He aquí a un hombre-hombre: el indígena Ailton Krenak

En medio de la babel de los discursos políticos, golpistas y anti-golpistas de la actualidad es refrescante y animador entrar en contacto con el pensamiento y la visión de la realidad de este destacado líder de los pueblos originarios que es Krenak. Al final de la lectura de las entrevistas y textos recogidos en el libro “Ailton Krenak: encuentros” (Azouge La editorial, Río de Janeiro, 2015) nos lleva a exclamar: “He aquí un hombre entero e integral, un verdadero” Burum “(ser humano, en lengua krenak).

Nació en 1953 en la familia indígena de los Krenak que se encuentra en el Valle del Río Doce, en la frontera de Espírito Santo y Minas Gerais. Bajo su dirección se crearon dos órganos importantes para la causa indígena: la Unión de las Naciones Indígenas (UNI) que articula alrededor de 180 etnias diferentes y la Alianza de los Pueblos del Bosque. Se alfabetizó tardíamente, pero para él este hecho no tiene el significado que nosotros le atribuimos. “La escritura y lectura para mí, no es una virtud mayor que caminar, nadar, trepar a los árboles, correr, cazar, hacer un cesto, un arco, una flecha”.

La gran enseñanza viene de las tradiciones sagradas de las tribus y de la inserción en la naturaleza y en el universo. Irónicamente observa: “Mi abuelo vivió hasta los 96 años. Para mi pueblo era un sabio y un guerrero; para el gobierno brasileño era un niño, un sujeto que debía ser vigilado y tutelado”.

Contra este tipo de interpretación y de política Krenak ha lanzado duras críticas. Fue famoso su discurso el 4 de septiembre de 1987 en la Asamblea Nacional Constituyente. Delante de todos se pintó de luto y se vistió con los símbolos indígenas. Era una protesta en contra de la forma como han sido tratados históricamente. Denunciaba: “Hoy somos el blanco de una agresión que tiene como objetivo tocar, en su esencia, nuestra fe y nuestra confianza… los indígenas han regado con sangre cada hectárea de los 8 millones de kilómetros cuadrados de Brasil”. Pero quedó contento con las leyes aprobadas a favor de los pueblos originarios en la Constitución, a pesar de que se violen continuamente.

Nunca debemos olvidar una de las páginas más vergonzosas y crueles de nuestra historia. Don Juan VI apenas llegó a Brasil decretó por Carta Regia del 13 de de mayo de 1808 una guerra ofensiva contra lo que ellos llamaban botocudos (el adorno que utiliza el labio, el botoque). En ella se decretaba: debéis considerar como iniciada contra estos indios caníbales una guerra ofensiva que seguiréis siempre en todos los años en la estación seca y que no tendrá fin, sino cuando tengáis la felicidad de enseñorearos de sus casas y de capacitarlos de la superioridad de mi armas reales, de tal manera que, movidos por el terror de las mismas, soliciten la paz y la sujeción al suave yugo de las leyes. Nada más arrogante y mentiroso (no eran antropófagos) que semejante texto. Los Krenak casi fueron exterminados. Pero se internaron en el bosque y poco a poco se rehicieron como una tribu valiente, inteligente y guerrera que generó a Ailton Krenak.

La lucha principal de Ailton es la preservación de la identidad tribal, sea en sus territorios, sea en las zonas urbanas. Muestra los errores de los intentos de aculturarlos para incorporarlos a la sociedad nacional, con el fin de civilizarlos, sin darse cuenta de la inmensa sabiduría ancestral de la que son portadores y de la profunda comunión que viven con la naturaleza y el universo. En la actualidad, en medio de la crisis ecológica universal, se muestran nuestros maestros y doctores.

“Somos indios solamente para los blancos”, dice Krenak. Nosotros tenemos nuestra identidad y nombre: krenak, yanomami, guaraní kaiowá y otros. “Para nosotros no existe América Latina; existe el universo”.

Él y su tribu son profundamente religiosos. Él dice: “Yo practico, pero no tengo que ir a un templo, no tengo que ir a una misa. Me relaciono con mi Creador, me relaciono con la naturaleza y con los fundamentos de la tradición de mi pueblo”. En otra entrevista, dijo: “Los Krenak piensan que somos parte de la naturaleza, los árboles son nuestras hermanos, las montañas piensan y sienten. Esto es parte de nuestra sabiduría, de la memoria de la creación del mundo”. Aquí surge la misma experiencia de San Francisco de Asís y nos recuerda la encíclica sobre la ecología integral del Papa Francisco. Con valor defiende lo sagrado que está en todas las cosas.

Recuerdo que en uno de los primeros congresos habidos en Brasil me tocó exponer la visión de San Francisco sobre la fraternidad universal, con el sol y con todos los seres. Al final, dijo el jefe y chamán yanomami Davi Kopenawa: “este no es un santo católico; es como nosotros, un indígena”.

Por último vale la pena escuchar este testimonio de Ailton Krenak: “Creo que hubo un descubrimiento de Brasil por los blancos en 1500 y después un descubrimiento de Brasil por los indios en 1970 y 1980. El que vale es este último. Los indios descubrieron que, a pesar de que son simbólicamente los propietarios de Brasil, no tienen dónde vivir en este país. Ellos tendrán que hacer que este lugar exista día a día expresando su visión del mundo, su potencia como seres humanos, su pluralidad, su deseo de ser y de vivir”. Debemos todos apoyar este justo desideratum.

*Leonardo Boff é articulista del JB online y ha escrito: O casamento do Céu com a Terra, Mar de Ideias, Rio 2010.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Este é o cara, o homem-burum: Ailton Krenak

No meio da balbúrdia dos discursos politicos, golpistas e anti-golpistas da atualidade é refrescante e animador entrar em contacto com o pensamento e a visão da realidade desta notável liderança dos povos originários que é Ailton Krenak. Ao término da leitura das entrevistas e textos reunidos em livro “Ailton Krenak: encontros” (Azouge A Editorial, Rio, 2015) somos levados a exclamar: “Este é o  cara. Eis aqui  um homem inteiro e integral, um verdadeiro “burum”(ser humano em lingua krenak).

Nasceu em 1953 da família indígena dos Krenak que se situa no vale do Rio Doce na divisa do Espírito Santo com Minas Gerais. Sob sua liderança foram criadas duas entidades importantes para a causa indígena: a União das Nações Indígenas (UNI) que articula cerca de 180 etnias diferentes e a Aliança dos Povos da Floresta. Alfabetizou-se tardiamente. Mas para ele o fato não tem o significado que nós lhe atribuimos. “Escrever e ler para mim não é uma virtude maior do que andar, nadar, subir em árvores, correr, caçar, fazer um balaio, um arco, uma flecha”.

O grande ensinamento vem das tradições sagradas das tribos e da inserção na natureza e no universo. Ironicamente observa:”meu avô viveu até 96 anos. Para meu povo ele foi um sábio e um guerreiro; para o governo brasileiro foi um  menino, um sujeito que devia ser vigiado e tutelado”.

Contra esse tipo de interpretação despectiva e de política discricionária, Krenak move dura crítica. Famoso foi seu discurso pronunciado a 4 de setembro de 1987 na Assembléia Nacional Constitinte. Diante de todos pintou-se de luto e se vestiu com os símbolos indígenas. Era um protesto contra a forma como eles foram historicamente tratados. Denunciava:”Hoje somos alvo de uma agressão que pretende atingir, na essência, a nossa fé e a nossa confiança…o povo indígena tem regado com sangue cada hectare dos 8 milhões de quilômetros do Brasil”. Mas ficou feliz com as leis aprovadas a favor dos povos originários na Constituição, embora sejam continuamente violadas.

Jamais devemos esquecer uma das páginas mais vergonhosas e cruéis de nossa história. Dom João VI mal chegado ao Brasil decretou por Carta Regia de 13 de maio de 1808 uma Guerra ofensiva contra o que chamavam de botocudos (pelo enfeito que usavam no lábio, o botoque). Aí se decretava: deveis considerar como principiada contra estes índios antropófagos uma guerra ofensiva que continuareis sempre em todos os anos nas estações secas e que não terá fim, senão quando tiverdes a felicidade de vos senhorear de suas habitações e de os capacitar da superioridade das minhas reais armas de maneira tal que movidos do justo terror das mesmas, peçam a paz e sujeitando-se ao doce jugo das Leis”. Nada mais arrogante e mentiroso (não eram antropógagos) que semelhante texto. Os Krenak quase foram extermiandos. Mas embrenharam-se nas matas e lentamente se refizeram como uma tribo corajosa, inteligente e guerreira que gerou Ailton Krenak.

A principal luta de Ailton é a preservação da identidade tribal seja em seus territórios, seja nas zonas urbanas. Mostra os equívocos das tentativas de aculturá-los, de incorporá-los à sociedade nacional, em fim de “civilizá-los” sem dar-se conta da imensa sabedoria ancestral de que são portadores  e da comunhão profunda que entretém com a natureza e o universo. Atualmente, em meio à crise universal ecológica, mostram-se nossos mestres e nossos doutores.

“Nós somos índios só para os brancos”, diz Krenak. Nós temos nossa identidade e nome: krenak, yanomami, guarani-kaiowa e outros. “Para nós não existe a América Latina; existe o universo”.

Ele e os de sua tribo são profundamente religiosos. Diz ele: “eu pratico, mas eu não tenho que ir a um  templo, não tenho que ir a uma missa. Eu me relaciono com o meu Criador, me relaciono com a natureza e com os fundamentos da tradição de meu povo”. Numa outra entrevista afirma:”Os Krenak acham que nós somos parte da natureza, as árvores são as nossas irmãs, as montanhas pensam e sentem. Isso faz parte de nossa sabedoria, da memória da criação do mundo”. Aqui emerge a mesma experiência de São Francisco de Assis e nos remete à encíclica sobre a ecologia integral do Papa Francisco. Com coragem, contra o profanismo de nossa modernidade, defende o sagrado que está em todas as coisas.

Lembro-me que num dos primeiros congressos sobre ecologia havidos no Brasil coube-me expor a visão de São Francisco sobre a fraternidade universal, com o sol e com todos os seres. Ao término disse o cacique e xamâ Davi Kopenawa dos yanomamis: “esse não é um santo católico; ele é como nós, um indígena”.

Por fim vale ouvir este testemunho de Allton Krenak:”Eu acho que teve uma descoberta do Brasil pelos brancos em 1500 e depois uma descoberta do Brasil pelos índios na década de 1970 e 1980. A que está valendo é esta última. Os índios descobriram que, apesar de eles serem simbolicamente os donos do Brasil, eles não tem lugar nenhum para viver nesse pais. Terão que fazer esse lugar existir dia a dia expressando sua visão do mundo, sua potência como seres humanos, sua pluralidade, sua vontade de ser e de viver”. Devemos todos apoiar esse justo desiderato.

Leonardo Boff é articulista do JB on line e escreveu: O casamento do Céu com a Terra, Mar de Ideias, Rio 2010.

 

El Dios brasilero es Moloc que devora a sus hijos

Se dice que Dios es brasilero, no el Dios de la ternura de los humildes sino el Moloc de los amonitas que devora a sus hijos. Somos uno de los países más desiguales, injustos y violentos del mundo. Teológicamente vivimos en una situación de pecado social y estructural en contradicción con el proyecto de Dios. Basta considerar lo que ocurrió en las prisiones de Manaus, Rondônia y Roraima. Es pura barbarie: la furia decapita, perfora los ojos y arranca el corazón.

No hay una violencia en Brasil. Estamos asentados sobre estructuras histórico-sociales violentas, oriundas del genocidio indígena, del colonialismo humillante y del esclavismo inhumano. Y no hay como superar estas estructuras sin antes superar esta tradición nefasta.

¿Cómo hacerlo? Es un desafío que demanda una transformación colosal de nuestras relaciones sociales. ¿Será posible todavía o estamos condenados a ser un país paria? Veo que es posible a condición de seguir, entre otros, estos dos caminos elaborados desde abajo: la gestación de un pueblo a partir de los movimientos sociales y la instauración de una democracia social de base popular.

La gestación de un pueblo: los que nos colonizaron no vinieron para crear una nación, sino para fundar una empresa comercial a fin de enriquecerse rápidamente, hacerse hidalgos (hijos de algo), regresar a Portugal y disfrutar de la riqueza acumulada. Sometieron primero a los indios y después trajeron a los negros africanos como mano de obra esclava. Se creó aquí una masa humana dominada por las élites, humillada y despreciada hasta los días actuales.

Exceptuando revueltas anteriores, a partir de los años 30 del siglo pasado hubo un cambio histórico. Surgieron los sindicatos y los más variados movimientos sociales. En su seno fueron surgiendo actores sociales conscientes, críticos, con voluntad de modificar la realidad social y de gestar las semillas de una sociedad más participativa y democrática.

La articulación de esas asociaciones há generado el movimiento popular brasilero. Está haciendo de la masa un pueblo organizado que no existía antes como pueblo, pero que ahora está naciendo. Obliga a la sociedad política a escucharlo, a negociar, y a disminuir de esta manera los niveles de violencia estructural.

La creación de una democracia social, de base popular: tenemos una democracia representativa de bajísima intensidad, llena de vicios políticos, corrupta, con representantes electos, en general, por las grandes empresas cuyos intereses representan.

Pero en contrapartida, como fruto de la organización popular, ya se han producido partidos populares o segmentos de partidos progresistas e incluso liberales-burgueses o tradicionalmente de izquierda que postulan reformas profundas en la sociedad y buscan conquistar el poder del Estado, ya sea municipal, estatal o federal.

Esta democracia participativa se basa, fundamentalmente, en estas cuatro patas, como las de una mesa:
· participación la más amplia posible, de todos, de abajo hacia arriba, de tal suerte que cada uno se pueda considerar como ciudadano activo;
· igualdad, que resulta de los grados de participación; ella da al ciudadano más oportunidades de vivir mejor. Frente a las desigualdades existentes, hay que fortalecer la solidaridad social;
· respeto a las diferencias de todo orden; por eso, una sociedad democrática debe ser pluralista, multiétnica, pluri-religiosa y con varios tipos de propiedad;
· valorización de la subjetividad humana; el ser humano no es solo un actor social, es una persona, con su visión del mundo y que cultiva valores de cooperación y solidaridad que humanizan las instituciones y las estructuras sociales.

Esta mesa está asentada además sobre una base, sin la cual no se sostiene: una nueva relación con la naturaleza y con la Tierra, nuestra Casa Común, como recalca la encíclica ecológica del Papa Francisco. En otras palabras, esta democracia deberá incorporar el momento ecológico, fundado en otro paradigma. El vigente, centrado en el poder y la dominación en función de la acumulación ilimitada, ha encontrado una frontera insuperable: los límites de la Tierra y de sus bienes y servicios no renovables. Una Tierra limitada no soporta un proyecto de crecimiento ilimitado. Por forzar estos límites, asistimos al calentamiento global y a los eventos extremos vividos en este año de 2017 con nevadas en casi toda Europa que no ocurrían desde hace cien años.

Esta conciencia de los límites, que crece más y más, nos obliga a pensar en un nuevo paradigma de producción, de consumo y de reparto de los recursos escasos entre los humanos y también con la comunidad de vida (la flora y la fauna que también son creadas por la Tierra y necesitan sus nutrientes). Aquí entran los valores del cuidado, de la corresponsabilidad y de la solidaridad de todos con todos, sin los cuales el proyecto jamás prosperará.

A partir de estas premisas podemos pensar en la superación de nuestras estructuras sociales violentas. El resto es trampear el cambio para que nada cambie.

*Leonardo Boff es articulista del JB online y escritor.

Traducción de Mª José Gavito

O Deus brasileiro é Moloc que devora seus filhos

         Diz-se que Deus é brasileiro, não o Deus da ternura dos humildes mas o Moloc dos amonitas que devora seus filhos. Somos um dos países mais desiguais, injustos e violentos do mundo. Teologicamente vivemos numa situação de pecado social e estrutural em contradição com o projeto de Deus. Basta considerar o que ocorreu nos presídios de Manaus, Rondônia e Roraima. É pura barbárie: a fúria decapita, fura os olhos e arranca o coração.

Não há uma violência no Brasil. Estamos assentados sobre estruturas histórico-sociais violentas, vindas do genocídio indígena, do colonialismo humilhante e do escravagismo desumano. Não há como superar estas estruturas sem antes superar esta tradição nefasta.

Como fazê-lo? Esse é um desafio que demanda uma transformação colossal de nossas relações sociais. Será ainda possível ou estamos condenados a sermos um país pária? Vejo ser possível à condição de seguirmos estes dois caminhos, entre outros, elaborados a partir de baixo: a gestação de um povo a partir dos movimentos sociais e a instauração de uma democracia social de base popular.

A gestação de um povo: os que nos colonizaram não vinham para criar uma nação, para fundar uma empresa comercial a fim de enricar rapidamente, tornar-se fidalgos (filhos de algo), regressar a Portugal e desfrutar da riqueza acumulada. Submeteram primeiro os índios e depois introduziram os negros africanos como mão-de-obra escrava. Criou-se aqui uma massa humana dominada pelas elites, humilhada e desprezada até os dias atuais.

Abstraindo das revoltas anteriores, a partir dos anos 30 do século passado houve uma virada histórica. Surgiram os sindicatos e os mais variados movimentos sociais. Em seu seio foram surgindo atores sociais conscientes, críticos, com vontade de modificar a realidade social e de gestar as sementes de uma sociedade mais participativa e democrática.

A articulação dessas associações gerou o movimento popular brasileiro. Ele está fazendo da massa um povo organizado que não existia antes como povo mas que agora está nascendo. Ele obriga a sociedade política e escutá-lo, a negociar, e destarte a diminuir os níveis de violência estrutural.

         A criação de uma democracia social, de base popular: possuímos uma democracia representativa de baixíssima intensidade, cheia de vícios políticos, corrupta com representantes eleitos, em geral, pelas grandes empresas cujos interesses representam.

Mas em contrapartida, como fruto da organização popular já se produziram partidos populares ou segmentos de partidos progressistas e até liberais-burgueses ou tradicionalmente de esquerda que postulam reformas profundas na sociedade e visam a conquistar o poder de Estado, seja municipal, estadual ou federal.

Essa democracia participativa se baseia, fundamentalmente, nestes quatro pés, com os de uma mesa.

  • participação a mais ampla possível de todos, de baixo para cima, de tal sorte que cada um possa se entender como cidadão ativo;
  • igualdade, que resulta dos graus de participação; ela confere ao cidadão mais chances de viver melhor. Em face das desigualdades subsistentes, deve vigorar a solidariedade social;
  • respeito às diferenças de toda ordem; por isso, uma sociedade democrática deve ser pluralista, multiétnica, pluri-religiosa e com vários tipos de propriedade;
  • valorização da subjetividade humana – o ser humano não é apenas um ator social, é uma pessoa, com sua visão de mundo e que cultiva valores de cooperação e solidariedade que humanizam as instituições e as estruturas sociais.

Esta mesa, entretanto, está assentada sobre uma base, sem a qual ela não se sustenta: uma nova relação para com a natureza e para com a Terra, nossa Casa Comum como enfatiza a encíclica ecológica do Papa Francisco. Em outras palavras, esta democracia deverá incorporar o momento ecológico, fundado num outro paradigma. O vigente, centrado no poder e da dominação em função da acumulação ilimitada, encontrou uma fronteira insuperável: os limites da Terra e de seus bens e serviços não renováveis. Uma Terra limitada não suporta um projeto ilimitado de crescimento. Por forçar estes limites, assistimos ao aquecimento global e aos eventos extremos vividos neste ano de 2017 com neves em toda a Europa que não ocorriam há cem anos.

Esta consciência dos limites que cresce mais e mais, nos obriga a pensar num novo paradigma de produção, de consumo e de repartição dos recursos escassos entre os humanos e também com a comunidade de vida ( a flora e a fauna que também são criadas pela Terra e que precisam de seus nutrientes). Aqui entram os valores do cuidado, da corresponsabilidade e da solidariedade de todos com todos, sem os quais o projeto jamais prosperará.

A partir destas premissas podemos pensar na superação de nossas estruturas sociais violentas. O resto é tapeação de mudança para que nada mude.

 

Leonardo Boff é articulista do JB on line e escritor.