Covid-19: o cooperamos y nos solidarizamos o no tendremos ningún futuro

Una pregunta siempre presente en las búsquedas humanas es: ¿cuál es nuestra esencia específica? La historia conoce innumerables respuestas, pero la más contundente, convergencia de varias ciencias contemporáneas como la nueva biología evolutiva, la genética, las neurociencias, la psicología evolutiva, la cosmología, la ecología, la fenomenología y otras es esta: la cooperación y la solidaridad.

Michael Tomasello, considerado genial en el área de la psicología del desarrollo infantil de 1 a 3 años, sin intervención invasiva, reunió en un volumen lo mejor de ese campo con el título: Por qué cooperamos (Warum wir kooperieren, Berlim, Suhrkamp 2010). En su ensayo inicial afirma que la esencia de lo humano está en el “altruismo” y la “cooperación”. «En el altruismo uno se sacrifica por el otro. Es la empatía. En la cooperación muchos se unen para el bien común» (pág. 14). Es la solidaridad.

Una de las especialistas principales en psicología y evolución de la Universidad de Stanford, Carol S. Dweck, afirma: «Mas que la excepcional grandeza de nuestro cerebro y nuestra inmensa capacidad de pensar, nuestra naturaleza esencial es ésta: la aptitud para ser seres de cooperación y de relación» (Por qué cooperamos, op.cit 95).

Otra, especialista de la misma ciencia, famosa por sus investigaciones empíricas, Elizabeth S. Spelke, de Harvard, afirma: nuestra marca, por naturaleza, que nos diferencia de cualquier otra especie superior como los primates (de los cuales somos una bifurcación) es “nuestra intencionalidad compartida” que propicia todas las formas de cooperación, comunicación y participación en tareas y objetivos comunes” (op.cit. 112). Discurre junto con el lenguaje, que es esencialmente social y cooperativo, un rasgo específico de los humanos, tal como lo entienden los biólogos chilenos H. Maturana y F. Varela.

Otro especialista, este neurobiólogo del conocido Instituto Max Plank, Joachim Bauer, en su libro El gen cooperativo (Das kooperative Gen, Hoffman und Campe, Hamburgo 2008) y especialmente en el libro Principio-humanidad: por qué cooperamos por naturaleza (2006) apoya la misma tesis: el ser humano es esencialmente un ser cooperativo. Refuta rotundamente al zoólogo inglés Richard Dawkins, autor del libro El gen egoísta (1976/2004). Y afirma «que su tesis no tiene ninguna base empírica; por el contrario, representa el correlato del capitalismo dominante que parece así legitimarlo» (Op.cit.153). También critica la superficialidad de otro libro suyo Dios, una ilusión (2007).

Sin embargo, dice Bauer, está científicamente comprobado que «los genes no son autónomos y de ninguna manera ‘egoístas‘ sino que se agregan con otros en las células de todo el organismo» (El gen cooperativo, 184). Además dice: «Todos los sistemas vivos se caracterizan por la cooperación permanente y la comunicación molecular hacia adentro y hacia fuera» (Op.cit.183). Es notorio para la bioantropología que la especie humana dejó atrás a los primates y se convirtió en ser humano cuando comenzó de manera cooperativa a recoger y a comer lo que recogía.

Una de las tesis axiales de la física cuántica (W.Heisenberg) y de la cosmogénesis (B.Swimme) consiste en afirmar la cooperación y la relación de todos con todos. Todo está relacionado y nada existe fuera de la relación. Todos cooperan unos con otros para coevolucionar. Tal vez la formulación más bella la encontró el Papa Francisco en su encíclica Laudato Sì: sobre el cuidado de la Casa Común: «Todo está relacionado, y todos nosotros, los seres humanos, caminamos juntos como hermanos y hermanas, en una maravillosa peregrinación… que nos une también, con tierno afecto, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la Madre Tierra» (n.92).

Un brasilero, profesor de filosofía de la ciencia en la UFES de Vitória, Maurício Abdala, escribió un convincente libro El principio de cooperación (Paulus 2002), en línea con las reflexiones anteriores.

¿Por qué decimos todo esto? Para mostrar lo antinatural y perverso que es el sistema imperante del capital con su individualismo y su competición sin ninguna cooperación. Es el que está llevando a la humanidad a un fatal callejón sin salida.  Con esta lógica, el coronavirus nos habría contaminado y exterminado la gran mayoria. La cooperación y la solidaridad de todos con todos es lo que nos está salvando.

De aquí en adelante tenemos que decidir si obedecemos a nuestra naturaleza esencial, la cooperación y la empatia a nivel personal, local, regional, nacional y mundial, cambiando nuestra forma de habitar la Casa Común, o comenzamos a prepararnos para lo peor, en un camino sin retorno.

Si no escuchamos esta lección que la Covid-19 nos está dando y volvemos, con más furia aún a lo de antes, para recuperar el atraso, podemos estar en la cuenta regresiva de una catástrofe todavía más letal en un umbral apocalíptico. ¿Quién nos garantiza que no podrá ser el temido NBO (Next Big One), aquel próximo y último virus avasallador e inatacable que pondrá fin a nuestra especie? Grandes nombres de la ciencia como Jacquard, de Duve, Rees, Lovelock y Chomsky entre otros nos advierten sobre esta emergencia trágica.

Solo me queda recordar las últimas palabras del viejo Martin Heidegger en su última entrevista a Der Spiegel, que sería publicada 15 años después de su muerte, refiriéndose a la lógica suicida del proyecto científico-técnico de la modernidad: “Nur noch ein Gott kann uns retten” = “Solo un Dios podrá salvarnos”.

Es lo que espero y creo, pues Dios se ha revelado como “el apasionado amante de la vida” (Sabiduría 11,24).

*Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y ha escrito: Opción Tierra: la solución de la Tierra no cae del cielo, Record 2009, Sal Terrae 2010.

Traducción de Mª José Gavito Milano

 

Franco Berardi:Covid-19 e a interrupção da cadeia do capitalismo financeiro

Todos procuram entender o que está acontecendo com a Terra e a Humanidade com o ataque do Covid-19. Talvez os filósofos mais que os economistas nos trazem mais luzes para entender as consequências desta epidemia e o que pode vir depois dela. Podemos conhecer o pior ou pode ocorrer a chande de um salto para o melhor. Para isso devemos melhorar nosso estado de consciência. E a meu ver urge alimentar o princípio esperança e uma espiritualidade da Mãe Terra. Leiamos esta instigante entrevista do filósofo italiano  Franco Berardi  publicada pelo IHU  de 21 de maio de 2020 pois nos coloca realisticamente diante desta alternativa: Lboff

“Covid-19 chega para interromper a cadeia do capitalismo financeiro”

Por: João Vitor Santos | Tradução: Luisa Rabolini | 21 Mai 2020

“Para prolongar o crescimento do capital nos últimos cinquenta anos, foram destruídos os recursos do planeta e as energias nervosas da humanidade. Agora, o Covid chega para interromper a cadeia do capitalismo financeiro. A partir disso não se sairá com nenhuma reforma, com nenhuma reestruturação, não se sairá com o investimento de somas, ainda que vultuosas, de dinheiro. O dinheiro não tem mais nada a ver”, afirma Franco Berardi, filósofo italiano, à IHU On-Line, na entrevista a seguir, concedida por e-mail. A tradução é de Luisa Rabolini.

Confira a entrevista.

IHU On-Line – Como o senhor compreende a crise gerada pela pandemia global? Quais os desafios para a compreendermos para além de uma crise de saúde, social e financeira?

Franco Berardi – Eu acredito que a pandemia abre algo diferente de uma crise. A crise é uma interrupção temporária da ordem que leva a uma nova configuração da mesma ordem. A pandemia Covid-19 não é uma interrupção, uma desestruturação provisória da ordem capitalista. É algo muito mais radical, não só pela sua intrínseca gravidade sanitária, mas porque está chegando no final da era moderna, dominada pela perspectiva da expansão econômica, geográfica, demográfica. A expansão se esgotou há pelo menos cinquenta anos, desde que o Clube de Roma publicou o Relatório sobre os limites do crescimento, e quando o capitalismo entrou na fase destrutiva do neoliberalismo.

O Covid chega para interromper a cadeia do capitalismo financeiro. A partir disso não se sairá com nenhuma reforma, com nenhuma reestruturação, não se sairá com o investimento de somas, ainda que vultuosas, de dinheiro – Franco Berardi

Para prolongar o crescimento do capital nos últimos cinquenta anos, foram destruídos os recursos do planeta e as energias nervosas da humanidade. Agora, o Covid chega para interromper a cadeia do capitalismo financeiro. A partir disso não se sairá com nenhuma reforma, com nenhuma reestruturação, não se sairá com o investimento de somas, ainda que vultuosas, de dinheiro. O dinheiro não tem mais nada a ver.

A história da expansão acabou e delineia-se a perspectiva da extinção. Só se soubermos sair do modelo de acumulação e reorganizar a sociedade em um princípio de frugalidade, de autonomia e de igualdade podemos superar o limiar apocalíptico da pandemia. Mas não me parece que a humanidade esteja culturalmente pronta para realizar essa passagem.

O dinheiro não tem mais nada a ver. A história da expansão acabou e delineia-se a perspectiva da extinção – Franco Berardi

IHU On-Line – Por que a superação da crise causada pela covid-19 passa pelo não retorno à antiga normalidade, como o senhor tem argumentado em seus textos?

Franco Berardi – A normalidade é a extração dos recursos do planeta, como o petróleo, para transformá-los em venenos que devastam a atmosfera e sufocam os pulmões dos seres humanos, tornando-os vulneráveis ​​a agentes virais, como o coronavírus de hoje e o que virá amanhã. A normalidade é o aumento da população além dos limites da sustentabilidade, é a exploração da mente humana que se manifesta na forma de psicose generalizada. Essa normalidade, que podemos chamar de crescimento econômico, capitalismo financeiro ou aceleração do ritmo da circulação de informações e produção, produziu a catástrofe atual. Mas também produziu os incêndios nas florestas australiana, californiana, amazônica e siberiana, o derretimento das geleiras, a asfixia causada pela poluição das cidades indianas e chinesas. Também produziu guerra contra os migrantes e disseminou o nacionalismo e o racismo entre a população branca aterrorizada.

IHU On-Line – Na atual conjuntura global, estamos mais para “autoritarismo tecnocrático” ou para uma mudança global?

Franco Berardi – Acredito que a hipótese mais provável para o futuro seja a de formas tecno-totalitárias, como aquelas que estão em avançada experimentação na China, que se ligam à militarização sanitária em larga escala. Isso é provável, quase inevitável. Mas aprendemos que o inevitável geralmente não se realiza, porque o que acontece é o imprevisível. Existe uma possibilidade, embora remota, quase impensável, de transição para um equilíbrio pós-global, pós-monetário, radicalmente igualitário e libertário. A tecnologia possibilita essa transição para uma forma de comunismo high tech, um comunismo fundado no uso pleno de recursos intelectuais e técnico-científicos no interesse da comunidade. Essa possibilidade existe, e o presente apocalipse revela a urgência de tal possibilidade. Mas é uma possibilidade que requer uma subjetividade cultural e política que não consigo ver no momento.

A hipótese mais provável para o futuro seja a de formas tecno-totalitárias, como aquelas que estão em avançada experimentação na China, que se ligam à militarização sanitária em larga escala – Franco Berardi

IHU On-Line – Qual sua avaliação sobre a forma como a vigilância vem sendo usada em países asiáticos como forma de frear os contágios?

Franco Berardi – A cultura confucionista, como sabemos, moldou uma percepção diferente da relação entre indivíduo e comunidade. Acredito que isso também esteja ligado às diferentes formas de aculturação, da escrita, da transmissão de saber que no mundo oriental tem caracteres não individualistas, como Bjung-Chul Han recentemente argumentou em seus artigos, nos quais explica por que os países orientais são favorecidos comparado aos países ocidentais onde o individualismo domina.

Existe uma possibilidade, embora remota, quase impensável, de transição para um equilíbrio pós-global, pós-monetário, radicalmente igualitário e libertário – Franco Berardi

Discursos sobre violações de direitos humanos na China não apreendem o ponto central: a China não é mais repressiva do que os Estados Unidos da América; é cultural, cognitiva e antropologicamente menos sensibilizada à individualização. E isso torna o povo chinês mais disposto a sofrer formas de controle total, tecno-totalitário. Talvez isso determine (parece-me que esteja determinando) um declínio no poder norte-americano e um aumento no poder econômico e político do sistema tecno-totalitário chinês. Mas é mais provável que esse desequilíbrio leve ao confronto militar e à guerra em breve.

IHU On-Line – O capitalismo se transformará depois dessa crise? No que consiste e como compreender tais transformações?

Franco Berardi – O capitalismo sempre muda, mas no final nunca pode mudar. Baseia-se na exploração ilimitada do trabalho humano, do saber coletivo e dos recursos físicos do planeta. Desempenhou sua função nos últimos quinhentos anos, possibilitou o enorme progresso da modernidade e o horror do colonialismo e da desigualdade.

Agora acabou. Só pode continuar acelerando a extinção do gênero humano, ou pelo menos (na melhor das hipóteses) a extinção do que conhecemos como civilização humana.

IHU On-Line – Em meio a toda crise, pandemia e desespero a consciência de classe despareceu? E que categorias emergem nesse contexto e podem nos ajudar a compreender o atual momento?

Franco Berardi – A fragilidade é a lição que poderia ajudar a sociedade a se libertar do sentimento de onipotência que gera o culto do crescimento econômico e da expansão. Mas a consciência da fragilidade não é suficiente, se não houver também consciência da possibilidade madura de uma sociedade igualitária. A consciência de classe é a consciência do poder do trabalho e da necessidade de emancipar o trabalho, ou melhor, a nossa atividade. Sem consciência de classe, ligada à consciência da fragilidade psicofísica do organismo humano, a extinção é a próxima aventura que enfrentaremos, mesmo que eu espere morrer a tempo de não a ver.

IHU On-Line – No que essa crise se difere das anteriores, como a de 2008, e o que muda na percepção das pessoas sobre o estado de crise?

Franco Berardi – A crise de 2008 foi uma crise totalmente interna ao ciclo econômico-financeiro.

Para remediar um desequilíbrio nas relações entre grandes agências financeiras e bancárias, o poder tirou enormes recursos da sociedade, empobreceu brutalmente a sociedade, os trabalhadores, as escolas públicas e o sistema de saúde, para transferir recursos para bancos e grandes agências financeiras.

Isso poderia ser feito e o fizeram. Foi o pior crime financeiro da história, arruinou países como a Grécia, destruiu o sistema de saúde, tornando a sociedade mais frágil e exposta ao ataque do vírus. Mas aquela não passou de uma crise da relação entre finanças e sociedade.

Agora, as finanças têm muito pouco a ver, e seu poder não pode mais fazer muito.

O capitalismo terminou de dominar o mundo, não domina mais nada e o mundo está agora em um estado de caos. Somente uma cultura igualitária e frugal, apenas uma desaceleração do ritmo psíquico pode curar o organismo humano – Franco Berardi

De fato, o apocalipse atual nasceu da explosão do agente biológico viral no circuito da informação, da psique coletiva e da economia, quando a infosfera já estava sobrecarregada, a psique coletiva no limite do colapso nervoso e a economia em um estado de inevitável estagnação.

O dinheiro não pode fazer muito contra a infecção, não pode fazer nada contra o colapso nervoso. O capitalismo terminou de dominar o mundo, não domina mais nada e o mundo está agora em um estado de caos. Somente uma cultura igualitária e frugal, apenas uma desaceleração do ritmo psíquico pode curar o organismo humano.

Leia mais

 

 

 

 

 

Arthur Soffiati:Conceitos transdisciplinares

Arthur Soffiati  já conhecido deste blog, um excelente ecologista que vive em
Campos dos Goytacazes- RJ. Ele prima pela simplicidade e clareza dos conceitos. Neste artigo nos ajuda a entender aquilo sobre o qua tanto se fala: a transdisciplinariedade. Oferece vários exemplos que ilustram as maneiras como este conceito é usado. Lboff

***************************

Certos conceitos oriundos das chamadas ciências naturais e sociais têm caráter transdisciplinar, ou seja, podem transitar de um campo do conhecimento a outro, como demonstrou Isabelle Stengers num estudo pouco conhecido entre nós (D’une science à l’autre: des concepts nomades. Paris: Du Seuil, 1987).

O emprego deles numa abordagem transdisciplinar não é ecletismo. Os cientistas sociais, sobretudo, olham de través os pensadores que empregam conceitos de vários campos do conhecimento por entenderem que eles são propriedade de cada campo do saber. O raciocínio transdisciplinar cria um supercampo de conhecimento em que ele se movimenta.

Modo de produção, dasafio-resposta, estratégia e táticas, lugar e risco são conceitos eminentemente transdisciplinares. Com exceção de modo de produção, proposto por Marx, os de desafio-resposta empregado por Toynbee, estratégia e táticas, usado por Michel de Certeau, lugar, do geógrafo Yi-fu Tuan, complexidade, de Edgar Morin, e risco, do sociólogo Ulrich Beck, são conceitos que servem às ciências sociais e às ciências naturais, podendo também viajar no tempo.

Toda sociedade humana vive num modo de produção. As sociedades animais não. Mas todos os viventes respondem a desafios impostos pela natureza ou pela sociedade, externa ou internamente, de acordo com suas capacidades. Todos os seres vivos criam táticas, mesmo os mais simples, para se movimentar dentro dos limites das estratégias impostas pelo forte. Não apenas o ser humano cria lugares, ou seja, transforma o espaço de acordo com suas necessidades. O próprio Tuan rabiscou algumas linhas sobre os lugares criados pelos vivos não-humanos, mas não foi adiante. Sustento que não há espaço vazio na Terra, seja nos oceanos, seja nos continentes, seja na superfície, seja nas profundezas das fossas abissais. Pelo visto, na Lua e em Marte não há lugar. Contudo, as pesquisas mais recentes suspeitam de seres vivos no passado de Marte. Então, houve lugar por lá.

Morin diz que não há sistemas simples e sistemas complexos. O que há é modo simples de abordar a complexidade. Numa entrevista, o conhecido escritor judeu-francês declarou: “Nós, todos os seres humanos, somos animais que preferem as coisas simples. Mas as coisas não são simples. São sempre complexas.” Entre animais e humanos, em todos os tempos, existem riscos. As formigas são bastante organizadas em suas sociedades. A saúva apresenta risco para as lavouras e as formigas de correição africanas e amazonenses apresentam risco para o próprio corpo do ser humano. Contudo, elas correm o risco de serem devoradas por tamanduás, além de outros riscos.

As sociedades paleolíticas eram complexas, contudo menos complexas que as neolíticas e as civilizações. Todas as três enfrentaram e enfrentam riscos provenientes do exterior e do próprio interior. O ataque de animais e de outros grupos humanos representaram riscos para grupos paleolíticos. Os riscos se tornam mais frequentes e mais intensos quanto mais as sociedades se tornam mais complexas.

Dentro do modo de produção feudal, nasceu o modo de produção capitalista, por vota do século XI. Nos primórdios, existiam riscos que podiam inviabilizá-lo. Até mesmo riscos climáticos. Mas havia também oportunidades para seu crescimento. A Peste Negra, no século XIV, pode ter conduzido a um conservadorismo nos costumes e nas artes, mas impulsionou a economia no século seguinte, levando à expansão marítima do mundo europeu. A navegação oferecia vários riscos. Quanto mais as caravelas circulavam, mais o risco de naufrágios. As epidemias que assolaram os povos nativos da América e da Oceania levaram a eles o forte risco de contaminação e morte.

O capitalismo foi se expandindo e enfrentando riscos nesse processo. A guerra entre os países imperialistas era um risco de grande magnitude, assim como a resistência de povos com economia forte, como a China. As crises econômicas, as revoltas e revoluções, as reviravoltas políticas ofereciam riscos à economia capitalista. Pelo entendimento de Toynbee, cada problema enfrentado pelo capitalismo representou um desafio em nível local, regional e mundial, como as duas grandes guerras. Para Edgar Morin, o sistema capitalista tornou-se cada vez mais complexo. Para Certeau, as estratégias quase intransponíveis impostas pelos fortes levaram os fracos a desenhar itinerários também complexos de sobrevivência.

Agora, o grande desafio, o grande risco enfrentando pela hipercomplexa economia capitalista globalizada é a grande pandemia causada pelo Covid-19. Não se podia prever com certeza que a humanidade seria surpreendida por uma pandemia, mas ela não podia ser descartada, assim como os efeitos mais profundos das mudanças climáticas e dos regimes populistas reacionários. Num modo de produção como o capitalista em fase de alta complexidade; nos lugares que ele cria, deve-se contar com a imprevisibilidade e a incerteza, com desafios fortes e com riscos que podem emergir do todos os cantos.

Tornare alla “normalità” è condannarsi

Quando la pandemia di coronavirus sarà passata, non ci sarà permesso di tornare alla “normalità” come era prima. Perché questo significherebbe, innanzitutto, disinteresse per le migliaia di persone che sono morte a causa del virus e mancanza di solidarietà con le loro famiglie e i loro amici. In secondo luogo, sarebbe la dimostrazione che non abbiamo imparato nulla da quella che, più che una crisi, è stata una chiamata urgente a cambiare il nostro modo di vivere nel mondo, nostra unica Casa Comune. È stata una chiamata della stessa Terra vivente, quel super-organismo autoregolato del quale noi siamo la parte intelligente e cosciente.

Il sistema attuale minaccia le fondamenta (le basi) della vita

Ritornare alla precedente situazione del mondo, egemonizzato dal capitalismo neoliberale, incapace di risolvere le sue contraddizioni interne e il cui DNA è la sua voracità, con crescita illimitata a scapito dello sfruttamento eccessivo della natura e dell’indifferenza per la povertà e la miseria della grande maggioranza dell’umanità da essa prodotta, è dimenticare che questa struttura sta scuotendo le basi ecologiche che sostengono tutta la vita del pianeta. Ritornare alla precedente “normalità” (business as usual) vuol dire prolungare una situazione che potrebbe significare la nostra autodistruzione.

Se non facciamo una “radicale conversione ecologica”, secondo le parole di papa Francesco, la Terra vivente potrà reagire e contrattaccare con virus ancora più violenti in grado di far scomparire la specie umana. Questa non è solo un’opinione puramente personale, ma l’opinione di molti biologi, cosmologi ed ecologi che seguono sistematicamente il crescente degrado dei sistemi vitali e del sistema terrestre. Dieci anni fa (2010), come risultato della mia ricerca sulla cosmologia e sul nuovo paradigma ecologico, ho scritto il libro Proteger a Terra – Cuidar a vida: como escapar do fim do mundo ed. Record (Proteggere la Terra – Prendersi cura della vita: come sfuggire alla fine del mondo). Le previsioni che ho fatto allora sono state pienamente confermate dalla situazione attuale.

Il progetto capitalista e neoliberale è stato respinto

Una delle lezioni che abbiamo imparato dalla pandemia è questa: se gli ideali del capitalismo neoliberale – concorrenza, accumulazione privata, individualismo, il primato del mercato sulla vita e minimizzazione della presenza dello Stato – fossero stati completamente seguiti, la maggior parte dell’umanità sarebbe perduta. Ciò che ci ha salvato è stata la cooperazione, l’interdipendenza tra tutti e tutte, la solidarietà e uno Stato sufficientemente attrezzato per offrire la possibilità di trattamento del coronavirus a tutte le persone; nel caso del Brasile, il Sistema Unico della Salute (SUS).

Abbiamo fatto delle scoperte: abbiamo bisogno di un contratto sociale mondiale, perché siamo ancora ostaggi dell’obsoleta sovranità di ciascun Paese. I problemi globali richiedono una soluzione globale, concordata da tutti i paesi. Abbiamo visto il disastro nella Comunità Europea, dove ogni paese aveva un proprio piano, senza prendere in considerazione la necessaria cooperazione con gli altri paesi. È stata una devastazione specialmente in Italia e in Spagna, e recentemente negli Stati Uniti, dove il sistema sanitario è totalmente privatizzato.

Un’altra scoperta è stata l’urgenza di avere un organismo di governo mondiale pluralistico per garantire alla intera comunità vivente (non solo, quindi, alla comunità umana ma alla comunità di tutti gli esseri viventi) il necessario per vivere decentemente. I beni e i servizi naturali sono scarsi e molti di essi non sono rinnovabili. Con questi dobbiamo soddisfare le esigenze fondamentali del sistema vitale, pensando anche alle generazioni future. È il momento di creare un reddito di base universale per tutte le persone, costante invito del coraggioso uomo politico ed economista brasiliano Eduardo Suplicy.

Una comunità di destino condiviso

I cinesi hanno visto chiaramente questa esigenza nel promuovere “una comunità dal destino condiviso per tutta l’umanità”, un testo incorporato nel rinnovato articolo 35 della Costituzione cinese. Questa volta, o ci salveremo tutti, o ci uniremo al corteo di coloro che vanno nella fossa comune. Per questo dobbiamo urgentemente cambiare il nostro modo di rapportarci con la natura e con la Terra, non come signori, cavalcando su di essa, dilapidandola, ma come parti consapevoli e responsabili, mettendoci al suo fianco e ai suoi piedi, custodi di tutta la vita.

Alla famosa TINA (There Is No Alternative), “non c’è (un’altra) alternativa” della cultura del capitale, dobbiamo confrontarci con un’altra TINA (There Is a New Alternative), “c’è una nuova alternativa”. Se nella prima alternativa la centralità era occupata dal profitto, dal mercato e dal dominio della natura e da altro (ad es. l’imperialismo), in questa seconda sarà la vita nella sua grande diversità, anche quella umana, con le sue molteplici culture e tradizioni, che organizzerà il nuovo modo di abitare la Casa Comune. Questo è imperativo e rientra nelle nostre possibilità umane: abbiamo la scienza e la tecnologia, abbiamo un fantastico accumulo di ricchezza monetaria, ma la stragrande maggioranza dell’umanità e, quel che è peggio, di capi degli Stati non hanno la consapevolezza di questa necessità né la volontà politica di attuarla. Forse, di fronte al rischio reale della nostra scomparsa come specie, avendo raggiunto per la Terra i limiti di sopportabilità, l’istinto di sopravvivenza ci renderà socievoli, fraterni e tutti collaborativi e solidali tra di noi. Il tempo della competizione è finito. Ora è il momento della cooperazione.

Inaugurazione di una civiltà biocentrica

Credo che inaugureremo una civiltà biocentrica, attenta e rispettosa della vita, “la terra della buona speranza”, come dicono alcuni. Sarà possibile realizzare il “bien vivir y convivir” dei popoli andini: l’armonia di tutti e tutte con tutti gli altri e tutte le altre, in famiglia, nella società, con gli altri esseri viventi, con le acque, con le montagne e persino con le stelle nel cielo.

Come ha giustamente detto l’economista premio Nobel Joseph Stiglitz, “avremo una scienza non al servizio del mercato, ma il mercato al servizio della scienza”, e io aggiungerei, con la scienza al servizio della vita.

Non usciremo dalla pandemia di coronavirus nel modo in cui ci siamo arrivati. Ci saranno sicuramente dei cambiamenti significativi, forse anche strutturali. Il noto leader indigeno, Ailton Krenak della Valle del Rio Doce (Brasile), ha giustamente detto: “Non so se usciremo da questa esperienza nello stesso modo in cui ci siamo entrati. È come una scossa per vedere ciò che conta davvero; il futuro è qui e ora, potremmo non essere vivi domani; speriamo di non tornare alla normalità” (giornale “O Globo” del 01/05/2020)

Logicamente, non possiamo immaginare che le trasformazioni avvengano da un giorno all’altro. È comprensibile che le fabbriche e le catene di produzione vogliano tornare alla logica precedente. Ma non saranno più accettabili. Dovranno subire un processo di riconversione in cui l’intero apparato della produzione industriale e agroindustriale dovrà acquisire il fattore ecologico come elemento essenziale. La responsabilità sociale delle imprese non è sufficiente. Dovrà essere imposta la responsabilità sociale ecologica.

Si cercheranno energie alternative ai combustibili fossili, con un minore impatto sugli ecosistemi. Si farà più attenzione all’atmosfera, alle acque e alle foreste. La protezione della biodiversità sarà fondamentale per il futuro della vita e del cibo, sia per l’uomo che per l’intera comunità degli essere viventi.

Che tipo di Terra vogliamo per il futuro?

Sicuramente ci sarà un grande dibattito di idee su quale futuro vogliamo e su quale tipo di mondo vogliamo abitare; su quale sarà la struttura più appropriata per la fase attuale della Terra e dell’umanità stessa, la fase della pianificazione e della percezione sempre più chiara che non abbiamo un’altra casa comune da abitare se non questa. E che abbiamo un destino comune, felice o tragico. Per essere felici, dobbiamo occuparcene in modo che tutti, tutte e tutto possa starci bene dentro, inclusa la natura.

Alcuni temono un processo di radicale violenza da parte dei “padroni del potere economico e militare” per assicurare i loro privilegi e i loro capitali. Sarebbe una forma diversa di dispotismo perché sarebbe basato su cyber media e su intelligenza artificiale con i suoi complessi algoritmi, un sistema di sorveglianza su tutte le persone del pianeta. La vita sociale e le libertà potrebbero essere costantemente minacciate. Ma ogni potere avrà sempre un contropotere. Ci sarebbero grandi scontri e conflitti a causa dell’esclusione e della miseria di milioni di persone che, nonostante la sorveglianza, non si accontenterebbero delle briciole che cadono dalle tavole dei ricchi epuloni.

Non pochi propongono una glocalizzazione, cioè l’accento viene posto sul “locale”, ossia in ciascuna regione con le proprie specificità geologiche, fisiche, ecologiche e culturali ma aperta al “globale” che coinvolge tutta l’umanità. In questo bio-regionalismo si potrebbe realizzare un vero sviluppo sostenibile, sfruttando i beni e i servizi offerti localmente. Praticamente tutto avverrà nella regione, con aziende più piccole, con una produzione agroalimentare ecologica, senza la necessità di lunghi trasporti che consumano energia e inquinano. La cultura, l’arte e le tradizioni rivivranno come una parte importante della vita sociale. La governance sarà partecipativa, riducendo le disuguaglianze e rendendo minore la povertà, sempre possibile, nelle società complesse. Questa è la tesi che il cosmologo Mark Hathaway ed io difendiamo nel nostro libro comune Il Tao della Liberazione (2010) che è stato ben accolto nell’ambiente scientifico e tra gli ecologisti al punto che Fritjof Capra, fisico e ecologista norteamericano-austriaco, si è offerto di fare per noi un’interessante prefazione.

Altri vedono la possibilità di un eco-socialismo planetario, capace di realizzare ciò che il capitalismo, per la sua essenza competitiva ed escludente, è incapace di fare: un contratto sociale globale, egualitario e inclusivo, rispettoso della natura in cui il noi (spirito comunitario e sociale) e non l’io (individualismo) sarà l’asse portante delle società e della comunità mondiale. L’eco-socialismo planetario ha trovato nel franco-brasiliano Michael Löwy il suo enunciatore più brillante. Avremo, come riafferma la Carta della Terra e l’enciclica di Papa Francesco “sulla cura della Casa Comune”, uno stile di vita veramente sostenibile e non solo uno sviluppo sostenibile.

Alla fine, passeremo da una società industriale/consumista a una società che sostiene la vita con un consumo sobrio e solidale; da una cultura di accumulo di beni materiali a una cultura umanistico-spirituale in cui beni non materiali come la solidarietà, la giustizia sociale, la cooperazione, i legami affettivi e, non ultimi, l’amore e la logique du coeur saranno alla sua base.

Non sappiamo quale tendenza prevarrà. L’essere umano è complesso e indecifrabile, è mosso dalla benevolenza ma anche dalla crudeltà. È completo ma non ancora in construzzione. Imparerà, attraverso errori e successi, che la migliore struttura per la umana convivenza con tutti gli altri esseri viventi sulla Madre Terra deve essere guidata dalla logica dell’universo stesso: essa è strutturata, come ci dicono noti cosmologi e fisici quantistici, secondo complesse reti di interrelazioni. Tutto è relazione. Nulla esiste al di fuori della relazione. Ciascuno aiuta l’altro mutuamente a continuare ad esistere e a poter evolvere insieme. L’essere umano stesso è come un rizoma (bulbo di radici) di relazioni in tutte le direzioni.

Se posso esprimerlo in termini teologici: è l’immagine e somiglianza della Divinità che emerge come la relazione intima di tre Infiniti, ciascuno singolare (le singolarità non si sommano), Padre, Figlio e Spirito Santo, che esistono eternamente l’uno per l’altro, con l’altro, nell’altro e attraverso l’altro, costituendo una comunione divina di amore, bontà e bellezza infinita.

Tempi di crisi come il nostro, di passaggio da un tipo di mondo all’altro, sono anche tempi di grandi sogni e utopie. Sono questi che ci spingono verso il futuro, includendo il passato ma lasciando il nostro segno nel terreno della vita. È facile calpestare l’impronta lasciata dagli altri, ma non ci conduce a nessun cammino di speranza. Dobbiamo lasciare la nostra orma, contraddistinta dalla inesauribile speranza della vittoria della vita, perché il sentiero si fa camminando e sognando. Quindi, camminiamo.

*Leonardo Boff ecoteologo, filosofo, ha scritto: Proteger a Terra- cuidar da vida: como escapar do fim do mundo, Record, Rio 2010.

Traduzione di M. Gavito e S. Toppi