La dimensión política de la fe hoy

Leonardo Boff

La fe no es un acto al lado de otros actos. Es una actitud que engloba todos los actos, a toda la persona, el sentimiento, la inteligencia, la voluntad y las opciones de vida. Y una experiencia originaria de encuentro con el Misterio que llamamos Dios vivo y con Jesús resucitado y con el Espiritu. Ese encuentro cambia la vida y la forma de ver todas las cosas. Por la actitud de fe vemos que todo está ligado y religado a Dios, como Aquel Padre/Madre que ha creado todo, acompaña todo y atrae todo para que todos puedan vivir con espíritu fraterno, con cuidado de unos a otros y con cuidado de la naturaleza. Este amor social constituye el mensaje central de la nueva encíclica del Papa Francisco Fratelli tutti. La fe no solo es buena para la eternidad, lo es también para este mundo.

En este sentido, la fe engloba también la política con P mayúscula (política social) y con p minúscula (política partidaria). Siempre se puede preguntar: ¿en qué medida la política, ya sea social o partidaria, es instrumento para la realización de los bienes del Reino como el amor social, la fraternidad sin fronteras, la justicia personal y social, la solidaridad y la tolerancia? En qué medida la política crea las condiciones para que las personas se abran a la cooperación y no se devoren unas a otras mediante la competición sino en comunión unos con otros y con Dios. Esta es llamada en la reciente encíclica del Papa Francisco Fratelli tutti “la Política Mejor” que incluye el corazón y también la ternura y la gentileza, como de forma sorprendente se dice en ella.

La fe como una bicicleta

La fe no es sólo una experiencia personal de encuentro con Dios y con Cristo en el Espíritu. Se traduce concretamente en la vida. Es como una bicicleta, tiene dos ruedas a través de las cuales se vuelve concreta: la rueda de la religión y la rueda de la política.

      La rueda de la religión se realiza mediante la meditación, la oración, las celebraciones, la lectura de la Biblia, incluso la popular, las peregrinaciones, los sacramentos, en una palabra, por el culto.

Muchos reducen la religión solo a esta rueda, especialmente las cadenas de televisión católicas. Estas son generalmente de un cristianismo meramente devocional, de misas, santos, rosarios y de ética familiar. Casi nunca se habla de justicia social, del drama de los millones de desempleados, del grito de los oprimidos ni del grito de la Tierra. En este campo hay que comprometerse, tomar partido, para escapar del cinismo ante una realidad con tantas iniquidades. Este tipo de cristianismo hace difícil entender por qué Jesús fue preso, torturado, juzgado y condenado a muerte en una cruz. Este tipo de cristianismo es un cristianismo cómodo como si Jesús hubiera muerto de viejo y rodeado de seguidores.

Más grave es el tipo de fe proclamada por las iglesias neo-pentecostales con sus televisiones y sus programas multitudinarios. Allí no se escucha nunca el mensaje del Reino de amor, de justicia, de fraternidad y de perdón. Nunca se escucha la palabra fundamental del Jesús histórico: “Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios… ¡ay de vosotros, ricos, porque ya tuvisteis vuestro consuelo!” (Lc 6,20.24). En su lugar, se vuelve a un tipo de lectura del Antiguo Testamento (raramente la tradición profética) donde se destacan los bienes materiales. No predican el evangelio del Reino, sino el evangelio de la prosperidad material.

La mayoría son pobres y lógicamente necesitan una infraestructura material básica. Es el hambre real que martiriza a millones de creyentes. Pero “no sólo de pan vive el hombre”, dijo el Maestro. El ser humano tiene fundamentalmente otro tipo de hambre: hambre de reconocimiento negado a las mujeres, a los más humildes, a los negros, a los homoafectivos, a los LGBT, hambre de belleza, de trascendencia, hambre de un Dios vivo que es un Dios de ternura y amor hacia los más invisibles. Todo esto, esencia del mensaje del Jesús histórico, no se escucha en las palabras de los pastores. La mayoría de ellos son lobos con piel de oveja, ya que explotan la simple fe de los más humildes para su propio beneficio. Y lo peor es que son políticamente conservadores y hasta reaccionarios, actúan de forma partidista, normalmente, apoyando a políticos de conducta dudosa, interfiriendo, como ocurre hoy en Brasil, en la agenda del gobierno, indicando nombres para altos cargos. No respetan la Constitución que prescribe la laicidad del Estado. El actual presidente, que una vez fue católico, se aprovecha por conveniencia de estas iglesias neo-pentecostales como base de apoyo para su gobierno de sesgo reaccionario, autoritario y fascistoide.

Junto a ellos, hay un grupo de católicos nostálgicos del pasado, conservadores que se oponen incluso al Papa, al Sínodo Pan-Amazónico, usando verdaderas mentiras, noticias falsas(fake news) y otros ataques por medio de sus youtubes. Pueden ser católicos conservadores, pero nunca cristianos según la herencia de Jesús, porque en esa herencia no cabe el odio, las mentiras y las calumnias que difunden.

La rueda de la política, la segunda, es su lado práctico. La fe se expresa mediante la práctica de la justicia, la solidaridad, la denuncia de la opresión, la protesta y la práctica de la solidaridad sin fronteras, el amor social y la fraternidad universal, como subraya el Papa en Fratelli tutti (n.6). Como puede verse, la política aquí es sinónimo de ética.

Tenemos que aprender a equilibrarnos en ambas ruedas para poder andar correctamente.

Entre los que viven una ética de solidaridad, de respeto y de búsqueda de la verdad, hay muchos que se confiesan ateos. Admiran la figura de Jesús por su profunda humanidad y su coraje para denunciar los males sociales y, por eso, sufrir persecución y ser crucificado. El Papa Francisco lo enfatiza bien: prefiero estos ateos éticos a los cristianos que son indiferentes al sufrimiento humano y a las clamorosas injusticias del mundo. Aquellos que buscan la justicia y la verdad están en el camino que termina en Dios, porque su verdadera realidad divina es de amor y de verdad. Tales valores valen más que las muchas oraciones si en ellas no están presentes la justicia, la verdad y el amor. El que es sordo ante los sufrimientos humanos no tiene nada que decir a Dios y sus oraciones no son escuchadas por Él.

En las Escrituras judeocristianas la rueda de la política (ética) aparece más importante que la rueda de la religión institucional (culto, cf. Mt 7:21-22; 9:13; 12:7; 21:28-31; Gál 5:6; Stg 2:14 y los profetas del AT). Sin ética, la fe es vacía e inoperante. Son las prácticas y no las prédicas lo que cuenta para Dios. De nada sirve decir “Señor, Señor” y organizar así toda una celebración y una aeróbica religiosa; más importante es hacer la voluntad del Padre que es amor, misericordia, justicia y perdón, todas cosas prácticas, por lo tanto, éticas (cf. Mt 7,21).

Por ética en la política se entiende la dimensión de responsabilidad, la voluntad de construir relaciones de participación y no de exclusión en todos los ámbitos de la vida social. Significa ser transparente y aborrecer la corrupción. Hoy en día, problemas como el hambre, el desempleo, el deterioro general de las condiciones de vida y la exclusión de las grandes mayorías son de naturaleza social y política, y por lo tanto éticos. Aquí la fe debe mostrar su poder de movilización y transformación (Fratelli tutti n.166)

Política social (P) y política partidaria(p)

Como dijimos anteriormente, hay dos tipos de política: una escrita con P mayúscula y otra con p minúscula: Política social (P) y política partidaria (p). 

Política social (P): es todo lo que concierne al bien común de la sociedad, o bien es la participación de las personas en la vida social. Por ejemplo, la organización de la salud, la red escolar, el transporte, la apertura y el mantenimiento de las calles, el agua y el alcantarillado, etc. tiene que ver con la política social, así como la lucha por conseguir un puesto de salud en el barrio, reunirse para llevar la línea de autobuses hasta arriba del monte: todo esto es política social. Definiéndolo brevemente podemos decir: política social o política con P mayúscula es la búsqueda común del bien común.

Política partidaria (p): es la lucha por el poder del estado, para conquistar el gobierno municipal, estatal y federal. Los partidos políticos existen para alcanzar el poder del estado, ya sea para cambiarlo (proceso libertario) o para ejercerlo tal como está constituido (para gobernar el statu quo existente). El partido, como la misma palabra dice, es parte y parcela de la sociedad, no toda la sociedad. Cada partido tiene detrás los intereses de grupos o clases que elaboran un proyecto, dirigido a toda la sociedad. Si llegan al poder del estado (gobierno) dirigirán las políticas públicas de acuerdo con su programa y su visión particular de los problemas.

En cuanto a la política de partidos, es importante que la persona de fe considere los siguientes puntos:

          – ¿Cuál es el programa del partido?

          – ¿Cómo entra el pueblo en este programa? Si se ha discutido a nivel de base; si satisface las demandas reales y urgentes del pueblo; si prevé la participación popular a través de sus movimientos y organizaciones; si se le ha escuchado en su concepción, implementación y control.

         – ¿Quiénes son los candidatos que representan el programa?

-Qué biografía tienen, si siempre han mantenido un vínculo orgánico con las bases, si son verdaderos aliados y representantes de las causas de la justicia y la transformación social con más justicia y derechos, o si quieren mantener las relaciones sociales tal como están, con las contradicciones e incluso con las iniquidades que encierran.

Hoy en día, ante la ascensión del pensamiento conservador y fascistoide en Brasil y en otros países del mundo, es necesaria la participación de cristianos conscientes y comprometidos para recuperar la democracia en riesgo de ser demolida, los derechos personales y sociales y también los derechos de la naturaleza, devastada por la codicia del capital brasileño y mundial, responsable, entre otros, de los grandes incendios de la Amazonia y del Pantanal.

Estos sencillos criterios bastan para comprender el perfil del partido y de los candidatos, de derecha (si quieren mantener inalterada la relación de fuerzas que favorece a los que están en el poder); de izquierda (si pretenden cambios sustanciales para superar las estructuras perversas que marginan a las grandes mayorías), o de centro (los partidos que equilibran la izquierda y la derecha, buscando siempre ventajas para ellos mismos y para los grupos que representan).

Para los cristianos, es necesario analizar en qué medida estos programas están en sintonía con el proyecto de Jesús y los apóstoles, cómo ayudan a la liberación de los oprimidos y marginados, y en qué sentido abren espacio para la participación de todos. Pero es importante destacar: la decisión partidista es un asunto de cada conciencia y un cristiano sabe qué dirección tomar.

Dada la coyuntura de exclusión social debida a la lógica del neoliberalismo, la financiarización de la economía y el mercado, la fe apunta a una política partidaria que debería revelar una dimensión popular y libertaria, de abajo hacia arriba y de dentro hacia fuera, como ha proclamado el Papa Francisco a los movimientos sociales populares y en la encíclica Fratelli tutti (n.141-151). Esta política apunta a otro tipo de democracia: no sólo la democracia representativa/delegada, sino una democracia participativa por la cual el pueblo con sus organizaciones ayuda a discutir, decidir y orientar los asuntos sociales.

Por último, es importante inaugurar una democracia socio-ecológica que incorpore como ciudadanos con derechos a ser respetados a la Tierra, a los ecosistemas y a los seres de la creación con los que tenemos vínculos de interdependencia. Todos somos “Fratelli tutti” según las dos encíclicas del Papa Francisco, Laudato Sì: sobre el cuidado de la Casa Común“de 2015 y la reciente de 2020 Fratelli tutti.

La política partidaria, tiene que ver con el poder, que para ser fuerte quiere tener siempre más poder. En esto hay un riesgo, el riesgo del totalitarismo de la política, de politizar todas las cuestiones, de ver sólo la dimensión política de la vida. Contra esto debemos decir que todo es político, pero la política no lo es todo. La vida humana, personal y social, aparece con otras dimensiones, como la afectiva, la estética, la lúdica y la religiosa.

                         Conclusión: la memoria peligrosa de Jesús

Los cristianos pueden y deben participar en la política a todos los niveles, con P mayúscula y con p minúscula. Su acción se inspira en el sueño de Jesús, que implica un impulso de transformación de las relaciones sociales y ecológicas, presentado con valentía en la encíclica Fratelli tutti. Sin embargo, no debemos olvidar nunca que somos herederos de la memoria peligrosa y libertaria de Jesús. Debido a su compromiso con el proyecto del Reino del amor, de justicia, de intimidad filial con el Padre y, específicamente, debido a su compasión con los humillados y ofendidos, fue llevado a la muerte en la cruz. Resucitó para, en nombre del Dios de la vida, animar la insurrección contra una política social y partidista que penaliza a los más pobres, elimina a los profetas y persigue a los predicadores de una mayor justicia, y para fortalecer a todos los que quieren una sociedad nueva con una relación de hermandad y cuidado hacia la naturaleza, con todos los seres, amados como seres humanos, y con el Dios de ternura y de bondad.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y ha escrito Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes, Petrópolis 2019.

Traducción de Mª José Gavito  Milano

ENTREVISTA – Entre o caos e a ordem

Publicado em 4 de outubro de 2020.
Edição: Fernanda Schimidt; Reportagem: Rodrigo Bertolotto

Leonardo Boff vê o homem espalhando morte pelo planeta, mas é otimista na transição para um futuro melhor

Leonardo Boff já foi frade, padre, teólogo, filósofo, ecólogo. Hoje, com 81 anos de idade e mais de 100 livros publicados, ele se define como pensador. Expulso da hierarquia católica por sua defesa da teologia da libertação, ele continuou sua profissão de fé, aproximando-se cada vez mais dos pobres e das minorias, além de abraçar o ecumenismo e o ambientalismo.

Sua análise da atualidade, que ele chama de necroceno (uma idade geológica em que homem está espalhando a morte pelo planeta), aponta para um período de transição. “Houve a globalização da economia, mas não se globalizou a solidariedade e a cooperação. Isto ficou patente com a pandemia. Cada país se defende por si e como pode”, sentenciou o teólogo que vive em Petrópolis (RJ).

Para ele, enquanto a humanidade não completar esse ciclo, vão surgir líderes nacionalistas reacionários que vão vender uma segurança enganosa de volta ao passado. Na turbulência dessas crises, “parece que tudo vacila, as coisas já não valem como valiam, não há limites e respeito, inclusive aos direitos humanos”.

Boff também critica as igrejas neopentecostais, suas teologias da prosperidade e seu fundamentalismo religioso. “Enchem grandes salões, mas não criam comunidades nem consciência crítica face à própria realidade em que vivem de pobreza e marginalidade”, critica.

De qualquer forma, Boff acredita em um final feliz depois de tanta tensão. “Sou otimista. A lógica do universo se constrói sempre entre o caos e a ordem. E a ordem prevalece. Deus criou todas as coisas com amor. Não creio que Ele nos deixará perecer de forma tão miserável. A vida chama a vida. E viver é realizar a alegre celebração da vida.”

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Leonardo Boff vê o homem espalhando morte pelo planeta, mas é otimista na transição para um futuro melhor
Rodrigo Berlotto de Ecoa

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Crer em tempos de pandemia?

A humanidade, sob o ataque do coronavírus, experimenta muito sofrimento. A intrusão desse vírus que já levou mais de um milhão de pessoas, suscita toda uma gama de interrogações: que significa o fato de ter afetado somente os seres humanos e ter poupado nossos animais de estimação como cãe e gatos e outros? Estar no isolamento social, não poder abraçar  e beijar as pessoas queridas  e não poder conglomerar-se amigavelmente produz padecimentos de toda ordem e até revolta.

Neste contexto há pessoas, mesmo sem uma inscrição religiosa, que acolhem um Sentido maior da vida e do mundo, lutam pela justiça, pelo direito e pela melhoria mínima de nossa  sociedade e até aquelas que creem em Deus se perguntam: qual o sentido  deste abatimento planetário? Produziu-se um apagão. Gente de fé pode, inclusive, não crer mais em Deus. Outros, entretanto, encontram na fé um sustentáculo existencial que torna menos pesada esta situação de confinamento e de ausência dos outros ao seu redor. E procuram tirar lições de vida.

Vamos refletir sobre a fé em seu sentido mais comezinho, antes de qualquer confissão  religiosa ou de doutrinas e de  dogmas, a fé em sua densidade humana.

Há um dado existencial prévio à emergência da fé: a bondade fundamental da vida. Por mais contraditória que se apresente a realidade, por mais absurdo que seja o ataque da Mãe Terra contra humanidade através do Covid-19 vigora em nós a convicção de que vale mais a pena viver do que morrer. Dou um exemplo tirado da vida cotidiana: uma criança acorda na noite, sobressaltada, por um pesadelo ou pela escuridão. Grita pela mãe. E esta num gesto  da magna mater toma-a no colo e carinhosamente lhe sussurra: querida, tudo está bem, mamãe está aqui, não tenhas medo. E a criança entre soluços reconquista a confiança e um pouco mais e mais um pouco novamente adormece.

No mundo nem tudo está bem. Mas convenhamos, a mãe não está mentindo à criança. Apesar de todas as contradições, predomina a confiança de que uma ordem maior subjaz e prepassa a realidade. Ela impede que o absurdo predomine. Ela traz sossego à criança e serenidade à mãe.

Crer é dizer “sim e amém” à realidade. O filósofo L. Wittgestein podia dizer em seu Tractarus ligico-philosophicus (n.7):”Crer é afirmar que a vida tem sentido”. Este é o significado originário e bíblico de fé -he’emin ou amen – que equivale a  estar seguro e confiante. Daí se deriva o amém:”é isso mesmo”. Ter fé é estar seguro no sentido da vida. Este é um dado antropológico de base: nem pensamos nele, pois estamos  sempre dentro dele pois inconscientemente admitimos que vale a pena viver e realizar um propósito.

Crer, no dizer de Pascal, é uma aposta de que a luz vence  as trevas, de que a morte não pode aprisionar o sentido da vida e que, no fundo, em tudo deve existir algum sentido secreto e que, por isso, vale a pena continuar neste mundo. Crer não resolve todos os problemas. Como bem disse o ainda Papa Bento XVI na sua encíclica incompleta Lumen Fidei:a fé não é uma luz que dissipa todas as nossas trevas, mas é uma lâmpada que guia nossos passos e isto basta para o caminho”.

São muitos que se confessam agnósticos e ateus mas afirmam o sentido da vida, se empenham pela justiça social necessária e veem o no amor, na solidariedade e na compaixão  os bens maiores do ser humano. Quem não vive tais valores está longe de Deus, embora possam tê-lo frequentemente em seus lábios.

O bispo pastor, poeta e profeta Dom Pedro Casaldáliga recentemente falecido, expressou em pequenos versos onde está Deus: na paz, na justiça e no amor. Referia-se indiretamente àqueles que ameaçavam e matavam camponeses e indígenas e se confessavam cristãos e católicos.

         “Onde tu dizes lei

         Eu digo Deus.

         Onde tu dizes paz, justiça, amor

         Eu digo Deus.

         Onde tu dizes Deus

         Eu digo liberdade, justiça e amor”

         Escondido atrás destes valores, paz, justiça e amor, está Deus. Eles são o seu verdadeiro nome.

Simone Weil, a judia francesa que se converteu ao cristianismo mas não se deixou batizar em solidariedade a seus irmãos e irmãs judeus e judias  então condenados às câmaras de gás, nos dá uma pista de compreensão: “Se quiseres saber se alguém crê em Deus, não repare como fala de Deus mas como fala do mundo”,  se fala na forma do amor,da justiça e da liberdade, está falando de Deus. Quem vive tais valores mergulha  naquela Realidade que chamamos  Deus e expressa  uma fé em Deus.

A fé entendida assim, impõe limites e até condena toda a indiferença face aos sofredores, parentes e amigos de vítimados pelo Covid-19. Pode alguém proclamar “Deus acima de tudo” mas se não tiver compaixão e solidariedade para com com todos eles, esse Deus é um ídolo e ele está longe do Deus vivo e verdadeiro, testemunhado pelas Escrituras judaico-cristãs.

Crer é aceitar que há um outro lado da realidade que não vemos mas que acolhemos como parte de nós e que nos acompanha nas labutas cotidianas. Crer é afirmar que o Invisível é parte do visível. Nós intuímos sua presença  e nele vivemos e somos.

Leonardo Boff é teólogo, filósofo e escreveu entre outros: “Covid-19: a Mãe Terra contra-ataca a humanidade” Vozes 2020 e “Experimentar Deus hoje”, Vozes 2011.


O covid-19: um contra-ataque da Terra à humanidade

Acaba de ser lançado pela Editora Vozes de Petrópolis o meu livro; ”O Covid-19: um contra-ataque da Terra contra a Humanidade”. Trata-se de uma reflexão sobre o significado  da irrupção do coronavírus e quais lições devemos tirar dele. Em primeiro lugar procuro contextualizar o Covid-19. Ele não pode ser visto isoladamente nem  ser abordado apenas pela medicina, pela técnica, pelo conjunto dos insumos e pela busca desenfreada de uma vacina eficaz.

Ele não irrompeu aleatoriamente. Ele só pode ser adequadamente entendido a partir da sistemática exploração e devastação que as sociedades humanas  levaram a efeito nos últimos três séculos contra a natureza e a Mãe Terra. Esta é, segundo um dado científico contemporâneo, é um Super Ente vivo que, de forma sistêmica, organiza todos os elementos e fatores, químicos, físicos, informacionais e energéticos, numa palavra, ecológicos para continuar viva, auto-reproduzir-se como viva e gerar a diversidade de vidas sobre seu solo.

Ora, esse processo natural foi profundamente afetado com a intrusão dos sistemas produtivos de exploração e de  produção, visando mais e mais vantagens materiais para os seres humanas. Especialmente ganhou forma, hoje mundializada, pelo modo de produção capitalista. Este trata a Terra de forma meramente utilitarista, sem nenhum respeito a seu valor intrínseco, apenas como uma espécie de baú cheio de recursos (bens e serviços, bondades na linguagem do andinos) à disposição do ser humano. Essa intrusão foi tão violenta e crescente que encostamos  nos limites da Mãe Terra.

Como todo organismo vivo que ela é, sente os golpes e começa a se defender. Envia-nos sinais que devem ser interpretados: o aquecimento global, a erosão da biodiversidade, a escassez de água potável, a desertificação  crescente. E já há anos enviou-nos uma gama de vírus, como a zika, o ebola, a chicungunha, os vários tipos do vírus SARS. O Coronavírus é uma derivação do SARS. Pela primeira vez na história, este vírus afetou todo o planeta. E no planeta apenas os seres humanos, não nossos cães e gatos e outros animais domésticos ou da natureza. O Covid-19 está dizimando duramente vidas humanas, passando já de um milhão e no Brasil mais de 140 mil vítimas.

Atrás destes números se esconde uma via-sacra de sofrimento de milhões de pessoas, maridos, esposas, filhos, filhas, parentes, amigos e conhecidos. Somos atualmente uma humanidade crucificada. E devemos baixá-la da cruz e ressuscitá-la.

O livro mostra que se tivéssemos seguido os mantras do sistema dominante, o industrialista devastador: o lucro, a competição, o individualismo, a primazia do mercado, a diminuição do Estado e a completa falta de cuidado das vidas humanas e da natureza, estaríamos agora sob um grande risco acerca de nosso futuro comum. O que nos está salvando são os valores e princípios ausentes no sistema de produção e de cultura que criou: a centralidade da vida em vez do lucro, a solidariedade em vez da competição, a interdependência de todos em vez do individualismo, o cuidado de uns e de  outros, da natureza e da Mãe Terra em vez da exploração,  o Estado adequadamente abastecido para atender demandas humanas e emergências e não  o mercado puro e simples com sua ferocidade.

O livro aborda estas questões e procura enfatizar o significado do confinamento social e da distância de conglomerações. Seria uma espécie de retiro existencial para perguntarmo-nos: afinal o que conta, a  vida ou o lucro, a economia ou a salvaguarda da biodiversidade? Nas resposta a estas questões se oculta a exigência de uma mudança de rumo, a inauguração de uma outro paradigma, vale dizer, de um outro modo de habitar a Casa Comum, amigo da vida, cheio de respeito, de solidariedade e de cuidado.

O pior que nos poderia acontecer, seria voltar ao que era antes e reproduzir a taxa de altíssima iniquidade social e ecológica, exatamente esta que ocasionou um contra-ataque da Mãe Terra contra a humanidade. Ou mudamos ou vamos encontro do pior e eventualmente de vírus ainda mais letais que dizimariam profundamente a espécie humana.

O livro será continuado por outro: “As dores do parto da Mãe Terra: as perspectives de um outro tipo de humanidade” a sair pelo final do ano.

Não anunciamos otimismo mas esperança, aquele motor interno a cada pessoa e aos processos sociais e  vitais que nos dá coragem para enfrentrar crises e emergências planetárias e encontrar saídas salvadoras.

Animam-nos as palavras da Revelação que nos dizem: “Deus criou todas as coisas com amor…pois Ele é o apaixonado amante da vida”(Sabedoria 11,26). Um Deus assim apaixonado não permitirá que nossa vida humana, já assumida pelo Verbo e pelo Espírito Santo, tenham um fim trágico. Vamos dar um salto para cima e vamos  levar avante o nosso penoso e criativo processo civilizatório e vamos ainda brilhar.

Leonardo Boff, ecoteólogo, filósofo e escritor.  


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