El caos de la pandemia esconde un nuevo orden en la Tierra

Leonardo Boff*

Raramente en la ya larga historia de la vida ha ocurrido una situación de caos planetario como en los días actuales. Estábamos acostumbrados a regularidades y a órdenes sistémicas aunque en los últimos decenios hemos experimentado también con creciente frecuencia irregularidades como tsunamis, huracanes, terremotos y eventos extremos de calor y de frío. Tales fenómenos han llevado a los científicos a pensar e intentar comprender cómo dentro del orden dado podían ocurrir situaciones caóticas.

De ahí surgió toda una ciencia, la del caos, tan importante como las otras, hasta el punto de que algunos han llegado a decir que el siglo XX será recordado por la teoría de la relatividad de Einstein, por la mecánica cuántica de Heisenberg/Bohr y por la teoría del caos de Lorenz/Prigogine.

La esencia de la teoría del caos reside en que un cambio muy pequeño en las condiciones iniciales de una situación lleva a efectos imprevisibles. Se pone de ejemplo el “efecto mariposa”. Pequeñas modificaciones iniciales, aleatorias, como el aleteo de las alas de una mariposa en Brasil pueden provocar modificaciones atmosféricas hasta culminar en una tempestad en Nueva York. El presupuesto teórico es que todas las cosas están interligadas y van asumiendo elementos nuevos, creando complejidades en el curso de su existencia (en este caso, calor, humedad, vientos, energías terrestres y cósmicas) de forma que la situación final es totalmente diferente de la inicial.

El caos está en todas partes, en el universo, en la sociedad y en cada persona. Es decir, los órdenes no son lineales y estáticos. Son dinámicos, buscando siempre un equilibrio que los mantiene actuantes. 

El universo se originó de un tremendo caos inicial (big bang). La evolución se hizo y se hace a lo largo de muchos milenios para poner orden en este caos. 

Mas aquí surge una novedad: el caos nunca es sólo caótico, él guarda dentro de sí, en gestación, un nuevo orden. Lógicamente él tiene su momento destructivo, caótico, sin el cual el orden nuevo no podría irrumpir. El caos es generativo de este nuevo orden.

Quien analizó con detalle este fenómeno fue el gran científico ruso/belga Ilya Prigogine (1917-2003), premio Nobel de Química en 1977. Estudió particularmente las condiciones que permiten la aparición de la vida. Según este gran científico, siempre que exista un sistema abierto y siempre que haya una situación de caos (por tanto fuera del orden y lejos del equilibrio) y exista una no-linealidad, la conectividad entre las partes genera un nuevo orden, que sería la vida (cf. Order out of Chaos,1984).

Ese proceso conoce bifurcaciones y fluctuaciones. Por eso el orden nunca es dado a priori. Depende de varios factores que llevan en una u otra dirección, de aquí la inmensa biodiversidad.

Hacemos toda esta reflexión sumarísima para que nos ayude a entender mejor el actual caos pandémico. Vivimos innegablemente en una situación de caos completo, caos destructivo de millones de vidas humanas. Nadie puede decir cuándo terminará ni hacia dónde vamos. Él conoce múltiples variantes, es su triunfo sobre nuestras células. Es innegablemente caótico y está aterrorizando a toda la humanidad.

Nos plantea cuestiones fundamentales: ¿qué hemos hecho con la naturaleza para que ella nos castigue con un virus tan letal? ¿Dónde nos equivocamos? ¿Qué cambios debemos hacer en relación a la naturaleza para impedir que ella nos envíe una verdadera gama de otros virus?

Sabemos que hay oculto dentro de él un orden más alto y mejor. Lo peor que podría sucedernos es la continuidad o volver al pasado que originó el caos. Tenemos que usar nuestra fantasía creadora y sobre todo forjar, a través de una práctica histórica, un orden más amigo de la vida, tierno, fraterno y justo. 

Sería el caos generativo. Tenemos que entender el contexto de donde vino el coronavirus. Él es una expresión del antropoceno, es decir, de la sistemática agresión del ser humano a la naturaleza y a Gaia, la Madre Tierra. Es la consecuencia de haber tratado a la Tierra como una mera reserva inerte de recursos a nuestra disposición y no como un superorganismo vivo que merece cuidado y respeto.

A partir de la revolución industrial la hemos explotado tanto que ella no consigue ya regenerarse y ofrecernos todos los bienes y servicios vitales. Tenemos que inaugurar una relación de sinergia y sostenibilidad para con la naturaleza, sintiéndonos parte de ella, responsables de su perpetuidad, y no sus dueños y señores. Si no realizamos esta conversión ecológica podremos conocer catástrofes inimaginables.

En el caso brasilero, lo primero que tenemos que hacer es preservar la inmensa riqueza ecológica que heredamos de la naturaleza, en términos de selvas húmedas, abundancia de agua, suelos fértiles y de una inmensa biodiversidad.

Después tenemos que superar la marginalización, el odio cobarde que tributamos a los pobres. El desprecio y las humillaciones hechas cruelmente contra las personas esclavizadas ha pasado a estos empobrecidos. Tal inhumanidad ha dejado marcas profundas en la población. 

No en último lugar tenemos que liquidar el perverso legado de la Casa Grande traducido por el rentismo y por unos cuantos millonarios que controlan gran parte de nuestras finanzas. Hacen fortunas con la pandemia, sin empatía con los familiares que han perdido a más de medio millón de seres queridos. Ellos son el sustentáculo del actual gobierno necrófilo, cuyo presidente se ha hecho aliado del virus. 

Estos puntos son el mayor obstáculo para la superación del caos instalado en Brasil.

Tenemos que formar un frente amplio de fuerzas progresistas y enemigas de la neocolonización del país para desentrañar el nuevo orden, oculto en el caos actual, pero que quiere nacer. Tenemos que consumar ese parto aunque sea doloroso. De lo contrario, continuaremos rehenes y víctimas de aquellos que siempre pensaron corporativamente sólo en sí mismos, de espaldas al pueblo, que devastaron la naturaleza con su agronegocio y refuerzan la irrupción del coronavirus entre nosotros.

Debemos inspirarnos en el universo, nacido del caos primordial, pero que, al evolucionar, fue creando órdenes nuevos y más complejos cada vez hasta generar la especie humana. Nuestra misión es garantizar la vida, la Madre Tierra y a nosotros mismos, crear la Casa Común dentro de la cual todos podamos vivir en justicia, paz y alegría. Este modelo deberá salir de las entrañas del actual caos y establecer las bases de un nuevo comienzo para la humanidad.

Leonardo Boff és ecoteólog y escribió Como habitar la Tierra: vias para la fraternidad universal a salir por Trotta 2121.

Traducción de Mª José Gavito Milano

l sogno di Leonardo e Francesco: “Abitare la terra”

Este pequeno texto publicado na Italia está sendo recebido com muitos comentarios, pois, se trata do Grande Sonho do Papa Francisco de uma fraternidade universal e de um amor social.Aparecerá em breve também em portugues e em espanhol. LBoff

Francesco Lauria

6 Agosto 2021

La visione del mondo come fraternità universale è al centro del piccolo libro, curato e introdotto da Pier Luigi Mele, che raccoglie tre scritti di Leonardo Boff. Ne emerge la profonda affinità tra il teologo brasiliano, già frate francescano, e papa Bergoglio che all’esempio di Francesco d’Assisi ha deciso di dedicare il suo pontificato, a cominciare dal nome prescelto per guidare in questi anni la chiesa. Fraternità universale che è cammino di liberazione

 Pierluigi Mele, apprezzato giornalista di Rai News 24, ha recentemente curato un utile libretto che raccoglie tre preziosi interventi del teologo brasiliano Leonardo Boff, noto come uno dei padri della teologia della liberazione, ma anche uno degli autori più apprezzati da Papa Francesco.

Il volume, edito da Castelvecchi, si intitola: Abitare la terra. Quale via per la fraternità universale?

Il testo si apre, dopo l’affettuosa dedica dell’ex frate francescano al curatore, con un’introduzione di Pier Luigi Mele che mette subito in relazione le due figure di Boff e di papa Bergoglio, definiti “due fratelli universali”.

Mele parte da un evento che rimarrà per sempre nella storia e nella memoria collettiva: papa Francesco che, il 27 marzo 2020, sotto una pioggia scrosciante, prega da solo in una Piazza San Pietro deserta, durante l’esplodere della prima ondata della pandemia Covid-19. Una solitudine potentissima, ponte verso una moltitudine smarrita e impaurita e, allo stesso tempo, come scrive il giornalista di RaiNews, “assetata di vicinanza e di fiducia”. Il Papa che – ha scritto un vaticanista – “conosce l’odore della vita” non si limita a un “grido di preghiera”, ma, in un momento difficilissimo della storia del mondo globalizzato, invita l’umanità a una profonda “conversione”, a un cambiamento radicale di mentalità.

Il libro, anche nei testi di Boff (tradotti dal sindacalista-pacifista Gianni Alioti), non rinuncia a un dialogo serrato tra paura e speranza, quest’ultima intesa come fattore energetico, mobilitante; come entusiasmo fattivo, scriverebbe il filosofo tedesco Ernst Bloch, nell’attesa fervente dell’adempimento.

Il legame tra Francesco e Leonardo Boff, afferma Pierluigi Mele, sta proprio nel loro collocarsi nella corrente del dinamismo della storia umana, nella “corrente calda” della profezia che pone il pensiero vissuto come ideale storico concreto, inevitabilmente connesso ad una lotta di liberazione.

Ma di quale liberazione stiamo parlando?

L’orizzonte di papa Francesco e di Leonardo Boff è quello di una scelta tra una cosmologia della dominazione, della conquista, del potere, e una cosmologia della cura e della relazione. Sta qui il passaggio fondamentale tra l’enciclica Laudato si’ e l’enciclica Fratelli tutti, firmata ad Assisi e trasmessa all’umanità proprio nel tempo della pandemia.

La visione del mondo come fraternità universale, l’ecologia integrale di cui si nutre è non solo il sogno di Francesco di Buenos Aires e di Leonardo di Concordia, è un cammino sulla scia di Francesco d’Assisi. Neoliberismo e capitalismo sono, infatti, il contrario della cosmologia della cura, così come l’emergenza Coronavirus appare come un contrattacco e un avvertimento della Terra di fronte allo sfruttamento vorace delle risorse finite del Pianeta.

Il messaggio del libro non si ferma, però, alla denuncia dello stato delle cose. L’opportunità che si apre oggi – ci dicono Papa Francesco e Boff – non può essere sprecata perché, come ha scritto il sociologo polacco Zygmunt Bauman, è finito il “secolo degli spettatori”.

Si tratta quindi di agire e di fare presto, senza farsi ingannare dal maquillage, dal grande trucco del Green Wash di un capitalismo truccato, fintamente “verde”.

Se la globalizzazione, come scrive Francesco nell’enciclica Fratelli tutti, “ci ha resi più vicini, ma non più fratelli”, la risposta, la speranza, si sviluppa attraverso il ruolo liberatorio e coscientizzante della fraternità nella sua realizzazione pubblica. Una fraternità evangelica, capace di diventare, scrive ancora Mele nell’introduzione, “amore politico” e per la quale anche  il dialogo interreligioso può fare molto.

Senza costruire alibi per gli Stati e i potenti della Terra, l’attenzione di Boff e di papa Francesco non può non rivolgersi soprattutto alle comunità locali (ecclesiali e non), ad un protagonismo dal basso che è condizione necessaria proprio per andare oltre “il secolo degli spettatori”. Un protagonismo che si nutre, certamente, di una profonda, inclusiva spiritualità e di esempi che ci parlano attraverso il linguaggio della profezia, ma anche dell’impegno concreto.

È così che Francesco e Leonardo, sulla scia del santo universale di Assisi, incontrano nelle pagine curate da Mele, tra gli altri, Charles de Foucauld, il grande islamista francese Luis Massignon, il “sindaco santo” Giorgio La Pira, la dimensione planetaria di padre Ernesto Balducci, un testo fondamentale anche se in parte ingiustamente dimenticato come la “Carta della Terra” (anno 2000), il naturalista francese Theodore Monod, il poeta brasiliano Vinicius De Morales, Gandhi, lo psicologo Carl Gustav Jung, Marthin Luther King, Desmond Tutu, l’imam Al Azhar Al Tayyeb, e, infine, uno dei più grandi conoscitori di Francesco d’Assisi: Eloi Le Clerc, sopravvissuto all’inferno dei campi di sterminio nazisti di Buchenwald e Dachau.

In mezzo all’agonia il testo ci ricorda, citando il Cantico delle Creature, ma anche la tentazione di San Francesco tra carisma e potere, che una presenza diversa nel mondo, una fraternità umana sono possibili.

“Abitare la terra” è, lo scopriranno meglio i lettori, un libro sui sogni. Sogni che non rappresentano esercizi ascetici o “notturni”, ma che vengono immaginati e perseguiti nella consapevolezza di essere accanto e non sopra a tutti gli esseri della natura, formando, insieme, come ci ha ribadito anche la pandemia, una comunità di destino.

Un sogno-scommessa, insomma, quello di papa Francesco e Leonardo Bof,f che solo se verrà percorso sino in fondo, e insieme, potrà salvarci da una minaccia terribile.

Un sogno che ci rinfranca, proprio come il salmo che Boff pone alla fine del volume e che dovremmo recitare insieme, forse ogni giorno: “Anche se vado per una valle oscura, non temo alcun male, perché tu sei con me”.

 Francesco Lauria

Roma, 2021 (a cura di Pierluigi Mele)

Fonte: Costituzione Concilio Cittadinanza

O caos da pandemia esconde uma nova ordem na Terra

                               Leonardo Boff

Raramente na história já longa da vida, ocorreu uma situação de caos planetário como nos dias atuais. Estávamos acostumados a regularidades e a ordens sistêmicas embora nos últimos decênios temos experimentado também com crescente frequência irregularidades como tsunamis, tufões, terremotos e eventos extremos de calor e de frio.Tais fenômenos levaram os cientistas a pensar e a tentar compreender como dentro da ordem dada podiam ocorrer situações caóticas.

Dai surgiu toda uma ciência, a do caos,tão importante como as outras a ponto de alguns chegaram a dizer que o século XX será lembrado pelo teoria da relatividade de Einstein, pela mecânica quântica de Heisenberg/Bohr e pela teoria do caos de Lorenz/Prigogine.

A essência da teoria do caos reside em que uma mudança muito pequena nas condições iniciais de uma situação leva a efeitos imprevisíveis. Dá-se como exemplo o “efeito borboleta”. Pequenas modificações iniciais, aleatórias, como farfalhar das asas de uma borboleta no Brasil, podem provocar modificações atmosféricas até culminar numa tempestade em Nova York. O pressuposto teórico é que todas as coisas estão interligadas e vão assumindo elementos novos, criando complexidades no curso de sua existência (no caso, calor, umidade, ventos, energias terrestres e cósmicas) de forma que a situação final é totalmente diversa da inicial.

O caos está em todas  as partes, no universo, na sociedade e em cada pessoa. Quer dizer, as ordens não são lineares e estáticas. São dinâmicas e sempre buscando um equilíbrio que as mantém atuantes.

O universo se originou de um tremendo caos inicial (big bang). A evolução se fez e se faz para colocar ordem neste caos pelos milênios afora.

Mas aqui surge uma novidade: o caos nunca é só caótico, ele guarda dentro de si, em gestação, uma nova ordem. Logicamente ele possui seu momento destrutivo, caótico, sem o qual a nova ordem não poderia irromper. O caos é generativo desta nova ordem.

Quem analisou com detalhe este fenômeno foi o grande cientista russo/belga Ilya Prigogine (1917-2003),prêmio Nobel de Química em 1977.  Estudou particularmente as condições que permitem a emergência da vida. Segundo este grande cientista, sempre que existir um sistema aberto, portanto em permanente diálogo e trocas com o meio e sempre que houver uma situação de caos, (portanto, fora da ordem e longe do equilíbrio) e vigorar uma não-linearidade é a conectividade entre as partes que gera uma nova ordem, que seria a vida. (cf. Order out of Chaos,1984).

Esse processo conhece bifurcações e flutuações. Por isso a ordem nunca é dada a priori. Ela depende de vários fatores que a levam a uma direção ou à outra, dai a imensa biodiversidade.

Fizemos toda esta reflexão sumaríssima para nos ajudar a entender melhor o atual caos pandêmico. Inegavelmente vivemos numa situação de completo caos, caos destrutivo de milhões de vidas humanas. Ninguém pode dizer quando termina nem  para onde vamos.Ele conhece múltiplas variantes, é o seu triunfo sobre nossas células. É inegavelmente caótico e está apavorando a inteira humana. Coloca-nos questões fundamentais: que fizemos com a natureza para ela nos castigar com um vírus tão letal? Onde erramos? Que mudanças devemos fazer em relação com a natureza  para impedir que ela nos envie uma verdadeira gama de outros vírus?

Sabemos que há oculto dentro dele uma ordem mais alta e melhor. O pior que nos poderia acontecer seria a continuidade ou a volta ao  passado que criou o caos. Temos que usar nossa fantasia criadora e mais que tudo forjar, por uma prática histórica, uma ordem mais amiga da vida, terna, fraterna e justa. Seria o caos generativo.

Temos que entender o contexto de onde veio o coronavírus. Ele é uma expressão do antropoceno, vale dizer, da sistemática agressão do ser humano à natureza e à Gaia, a Mãe Terra. É a consequência de havermos tratado a Terra como uma mera reserva inerte de recursos ao nosso dispor e não como um super-realismo vivo que merece cuidado e respeito.

A partir da revolução industrial a exploramos tanto que ela já não consegue se autorregenerar e nos oferecer todos os bens e serviços vitais. Temos que inaugurar uma relação de sinergia e sustentável para com a natureza, sentindo-nos parte dela, responsáveis por sua perpetuidade e não seus donos e senhores. Senão operarmos esta conversão ecológica poderemos conhecer catástrofes inimagináveis.

No caso brasileiro, o primeiro que temos que fazer é preservar a imensa riqueza ecológica que herdamos da natureza, em termos de florestas úmidas, abundância de água, de solos férteis e da imensa biodiversidade.

Em seguida  temos que superar a marginalização, o ódio covarde que tributamos aos pobres. O desprezo e as humilhação feitas cruelmente contra a pessoas escravizadas passou a esses empobrecidos. Tal desumanidade deixou marcas profundas na população.

Não em último lugar temos que liquidar o perverso legado da Casa Grande traduzida pelo rentismo e pelos poucos miliardários que controlam grande parte de nossas finanças. Fazem fortunas com a pandemia, sem empatia com os familiares que perderam mais de meio milhão de entes queridos. Eles são o sustentáculo do atual governo necrófilo, cujo presidente se fez aliado do vírus. Esses pontos constituem  o maior obstáculo para superação do caos instalado no Brasil..

Precisamos constituir uma frente ampla de forças progressistas e inimigas da neocolonização do país para desentranhar a nova ordem, abscôndita no caos atual mas que quer nascer. Temos que fazer esse parto mesmo que doloroso. Caso contrario, continuaremos reféns e vítimas daqueles que sempre pensaram corporativamente só em si, de costas para o povo e que devastaram a natureza com seu agronegócio e reforçaram a intrusão no coronavírus entre nós.

Devemos nos inspirar no universo, nascido do caos primordial, mas que, ao evoluir, foi criando ordens novas e cada vez mais complexas até gerar a espécie humana. Nossa missão é garantir a vida, a Mãe Terra e a nós mesmos, criar a Casa Comum dentro da qual todos possam viver em justiça, paz e alegria.Esse modelo deverá sair das entranhas do atual caos e fundar um novo começo para a humanidade.

Leonardo Boff, filósofo e teólogo e escreveu Covid-19 A Mãe Terra contra-ataca a humanidade, Vozes 2020.

Wasser: Lebensquelle oder Profitquelle?Gegen die Privatisierung des Wassers.

Leonardo Boff*

Es gibt heutzutage zwei wesentliche Probleme, die die gesamte Menschheit betreffen: die globale Erwärmung und die zunehmende Verknappung des Trinkwassers. Beide erfordern tiefgreifende Veränderungen in der Art und Weise, wie wir leben, denn sie können einen Zusammenbruch unserer Zivilisation verursachen und das Lebenssystem tiefgreifend beeinflussen.                                       

Konzentrieren wir uns auf das Thema Wasser, das von großen Konzernen begehrt wird, um es zu privatisieren und riesige Gewinne zu machen. Es kann ein Grund für Kriege sein, aber auch ein Grund für soziale Solidarität und Zusammenarbeit zwischen den Völkern. Es wurde bereits gesagt, dass, wenn die Kriege des 20. Jahrhunderts um Öl geführt wurden, die Kriege des 21. Jahrhunderts um Trinkwasser geführt werden. Dennoch kann es eine zentrale Referenz für einen neuen Weltsozialpakt zwischen Völkern und Regierungen zum Überleben aller sein.

Betrachten wir die grundlegenden Fakten über Wasser. Es ist extrem reichlich vorhanden und doch gleichzeitig knapp.

Auf der Erde gibt es etwa 1,36 Milliarden Kubikkilometer Wasser. Wenn wir all dieses Wasser, das sich in den Ozeanen, Seen, Flüssen, Grundwasserleitungen und Polkappen befindet, nehmen und es gleichmäßig über eine flache Landoberfläche verteilen würden, wäre die ganze Erde drei Kilometer tief unter Wasser getaucht. 97% sind Salzwasser und 3% sind Süßwasser. Aber nur 0,7 % davon sind für den Menschen direkt nutzbar. Von diesen 0,7 Prozent gehen 70 Prozent in die Landwirtschaft, 22 Prozent in die Industrie, und der Rest wird von Mensch und Tier genutzt.

Das Wasser-Recycling liegt in der Größenordnung von 43.000 Kubikkilometern pro Jahr, während der Gesamtverbrauch auf 6.000 Kubikkilometer pro Jahr geschätzt wird. Es gibt also ein Überangebot an Wasser, aber es ist ungleich verteilt: 60% steht gerade einmal 9 Ländern zur Verfügung während in 80 anderen Ländern Knappheit herrscht. Knapp eine Milliarde Menschen verbrauchen 86 % des vorhandenen Wassers, während es für 1,4 Milliarden nicht ausreicht (2020 werden es 3 Milliarden sein) und für 2 Milliarden unbehandelt ist, was 85 % der beobachtbaren Krankheiten hervorruft. Es wird davon ausgegangen, dass bis 2032 etwa 5 Milliarden Menschen von der Wasserkrise betroffen sein werden.

Das Problem ist nicht die Knappheit des Wassers, sondern seine schlechte Bewirtschaftung und Verteilung, um den Bedarf der Menschen und anderer Lebewesen zu decken.

Brasilien ist die natürliche Wasserkraft, mit 13 % des gesamten Süßwassers auf dem Planeten, das sind 5,4 Billionen Kubikmeter. Trotz des Überflusses werden 46 % davon verschwendet, was ausreichen würde, um ganz Frankreich, Belgien, die Schweiz und Norditalien zu versorgen.

Weil es knapp ist, ist Süßwasser zu einem Gut von hohem wirtschaftlichen Wert geworden. Da wir von einer Marktwirtschaft zu einer Marktgesellschaft übergegangen sind, wird alles zu einer Ware. Aufgrund dieser “großen Transformation” (Karl Polaniy) gibt es nun einen ungebremsten globalen Wettlauf, Wasser zu privatisieren und große Gewinne zu machen. So sind multinationale Konzerne wie die französische Vivendi und Suez-Lyonnaise, die deutsche RWE, die englische Thames Water, die amerikanische Bechtel u.a. entstanden. Ein Wassermarkt mit einem Volumen von mehr als 100 Milliarden Dollar wurde geschaffen. Nestlé und Coca-Cola sind hier stark vertreten und versuchen, überall auf der Welt Quellen zu kaufen.

Die große Debatte lautet heute in diesen Begriffen: Ist Wasser eine Quelle des Lebens oder eine Quelle des Profits? Ist Wasser ein natürliches, lebensnotwendiges, gemeinsames und unersetzliches Gut oder ein Wirtschaftsgut, das als Wasserressource und Ware zu behandeln ist?

Es ist wichtig zu erkennen, dass Wasser kein Wirtschaftsgut wie jedes andere ist. Es ist so eng mit dem Leben verbunden, dass es als etwas Vitales und Heiliges verstanden werden muss. Leben kann nicht in eine Ware verwandelt werden. Es ist eines der hervorragendsten Güter im Prozess der Evolution und eine der größten göttlichen Gaben. Darüber hinaus ist Wasser mit anderen kulturellen, symbolischen und spirituellen Dimensionen verbunden, die es kostbar machen und mit Werten aufladen, die an sich unbezahlbar sind.

Um den Reichtum des Wassers zu verstehen, der über seine ökonomische Dimension hinausgeht, müssen wir mit der Diktatur der instrumental-analytischen und utilitaristischen Vernunft brechen, die der Gesellschaft als Ganzes auferlegt ist. Letztere sieht Wasser als bloße Wasserressource, mit der man Geschäfte machen kann. Es dient nur Zwecken und Nützlichkeiten. Doch die Vernunft des Menschen hat andere Funktionen. Es gibt eine uralte, sensible, emotionale, herzliche und spirituelle Vernunft, die über Zwecke und Nützlichkeit hinausgeht und mit dem Sinn des Lebens, mit Werten, mit dem symbolischen, ethischen und spirituellen Charakter des Wassers verbunden ist.

Aus dieser Perspektive erscheint Wasser als natürliches Allgemeingut, als die Quelle und der Ort, aus dem das Leben auf der Erde vor 3,8 Milliarden Jahren entstanden ist. Wasser ist ein globales öffentliches Gemeingut.  Es ist das Erbe der Biosphäre und lebenswichtig für alle Lebensformen. Leben kann ohne Wasser nicht existieren.

Offensichtlich müssen sich die Dimensionen von Wasser als Lebensquelle und als Wasserressource nicht gegenseitig ausschließen, sondern richtig aufeinander bezogen sein. Grundsätzlich gehört Wasser zu den Lebensrechten. Die UN hat am 28. Juli 2010 erklärt, dass sauberes und sicheres Wasser und sanitäre Einrichtungen ein grundlegendes Menschenrecht sind.

Aber es erfordert eine komplexe Struktur der Sammlung, Erhaltung, Aufbereitung und Verteilung, die eine unbestreitbare wirtschaftliche Dimension impliziert. Diese sollte jedoch nicht über dem anderen, nämlich dem Recht, stehen, sondern Wasser für alle zugänglich machen.

Jedem Menschen sollten mindestens 50 Liter kostenloses, sauberes Trinkwasser garantiert werden. Es ist Aufgabe der öffentlichen Hand, zusammen mit der organisierten Gesellschaft, öffentliche Mittel zu schaffen, um die Kosten zu decken, die notwendig sind, um dieses Recht für jeden zu garantieren. Die Tarife für die Dienstleistungen müssen die verschiedenen Verwendungszwecke des Wassers berücksichtigen, sei es im Haushalt, in der Industrie, in der Landwirtschaft oder im Freizeitbereich. Für die industrielle und landwirtschaftliche Nutzung ist das Wasser natürlich preispflichtig.

Die vorherrschende Marktsicht verzerrt die direkte Beziehung zwischen Wasser als Lebensquelle und Wasser als Wasserressource. Dies ist im Wesentlichen auf die Verschärfung des Privateigentums zurückzuführen, die dazu führt, dass Wasser ohne Sinn für das Teilen und die Rücksichtnahme auf die Bedürfnisse der anderen und der gesamten Lebensgemeinschaft behandelt wird. Das Prinzip der gesellschaftlichen Solidarität und der Interessengemeinschaft und des Respekts für Wassereinzugsgebiete, die die Grenzen der Nationen überschreiten, ist immer noch sehr schwach, wie es zum Beispiel zwischen der Türkei auf der einen Seite und Syrien und dem Irak auf der anderen Seite oder zwischen Israel auf der einen Seite und Jordanien und Palästina auf der anderen Seite oder sogar zwischen den USA und Mexiko um die Flüsse Rio Grande und Colorado vorkommt.

Um all diese lebenswichtigen Fragen zu diskutieren, wurde 2003 das Alternative Weltwasserforum in Florenz (Italien) ins Leben gerufen. Dort wurde die Gründung einer Weltwasserbehörde vorgeschlagen.  Sie wäre ein öffentliches, kooperatives und plurales Regierungsgremium, das sich mit Wasser auf der Ebene großer internationaler Wassereinzugsgebiete und seiner gerechteren Verteilung entsprechend dem regionalen Bedarf befassen würde.

Gleichzeitig wurde eine internationale Artikulation im Hinblick auf einen Weltwasservertrag gebildet, der, da ein Weltgesellschaftsvertrag nicht existiert, um das herum aufgebaut werden könnte, was uns alle effektiv verbindet, nämlich das Wasser, von dem das Leben der Menschen und anderer Lebewesen abhängt. In ähnlicher Weise ist jetzt, mit der Ausbreitung von Covid-19, ein Weltvertrag zum Schutz des menschlichen Lebens jenseits jeder Souveränität, die als etwas Überholtes, aus einer anderen historischen Zeit, angesehen wird, dringend notwendig.

Eine wichtige Rolle ist es, Druck auf Regierungen und Unternehmen auszuüben, damit Wasser nicht auf die Märkte gebracht oder als Handelsware betrachtet wird. Es ist wichtig, die öffentlich-private Zusammenarbeit zu fördern, um zu verhindern, dass so viele Menschen aufgrund von Wassermangel oder aufgrund von falsch behandeltem Wasser sterben.

Jeden Tag verdursten 6.000 Kinder, und etwa 18 Millionen Jungen/Mädchen können nicht zur Schule gehen, weil sie gezwungen sind, 5-10 km entfernt Wasser zu holen.

Es ist sehr wichtig, bestehende Wälder zu erhalten und so viel wie möglich wieder aufzuforsten, da sie die Beständigkeit des Wassers garantieren, die Grundwasserleitungen speisen und die globale Erwärmung abschwächen, indem sie Kohlendioxid binden und lebenswichtigen Sauerstoff produzieren.

Null Hunger in der Welt, wie es die UN-Millenniumsziele seit Jahren fordern, muss auch Null Durst beinhalten, denn Wasser ist Nahrung und ohne Wasser kann nichts leben und konsumiert werden.

Schließlich ist Wasser das Leben, Erzeuger des Lebens und eines der stärksten Symbole des ewigen Lebens, da Gott als lebendig, der Erzeuger allen Lebens und die unendliche Quelle des Lebens erscheint.

Lenardo Boff, philosoph und ökotheologe. Autor von Zukunft für die Mutter Erde.Warum wir als \krone der Schöpfung abdanken müssen, Claudius Verlag 2012.