“Dos Papas”: el encuentro personal derriba muros ideológicos y redescubre lo humano

“Dos Papas”: el encuentro personal derriba muros ideológicos y redescubre lo humano

Leonardo Boff*

Así como Brasil no es para novatos, de la misma forma, la película Dos Papas no es para principiantes. Demanda conocimientos de teología y del debate existente hace más de 50 años sobre qué modelo de Iglesia sería el más adecuado, considerando el destino común Tierra y Humanidad y las perversas desigualdades sociales a nivel mundial.

La película está siendo ampliamente discutida. Hay razones en pro, otras en contra, y varias de ellas suponen intereses ocultos de su productor Fernando Meirelles, lo que me parece prejuicioso. Muchas críticas a la película (la mayoría la ven con anteojos ideológicos sin limpiarlos antes) muestran lo que en filosofía se llama ignoratio elenchi (ignorancia del asunto), lo que dificulta un juicio serio y más justo de la película en cuestión. Aunque ya he escrito sobre ella, retomo el discurso para profundizar en algunas de las cuestiones subyacentes a Dos Papas y así apreciarla mejor.

Un lugar privilegiado de observación

Tengo que confesar, sin ninguna pretensión, que estoy en un lugar privilegiado de observación porque he podido conocer a ambos personajes, Joseph Raztinger y Jorge Mario Bergoglio. Esto me permite juzgar con otros criterios la película Dos Papas.

Con referencia al Papa Benedicto XVI por la amistad que tuvimos y por el hecho de que, como cardenal Presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Inquisición), tuvo la ingrata misión institucional de interrogarme en un proceso doctrinal ―por el cual pasaron personas notables como Galileo Galilei, Giordano Bruno y otros― sobre mi libro Iglesia: carisma y poder. Él actuó de acuerdo con el rito prescrito para el Gran Interrogador (anteriormente el Gran Inquisidor) con la seriedad y competencia requeridas. Y yo, como interrogado, debía responder a las acusaciones hechas al libro (no a mí como persona) de la manera más convincente posible. Cada uno estaba en su posición institucional, pero eso no significaba romper los lazos de aprecio mutuo y amistad. No los rompimos. Tanto él como yo supimos distinguir las diferentes esferas. Mi defensa, después del interrogatorio, no les pareció a los 13 cardenales votantes suficientemente convincente. Así que recibí varias sanciones, la mayor de ellas fue el “silencio obsequioso”.

Creo que Benedicto, al frente de la Iglesia, se comportó más como un teólogo académico alemán (escribió varios libros como Papa) que como Guía de una comunidad de más de mil millones de fieles. Esta misión era, a mi modo de ver, ajena a su carácter. Él realmente quería ser un teólogo, no un jefe del Estado Vaticano.

Con referencia al Papa Francisco, nos conocimos como teólogos en 1972 en una reunión organizada por la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR) en el Colegio Máximo jesuita de San Miguel, en las afueras de Buenos Aires. Él guardó la foto de la reunión y, como Papa, tuvo la amabilidad de enviármela y recordarme que habíamos hablado de la hermenéutica francesa moderna, cosa que yo había olvidado por completo.

Al elaborar la encíclica ecológica Laudato Si: sobre el cuidado de la Casa Común (2015), le ofrecí colaboración, prontamente aceptada, ya que él sabía que yo había estado escribiendo durante años sobre el tema, ampliando el horizonte de la Teología de la Liberación. El eje de este tipo de teología es “la opción no excluyente por los pobres contra su pobreza, a favor de la justicia social y su liberación”. Dentro de los diversos tipos de pobres ―pensaba y pienso yo― deberíamos incluir al Gran Pobre, el más explotado de todos, la Tierra viva, sin cuya preservación se invalidaría cualquier otro proyecto. De ahí nació una vigorosa eco-teología de la liberación. El Papa Francisco se dio cuenta de esta centralidad y atendió la solicitud de muchos teólogos que, junto conmigo, le hicimos este llamamiento.

Ignorar este núcleo central de la Teología de la Liberación, la opción preferencial por los pobres, y atribuirlo al marxismo es incurrir en ignoratio elenchi referido arriba, y reproducir la narrativa de los dictadores militares de Chile, Argentina, Brasil y El Salvador. Esto se repite todavía hoy en grupos conservadores y reaccionarios, incluso ocupando altos cargos del gobierno actual de Brasil.

Bergoglio, sin ser profético, salvó a muchos perseguidos

No voy a abordar el tema de la relación del Papa Francisco con la dictadura militar argentina. El Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, quien también fue víctima de tortura, dio su testimonio cabal a los críticos más duros, presentando incluso la larga lista de los salvados por la acción del entonces superior jesuita y más tarde cardenal de Buenos Aires Jorge Mario Bergoglio. Lo máximo que podemos conceder es que él no era una figura profética, como lo fueron los obispos Novak, Angelleli, Esaine y otros. Pero nunca colaboró ni tuvo connivencia con el sistema de opresión y liquidación de los opositores del régimen, de los más crueles de América Latina. Su estilo era otro, actuar en silencio, pero valientemente.

Como Papa Francisco, recibí de él algunas cartas agradeciéndome los materiales que le había enviado. Y sigo enviándole otros a través de uno de sus secretarios (no vía la Curia porque existe el riesgo de que nunca se los entreguen). Casi siempre responde. La última me llenó de satisfacción, porque le había escrito que en el texto final del Sínodo Panamazónico de 2019 se estaba incurriendo en el cristomonismo (solo Cristo), olvidando en gran medida la figura del Espíritu Santo. Este, argumentaba yo, llega siempre antes que el misionero, pues encuentra en los pueblos a evangelizar el amor, la solidaridad, el perdón y otros valores humanos que forman el núcleo del mensaje de Jesús. Me dio las gracias por el comentario y dijo que lo usaría. Para mi sorpresa, en su discurso a los cardenales de la Navidad de 2019 afirmó que alguien le dijo que el misionero es esperado por el Espíritu Santo cuando llega al país de misión, porque Él ya estaba presente allí por el amor y por los demás valores humanos.

Dato curioso: un Papa no solo vive predicando; necesita cierta distensión, beber mate por la mañana y también cultivar el humor. Así que sigue y anima a su equipo de fútbol el San Lorenzo y adora la música folclórica argentina, que me parece excelente, especialmente Mercedes Sosa con la que trabajamos juntos para hacer la Carta de la Tierra. Le envié al Papa, para distraerlo un poco, un mensaje de texto de San Francisco en el que aconsejaba a los frailes que dejaran una parte del huerto sin cultivar para que crecieran las hierbas silvestres, porque a su modo también alaban a Dios. El Papa Francisco puso este punto de humor en la encíclica, en el número 12.

La gran pregunta subyacente en la película Dos Papas

¿Cuál es la gran pregunta detrás de la película Dos Papas? No entenderla significa no entender la película en profundidad. Se trata de presentar dos modelos de Iglesia: uno bien retratado por el Papa Benedicto XVI y el otro por el Cardenal Bergoglio, luego Papa Francisco. Además, perfilar dos formas diferentes de ser humano, de realizar cada uno su humanidad.

Cabe destacar que los diálogos no son meramente inventados. Quienes conocen la teología de ambos identifica pronto lo que escribieron o dijeron públicamente. Corresponden a su respectiva visión de la Iglesia. Es su punto de verdad.

El modelo de Iglesia de Benedicto XVI: Vuelta a la Gran Disciplina

El modelo de la Iglesia de Benedicto XVI es el de la Iglesia tradicional, cuya edad de oro fue la Edad Media, que culminó en el Concilio de Trento (1545-1563) y en el Concilio Vaticano I (1869-1870). Este modelo tiene como eje articulador el poder sagrado (sacra potestas), piramidal y desigualmente distribuido (los laicos abajo no participan en este poder), en cuya cabeza está el Papa, infalible en materia de doctrina y moral, con un poder “ordinario, supremo, pleno, inmediato y universal” (canon 331). Si tachamos la palabra Papa y ponemos Dios, vale ad litteram. ¿Puede un ser humano siempre limitado presentarse con un poder ilimitado, no siendo Dios? Los cristianos siguen se preguntando.

Este modelo fue esencial en la configuración de Europa, lo que resultó en la responsabilidad de las más altas autoridades de la Iglesia de defenderlo para preservar la identidad de Europa y la cultura europea, que se globalizó. Este modelo creó los instrumentos de su reproducción, la teología manualista, el estilo apologético, especialmente, el estatuto de los seminarios, que no existían antes. Allí se formaron los candidatos al sacerdocio, en una perspectiva agresiva y defensiva contra las Iglesias reformadas y contra los nuevos enemigos: los dos iluminismos. El primer iluminismo, más teórico, con su espíritu crítico contra todo autoritarismo, el contrato social y la introducción de las libertades civiles y los derechos de los ciudadanos. Y el segundo iluminismo, más práctico y transformador: el socialismo y el marxismo. Ante esta realidad cambiada, la reacción vino bajo el lema: “Vuelta a la Gran Disciplina“. En otras palabras, tratar de restaurar la síntesis medieval bajo la égida del factor religioso y orientado moralmente por la Iglesia.

Juan Pablo II vio que en Polonia (semper fidelis), ocupada por marxistas ateos, la Iglesia era la gran fuerza de oposición, resistencia y reafirmación de la identidad polaca, profundamente católica. Al ser elegido Papa, llevó esta misión a toda la Iglesia. Encuadró las diferentes tendencias para conseguir una Iglesia unida contra dos enemigos fuertes: el marxismo ateo, que conocía por experiencia personal, y la modernidad, que desplazó a Dios del centro de la sociedad y en su lugar colocó la sacralidad de la persona y sus derechos. La modernidad y la posmodernidad se presentan como seculares (no secularistas), defensoras de las libertades de conciencia, de religión, de cultura y de los derechos de todos.

Innegablemente carismático, hasta el punto de galvanizar multitudes, la visión de Iglesia del Papa Juan Pablo II fue, sin embargo, muy conservadora. Las innovaciones del Concilio Vaticano II (1962-1965) que ajustaron el ritmo de la Iglesia con el mundo moderno se relativizan y reinterpretan desde el poder sagrado, concentrado en él, el Papa, y en la jerarquía eclesiástica. Generó una mentalidad temerosa e incluso negativa frente a los avances del mundo moderno, una iglesia cual castillo asediado por enemigos que supuestamente quieren destruirla.

Sus seguidores (varios movimientos conservadores como el Opus Dei, Soldados de Cristo, Comunión y Liberación entre otros) constituyen la base eclesial y social que sustentó su proyecto de Iglesia. Encontró en el cardenal Joseph Ratzinger (en Alemania se mostraba progresista), un teólogo que se convirtió a la línea de Juan Pablo II y en un fervoroso guardián de la ortodoxia. A pesar de su finura, mostró posiciones severas contra los críticos de ese modelo conservador de Iglesia.

Se señaló especialmente a la Teología de la Liberación, que se interpretó como una especie de caballo de Troya, a través del cual el marxismo penetraría en América Latina. Es necesario defender al pueblo, manteniendo esta corriente teológica bajo estricta vigilancia, se argumentaba en el Vaticano, repercutiendo en muchos de sus seguidores, cardenales, obispos, teólogos, sacerdotes, religiosos e incluso laicos. Esta estrategia se mantuvo e incluso se reforzó cuando se convirtió en Papa Benedicto XVI.

En la película, el Papa Benedicto XVI representa este tipo de Iglesia que tiene su lógica y coherencia, pero que va en contra del curso global del mundo. No tenía ninguna posibilidad de prosperar porque la Iglesia era más una cisterna de aguas muertas que una fuente de aguas vivas. Decepcionaba a muchos creyentes hasta el punto de que muchos abandonaron la Iglesia. Cuando el Papa Benedicto XVI se dio cuenta de que la atmósfera interna de la iglesia en general y del Vaticano en particular había sido envenenada por los delitos de pedofilia, estafas financieras dentro del Banco del Vaticano e incluso la prostitución de altos prelados de la Curida Pontificia, sintió que su fuerza se debilitaba. “Hay que cambiar todo eso”, dice claramente en la película. Reafirmó que no merecía permanecer sentado en la catedra de Pedro sin la energía suficiente para los cambios necesarios. Y en un gesto noble y desprendido, renunció.

Papa Francisco: la Teología de la Liberación llega al centro de la Iglesia

Con el Papa Francisco comienza un nuevo estilo de ejercer el pontificado y se proyecta un modelo de la Iglesia muy diferente del tradicional. La Iglesia en América Latina ha sido siempre una Iglesia-espejo de la europea. Poco a poco, sin embargo, se fue liberando hasta convertirse en una Iglesia-fuente: con un estilo diferente de vivir la fe, encarnada en las culturas locales, indígenas, afrodescendientes y populares. Creó su perfil de una Iglesia pobre y despojada con su propia teología, bajo el nombre de Teología de la Liberación. Por supuesto, todavía hay partes de la Iglesia-espejo ligadas al estilo tradicional de ser sacerdote y de organizar las diócesis y las parroquias. Pero no es por ese estilo por el que el cristianismo latinoamericano ha atraído la atención del mundo, sino gracias a su compromiso con los pobres, contra los regímenes dictatoriales y contra las torturas sistemáticas a presos políticos y a presos comunes y defensa de los derechos humanos. Famoso se hizo el Cardinal de São Paulo, Paulo Evaristo Arns.

Con el Papa Francisco comienza un nuevo estilo de ejercer el pontificado.El Concilio Vaticano II trató de la Iglesia dentro del mundo moderno, del mundo desarrollado y se reconcilió con él. En América Latina, los obispos en las diversas asambleas continentales (Medellín, Puebla, Aparecida) se dieron cuenta de que este mundo desarrollado es la principal causa de opresión de las grandes mayorías de América Latina, indígenas humillados, masas abandonadas, clases oprimidas y mujeres sometidas.

La pregunta en América Latina es otra: ¿cuál es el lugar de la Iglesia dentro del submundo, del mundo subdesarrollado? Llegaron a la conclusión de que su misión es una evangelización liberadora. Liberar a los pobres que gritan es un gesto evangélico y al mismo tiempo político. La liberación debe hacer del pobre el protagonista de su propia liberación a partir del capital simbólico de su fe. Esto requiere un proceso de concientización y de organización al que Paulo Freire, quien siempre se entendió como uno de los fundadores de la Teología de la Liberación, ayudó enormemente en la pastoral de las Iglesias. De esta manera surgió un cristiano consciente y simultáneamente un ciudadano crítico y participante.

La liberación exige un método por el cual el oprimido extroyecta al opresor que lleva dentro de sí, para ser libre y probar otro tipo de sociedad liberada, donde el amor y la convivencia fraterna no sean tan difíciles. No hay opción para los pobres y su liberación sin amar primero a estos pobres, su forma de ser, su cultura y finalmente asociarse como aliados secundarios con sus luchas. Esta opción costó la vida a muchos sacerdotes, religiosas, agentes pastorales laicos, e incluso a dos obispos, Angelleli de Argentina y Oscar Arnulfo Romero de El Salvador, hoy santificado. Es una iglesia que tiene muchos mártires.

El Papa Francisco fue educado cuando era estudiante de teología en el Colegio Máximo en San Miguel en este conjunto de visiones. Las incorporó. Como cardenal, renunció al palacio cardenalicio, al automóvil oficial, a los privilegios de su cargo. Usaba el autobús y el metro y caminaba mucho a pie por las “villas miseria” de Buenos Aires. Vivía en un pequeño apartamento y cocinaba su propia comida.

Cuando llegó a Roma y fue elegido Papa, introdujo esta revolución de hábitos en los antiguos edificios lujosos y renacentistas de la Ciudad del Vaticano. Decidió vivir en una casa de huéspedes y hace fila para comer, como todos los demás.

Su modelo de Iglesia es, como él mismo lo define: “una Iglesia en salida permanente” de sí misma hacia el mundo, los pobres, los refugiados y las periferias existenciales. Es equivalente a un hospital de campaña, abierto para atender a todos. Denuncia, como ninguno de los papas anteriores, a los productores de desigualdades y de injusticias en el mundo: los adoradores del dinero, los especuladores, los enemigos de la vida y de la Madre Tierra, a la que devastan debido a su afan de acumulación. No usa la palabra capitalismo, pero todos entienden a qué se refiere.

En su mensaje enfatiza: Jesús no vino a fundar una nueva religión, ya había muchas en el Imperio Romano. Él vino a crear el hombre nuevo y la mujer nueva . Él vino a enseñarnos a vivir el amor incondicional, la misericordia sin límites y la solidaridad a partir de los últimos En lugar de dogmas y doctrinas, que respeta, privilegia el encuentro vivo con Cristo, con las personas, especialmente las que son invisibles. Escandaliza a no pocos obispos al predicar, incluso exigiendo, una pastoral de la ternura en lugar del miedo al castigo eterno. La misericordia y su tonus rectus predicada siempre de nuevo viene acolitada por la empatía y el hambre y la sed de justicia. Se siente un hombre entre otros hombres.

Sospecho que creará una nueva genealogía de papas venidos del fin del mundo, donde vive la mayoría de los católicos. Solo el 25% se encuentra en Europa, el 52% en América y el resto en África y Oceanía. Hoy por hoy, el cristianismo es una “religión” de lo que una vez se llamó el “Tercer Mundo”, que un día tuvo su origen en el Primer Mundo. A través del “Tercer Mundo” pasa el futuro de la Iglesia Católica incluso en términos numéricos. Aquí es donde el cristianismo muestra sus virtualidades latentes, en la defensa de los pobres y el cuidado de la Casa Común. Un argumento más para que postulemos un Papa que venga desde donde la Iglesia se encarna en las culturas locales y despierta la esperanza en los condenados y ofendidos, desesperados por el hambre y la miseria.

Estos dos modelos de la Iglesia subyacen en los diálogos de la película Dos Papas. Se enfrentan entre sí. Pero lentamente se van alineando.

Cada uno de los papas tiene un peso en su conciencia: Bergoglio podría haber encontrado otra manera distinta de la institucional que tomó para salvar a los dos jesuitas que trabajaban en los barrios pobres y liberarlos del secuestro anunciado. Ambos sufrieron fuertes torturas. Uno de ellos, el padre Yorio, a quien conocí en Quilmes, en las afueras de Buenos Aires, no conseguía librarse del sentimiento de que había sido abandonado por su superior religioso. Pero trataba sinceramente de comprender los impasses por los que había pasado su superior, pero en los que, con creatividad, podría haber actuado de manera diferente. Este fue el peso que el Papa Francisco llevaba en su biografía.

Al Papa Ratzinger le pesaba en la conciencia el haber enviado una carta a todos los obispos, bajo secreto pontificio, para que no entregase a los sacerdotes pedófilos a la justicia civil con el fin de no empañar el buen nombre de la institución de la Iglesia. Debían confesar su pecado y ser trasladados a otro lugar. ¿Y las víctimas, los niños inocentes y sus familias cómo quedarían? Esto no fue suficientemente tomado en cuenta por el Papa Benedicto XVI.La pedofilia nos es solamente un pecado, es también y mucho más un crímen.

El punto culminante de la película es cuando ambos revelan el peso que llevan. Se abren y se dan recíprocamente la absolución. Ambos se sienten aliviados y reconciliados consigo mismos.

La ideología divide, el diálogo aproxima.

Estimo que uno de los propósitos principales de la película fue revelar la verdadera condición humana de ambos Papas: su dimensión de sombra y su dimensión de luz. Esta es la verdadera condition humaine de todo ser humano: somos sapiens y demens, sim-bólicos y dia-bólicos, amables y groseros. Y esto simultáneamente. ¡Ay de nosotros si reprimimos la dimensión sombría! Ella volverá furiosa. Tenemos que integrarla humildemente mientras le damos primacía a la dimensión de la luz. De lo contrario, evitamos el desarrollo de nuestra humanidad plena que incluye luz y sombra.

Pero hay momentos en que el horizonte desaparece: es la “noche oscura y terrible” de la que habla el místico San Juan de la Cruz, que ni siquiera perdona a los papas. La sutileza de la película también muestra esta dimensión angustiante. Los dos Papas no tienen certezas totales. Están en el camino de buscar más luz para poder caminar.

La película revela maravillosamente cómo, paso a paso, emerge la humanidad de uno y del otro. Aprendieron a escuchar, a dialogar y a tratar de comprender las diferencias. Lentamente, las discusiones van desapareciendo, a medida que la ideología separa y el encuentro une. Es entonces cuando irrumpe la verdadera humanidad en cada uno de ellos. Uno toca el piano, el otro tararea una canción de los Beatles. Finalmente, ya no actúan como papas. Son humanos, el hombre Joseph Ratzinger y el hombre Jorge Mario Bergoglio. Ensayan unos pocos pasos de tango, posibles para dos personas mayores. Es inimaginable que un erudito alemán como el profesor Ratzinger se entregue a la libertad corporal y de unos pasos de baile argentino.

Lo que une a las personas no son los acuerdos doctrinales. Estos permanecen en los documentos pero no llegan al corazón. El encuentro de las personas, cara a cara, los ojos en los ojos, transforma la realidad conflictiva en una realidad, a pesar de las diferencias, realmente reconciliada.

Tal vez esta sea la gran lección que derivamos de la película Dos Papas. En un mundo de odio, de desgarro de las ideologías, lo que nos llevará en la dirección correcta y a superar las debilidades de la existencia humana es y será siempre el rescate de nuestra humanidad entera, compleja y ambigua, ayudándonos uno al otro a desentrañar lo que está escondido en él y de lo cual solo tal vez nunca podrá ser liberado. Mas vale la filosofía africana de Ubuntu: “Yo solo soy yo a través de ti”.

El cristianismo como religión y camino de Jesús

Finalmente, cabe una reflexión para aquellos que encuentran difícil vivir la fe cristiana hoy. El cristianismo no nació como una iglesia constituida, sino como “el movimiento de Jesús” o “el camino de Jesús”, así lo relatan las fuentes originarias del Nuevo Testamento. Curiosamente en los Hechos de los Apóstoles se llama el cristianismo, en griego: “hairesis tou Christou“: la “herejía de Cristo”, es decir, “el grupillo de Cristo”. Solo más tarde en Antioquía pasó a ser llamado cristianismo.

Brevemente yo diria: el cristianismo aparece como religión visible y como ética humanitaria. Utilizando una metáfora: el cristianismo es similar a una bicicleta. La rueda delantera representa el cristianismo como religión, con ritos, celebraciones, misas, sacramentos y devoción a los santos. No todos se identifican hoy con esta forma de expresar la fe. Felices los que lo logran, porque el contacto con lo sagrado alimenta las dimensiones profundas e ignotas de nuestra psique, tan bien estudiadas por la escuela de C. G. Jung y sus discípulos.

Pero el cristianismo también puede expresarse a través de la rueda trasera. Es el cristianismo como ética, como una forma de ser que se guía por el sueño y la propuesta humanitaria de Jesús: la centralidad del amor, la empatía con los que sufren, la fidelidad a la verdad, el desapego de la acumulación obsesiva de bienes materiales y la capacidad de perdonar y de mostrar misericordia.

Este camino es el más original y significa una propuesta de vida, seguida por muchos incluso sin afiliarse a una confesión cristiana o seguir un camino religioso. Viven el sueño del Nazareno en medio de la mundanalidad del mundo. Son cristianos, no por la práctica religiosa, sino por la práctica de la ética de la transparencia, del amor, de la solidaridad a partir de los últimos, de la alegría de vivir en este hermoso y radiante planeta y de convivir aceptando las diferencias sin hacerlas desigualdades. Podemos ser humanos de tantas formas.

Creo que la película Dos Papas apunta más en esta dirección humanitaria: escuchar atentamente a los demás, apertura al diálogo y disposición a aceptar críticas y el deseo de cambiar.

Salimos más humanizados y espiritualizados después de ver la película Dos Papas. Solo por este efecto beneficioso valió la pena el esfuerzo de sus productores y actores para concebirlo y producirlo. Merecería un Oscar, por su mensaje actual y esperanzador que irradia, sin mencionar la deslumbrante belleza de sus imágenes y la música siempre adecuada a las escenas. Vale la pena ver la película Dos Papas para dejarse cuestionar por ella, enriquecer la manera propia de vivir humanamente y no en ultimo lugar, alimentar la espiritualidad.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y ha escrito Francisco de Asís y Francisco de Roma, Mar de Ideias, Rio 2014 en español por  Dabar,México 2015.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Uma ética do respeito ilimitado

A produção de um programa humorístico pelo Grupo Porta dos Fundos que teria sugerido uma eventual relação homoafetiva de Jesus e as reações negativas de muitos e até  um atentado a bomba contra o local Porta dos Fundos, nos convidam a uma reflexão sobre o respeito. Este, o respeito, é um dos eixos básicos da ética de qualquer cultura e também necessário para a convivência pacífica das diferenças dentro de um Estado Democrático de Direito.

Para enriquecer a discussão que concerne também um Ministro STF que liberou o programa humorístico depois de ter sido proibido por outro juiz, convém propor as reflexões de um pensador que, mais do que ninguém, aprofundou a questão do respeito: Albert Schweitzer (1875-1965). Era oriundo da Alsácia, renomado exegeta bíblico e um reconhecido concertista de Bach.

Em consequência de seus estudos sobre a mensagem e a ética de Jesus, especialmente o Sermão da Montanha, que dava centralidade ao pobre e ao oprimido resolveu abandonar tudo, estudar medicina em 1913 e ir para a África como médico em Lambarene (Togo), exatamente para aquelas regiões que foram dominadas e exploradas furiosamente pelos colonizadores europeus.

Diz explicitamente, numa carta, que “o que precisamos não é enviar para lá missionários que queiram converter os africanos, mas pessoas que se disponham a fazer para os pobres o que deve ser feito, caso o Sermão da Montanha e as palavras de Jesus possuam algum valor. Se o Cristianismo não realizar isso, perdeu seu sentido. Depois de ter refletido muito, isso ficou claro para mim: minha vida não é nem a ciência nem a arte, mas tornar-me um simples ser humano que, no espírito de Jesus, faz alguma coisa, por pequena que seja”(A. Schweitzer, Wie wir überleben können, eine Ethik für die Zukunft 1994,25-26).

Em seu hospital no interior da floresta tropical, entre um atendimento e outro de doentes, tinha tempo para refletir sobre os destinos da cultura e da humanidade. Considerava a falta de uma ética humanitária como a crise maior da cultura moderna. Dedicou anos no estudo das questões éticas que ganharam corpo em vários livros, sendo o principal deles “O respeito diante da vida”(Ehrfurcht vor dem Leben).

Tudo em sua ética gira ao redor do respeito, da veneração, da compaixão, da responsabilidade e do cuidado para com todos os seres, especialmente, para com aqueles que mais sofrem.

Ponto de partida para Schweitzer é o dado proto-primário de nossa existência, a vontade de viver que se expressa:”Eu sou vida que quer viver no meio de vidas que querem também viver”(Wie wir überleben können,73). À “vontade de poder” (Wille zur Macht) de Nietszche, Schweitzer contrapõe a “vontade de viver” (Wille zum Leben). E continua :”A idéia-chave do bem consiste em conservar a vida, desenvolvê-la e elevá-la ao seu máximo valor; o mal consiste em destruir a vida, prejudicá-la e impedi-la de se desenvolver. Este é o princípio necessário, universal e absoluto da ética”(Ehrfurcht .52 e 73).

Para Schweitzer, as éticas vigentes são incompletas porque tratam apenas dos comportamentos dos seres humanos face a outros seres humanos e esquecem de incluir todas as formas de vida. O respeito que devemos à vida “engloba tudo o que significa amor, doação, compaixão, solidariedade e partilha”(op. cit. 53).

Numa palavra: “a ética é a responsabilidade ilimitada por tudo que existe e vive” (Wie wir überleben,52 e Was sollen wir tun, 29).

Como a nossa vida é vida com outras vidas, a ética do respeito deverá ser sempre um con-viver e um con-sofrer (miterleben und miterleiden) com os outros. Numa formulação suscinta afirma :”Tu deves viver convivendo e conservando a vida, este é o maior dos mandamentos na sua forma mais elementar”(Was sollen wir tun, 26).

Disso deriva comportamentos de grande compaixão e cuidado. Interpelando seus ouvintes numa homilia conclama:” Mantenha teus olhos abertos para não perderes a ocasião de ser um salvador. Não passe ao largo, inconsciente, do pequeno inseto que se debate na água e corre risco de se afogar. Tome um pauzinho e retire-o da água, enxuge-lhe as asinhas e experimente a maravilha de ter salvo uma vida e a felicidade de ter agido a cargo e em nome do Todo Poderoso. O verme que se perdeu na estrada dura e seca e que não consegue fazer o seu buraquinho, retire-o e coloque-o no meio da grama. ‘O que fizerdes a um desses mais pequenos foi a mim que o fizestes’. Esta palavra de Jesus não vale apenas para nós humanos mas também para as mais pequenas das criaturas”(Was sollen wir tun, 55).

A ética do respeito de Albert Schweitzer une inteligência emocional com a inteligência racional. Tudo o que impede o respeito de uns para com os outros, enfraquece a convivência social. Ninguém tem o direito de constranger o outro com a falta de respeito. Todas as liberdades possuem seu limite: manter sempre o respeito.

O maior inimigo da ética do respeito é o embotamento da sensibilidade, a inconsciência do valor fundamental do respeito ilimitado. Incorporando o respeito, o ser humano alcança o mais alto grau  de sua humanidade.

Se não respeitarmos todo ser, acabamos não respeitando o ser mais complexo e misterioso da criação que é o ser humano, homem e mulher, particularmente o mais vulnerável, o pobre, o doente e o discriminado. Sem o respeito e a veneração perdemos também a memória do Sagrado e do Divino que perpassam o universo e que emergem, de algum modo, na consciência de cada um.

Leonardo Boff é teólogo, filósofo e escritor.

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colapso da civilização? fronteiras planetárias: Litszt Vieira

Liszt Vieira é um dos primeiros e maiores conhecedores da questão ecológica em nosso país. Esse texto é extremamente informativo. Apela à nossa responsabilidade. Reforça nossa resistência e nossa crítica aos negacionistas do aquecimento global instlados no atual governo, a começar pelo presidente e seu ministro do Meio Ambiente. A ser verdadeiras as informações passadas neste trabalho, nos damos conta quão irresponsáveis são, pois simplesmente desprezam os dados científicos. Bem disse o Papa Francisco em sua encíclica “Sobre o Cuidado da Casa Comum”:”As previsões científicas já não se podem olhar com desprezo e ironia,,, pode-se desembocar em catástrofes”(n.161). Negadores desta realidade sinistra, não se preocupam com o destino desastroso possível do planeta, de nosso país, de nossas cidades costeiras e especialmente das grandes maiorias pobres. Elas serão as primeiras a sofrer os danos letais do aquecimento global. Não estamos indo ao encontro dele. Queiram ou não queira os negacionistas nacionais e mundiais, já estamos dentro do aquecimento global. Há uma tendência irrefreável, se nada fizermos, de sermos confrontados com uma catástrofe ecológico-social, apenas ocorrida há milhões de anos, quando boa parte dos seres vivos desapareceu. Mas nós ainda não havíamos surgido dentro do processo da evolução. Agora estamos face à uma emergência planetária e seremos responsáveis pelo futuro nosso e da vida no planeta. Não podemos esperar. Temos que agir para não chegarmos tarde demais e mergulharmos numa sepultura que nós mesmos temos cavado. A Terra continuará, empobrecida, mas sem a comunidade de vida e sem nós: Lboff

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                    Fronteiras planetárias: colapso da civilização?

Uma civilização que, para sobreviver, depende de petróleo, não merece esse nome

(Carlos Drummond de Andrade, O Avesso das Coisas)

Todo dia lemos na imprensa notícias de devastação ambiental. No Brasil, destaque para a Amazônia, onde o desmatamento aumentou 212% em outubro de 2019 em relação ao mesmo mês do ano anterior, segundo levantamento divulgado em dezembro último pelo Instituto do Homem e Meio Ambiente da Amazônia (Imazon). Em 2018, foram perdidos 187 km². Em 2019, 583 km².

A derrubada da floresta entre agosto e novembro de 2019 foi 100% maior do que no mesmo período de 2018. A partir de maio de 2019, o desmatamento da Amazônia aumentou sem controle. A fuligem das queimadas chegou a escurecer o céu em São Paulo, em agosto. O INPE detectou o maior índice de devastação da floresta das últimas duas décadas — um avanço de 29,5%, em apenas um ano, atingindo 9.762 km². “Estão destruindo o Brasil”, diz o famoso fotógrafo Sebastião Salgado ao questionar o governo e afirmar que é preciso respeitar a Amazônia e as terras indígenas.

Além da Amazônia, tivemos em 2019 o rompimento da barragem da Vale, em Brumadinho (MG), que, em janeiro, arrasou o Rio Paraopeba e superou em mortes a tragédia de Mariana, em 2015. Há 270 mortos, dos quais 13 permanecem desaparecidos. E também o óleo que cobriu as praias do Nordeste e parte do Sudeste. Mais de 3 mil quilômetros de litoral foram afetados.

No mundo, tivemos recorde de temperaturas que em julho de 2019 foram as mais quentes já registradas, a uma média de 16,7 graus Celsius para o planeta, anunciou a Administração Nacional Oceânica e Atmosférica dos EUA (NOAA). Reflexo do aquecimento global, nove dos dez meses de julho mais quentes foram registrados após 2005. Uma onda de calor na Europa redefiniu recordes: 42,6 graus Celsius em Paris, 41,8 graus na Bélgica, Alemanha com 41,5 graus e 38,7 no Reino Unido. Dos 20 anos mais quentes do registro histórico, 19 ocorreram desde 2000. A temperatura média global já subiu 1,1 grau desde a era pré-industrial. Apenas nos últimos 40 anos, mais da metade dos vertebrados do mundo morreu, segundo o World Wildlife Fund. Os recentes incêndios na Austrália mataram, até agora, 20 pessoas e meio bilhão de animais!

Em 2019, ocorreram 15 catástrofes climáticas. Sete dessas catástrofes causaram prejuízos avaliados em mais de 10 bilhões de dólares. Furacões, inundações, incêndios florestais, fenômenos meteorológicos extremos, alimentados pela mudança climática, impactaram todos os continentes em 2019, levando à morte e ao deslocamento milhões de pessoas e causando bilhões de dólares de prejuízos, segundo a ONG britânica Christian Aid em relatório publicado em 27 de dezembro último. Somente os incêndios florestais na Califórnia em outubro/novembro passado acarretaram um prejuízo de 25 bilhões de dólares!

Todos esses desastres estão relacionados à mudança climática. Na Argentina e Uruguai, por exemplo, onde as inundações causaram 2,5 bilhões de prejuízo em janeiro, as zonas afetadas tiveram precipitações cinco vezes mais importantes que a média, um ano após terem sofrido uma grave seca. As variações se acentuam com a mudança climática e os solos, tornados mais secos, agravam as consequências em caso de fortes chuvas.

Outro exemplo, o ciclone Idai, que devastou a segunda cidade de Moçambique em março passado, foi reforçado, segundo os cientistas, pelo aquecimento da temperatura do Oceano Índico, e a subida do nível das águas agravou as inundações que vieram em seguida. O mesmo fenômeno ocorreu com o ciclone Fani na Índia e em Bangladesh em maio 2019, com prejuízos estimados em mais de 8 bilhões de dólares.

A organização Christian Aid ressalta, todavia, que as cifras financeiras não dão de forma alguma uma visão global da extensão dessas catástrofes no que diz respeito à população. As inundações no norte da Índia causaram 1.900 mortes, e as de Moçambique, 1.300 mortes. Como sempre, é a população mais pobre quem paga o preço mais elevado dos impactos provocados pelas mudanças climáticas.

Mas os custos financeiros são maiores nos países ricos. Um relatório suíço de meados de dezembro estimou que as perdas econômicas ligadas às catástrofes naturais e aos desastres humanos em 2019 alcançaram um prejuízo anual de 140 bilhões de dólares.

A situação é tão grave que já se fala na possibilidade de colapso da atual civilização. Afinal, a Terra conheceu 5 extinções em massa antes da que começamos agora a presenciar. Há 450 milhões de anos, 86% de todas as espécies foram mortas. 70 milhões de anos depois, 75%. 100 milhões de anos depois, 96%. 50 milhões de anos depois, 80%. 150 milhões de anos depois, 75% de novo. Com exceção da extinção dos dinossauros, todas envolveram mudanças climáticas causadas por gases de efeito estufa (A Terra Inabitável, Uma História do Futuro, David Wallace-Wells).

Hoje, lançamos carbono na atmosfera a um rimo 100 vezes mais rápido do que em qualquer época anterior ao início da industrialização. Metade do carbono lançado à atmosfera devido à queima de combustíveis fósseis foi emitido apenas nas últimas três décadas. Mantendo o atual padrão de emissões, chegaremos a mais de 4º C de aquecimento até o ano 2100. Isso significa que muitas regiões do mundo ficariam inabitáveis devido ao calor direto, à desertificação e às inundações.

Pelas projeções das Nações Unidas, teremos 200 milhões de refugiados do clima até 2050. Outras estimativas são ainda mais pessimistas: 1 bilhão de pobres vulneráveis sem condições de sobrevivência. O Protocolo de Kyoto, firmado em 1997, considerava que 2% C de aquecimento global era o limiar da catástrofe: cidades inundadas, secas destrutivas, ondas de calor, furacões e monções, enfim os antes chamados “desastres naturais” vão se tornar regras e não exceção. Em 2016, o Acordo de Paris estabeleceu o aumento de 2º C como meta global a ser evitada.

Hoje, muitos cientistas afirmam que 2º C seria o melhor resultado possível. Se mantido o atual ritmo de emissões de carbono, chegaríamos a 3,2º C de aquecimento, o que acarretaria o colapso das calotas polares e a inundação da maioria das cidades costeiras. A elevação prevista, até o fim do século, de meio metro no nível dos oceanos, acarretará o abandono de dezenas de cidades à beira mar.

Outros cientistas afirmam que as previsões do IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) são conservadoras. Mesmo cumprindo as metas de emissão fixadas no Acordo de Paris, poderemos chegar a 4º C de aquecimento, com florestas transformadas em savanas, trazendo riscos sérios à habitabilidade do planeta.

Afinal, com 2º C, as calotas polares começarão a desmanchar, 400 milhões de pessoas mais sofrerão com a escassez de água, cidades na faixa equatorial do planeta se tornarão inabitáveis, e ondas de calor matarão milhares de pessoas no verão. Com 3º C, a Europa meridional viverá uma seca permanente, as áreas queimadas por incêndios florestais todo ano dobrariam e nos EUA sextuplicariam. Com 4º C, teremos 8 milhões de novos casos de dengue todo ano só na América Latina e crise alimentar em todo o mundo. A mortalidade ligada ao calor se elevaria em 9%. Aumentariam muito os desastres naturais como enchentes, e os conflitos e guerras poderiam duplicar. Globalmente, os prejuízos passariam de 600 trilhões de dólares, mais riqueza do que há no mundo hoje (A Terra Inabitável, op.cit.).

Nada impede que essa tendência seja alterada, tudo depende das decisões políticas dos países, de seus governos e suas empresas. Mas se os próximos trinta anos forem iguais aos trinta anos passados, até o fim deste século regiões inteiras da Terra se tornarão inabitáveis, com perspectivas de devastação da espécie humana.

O sistema climático que conhecemos até hoje está morrendo. Se não houver reversão nas emissões, os efeitos vão se agravar à medida em que o planeta esquentar de 1º C para 1,5º C e muito provavelmente para 2º C e além. A atual era geológica está sendo chamada Antropoceno, pois é a ação humana que provoca a redução drástica da capacidade natural de o planeta absorver o carbono e transformá-lo em oxigênio, o que implica temperaturas mais quentes, mais incêndios florestais, menos árvores, mais carbono na atmosfera, um planeta mais quente. Segundo Paul Crutzen (Prêmio Nobel de Química 1995), ”a influência da humanidade no Planeta Terra nos últimos séculos tornou-se tão significativa a ponto de constituir-se numa nova época geológica”.

É claro que os pobres são mais vulneráveis e vão sofrer mais do que os ricos. Trata-se de um problema de justiça ambiental ou, em outras palavras, de apartheid ambiental. Os países com menor PIB serão os mais quentes. Mas os países desenvolvidos vão passar a receber os mosquitos da malária e do dengue que hoje desconhecem.

Segundo o Banco Mundial, 800 milhões de pessoas, só na Ásia Meridional, sofreriam declínio drástico nas suas condições de vida até 2050. Diversas pesquisas estimaram que cada grau de aquecimento custe a um país temperado como os EUA cerca de um ponto percentual do PIB. Com 1,5º C, o mundo seria 20 trilhões mais rico do que com 2º C. Um aquecimento de 3,7º C acarretaria um prejuízo de 551 trilhões, quase o dobro da atual riqueza global de 280 trilhões de dólares. Recordemos que o atual padrão de emissões, se continuar, levará a um aumento de 4º C até 2100.

Outras pesquisas estimaram que 150 milhões mais de pessoas morreriam só da poluição do ar se o aumento da temperatura global passe, como é provável, de 1,5º C a 2º C. Segundo o IPCC, centenas de milhões de pessoas correriam risco de vida.

Enquanto a grande maioria dos cientistas do mundo afirma que está comprovada a existência das mudanças climáticas e que a causa é a ação humana, os chamados “céticos”, alguns financiados pelas empresas de petróleo, afirmaram primeiro que não existiam as mudanças climáticas e, depois, que seriam causadas por ciclos naturais e não pela ação humana. Mas em todas as instâncias e organismos científicos internacionais isso já é ponto indiscutível. A questão não é mais se existe ou não, e a causa já está confirmada. A questão é o que fazer e como fazer.

A conta pela demora em tomar as decisões corretas sobre o clima chegará para o mundo em 2030 no valor de 26 trilhões. A sociedade contemporânea é uma sociedade de desperdício de energia, de produção, de consumo. Só um país – os EUA – consomem 1/3 da energia de todo o mundo. O mundo não vai mais sobreviver sem a sustentabilidade ambiental. E isso é decisão de políticas públicas. As atitudes individuais de mudar o estilo de vida importam muito pouco. Vejamos, por exemplo, o consumo de água no Brasil. A agricultura consome cerca de 72%. A indústria, cerca de 9%. Mas as campanhas de economia de água visam apenas o consumidor urbano que representa só 8,6% do consumo total.

A civilização do combustível fóssil ameaça a sobrevivência do homem no planeta. Produz calor letal, fome pela redução e encarecimento da produção agrícola, destruição das florestas por incêndios, esgotamento da água potável, morte dos oceanos, tufões, inundações, ar irrespirável, pragas, colapso econômico, conflitos climáticos, guerras, crise de refugiados. É a geopolítica do petróleo que explica o bloqueio econômico e político da Venezuela pelos EUA e as ações militares norte-americanas contra o Irã, que tendem a se agravar pelas bravatas de Trump em ano eleitoral.

As fontes de energia renováveis tornaram-se competitivas, mas as forças econômicas do mercado e os governos por elas controlados sabotam a transformação da energia fóssil poluidora em energia renovável que, entretanto, vem crescendo consideravelmente. As energias renováveis crescem mais rápido, mas os fósseis dominarão a matriz energética até 2040. Os combustíveis fósseis – petróleo/ gás/carvão – deverão constituir ainda três quartos da matriz energética mundial em 2040. Por outro lado, os setores populares protestam em caso de taxas ou aumento nos preços da gasolina, diesel, gás e carvão. Foi o caso, entre outros, das manifestações populares na França (coletes amarelos) que começaram por um protesto contra a “taxa verde” sobre a gasolina e o diesel.

O homem é o único animal que destrói seu habitat, o que coloca em questão sua racionalidade de homo sapiens. Tudo em função da produção econômica baseada na busca do lucro máximo. No Brasil, o agronegócio, as mineradoras, a pecuária, os garimpeiros, as madeireiras, os grileiros destroem a floresta amazônica visando ao lucro imediato. Ignoram – porque querem ignorar – que a Amazônia envia os “rios voadores” de umidade, sem o que a região sudeste seria transformada em savana e, depois, em deserto, na mesma forma que os desertos existentes na mesma latitude do sudeste brasileiro, como Atacama, no Chile, por exemplo.

Entre os fatores que causaram o colapso de civilizações, o primeiro deles é a destruição ambiental – o ecocídio, que foi o caso da Ilha de Páscoa, no Pacífico. O escritor Jared Diamond, autor do famoso livro Colapso – Como as Sociedades Escolhem o Fracasso ou o Sucesso, relata o contraste impressionante entre a ilha de Páscoa e o Japão, ambas sociedades complexas que floresceram em ilhas do Pacífico. Os habitantes de Páscoa (Rapa Nui, na língua local) ficaram famosos pelas gigantescas estátuas de pedra que construíram, os moai. Mas a Ilha de Páscoa foi completamente desmatada. A falta de árvores provocou a fome e mortandade em massa. Já o Japão na mesma época, entre os séculos 17 e 18, deu resposta diferente: o governo iniciou um reflorestamento em massa que fez do Japão um dos países mais verdes do mundo – 69% de seu território é coberto por florestas hoje. Ressalte-se que o Código Florestal japonês não permite a conversão de florestas – tanto as estatais como as privadas – exceto em circunstâncias excepcionais.

As lições do passado devem ser aprendidas sob pena de repetição dos erros cometidos. São cada vez mais claros os sinais de que a humanidade vem se aproximando perigosamente do que se chamou “fronteiras planetárias”, entendendo-se estas como os limiares físicos além dos quais pode haver mudanças bruscas e colapso total da capacidade de o ecossistema global suportar as atividades humanas. (J. R. McNeill, Something New Under the Sun).

Para um grupo de pesquisadores da Universidade de Cambridge, os fatores para um possível declínio da humanidade estão visíveis: as mudanças climáticas, a degradação ambiental, as desigualdades econômicas e governos autoritários que atropelam os direitos civis, sociais e culturais. O “capitalismo tardio” e seu perverso modelo neoliberal não apenas exploram a maioria da população mundial, mas também ameaçam a sobrevivência do homem na Terra.

Trata-se de uma crise de civilização. O estilo de vida que herdamos da sociedade industrial está ameaçado. O futuro será baseado em energias renováveis ou não haverá futuro. E nenhuma tecnologia cairá em nosso colo como um Deus Ex Machina para nos salvar se não houver em tempo hábil mudanças estruturais na direção do desenvolvimento sustentável.

Fonte: Boletim Carta Maior 5/1/2020

 

 

 

Dos Papas: dos modelos de hombre, dos modelos de Iglesia

Dos Papas: dos modelos de hombre, dos modelos de Iglesia

                           Leonardo Boff*

Acabo de ver la película Dos Papas, del consagrado cineasta brasileiro Fernando Meirelles.

Considero que la película está técnica y estéticamente bien hecha, reproduciendo los espacios grandiosos del Vaticano y de sus jardines. Está basada en hechos históricos, por supuesto, con la creatividad que permite este tipo de arte, particularmente en la construcción de diálogos. Pero en ellos se entrevén sus respectivas teologías y sus afirmaciones conocidas.

Lo que digo es una opinión estrictamente personal. He tenido el privilegio de conocer personalmente a los dos Papas, con los cuales mantuve y mantengo relaciones bastante cercanas y de amistad.

Papa Ratzinger: finísimo y riguroso

Con el profesor Joseph Ratzinger tengo una deuda de gratitud por haber valorado positivamente mi tesis doctoral sobre “La Iglesia como Sacramento Fundamental en el Mundo secularizado”, voluminosa, más de 500 páginas impresas. Me ayudó financieramente con una cantidad considerable de marcos y encontró una editorial para su publicación, cuando nadie quería arriesgarse a publicar un libro de estas dimensiones. La recepción en la comunidad teológica internacional fue excelente, considerada una obra fundamental, especialmente por el reconocido especialista en el tema Iglesia Jean Yves Congar, dominico francés.

El profesor Ratzinger es una persona de trato finísimo, extremadamente inteligente, nunca lo he visto levantar la voz, pero es muy tímido y reservado.

Al saber que había sido elegido Papa, inmediatamente pensé: “Es un Papa que sufrirá mucho porque quizás no haya abrazado nunca a la gente, mucho menos a una mujer, ni haya estado expuesto a las multitudes”.

Nuestra amistad se fortaleció porque durante cinco años, a partir de 1974, en la semana de Pentecostés (que suele caer hacia mayo) alrededor de 25 reconocidos teólogos y teólogas progresistas de todo el mundo nos reuníamos en la ciudad de Nimega en los Países Bajos o en otra ciudad europea. Durante una semana discutíamos ecuménicamente, acompañados por un pequeño grupo de científicos, hasta de Paulo Freire, sobre temas relevantes del mundo y de la Iglesia. Editábamos una revista, Concilium, que se publicaba en 7 idiomas y aún se sigue publicando (en Brasil por la Editora Vozes). En ella, las mejores mentes del mundo colaboraron en las diferentes áreas del conocimiento, desde la sexualidad y la Teología de la Liberación hasta la moderna cosmología.

El Prof. Ratzinger se sentaba casi siempre a mi lado. Después del almuerzo, mientras casi todos echaban una siesta, él y yo paseábamos por el jardín, discutiendo temas de teología, nuestros favoritos San Agustín y San Buenaventura, de los cuales he leído prácticamente toda la obra.

Cada uno en su papel sin perder la relación

Hecho cardenal y presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, tuvo la ingrata misión de interrogarme sobre el libro Iglesia: Carisma y poder en 1984. Cumplió institucionalmente su papel de interrogador y yo el de defensor de mis opiniones. Fue un diálogo firme pero siempre elegante por su parte, incluso cuando, después del interrogatorio, tuvimos una segunda parte, es decir, un encuentro aún más difícil con él y con los Cardenales brasileños Don Paulo Evaristo Arns y Don Aloysio Lorscheider que me acompañaron en Roma y testificaron a mi favor. Éramos tres contra uno. Debo admitir que él se sentía incómodo.

Después de un año, recibí la resolución del proceso doctrinal con la deposición de la cátedra de teología, de mis tareas en la Editorial Vozes y la imposición de un “silencio obsequioso” que me impedía hablar, enseñar, entrevistar y publicar cualquier cosa. La decisión final después del interrogatorio fue tomada por 13 cardenales (13 para romper el empate). Más tarde me enteré por un emisario de su secretario privado que él, el Card. Ratzinger, votó a mi favor pero fue el voto perdedor. Hay que decir que cada vez que los periodistas le preguntaban sobre mí, él respondía con humor que soy “ein frommer Theologe” (un teólogo piadoso) que algún día profundizará su verdadero camino teológico.

La película no retrata la figura fina y elegante que lo caracteriza. En una escena levanta la voz y casi grita, lo que me parece totalmente improbable y en contra de su carácter.

A pesar de estar ahora  en diferentes situaciones, él Papa y yo, un teólogo promovido a laico, nunca perdimos nuestra amistad. En sus noventa años, cuando se organizó un Festschrift (un libro de homenaje), en el que escribieron muchas personas notables, a petición suya me pidieron que escribiera mi testimonio sobre él, lo cual hice con agrado. La amistad es más fuerte que cualquier doctrina siempre humana.

El Papa Francisco: tierno, fraterno e innovador

Con referencia a Jorge Mario Bergoglio, ahora Papa Francisco, diría lo siguiente: Nos conocimos en 1972 en el Colegio Máximo de San Miguel en Buenos Aires, cada uno exponiendo la singularidad del camino espiritual de San Ignacio de Loyola (él) y el camino espiritual de San Francisco (yo). Allí discutimos sobre hermeneutica de un francés, cuyo nombre no me acuerdo y tambien la vertiente de la teología de la liberación argentina (del pueblo silenciado y la cultura oprimida), la nuestra brasileña y la peruana (sobre la injusticia social y la opresión histórica de los pobres y los afrodescendientes). De esta reunión hay una foto que él, desde Roma, tuvo la amabilidad de enviarme, donde aparecemos todo un grupo de teólogos y teólogas, la mayoría ya no están entre nosotros, algunos perseguidos y torturados por la represión bárbara del ejército argentino o del chileno. Después nos perdimos de vista.

(Él es el cuarto de la derecha en la fila superior y yo el segundo de la izquierda en la fila de abajo)

El Papa Francisco: teólogo de la liberación integral

Supe por su profesor de teología, recientemente fallecido, Juan Carlos Scannone, el mayor representante de la teología de la liberación argentina, que Bergoglio entró a la Orden Jesuita como una vocación adulta (antes era químico, como aparece en la película). Inmediatamente se entusiasmó con este tipo de teología de la liberación de cuño argentino y allí hizo un voto que siempre cumplió, incluso como cardenal de Buenos Aires: cada semana pasaba una tarde o incluso un día en una villa miseria, siempre solo, entraba en las casas y hablaba con todo el mundo. No vivia en el palacio cardinalicio, ni tenia un coche. Andaba de bus o de metro. Vivia solo en un departamento, haciendo el propio su comida.

Fue Superior Mayor de los Jesuitas de Argentina, actuando especialmente en la región de Buenos Aires. Joven, era muy riguroso. Aquí tuvo que enfrentarse a una situación muy grave que lleva en su corazón hasta el día de hoy: dos jesuitas, el padre Jalics y el padre Yorio (a este lo conocí personalmente en Quilmes) vivían en un barrio pobre, apoyando a los pobres y marginados. Los que trabajaban con el pueblo, como en Brasil en 1964 (y quizás también hoy bajo el nuevo gobierno autoritario de Bolsonaro) eran considerados marxistas y subversivos. Estaban vigilados por los órganos de seguridad militar. Bergoglio fue informado de que serían secuestrados con las torturas subsiguientes. Trató de salvarlos incluso apelando al voto de obediencia, típico de su Orden, en el sentido de que dejaran la favela para no ser víctimas de la represión violenta.

Ellos argumentaron de forma evangélica: “Un pastor no abandona a su rebaño, a su pueblo; participa de su destino; vale más obedecer al Dios de los pobres que obedecer a un superior religioso humano”.

Efectivamente fueron secuestrados y duramente torturados. Jalics se reconcilió con Bergoglio y vive en Alemania, mientras que Yorio se sintió abandonado y se distanció de él (murió en Uruguay hace años). Pude sentir su amargura personal al mismo tiempo que trataba de comprender el impasse al que se enfrenta una autoridad religiosa responsable en situaciones límite. Aun así, Bergoglio escondió a muchos en el Colegio Maximo de San Miguel o los llevó a la frontera de otro país para escapar de una muerte segura.

Papa Francisco: el cuidado de la Casa Común

Al ser elegido Papa, volvimos a comunicarnos. Sabiendo que había estado ocupado intensamente con el tema de la ecología integral, involucrando a la Casa Común, la Madre Tierra, me solicitó colaboración, lo que hice con asiduidad. Pero me advirtió: “no envíes los textos al Vaticano, porque no me los entregarán (el famoso sottosedere de la Curia: sentarse encima y olvidar), sino envíalos directamente al embajador argentino ante la Santa Sede, que todos los días muy temprano toma el mate conmigo”. Hice siempre eso. Dicen por ahi que se nota la presencia de mis pensamientos y temas en la encíclica Laudato Si: sobre el cuidado de la Casa Común (2015). Pero la encíclica es del Papa y el puede eligir los consultores que quiere.También envié textos al Sínodo Panamazónico de 2019. Contestó agradeciéndolo.

Al elegir el nombre de Francisco bajo la inspiración de su amigo brasileño, el cardenal Cláudio Hummes, que le susurró el nombre de Francisco y de hacer una clara opción por los pobres, se transformó. El rigor jesuítico se unió con la ternura franciscana. Con los problemas internos de la Curia, la pedofilia y la corrupción financiera en el Banco Vaticano es extremadamente estricto. Por el contrario, con la gente es visiblemente tierno y fraterno.

Ningún papa anterior ha amonestado con tanta dureza al sistema que ha perdido su sensibilidad, su solidaridad con los millones de pobres y hambrientos, su capacidad de llorar y es adorador del ídolo del dinero. Depreda la naturaleza y es anti-vida y anti-Madre Tierra. No necesitamos indicar a qué sistema se refiere. Su opción por los pobres es rotunda. Debido a sus valientes posturas ante la emergencia ecológica de la Tierra, el calentamiento global y la deshumanización de las relaciones humanas, se ha convertido en un líder religioso y político. Su voz es escuchada y respetada en todo el mundo.

Dos modelos de hombre y dos modelos de Iglesia

El propósito de la película es mostrar dos modelos de personaje religioso y dos modelos de Iglesia.

Primero muestra cómo Ratzinger y Bergoglio, ambos, son humanos, profundamente humanos. En este sentido, ambos tienen su lado positivo y también su lado oscuro. El Papa Benedicto XVI, su indulgencia y leniencia con los pedófilos. No debemos olvidar que escribió a todos los obispos, bajo sigilo pontificio que nunca debe romperse, para que no entregasen a los sacerdotes y obispos pedófilos a los tribunales civiles. Esto desmoralizaría a la institución de la Iglesia. Debían confesar el pecado y ser trasladados a otro lugar. El Papa no se dio cuenta suficientemente de que no se trataba solo de un pecado perdonable por la confesión. Era un crimen contra inocentes que la justicia común debía investigar y castigar. No se pensó en las víctimas, solo en salvaguardar la imagen de la Iglesia institución. Tal omisión fue fuertemente criticada por el Cardinal Bergoglio como aparece claramente en la pelicula.

El papa Benedicto XVI siguió la huella de Juan Pablo II, que era moral y doctrinalmente conservador. Intentó relativizar el aggiornamento del Concilio Vaticano II (1962-1965). Veía a la Iglesia como una fortaleza asediada por todos los lados por enemigos, es decir, por los errores y las desviaciones de la modernidad. La solución propuesta fue volver a la gran disciplina anterior, proveniente del Concilio de Trento (1545-1563) y del Concilio Vaticano I (1869-1870). La centralidad era la ortodoxia y la sana doctrina, como si las predicas fuera lo que salvaba y no las prácticas. En esta línea, el Card. Joseph Ratzinger fue estricto: más de 110 teólogos y teólogas fueron condenados, depuestos de sus cátedras, silenciados (en Brasil, Yvone Gebara y yo personalmente) o castigados de alguna manera. Uno de ellos, un excelente teólogo, fue condenado sin ninguna explicación. Estaba tan deprimido que pensó en suicidarse. Solo se curó cuando fue a América Central para trabajar con las comunidades eclesiales de base. La vida de fe del pueblo sensillo y pobre le devolvió el sentido  de la vida.

Hubo un invierno eclesial severo. Toda una generación de sacerdotes se formó en este estilo doctrinal, con la mirada puesta en el pasado, usando los símbolos del poder clerical. Del mismo modo, fueron consagrados una pléyade de obispos, más autoridades eclesiásticas ortodoxas que pastores en medio de su pueblo.

El Papa Francisco es un modelo distinto de personalidad religiosa. Él viene del fin del mundo, fuera de la vieja y casi agonizante cristiandad europea. Y ha traído una primavera para la Iglesia y para el mundo politico mundial.

Primeramente innovó los hábitos. Al negarse a usar la “mozzeta”, esa pequeña capa blanca llena de brocados que los papas llevaban sobre sus hombros, símbolo del poder absoluto de los emperadores romanos paganos, en la película dice claramente: “el carnaval ha terminado”. No acepta la cruz de oro, continúa con su cruz de hierro; rechaza los zapatos rojos (de Prada) y continúa con sus viejos zapatos negros. No se anuncia a sí mismo como Papa de la Iglesia, sino como Obispo de Roma y solo a partir de ahí, Papa de la Iglesia universal. Al ser presentado como nuevo Papa pide al pueblo que reze por él y que le de la bendición. Solamente después bendice al pueblo. Aquí aparece claramente una nueva visión teológica, conforme al Concilio Vaticano II:  primero viene el Pueblo de Dios y después el Papa y las demás autoridades eclesiasticas al servicio de este Pueblo de Dios.

Anima a la Iglesia no con el derecho canónico, sino con el amor y la colegialidad (en consulta con la comunidad de obispos). En su primer discurso público dice: “cómo me gustaría una iglesia pobre y para los pobres”. No vive en el palacio papal, lo que sería una ofensa para el poverello de Asís, sino en una casa de huéspedes. A la hora de comer guarda fila como los demás y comenta con humor: “así es más difícil que me envenenen”.

Prescinde de un automóvil especial y de un cuerpo de protección personal. Se mezcla entre la gente, da las manos a quienes se las extienden y besa a los niños. Es padre y abuelo querido de las multitudes.

Su modelo de iglesia es el de un “hospital de campaña” que atiende a todos sin preguntar de dónde vienen y cuál es su situación moral. Es una “iglesia en salida” hacia las periferias humanas y existenciales. Respeta los dogmas y las doctrinas, pero afirma claramente que prefiere situarse vivamente ante el Jesús histórico, optando por un encuentro directo con las personas y el cuidado pastoral de la ternura. Insiste en que Jesús vino a enseñarnos a vivir el amor incondicional, la solidaridad y el perdón. Para él es central la misericordia infinita de Dios. Y va más allá al decir: “Dios no conoce una condenación eterna, porque perdería ante el mal. Y Dios no puede perder. Su misericordia no tiene límites”. Por lo tanto, llama a todos, una vez purificados de su maldad, a la casa que el Padre y Madre de bondad han preparado para todos desde la eternidad. Morir es sentirse llamado por Dios y uno va alegremente al Gran Encuentro.

En términos de ecumenismo, enfatiza que las distintas iglesias deben reconocerse mutuamente y todas juntas ponerse al servicio del Reino de justicia, de solidaridad, de fraternidad y de amor, alimentando la llama sagrada de la espiritualidad que se oculta dentro de cada persona.

Es otro tipo de pontificado, otro modelo de ser humano que reconoce que perdió la paciencia cuando una mujer tiró de su mano y se la apretó con fuerza. Molesto, le palmeó la mano dos o tres veces. Pero al día siguiente pidió públicamente perdón. Es naturalmente humilde y reconoce su debilidad.

Dos Papas: diferentes y complementarios

El Papa Francisco abrió toda su humanidad, dándose el derecho a la alegría de vivir, de animar a su equipo favorito, el San Lorenzo, de disfrutar de la música de los Beatles, y hasta conquistó al Papa Benedicto XVI para bailar un tango, impensable en un severo académico alemán. Aquí aparece no el Papa, sino el hombre Bergoglio que desentraña la humanidad recogida del hombre Ratzinger. Ambos son diferentes, pero se unen en el baile de un tango de personas mayores.

La película es una hermosa metáfora de la condición humana, con dos formas diferentes de realizar la humanidad, que no se oponen sino que se componen y completan, una con ternura y la otra con vigor.

Vale la pena ver la película, porque nos hace pensar y nos ofrece lecciones de escucha mutua, de dialogo abierto, de verdades dichas sin tapujos y una amistad que va creciendo a medida que la relación se distiende con cada encuentro. El perdón que se dan uno a otro y el abrazo final, largo y amoroso, engrandece lo humano y lo espiritual presente en cada uno de nosotros.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y miembro de la Comisión Internacional de la Carta de la Tierra.

Traducción de Mª José Gavito Milano