fora e acima dele. Organizando-se não ao redor do conceito mais antigo de communio, de comunhão entre todos, mas ao redor do poder sagrado (sacra potestas), excludente porque concentrado apenas em algumas mãos. Esse tipo de Igreja caiu nas três tentações enfrentadas e superadas por Jesus: a do poder religioso de reformar o mundo a partir do templo; a tentação do poder profético de transformar as pedras em pão; e a tentação do poder político, dominar sobre todos os povos.

Continuam atuais as palavras pronunciadas pelo católico Lord Acton em relação aos poderosos papas do Renascimento: “O poder tende a corromper, e o poder absoluto corrompe de modo absoluto”. E ainda mais pertinente é o que afirmava Hobbes a respeito do poder, que, dizia, se sustenta apenas sobre o “desejo incessante de ter cada vez mais poder”. Todas palavras que se concretizaram na história da Igreja, através de uma concentração enorme de poder unicamente nas mãos do clero, com a exclusão em particular das mulheres. Foi necessário um papa proveniente do fim do mundo, que escolheu o nome de Francisco, arquétipo da pobreza e da renúncia a todo poder, para mostrar como a hierarquia da Igreja deve se orientar com base no serviço (hierodulia), e não no poder sagrado (hierarquia).

O senhor sofreu um certo ostracismo de Roma?

Eu guardei nenhum rancor pela punição que me foi infligida pelo silentium obsequiosum. Eu sabia que a teologia do poder sagrado operante na cabeça dos responsáveis do ex-Santo Ofício tornaria inevitável a minha condenação. Eu me sentia na verdade e tinha o apoio da Conferência dos Bispos do Brasil. Por isso, aceitei tranquilamente a imposição do “silêncio obsequioso”, depois suspenso por João Paulo II.

O Papa Bergoglio recebe várias críticas de setores conservadores da Igreja. Por quê?

Acho que os conservadores estavam acostumados a um papa faraó, com títulos e símbolos do poder herdados dos imperadores pagãos. Depois, de repente, chega um papa fora do quadro tradicional, que se despoja de todo esse aparato profano que afasta os fiéis e favorece a vaidade clerical. Eles não aceitam um papa que não provenha do seu velho e moribundo cristianismo. Francisco traz a atmosfera nova de Igrejas que não são mais o espelho das europeias, mas sim Igrejas-fontes, com a sua teologia, a sua pastoral dirigida especialmente aos mais pobres, a sua liturgia, o seu modo de louvar a Deus.

O senhor ainda se sente um filho da Igreja?

Sempre me senti dentro da Igreja Católica. No ocaso da vida – vou completar 80 anos em dezembro 14 – não me preocupo com o passado, mas volto os meus olhos à eternidade. Unir o meu nome, o de um theologus peregrinus, ao do genial Tomás de Kempis é para mim a maior honra. “Valeu a pena?”, perguntava-se Fernando Pessoa, o maior poeta português. Eu faço minha a sua mesma resposta: “Tudo vale a pena se a alma não é pequena”. Posso dizer que, com a graça de Deus, tentei fazer com que a minha alma não fosse pequena.

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Lamento de cautiverio y de liberación para el dia de la Conciencia Negra

La Pasión de Cristo continúa siglo tras siglo en el cuerpo de los crucificados. Jesús agonizará hasta el fin del mundo, mientras uno solo de su hermanas y hermanos esté pendiendo todavía de alguna cruz, a semejanza de los bodhisatwas budistas (los iluminados) que se detienen en el umbral del Nirvana, no entran, para retornar al mundo del dolor –samsara– en solidaridad con quienes sufren, personas, animales y plantas. Con esta convención, la Iglesia Católica, en la liturgia de Viernes Santo, pone en la boca de Cristo estas palabras conmovedoras:

“Pueblo mío, mi pueblo elegido ¿en qué te entristecí? Dime. ¿Qué más podría haber hecho por ti? ¿en qué te falté? Yo te hice salir de Egipto y te alimenté con maná. Te preparé una tierra hermosa; tú, la cruz para tu rey”.

Al celebrar la abolición de la esclavitud el 13 de mayo de 1888, nos damos cuenta de que aún no se ha completado. La pasión de Cristo continúa en la pasión del pueblo negro. Falta la segunda abolición, la de la miseria y el hambre. Se oyen todavía los lamentos de cautiverio y de liberación, venidos de las senzalas, hoy de las favelas alrededor de nuestras ciudades. La población negra todavía nos habla en forma de lamento y de súplica.

“Hermano mío blanco, hermana mía blanca, pueblo mío: ¿qué te hice yo, en que te entristecí? ¡Respóndeme!

Yo te inspiré la música cargada de banzo y el ritmo contagiante. Te enseñe cómo usar el bumbo, la cuica y el atabaque. Fui yo quien te dio el rock y la ginga de la samba. Y tú tomaste lo que era mío, te hiciste nombre y renombre, acumulaste dinero con tus composiciones y nada me devolviste.

Yo bajé de los montes y te mostré un mundo de sueños, de una fraternidad sin barreras. Creé mil fantasías multicolores y te preparé la mayor fiesta del mundo: dancé el carnaval para ti. Y tú te alegraste y me aplaudiste de pie. Pero pronto, muy pronto, me olvidaste, reenviándome al monte, a la favela, a la realidad desnuda y cruda del desempleo, del hambre y de la opresión.

“Hermano mío blanco, hermana mía blanca, pueblo mío: ¿qué te hice yo, en que te entristecí? ¡Respóndeme!

Yo te di en herencia el plato del día-a-día, el fríjol y el arroz. De los restos que recibía hice la feijoada, el vatapá, el efó y el acarajé: la cocina típica de Bahía y de Brasil. Y tú me dejas pasar hambre. Y permites que mis niños mueran de hambre o que sus cerebros sean irremediablemente afectados, infantilizándolos para siempre.

Yo fui arrancado violentamente de mi patria africana. Conocí el navío-fantasma de los negreros. Fui hecho cosa, pieza, esclavo. Fui la madre-negra para tus hijos. Cultivé los campos, cogí el tabaco y planté la caña. Hice todos los trabajos. Fui yo quien construyó las bellas iglesias que todos admiran y los palacios que los dueños de esclavos habitaban. Y tú me llamas perezoso y me detienes por vagabundeo. A causa del color de mi piel me discriminas y todavía me tratas como si siguiese siendo esclavo.

“Hermano mío blanco, hermana mía blanca, pueblo mío: ¿qué te hice yo, en que te entristecí? ¡Respóndeme!

Yo supe resistir, conseguí huir y fundar quilombos: sociedades fraternales, sin esclavos, de gente pobre pero libre, negros, mestizos y blancos. A pesar de los azotes en mi espalda, trasmití la cordialidad y la dulzura al alma brasilera. Y tú me enviaste al capitão-do-mato para cazarme como a un bicho, arrasaste mis quilombos y aún hoy impides que la abolición de la miseria que esclaviza sea para siempre verdad cotidiana y efectiva.

Yo te mostré lo que significa ser templo vivo de Dios. Y, por eso, cómo sentir a Dios en el cuerpo lleno de axé y celebrarlo en el ritmo, en la danza y en las comidas. Y tú reprimiste mis religiones llamándolas ritos afro-brasileros o considerándolas simple folclore. Invadiste mis terreiros echándoles sal y destruyendo nuestras figuras sagradas. No raras veces, hiciste de la macumba un caso policial. La mayor parte de los jóvenes asesinados en las periferias con edades entre 18 y 24 años son negros, y por el hecho de ser negros son sospechosos de estar al servicio de las mafias de la droga. La mayoría de ellos son simples trabajadores.

“Hermano mío blanco, hermana mía blanca, pueblo mío: ¿qué te hice yo, en que te entristecí? ¡Respóndeme!

Cuando con mucho esfuerzo y sacrificio conseguí ascender un poco en la vida, ganando un salario sudado, comprando mi casita, educando a mis hijos, cantando mi samba, apoyando a mi equipo preferido y pudiendo tomar el fin de semana una cervecita con los amigos, tú dices que soy un negro de alma blanca, disminuyendo así el valor de nuestra alma de negros dignos y trabajadores. Y en los concursos, en igualdad de condiciones, casi siempre me postergas en favor de un blanco.

Y cuando se pensaron políticas que reparasen la perversidad histórica, permitiéndome lo que siempre me negaste, estudiar y formarme en las universidades y en las escuelas técnicas y así mejorar mi vida y la de mi familia, la mayoría de los tuyos grita: es contra la constitución, es una discriminación, es una injusticia social.

“Hermano mío blanco, hermana mía blanca, pueblo mío: ¿qué te hice yo, en que te entristecí? ¡Respóndeme!

Mis hermanos y hermanas negros, en este día 20 de noviembre, día de Zumbi y de la conciencia negra, quiero homenajearles a todos ustedes que consiguieron sobrevivir durante todo este largo tiempo, porque la alegría, la música, la danza y lo sagrado están dentro de ustedes, a pesar de todo el viacrucis de sufrimientos que injustamente les son impuestos.

Con mucho axé y amorosidad LEONARDO BOFF, blanco y negro por opción.

Traducción de Mª José Gavito Milano