Lula, el carismático líder servidor

Toda sociedad refuerza su identidad a través de grandes símbolos que le hacen ganar nitidez y le indican una dirección. Esos símbolos se encuentran en los monumentos referenciales como el Cristo del Corcovado, o en una ciudad entera como Brasilia, o en las imágenes de los profetas de Aleijadinho, en las estatuas que adornan las plazas y otras. Los nombres de las calles reavivan la memoria de escritores, de poetas, de artistas, de figuras que permanecen en la conciencia colectiva. En el mundo político no se puede negar la predominancia de Getúlio Vargas, uno de los mayores líderes políticos de nuestra historia, que dio otro rumbo a Brasil y lo introdujo en el mundo moderno, beneficiando particularmente a la clase trabajadora.
En esta línea se sitúa la figura de Luiz Inácio Lula da Silva. Nadie puede negarle el carisma que tiene reconocido nacional e internacionalmente. Lo decisivo de su figura carismática es que proviene de las clases abandonadas por las élites que siempre ocuparon el Estado y elaboraron políticas que les beneficiaban a ellas, de espaldas al pueblo. Nunca tuvieron un proyecto para Brasil, sólo para sí mismas
De repente, irrumpe Lula en el escenario político con la fuerza de un carisma excepcional, representando a las víctimas de la tragedia brasileña, marcada por una desigualdad-injusticia social de las mayores del mundo. Incluso teniendo que aceptar la lógica del mercado capitalista, perversa porque es excluyente y por eso antidemocrática por naturaleza, logró abrir brechas que beneficiaron a millones de brasileños, comenzando con el programa del Hambre Cero y siguiendo con otras varias políticas sociales.
Los que le critican de populista y asistencialista no saben lo que es el hambre, que Gandhi afirmaba que era «un insulto, porque humilla, deshumaniza y destruye el cuerpo y el espíritu; es la forma más asesina que existe». Siempre que se hace algo en beneficio de los más necesitados, surge la crítica de las élites adineradas y de sus aliados, de populismo y de asistencialismo cuando no de uso político de los pobres. Olvidan lo que es elemental en una sociedad mínimamente civilizada: la primera tarea del Estado es garantizar y cuidar la vida de su pueblo, y no dejarlo en la exclusión y en la miseria que hacen víctimas a sus niños y los hacen morir antes de tiempo. La ola de odio y de difamación que brota actualmente en el país nace del espíritu de los herederos de la Casa Grande: el desprecio que dedicaban a los esclavos lo han pasado a los pobres, a los negros, especialmente a las mujeres negras y a otras pobres.
Lula con sus proyectos de inclusión no sólo sació el hambre y atendió a otras necesidades de casi 40 millones de personas, sino que les devolvió lo más importante que es la dignidad y la conciencia de que son ciudadanos e hijos e hijas de Dios.
El verdadero líder sirve a una causa más allá de sí mismo. Lula, hijo de la pobreza nordestina, se propuso como Presidente que ningún brasilero tuviese que pasar hambre. Cuántas veces lo oí personalmente decir que todo el sentido de su vida y de su política era dar centralidad a los pobres y arrancarlos del infierno de la miseria. Una vez, viniendo en coche con él de San Bernando, pasando por un lugar solitario hizo parar el auto para confesarme: “muchas veces, saliendo de la fábrica, me senté aquí en esa hierba y lloraba porque no tenía nada para llevar a mis hermanos que en casa pasaban hambre”. Como Jefe de Estado quiso crear las condiciones para que nadie tuviese que llorar por hambre.
Lula fue y es un líder servidor de esta causa. El líder carismático servidor habla a lo profundo de las personas. De ahí nace el entusiasmo y atracción que todo líder suscita. Cuántas veces, en mis andanzas por las comunidades de la periferia oí esta frase: “Lula fue el único que pensó en nosotros, los pobres, e hizo cosas buenas para nosotros”. De él se pueden apuntar limitaciones que pertenecen a la condición humana, incluso equivocaciones políticas, pero jamás se podrá decir que abandonó el propósito básico de su vida y de su acción política. Señal de ello es que pasaba las Navidades con los mendigos, cuidados por el Padre Júlio Lancelotti, bajo un puente en São Paulo. Se encontraba a sus hermanos y hermanas de destino mostrándoles solidaridad y compañía.
La saña de los que quieren un Brasil de privilegios para pocos, ha conseguido aprisionarlo. Pero el sueño de un Brasil rico porque no tiene miserables jamás podrá ser apresado. Lula con su sueño es inmortal y se hace, como se dice en la tradición judía, “un justo entre las naciones”.
Estos pocos ejemplos muestran cómo se puede ser un líder político servidor del pueblo y suscitar en sus seguidores el mismo espíritu de servicio solidario y constructivo.
Tal actitud apunta a otro tipo de Brasil, que queremos y merecemos, animado por representantes que hacen de la política, al decir de Gandhi «un gesto amoroso para con el pueblo y un cuidado por todo lo que es común». Lula se inscribe en esta honrosa tradición.
Traducción de José Maria Gavito

 

Uomo e donna enguaglianza e subordinazione contraddizioni della cristianità

 

Il Cristianesimo originario fondato sul comportamento di Gesù e, più tardi, di San Paolo, aveva istaurato una rottura nella linea di uguaglianza di genere. Ma non riuscì a prevalere. Dovette soccombere alla cultura dominante in prevalenza maschilista, che subordinava la donna all’uomo. Qualsiasi motivo, anche futile permetteva all’uomo il divorzio, lasciando la donna abbandonata.

Perfino l’apostolo Paolo, in contraddizione con il principio di uguaglianza formulato da lui stesso (Gal 3,28), d’accordo col codice patriarcale, poteva dire: “L’uomo non procede dalla donna; è la donna che procede dall’uomo; inoltre, l’uomo non è stato creato per la donna, mentre la donna è stata creata per l’uomo e deve quindi portare un segno di sottomissione (uso del velo: 1Cor 11,10).

Questi testi, che alcuni studiosi considerano un’interpolazione posteriore a Paolo, vennero usati lungo i secoli contro la libertà delle donne e costituiscono il Cristianesimo storico, principalmente la gerarchia romano-cattolica, non tanto i laici, un bastione della conservazione e del patriarcalismo che non visse profeticamente la sua propria verità, e in nome di questa non riscattò la memoria libertaria delle origini contestando la cultura dominante. Al contrario si lasciò assimilare da quella e in più creò il discorso ideologico della sua nazionalizzazione e, perciò, di legittimazione fino ai giorni nostri, almeno a livello di discorsi papali, al contrario di quello che teologi e teologhe insegnano da molto tempo. Bene diceva una femminista tedesca M. Winternitz “La donna è sempre stata la migliore amica della religione; la religione, invece, non è mai stata amica delle donne”.

A questa ideologizzazione di fondo di sapore biblico-teologico, se ne aggiunse un’altra di ordine biologico. anticamente era comunemente ammesso che il principio attivo nel processo di generazione di una nuova vita, dipendeva totalmente dal principio maschile. Da qui nasceva la seguente domanda: se tutto dipende dall’uomo, perché mai nascono donne e non solo uomini? La risposta ritenuta scientificamente corretta dai medievali, era che la donna è un incidente, un’aberrazione dell’unico sesso esistente, maschile. Per questo, Tommaso d’Aquino, copiando Aristotele, considerava la donna come un “mas occasionatus”, (un incidente del programma), mero ricettacolo passivo della forza generativa unica del maschio (Summa Theologica I.q.92,a.1 ad 4). Altro ragionamento: “La donna ha bisogno dell’uomo non solo per generare, come fanno gli animali, come pure anche per governare, sebbene l’uomo sia più perfetto nella sua ragione e più dotato di forza. (Summa contra Gentiles, III, 123). Tali discriminazioni, sia pure su altre basi, ora psicologiche risuonano modernamente in mezzo alla generale perplessità, nei testi di Freud e di Lacan. A ragione, si dice che la donna è l’ultima colonia che non ha ancora ottenuto l’indipendenza (cf M.Mies, Woman, The Last Colony, London, Zed Books, 1988).

Il sogno egualitario delle origini sopravvivrà in gruppi di cristiani emarginati o in gruppi considerati eretici (Snakers d’Inghilterra) oppure lanciato verso il futuro escatologico, alla fine della storia umana. È stato necessario aspettare i movimenti libertari femministi d’Europa e nordamericani a partire dal 1830, a mettere sul tavolo l’antico sogno cristiano. Alla luce degli ideali dell’Illuminismo che affermavano l’uguaglianza originale e naturale tra uomini e donne, Sarah Grimké poteva scrivere la sue Letters on the equality of the sexes and the Condition of Woman (1836 1837), ispirate ai testi biblici libertari e nel 1848 a Seneca Falls, New York, le leader cristiane femministe potevano formulare la Declaration of the rights of Women, ricalcata sulla Dichiarazione di indipendenza degli USA e, infine, cominciare a pubblicare nel 1859, a Seattle, “The woman’s Bible”.

A partire da allora si formò l’irrefrenabile onda di femminismo e di eco femminismo, moderni movimenti sicuramente tra i più importanti, nel mettere in discussione della cultura patriarcale nelle chiese, nelle società e presentando un nuovo paradigma di civilizzazione.

Vale la pena mettere in risalto che dal gruppo di femministe che ci è arrivata una delle critiche più severe del paradigma razionalista della modernità e del introduzione della categoria “aver cura” nella discussione sull’etica, centrata tradizionalmente nella giustizia. L’eco-femminismo rappresenta una delle grandi correnti della riflessione ecologica attuale rinforzando il nuovo paradigma relazionale.

*Leonardo Boff ha scritto insieme alla sociologa Lùcia Ribeiro, Maschio/ femmina: prospettive vissute, Record, Rio 2007.

Traduzione di Romano Baraglia e Lidia Arato.

Pode-se ser santo no mundo secular de hoje? Papa Francisco

Faustino Teixeira é um dos bons teólogos leigos no Brasil. Doutorou-se em Roma e criou na Universidade Federal de Juiz de Fora o Instituto de Ciências da Religião com acento na religião muçulmana. Dedica-se ao estudo dos místicos e tem produzido notável literatura a esse respeito. Publicamos aqui o resumo que fez da Exortação Apostólica do Papa Francisco sobre a oração no mundo de hoje. Nem todos têm acesso a tais documentos. Por isso vale o resumo denso e rigoroso feito por Faustino Teixeira. Agradecemos seu trabalho de divulgação a todos os interessados numa vida espiritual. O titulo que deu é “Uma santidade inserida no tempo: a chamada de Francisco” Lboff

**************************

Hoje, 09 de abril de 2018, veio divulgada a Exortação Apostólica Gaudete et Exsultate (GE) do papa Francisco. A data do documento é 19 de março, por ocasião da solenidade de São José. Trata-se de uma exortação que abre pistas essenciais para o chamado à santidade. O mote é bem claro, vindo do evangelho de Mateus: “Alegrai-vos e exultai” (Mt 5,12). Uma palavra que vem dirigida “aos que são perseguidos ou humilhados por causa dele” (GE 1). O objetivo vem apresentado logo no início: “O meu objetivo é humilde: fazer ressoar mais uma vez a chamada à santidade, procurando encarná-la no contexto atual, com os seus riscos, desafios e oportunidades, porque o Senhor escolheu cada um de nós ´para ser santo e irrepreensível na sua presença e amor` (Ef 1,4)”.

 

Não se trata de um tratado sobre a santidade, mas de um convite, de uma chamada à santidade (GE 2). O documento compõe-se de cinco capítulos: A Chamada à santidade (I); Dois inimigos sutis da santidade (II); À luz do mestre (III); Algumas características da santidade no mundo atual (IV); Luta vigilância e discernimento (V).

 

A partir de uma primeira leitura do documento busco aqui sublinhar alguns pontos que me chamaram a atenção neste primeiro momento, o que não significa que esta leitura seja a definitiva nem que exclua outras possibilidades de pontuação. Falo aqui do que me tocou de forma particular. Minha intenção é deixar o texto falar, comentando aqui e ali o que me chamou a atenção.

 

A Chamada à santidade (I)

 

O documento parte da referência à carta aos Hebreus, mencionando as várias testemunhas que nos encorajam no caminho da santidade, como Abraão, Moisés e Sara, entre tantos outros. Estamos, assim, rodeados de uma “nuvem de testemunhas” que nos ajudam a avançar e não nos deter no caminho (GE 3). Os santos estão, na verdade, “ao pé da porta”, e não se reduzem aos santos beatificados ou canonizados. Eles são os testemunhas tocados pelo Espírito, e este “derrama a santidade por toda parte, no santo povo fiel de Deus” (GE 6).

 

Os santos estão por todo canto, “no povo paciente de Deus”, entre mulheres e homens simples, aqueles que vivem bem “perto de nós”, como “um reflexo da presença de Deus” (GE 7). São pessoas muitas vezes anônimas: “Certamente, os eventos decisivos da história do mundo foram essencialmente influenciados por almas sobre as quais nada se diz nos livros de história” (GE 8). A santidade é o que há mais singelo na igreja, o seu “rosto mais belo”, mas encontra-se também fora de seu reduto, em áreas diversificadas (GE 9).

 

O papa Francisco nos recorda que pessoa alguma deve desanimar-se diante de modelos de santidade que aparecem como inatingíveis. Isto porque “a vida divina comunica-se ´a uns de uma maneira e a outros de outra`” (GE 11). Isto me faz lembrar Teresa de Ávila, no quinto livro das Moradas, capítulo terceiro, quando busca animar suas irmãzinhas no caminho da santidade, sobretudo àquelas que têm dificuldade de alcançar as mercês sobrenaturais. O caminho que ela indica é o mais cotidiano e vizinho: a prática do amor a Deus e o amor ao próximo. Insiste sobre a importância deste itinerário: guardando com firmeza esses dois mandamentos garante-se a profunda união com Deus (V M 3,7). E complementa Teresa: “E convencei-vos: quanto mais adiantadas estiverdes no amor ao próximo, tanto mais o estareis no amor de Deus” (V M 3,8).

 

Na visão de Francisco, para trilhar o caminho da santidade “não é necessário ser bispo, sacerdote, religiosa ou religioso” pois é um âmbito que se abre para todas as pessoas: “Todos são chamados a ser santos”, e isto nas simples ocupações do dia-a-dia (GE 14). A santidade brota e se irradia nos pequenos gestos, sempre “sob o impulso da graça divina” (GE 18).

 

O horizonte para o buscador deve ser sempre muito claro: o reino de Deus e sua justiça. Firma-se aqui para Francisco um dado que é fundamental: “Não se pode conceber Cristo sem o Reino que Ele veio trazer”. Identificar-se com o Cristo é também comprometer-se com o seu projeto de vida, com o horizonte almejado, de um reino de amor, justiça e paz para todos (GE 25). Nesse projeto vital, nesta atividade que santifica, são essenciais os momentos de quietude e silêncio diante do Mistério maior. Francisco insiste na importância dos momentos de solidão sonora, em que se detém a corrida febril da vida para “recuperar um espaço pessoal, às vezes doloroso mas sempre fecundo, onde se realize o diálogo sincero com Deus” (GE 29). É o momento onde nos detemos para enfrentar “a verdade de nós mesmos” e nos deixamos “invadir pelo Senhor”. Sem tais momentos de desaceleração a própria missão sai prejudicada, quando então “o compromisso esmorece, o serviço generoso e disponível começa a retrair-se. Isto desnatura a experiência espiritual” (GE 30). Trata-se do “espírito de santidade”, imprescindível para a caminhada nos rastros do Mistério (GE 31). Francisco é bem claro: “Cada cristão, quanto mais se santifica, tanto mais fecundo se torna para o mundo” (GE 33).

 

Dois inimigos sutis da santidade (II)

 

Nesse capítulo, Francisco chama a atenção para dois riscos presentes no caminho da santidade: o gnosticismo e o pelagianismo. No primeiro caso, a tentação de se fechar no campo subjetivo, “onde apenas interessa uma determinada experiência ou uma série de raciocínios e conhecimentos que supostamente confortam e iluminam”, mas que na verdade enclausuram a pessoa no âmbito da imanência (GE 36). No segundo caso, a tentação de atribuir centralidade ao esforço pessoal, deixando em segundo plano o mistério da graça. Na verdade, segundo Francisco, com o pelagianismo firma-se uma “vontade sem humildade”, uma perspectiva que não reconhece devidamente “que a nossa realidade é fruto dum dom” (GE 55). Para Francisco, “só a partir do dom de Deus, livremente acolhido e humildemente recebido, é que podemos cooperar com os nossos esforços para nos deixarmos transformar cada vez mais” (GE 56). Aqui situa-se o desafio maior, de deixar-se “pertencer a Deus”.

 

À luz do Mestre (III)

 

Neste momento, Francisco busca retomar os ditos de Jesus, como caminho singular para a compreensão e exercício da essência da santidade. Fala no desafio de “voltar às palavras de Jesus”, pois ali se encontra a chave de entendimento da santidade. O caminho está traçado numa resposta simples: fazer cada um “aquilo que Jesus disse no sermão das bem aventuranças” (GE 63). As bem-aventuranças guardam o segredo maior da santidade. O papa discorre sobre cada bem aventurança e assinala a importância da pureza de coração, da mansidão, da misericórdia, da fome e sede da justiça etc. O amor verdadeiro, insiste Francisco, é aquele que brota de um coração puro (GE 85-86). Fala também da virtude do perdão: “Jesus não diz ´felizes os que planejam vingança`, mas chama felizes aqueles que perdoam e o fazem ´setenta vezes sete`(Mt 18,22)” (GE 82). Recorda ainda o valor dos pacíficos, daqueles “que cuidam de semear a paz por todo lado” (GE 88). São eles “fonte de paz”, e não é nada fácil construir a paz evangélica, uma paz “que não exclui ninguém; antes, integra mesmo aqueles que são um pouco estranhos” (GE 89).

 

Viver a santidade é sobretudo “abraçar diariamente o caminho do Evangelho” (GE 94). Isto não é nada fácil! Trata-se de um caminho que num momento ou outro vai deparar-se com as incompreensões e a perseguição. A regra magna para a santidade vem ditada no capítulo 25 do evangelho de Mateus: “Tive fome e me destes de comer, tive sede e me destes de beber, era migrante e me acolhestes, esta nu e me vestistes, estava enfermo e me visitastes, estava encarcerado e fostes ver-me” (MT 25,35-36). A santidade é algo bem terrenal, distante do êxtase que revira os olhos, e bem próxima do gesto que desvela o rosto do outro.

 

A santidade firma-se no solo da oração, não há dúvida, mas indica uma oração que alimenta “uma doação diária de amor”. A oração deve frutificar no âmbito da misericórdia: “O melhor modo para discernir se o nosso caminho de oração é autêntico será ver em que medida a nossa vida se vai transformando à luz de misericórdia” (GE 105). A misericórdia torna-se, assim, o “critério para individuar” os que são de fato verdadeiros filhos de Deus.

 

Algumas características da santidade no mundo atual (IV)

 

Neste capítulo, Francisco busca destacar os traços espirituais indispensáveis para o exercício da santidade, ou seja, para “compreender o estilo de vida a que o Senhor nos chama” (GE 110). Dentre as características indicadas sublinha a paciência e a mansidão, o traço da “solidez interior” (GE 112). Sublinha também a importância da humildade. Destaca ainda o traço da alegria e o sentido do humor. Indica que “o santo é capaz de viver com alegria e sentido de humor. Sem perder o realismo, ilumina os outros com um espírito positivo e rico de esperança” (GE 122). Para esta alegria busca inspiração nos profetas e em Maria. Nada impede a dinâmica da alegria, esta força de resiliência que vence os momentos difíceis e encontra o ritmo de luz nas frestas do tempo: “Nada pode destruir a alegria sobrenatural, que se ´adapta e transforma, mas sempre permanece pelo menos como um feixe de luz que nasce da certeza pessoal de, não obstante o contrário, sermos infinitamente amados`” (GE 125). Ao lado da alegria, a ousadia e o ardor. A santidade, indica Francisco, “é ousadia, é impulso evangelizador que deixa uma marca no mundo” (GE 129). Seu impulso vem de Jesus: “Olhemos para Jesus! A sua entranha de compaixão não era algo que o ensimesmava, não era uma compaixão paralisadora, tímida ou envergonhada, como sucede muitas vezes conosco. Era exatamente o contrário: era uma compaixão que o impelia fortemente a sair de si mesmo a fim de anunciar, mandar em missão, enviar a curar e libertar” (GE 131).

 

Em sua prática, Jesus se alimentava do Deus sempre maior, do Deus que é novidade, que impele à saída e que nos convoca ao êxodo e ao movimento, a “mover-nos para ir mais além do conhecido, rumo às periferias e aos confins. Leva-nos aonde se encontra a humanidade mais ferida e aonde os seres humanos, sob a aparência da superficialidade e do conformismo, continuam à procura de resposta para a questão do sentido da vida” (GE 135).

 

A experiência da santificação ocorre em comunidade, é o que nos lembra Francisco. É um caminho comunitário, de criação de um espaço teologal que faculte a experiência do Senhor ressuscitado (GE 142). Os buscadores são despertados ao exercício de atenção aos “pequenos detalhes do amor” (GE 144-145), onde vigora o cuidado mútuo e o exercício de discernimento do projeto do Pai. Tudo isto num clima constante de oração: “O santo é uma pessoa com espírito orante, que tem necessidade de comunicar com Deus” (GE 147). Francisco adverte que não pode haver santidade sem oração. Todos buscadores necessitam de um “silêncio repleto de presença adoradora” (GE 149).

 

Luta, vigilância e discernimento (V)

 

No último capítulo de sua Exortação Apostólica, Francisco fala sobre a “luta permanente” que anima a vida cristã. Trata-se de um projeto que requer força, coragem e resistência diante das amarras do mal (GE 158). O maligno está aí, sempre por perto, com suas maquinações. Há que resistir com vigor contra suas artimanhas. Como antídoto, trilhar com serenidade “o progresso no bem, o amadurecimento espiritual e o crescimento do amor” (GE 163). Requer-se igualmente o exercício contínuo de discernimento, não apenas nos momentos extraordinários, mas também na luta do dia-a-dia. Há que permanecer em estado de atenção ao Senhor, de “obediência ao evangelho”. Este caminho de atenção nos coloca em sintonia fina com a liberdade de espírito, em atitude de escuta do Senhor, dos outros e da realidade (GE 172).

 

Sem dúvida, estamos diante de um documento de atualidade inédita, que abre caminhos novidadeiros para a nossa ação profética no tempo, que aponta pistas fundamentais para viver a dinâmica da santidade. Tudo em límpida sintonia com o caminho de coerência de Francisco, cuja nota essencial é dar continuidade ao projeto de vida do evangelho.

Prof. Dr. Faustino Teixeira

 

 

LEADER SERVITORE: IL CARISMATICO LULA

Nessuna società rafforza la sua identità se non attraverso grandi simboli che la focalizzano e le mostrano un cammino. Questi simboli sono monumenti referenziali come il Cristo del Corcovado, o un’intera città come Brasilia, le statue dei profeti dell’Aleijadinho, monumenti che abbelliscono strade e piazze e altro ancora. I nomi delle strade ravvivano la memoria di scrittori, poeti, artisti e di immagini che rimangono nella coscienza collettiva. Nel mondo della politica è innegabile il predominio di Getulio Vargas, uno dei più grandi leader politici della nostra storia, che ha istradato il Brasile verso un altro destino, introducendolo nel mondo moderno con politiche perequative favorevoli soprattutto alla classe lavoratrice.

E’ in un simile contesto che va situata la figura di Luiz Inacio Lula da Silva. Nessuno può negargli il carisma che lo invasa, riconosciuto in Patria e all’estero. La prova di questo carisma è che lui proviene dalle classi abbandonate da quelle stesse élites che da sempre tengono occupato lo Stato e che hanno elaborato politiche a proprio favore, girando le spalle al popolo e che mai ebbero un progetto per il Brasile, ma solo per sé.

Improvvisamente piomba Lula al centro dello scenario politico con la forza di un carisma eccezionale, risposta alle vittime della tragedia brasiliana, segnata da una diseguaglianza-ingiustizia sociale tra le maggiori del mondo. Pur obbligato a mantenere la logica capitalistica, perversa in quanto escludente e per questo, antidemocratica per natura, è riuscito ad aprire spiragli, di cui hanno beneficiato milioni di brasiliani, a cominciare dal programma Fame Zero e perfezionata da varie altre politiche sociali.

Quelli che lo accusano di populismo e assistenzialismo non sanno cosa sia la fame che Gandhi definiva“un insulto; essa svilisce, disumanizza e distrugge il corpo e lo spirito. E’ la forma più assassina che ci sia”. Tutte le volte che si fa qualcosa per i più deboli e bisognosi, subito saltano su le élites arricchite e i loro compari che affibbiano etichette di populismo e assistenzialismo, e addirittura, a volte, di uso politico dei poveri. Dimenticano che è elementare in una società minimamente civilizzata: il compito primo di uno Stato è garantire e aver cura della vita del suo popolo e non di lasciarlo nell’esclusione e nella miseria falciando le vite dei suoi bambini, facendoli morire anzi tempo. L’onda di odio e diffamazione che dilaga attualmente nel paese nasce dallo spirito degli eredi della Casa Grande: il disprezzo dedicato agli schiavi è passato ai poveri , ai neri specialmente alle donne nere e ad altri poveri.

Lula, con i suoi progetti di inclusione, non solo ha tamponato la fame e è andato incontro ad altre necessità di quasi 40 milioni, di persone, ma ha anche restituito loro dignità e coscienza che sono cittadini figli e figlie di Dio.

Il leader autentico serve una causa al di là di se stesso. Lula, figlio della povertà nordestina si ripromise – come Presidente – che nessun Brasiliano doveva patir la fame. Quante volte l’ho sentito personalmente dire che il senso della sua vita della sua politica era dare centralità ai poveri strapparli dall’inferno della miseria. Una volta, venendo in macchina con lui da São Bernardo, arrivati in un luogo solitario, fece fermare la macchina per confessarmi: “Quante volte, uscito dalla fabbrica , mi sono seduto lì sull’erba e piangevo perché non avevo niente da portare ai miei fratelli, che in casa pativano la fame”. Come capo di Stato, ho cercato di creare le condizioni perché nessuno avesse bisogno di piangere a causa della fame.

Lula è stato e rimane un leader servitore di questa causa. Il leader carismatico servitore parla al profondo delle persone. E’ da lì che nascono l’entusiasmo e l’attrazione, che il leader suscita. Quante volte nelle mie visite alle comunità ho sentito dire questa frase: “Lula è stato l’unico a pensare a noi poveri e ha fatto per noi cose buone”. In lui si possono trovare dei limiti che appartengono alla condizione umana, anche equivoci politici, ma mai si potrà dire che abbia scordato il proposito-base della sua vita e della sua azione politica. Un segno di questo è che passava i natali con i mendicanti, curati dal Padre Julio Lancelotti, sotto un ponte in Sao Paulo. Incontrava i suoi fratelli e sorelle di destino, mostrando presenza e solidarietà.

L’odio di coloro che vogliono il Brasile del privilegio per pochi sono riusciti a metterlo in prigione. Ma il sogno di un Brasile ricco solo perché non ha miserabili mai può essere messo in prigione. Lula col suo sogno è imperituro e si fa come si dice nella tradizione giudaica, ”Un giusto tra le nazioni”.

Questi pochi esempi addotti mostrano come si possa essere leader politico- servitore del popolo e suscitare nei suoi sostenitori lo stesso spirito solidario e costruttivo.

Un simile atteggiamento indica un altro tipo di Brasile che vogliamo e meritiamo incoraggiati da rappresentanti , che fanno della politica – diceva Gandhi “un gesto d’amore verso il popolo e tenerezza per tutto quello che è comune”.

Lula si iscrive in questa onorabile tradizione.

*Leonardo Boff è Teologo, filosofo e ha pubblicato: Brasil: concluir a refundaçao ou prolongar a dependencia, Vozes 2018.

Traduzione di Romano Baraglia e Lidia Arato.