El principio de autodestrucción y el combate contra la Covid-19

Desde que se lanzaron dos bombas atómicas primarias en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, la humanidad ha creado para sí una pesadilla de la que no ha podido liberarse. Por el contrario, se ha transformado en una realidad que amenaza la vida sobre este planeta y la destrucción de gran parte del sistema-vida. Se han creado armas nucleares mucho más destructivas, químicas y biológicas que pueden acabar con nuestra civilización y afectan profundamente a la Tierra viva.

Aún peor, hemos diseñado la inteligencia artificial autónoma. Con su algoritmo que combina miles de millones de informaciones recogidas en todos los países, puede tomar decisiones sin que nosotros lo sepamos. Eventualmente puede, en una combinación enloquecida, como hemos señalado anteriormente, penetrar en los arsenales de armas nucleares o en otros de igual o mayor poder letal y lanzar una guerra total de destrucción de todo lo que existe, incluso de sí misma. Es el principio de autodestrucción. Es decir, está en manos del ser humano poner fin a la vida visible que conocemos (ella es solo el 5%, el 95% son vidas microscópicas invisibles).

Debemos enseñorearnos de la muerte. Ella puede ocurrir en cualquier momento.

Se ha creado ya una expresión para nombrar esta fase nueva de la historia humana, una verdadera era geológica: el antropoceno, es decir, el ser humano como la gran amenaza al sistema-vida y al sistema-Tierra. El ser humano es el gran satán de la Tierra, que puede diezmar, como un anticristo, a sí mismo y a los otros, a sus semejantes, y liquidar los fundamentos que sostienen la vida.

La intensidad del proceso letal es tan grande que ya se habla de la era del necroceno, es decir, la era de la producción en masa de la muerte. Ya estamos dentro de la sexta extinción masiva. Ahora se ha acelerado irrevocablemente, dada la voluntad de dominación de la naturaleza y de sus mecanismos de agresión directa a la vida y a Gaia, la Tierra viva, en función de un crecimiento ilimitado, de una acumulación absurda de bienes materiales hasta el punto de crear la sobrecarga de la Tierra.

En otras palabras, hemos llegado a un punto en el que la Tierra no consigue reponer los bienes y servicios naturales que le fueron extraídos y comienza a mostrar un proceso avanzado de degeneración a través de tsunamis, tifones, descongelación de los casquetes polares y del permafrost, sequías prolongadas,tormentas de nieve aterradoras y la aparición de bacterias y virus difíciles de controlar. Algunos de ellos como el coronavirus actual pueden llevar a la muerte a millones de personas.

Tales eventos son reacciones y puede que represalias de la Tierra ante la guerra que realizamos contra ella en todos sus frentes. Esa muerte en masa ocurre en la naturaleza, millares de especies vivas desaparecen definitivamente cada año, y en las sociedades humanas, donde millones pasan hambre sed y toda suerte de enfermedades mortales.

Crece cada vez más la percepción general de que la situación de la humanidad no es sostenible. De continuar con esta lógica perversa se va a construir un camino que lleva a nuestra propia sepultura. Demos un ejemplo: en Brasil vivimos bajo la dictadura de la economía ultra neoliberal, con una política de extrema derecha, violenta y cruel para las grandes mayorías pobres

Perplejos, hemos visto las maldades que se han hecho, anulando los derechos de los trabajadores e internacionalizando riquezas nacionales que sostienen nuestra soberanía como pueblo.

Los que en 2016 dieron el golpe contra la presidenta Dilma Rousseff aceptaron la recolonización del país, convertido en vasallo del poder dominante, Estados Unidos, condenado a ser solo un exportador de commodities y un aliado menor y subordinado del proyecto imperial.

Lo que se está haciendo en Europa contra los refugiados, rechazando su presencia en Italia e Inglaterra y peor aún en Hungría y en la muy católica Polonia, alcanza niveles de inhumanidad de gran crueldad. Las medidas del presidente de Estados Unidos, Trump, arrancando a los hijos de sus padres inmigrantes y colocándolos en jaulas, denotan barbarie y ausencia de todo sentido humanitario.

Ya se ha dicho, “ningún ser humano es una isla… no preguntes por quién doblan las campanas. Doblan por ti, por mí, por toda la humanidad“. Si grandes son las tinieblas que abaten nuestros espíritus, aún mayores son nuestras ansias de luz. No dejemos que la demencia antes mencionada tenga la última palabra.

La palabra mayor y última que grita en nosotros y nos une a toda la humanidad es de solidaridad y compasión por las víctimas, es por paz y sensatez en las relaciones entre los pueblos. Las tragedias nos dan la dimensión de la inhumanidad de la que somos capaces, pero también dejan surgir lo verdaderamente humano que habita en nosotros, más allá de las diferencias de etnia, ideología y religión. Lo humano en nosotros hace que nos cuidemos juntos, nos solidaricemos juntos, lloremos juntos, nos enjuguemos las lágrimas juntos, recemos juntos, busquemos juntos la justicia social mundial, construyamos juntos la paz y renunciemos juntos a la venganza y a todo tipo de violencia y guerra.

La sabiduría de los pueblos y la voz de nuestros corazones lo confirman: no es un estado convertido en terrorista, como los Estados Unidos bajo el presidente estadounidense Bush, el que vencerá el terrorismo. Ni el odio a los inmigrantes latinos, difundido por Trump, el que traerá la paz. El dialogo incansable, la negociación abierta y el trato justo eliminan las bases de cualquier terrorismo y fundan la paz. Las tragedias que nos golpearon en lo más hondo de nuestros corazones, particularmente la pandemia viral que ha afectado a todo el planeta, nos invita a repensar los fundamentos de la convivencia humana en la nueva fase planetaria, y cómo cuidar la Casa Común, la Tierra, como pide el Papa Francisco en su encíclica sobre ecología integral “sobre el cuidado de la Casa Común” (2015).

El tiempo apremia. Y esta vez no hay un plan B que pueda salvarnos. Tenemos que salvarnos todos, pues formamos una comunidad de destino Tierra-Humanidad. Para eso necesitamos abolir la palabra enemigo. El miedo crea al enemigo. Exorcizamos miedo cuando hacemos del distante un próximo y del próximo, un hermano y una hermana. Alejamos el miedo y al enemigo cuando comenzamos a dialogar, a conocernos, a aceptarnos, a respetarnos, a amarnos, en una palabra, a cuidarnos.

Cuidar nuestras formas de convivir en paz, solidaridad y justicia; cuidar nuestro medio ambiente para que sea un ambiente completo, sin destruir los hábitats de los virus que provienen de animales o de los arborovirus que se sitúan en los bosques, un ambiente en el que sea posible el reconocimiento del valor intrínseco de cada ser; cuidar de nuestra querida y generosa Madre Tierra.

Si nos cuidamos como hermanos y hermanas, las causas del miedo desaparecen. Nadie necesita amenazar a nadie. Podemos caminar de noche por nuestras calles sin miedo a ser asaltados y robados. Este cuidado solo será efectivo si viene acompañado de la justicia necesaria para satisfacer las necesidades de los más vulnerables, si el Estado está presente con medidas sanitarias (lo importante que fue el SUS frente a la Covid-19), con escuelas, con seguridad y con espacios de convivencia, cultura y ocio.

Sólo así disfrutaremos de una paz posible de ser alcanzada cuando hay un mínimo de buena voluntad general y un sentido de solidaridad y benevolencia en las relaciones humanas. Ese es el deseo inquebrantable de la mayoría de los humanos. Esta es la lección que la intrusión de la Covid-19 en nosotros nos está dando y que tenemos que incorporar en nuestros hábitos en los tiempos pos-coronavirus.

*Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y ha escrito La Madre Tierra contraataca a la humanidad: advertencias de la Covid-19, que saldrá publicado en breve por la Editorial Vozes.

Traducción de Mª José Gavito Milano

 

Frei Betto: a international Call against the Bolsonaro’s humanitarian crimes

                                LETTER TO OUR FRIENDS ABROAD

Frei Betto

Dear Friends,

A genocide is taking place in Brazil!  As I write, on 16 July 2020, COVID-19, first detected here in February this year, has already killed 76,000 people.  There are already almost two million people affected.  By Sunday 19 July we shall reach a total of 80,000 fatalities. It is possible that when you read this dramatic appeal, we shall already have reached 100,000.

When I think that in the Vietnam war, over twenty years, 58,000 lives of US-American military personnel were sacrificed, I grasp the scale and seriousness of what is taking place in my country.  This horror causes anger and revulsion. And we all know that precautionary and restrictive measures that have been adopted in so many other countries could have avoided slaughter on such a scale.

This genocide is not the result of the Bolsonaro government’s indifference.  It is intentional. Bolsonaro delights in the deaths of others.  When he was a member of Congress, he said in a TV interview in 1999: ‘Voting won’t change anything in this country, nothing, absolutely nothing! Change will only come, unfortunately, if one day we engage in a civil war here in Brazil, and do the work the military regime didn’t do:  kill 30,000.’

When he voted for the impeachment of President Dilma Rousseff, he dedicated his vote to the memory of the Brazilian army’s most notorious torturer, Colonel Brilhante Ustra.

Because of this great obsession with death, one of his main government policies is allowing the sale of weapons and ammunition.  When asked at the entrance to the presidential palace if he wasn’t concerned about the victims of the pandemic, he replied, ‘I don’t believe in these figures (27 March, 92 deaths);  ‘We’re all going to die one day’ (29 March, 136 deaths); ‘So what? What do you want me to do?’ (28 April, 5,017 deaths).

Why this necrophiliac policy? From the beginning he stated that the important thing was not to save lives, but to save the economy. That is why he refuses to order a lockdown, follow the guidance of the World Health Organisation and import respirators and personal protection equipment. The Supreme Court had to delegate this responsibility to state governors and city mayors.

Bolsonaro did not even respect the authority of his own ministers of health.  Since February Brazil has had two, both sacked for refusing to take the same attitude as the President.  Now the ministry is headed by General Pazuello, who has no knowledge of health matters; he had tried to hide the data about the increasing numbers of victims; he has employed 1.249 military personnel in important posts in the ministry, without the necessary qualifications; and he has cancelled the daily interviews from which the population received guidance.

It would take too long to list all the measures to release resources to aid low-income victims and families (over 100 million Brazilians) that were never taken.

The reasons behind the criminal decisions of the Bolsonaro government are clear.  Letting the elderly die saves the resources of the Department of National Insurance.  Letting those with pre-existing conditions die saves the resources of the national health service, the SUS.  Letting the poor die saves the resources of the Family Welfare programme and other social programmes targeting the 52.5 million Brazilians who live in poverty and the 13.5 million that live in extreme poverty (Federal government figures).

Not satisfied with such lethal measures, now, on 3 July the President has vetoed the section of a law that made obligatory the use of masks in shops, places of worship and educational institutions. He has also vetoed the imposition of fines on those who failed to keep the rules and the government’s obligation to distribute masks to the poorest sections of the population, the main victims of COVID-19, and prisoners (750,000). These vetoes, however, do not overturn local legislation that has already made the use of masks obligatory.

On 8 July Bolsonaro overturned three sections of a law approved by the Senate, that obliged the government to supply drinking water and health and cleaning materials, to install internet connections and distribute basic food supplies, seeds and agricultural implements to indigenous villages. He also vetoed emergency funds intended for indigenous health services, and to give indigenous and members of Afro-Brazilian ex-slave quilombola communities emergency aid of R$600 (120 Euros or US$120) for three months. He also vetoed the obligation on the government to provide more hospital beds, ventilators and oxygenation machines to indigenous and ex-slave communities.

Indigenous and ex-slave communities have been decimated by the increasing socio-environmental devastation, especially in the Amazon region.

Please give as much publicity as possible to this crime against humanity.  Condemnation of what is happening in Brazil must reach your country’s media, social networks,  the UN Human Rights Council in Geneva, and the banks and companies that represent the investors the Bolsonaro government so greedily wants.

Long before The Economist did so, on social media I have been calling the President BolsoNero – while Rome burned he played the fiddle and promoted hydrochloroquine, a drug scientifically shown to have no effect on the new coronavirus.  But its manufacturers are political allies of the President…

Thank you for your solidarity in publicising this letter.  Only pressure from abroad can halt the genocide that is devastating our dear, wonderful Brazil.

Yours fraternally

Frei Betto

 

Frei Betto is a Dominican brother and writer, an adviser to the FAO and to social movements.

 

O princípio da auto-destruição e o combate ao Covid-19

Depois que se lançaram duas bombas atômicas primárias sobre as cidades de Hieroshima e Nagasakiem 1945, a humanidade criou para si um pesadelo do qual não consegue mais se libertar. Ao contrário, ele se transformou numa realidade ameaçadora de nossa vida sobre este planeta e a destruição de grande parte do sistema-vida.

Criaram-se armas nucleares muito mais destrutivas, químicas e biológicas que podem destruir nossa civilização e afetar profundamente a Terra viva. Pior ainda, projetamos a inteligência artificial autônoma. Com seu algoritmo que combina bilhões de informações, recolhidas de todos os países e de cada pessoa, até da pasta de dente que uso, pode tomar decisões sem que nós saibamos. Pode eventualmente, numa combinação enlouquecida penetrar nos arsenais das armas nucleares ou de igual ou maior potência letal e deslanchar uma guerra de grande destruição até de toda vida. É o princípio da auto-destruição. Vale dizer, está nas mãos do ser humano pôr fim à vida visível que conhecemos (ela é só 5% as 95% são vidas microscópicas invisíveis). Assenhoreamo-nos da morte. E ela pode ocorrer a qualquer momento. E agora em razão da inteligência artificial autônoma, escapa até de nossas decisões.

Ja se criou uma expressão para nomear esta fase nova da história humana, uma verdadeira era geológica: o antropoceno, vale dizer, o ser humano como a grande ameaça ao sistema-vida e ao sistema-Terra.

O ser humano é o grande satã da Terra, aquele que pode dizimar,como um anti-cristo, a si mesmo e os outros, seus semelhantes, além de liquidar com as bases que sustentam a vida.

A intensidade do processo letal é de tal ordem que já se fala da era do necroceno. Quer dizer, a era da produção em massa da morte. Já estamos dentro da sexta extinção em massa. Agora é acelerada de forma irrefreável, dada a vontade de dominação da natureza e de seus mecanismos, da agressão direta à vida e à Gaia, a Terra viva, em função de um crescimento ilimitado, de uma acumulação absurda bens materiais a ponto de criar a Sobrecarga da Terra (The  Earth Overshoot).

Em outras palavras, chegamos a um ponto em que a Terra não consegue repor os bens e serviços naturais que lhe foram sequestrados e começa a mostrar um avançado processo de degeneração através dos tsunamis, tufões, como recentemente no Sul do Brasil, degelo das calotas polares e do parmafrost, as secas prolongadas e as nevascas aterradoras e o surgimento de bactérias e vírus de difícil controle. Alguns deles como o Covid-19 que está levando  à morte milhões de pessoas.

Tais eventos são reações e até represálias da Terra face à guerra secular que conduzimos contra ela em todas as suas frentes. Essa morte em massa ocorre na natureza, com milhares de espécies vivas que desaparecem definitivamente, ano após ano, e também nas sociedades humanas com milhões que padecem fome, sede e toda sorte de doenças mortais.

Cresce mais e mais a percepção geral de que a situação da humanidade não é sustentável. A continuar nessa lógica perversa, vai construindo um caminho na direção da própria sepultura.

Demos um exemplo: no Brasil vivemos sob a ditadura da economia ultra neoliberal com uma política de extrema direita, violenta e cruel para com as grandes maiorias pobres Perplexos, assistimos as maldades que foram feitas, anulando direitos dos trabalhadores e internacionalizando riquezas nacionais que sustentam nossa soberania como povo.

Os que deram o golpe contra a Presidenta Dilma Rousseff em 2016 aceitam a recolonização do país, feito vassalo da potência dominante, os USA, condenado a ser apenas um exportador de commodities e um aliado menor e subalterno do projeto imperial.

O que se está fazendo na Europa contra os refugiados, rejeitando sua presença na Itália e na Inglaterra e pior ainda na Hungria e na catolicíssima Polônia, alcança níveis de desumanidade extremamente cruel. As medidas do Presidente norte-americano Trump arrancando os filhos de seus pais imigrantes e colocando-os em jaulas, denota barbárie e ausência de qualquer senso humanitário.

Já se disse, “nenhum ser humano é uma ilha… por isso não perguntem por quem os sinos dobram. Eles dobram por cada um, por cada uma, por toda a humanidade”.E como dobram face aos milhares de brasileiros ceifados pelo Covid-19 pela incúria,impiedade e desprezo de nosso presidente.

Se grandes são as trevas que se abatem sobre nossos espíritos, maiores ainda são as nossas ânsias por luz. Não deixemos que essa demência acima referida detenha a última palavra.

A palavra maior e última que clama em nós e nos une a toda a humanidade é por solidariedade e por com-paixão pelas vítimas, especialmente nesse tempo atroz sob o Covid-19,  é por paz e sensatez nas relações entre as pessoas,livres do ódio, dos fake news que envenenaram a atmosfera social.

As tragédias dão-nos a dimensão da inumanidade de que somos capazes. Mas também deixam vir à tona o verdadeiramente humano que habita em nós, para além das diferenças étnicas, ideológicas e religiosas. Esse humano em nós faz com que juntos nos cuidemos, juntos nos solidarizemos, juntos choremos, juntos nos enxuguemos as lágrimas, juntos oremos, juntos busquemos a justiça social mundial, juntos construamos a paz e juntos renunciemos à vingança e todo tipo de violência e guerra.

A sabedoria dos povos e a voz de nosso coração nos testemunham:Não será o descaso de nosso Presidente face às milhares de mortes pelo Coronavírus que nos fará desanimar e exigir a sua interdição por não saber governar e cuidar da vida de seu povo. Não é um Estado que se fez terrorista como os Estados Unidos sob o Presidente norte-americano Bush e continuado até Trump que irá vencer terrorismo. Nem é ódio aos imigrantes latinos difundido por Trump que trará a paz.  É o diálogo incansável, a negociação aberta e o acordo justo que tiram as bases de qualquer terrorismo e fundam a paz.

As tragédias que nos atingiram no mais fundo de nossos corações, particularmente a pandemia viral que afetou todo o planeta, nos convidam a repensarmos os fundamentos da convivência humana na nova fase, a planetária, e como cuidar da Casa Comum, a Terra como o pede o Papa Francisco em sua encíclica  “sobre o cuidado da Casa Comum”(2015).Temos que reaprender a sermos humanos, porque já naturalizamos as desumanidades, particularmente perpetradas contra os pobres, os negros, os indígenas, os quilombolas, as mulheres, os LGBT e outros.

O tempo é urgente. Desta vez não haverá um plano B, capaz de salvar-nos. Temos que nos salvar todos, pois formamos uma comunidade de destino Terra-Humanidade.

Para isso precisamos abolir a palavra inimigo, tão presente no debate político em nosso país que não reconhece a legitimidade do adversário e logo o transforma em inimigo que cabe difamar e destruir. É o medo que cria o inimigo. Exorcizamos o medo quando fazemos do distante um próximo e do próximo, um irmão e uma irmã.

Afastamos o medo e o inimigo quando começamos a dialogar, a nos conhecer, a nos aceitar, a nos respeitar, a aprender uns dos outros, a  nos amar, enfim, numa palavra, a nos cuidar; cuidar nas nossas doenças, agora sob a intrusão perigosa do coronavírs, cuidar de nossas formas de convívio na paz, na solidariedade e na justiça; cuidar de nosso meio ambiente para que seja um ambiente inteiro, sem destruir os habitats dos vírus que nos vêm dos animais ou dos arborovírus que se situam nas florestas e que fazem uma devastadora intrusão na humanidade, um ambiente este no qual seja possível o reconhecimento do valor intrínseco de cada ser; cuidar de nossa querida e generosa Mãe Terra.

Se nos cuidamos como a irmãos e a irmãs, desaparecem as causas do medo. Ninguém precisa ameaçar ninguém. Podemos caminhar à noite por nossas ruas sem medo de sermos assaltados e roubados e até mortos.

Esse cuidado será somente efetivo se vier acolitado pela justiça necessária, pelo atendimento às necessidades básicas dos mais vulneráveis, se o Estado se fizer presente com saúde (a importância que o SUS mostrou face ao Covid-19), com escolas, com segurança e com espaços de convivência, de cultura e de lazer.

Só assim gozaremos de uma paz possível de ser alcançada quando houver um mínimo de boa vontade geral e um sentido de solidariedade e de benquerença nas relações humanas. Esse é o desejo inarredável da maioria dos humanos. É essa lição que a intrusão do Covid-19 nos está dando e que temos que incorporá-la nos nossos hábitos no pos pós-coronavírus.

Leonardo Boff é ecoteólogo,filósofo e escreveu:”A Mãe Terra contra-ataca a humanidade: advertências do Covid-19″ a sair brevemente pela Vozes.

tangerinas do meu jardim.

 

Covid-19: un attacco della Terra contro di noi

Fino ad oggi, la preoccupazione per Covid-19 si è concentrata sulla medicina, sulla tecnica e su tutto quello che evita la contaminazione degli operatori sanitari. Si cerca urgentemente un vaccino efficace. Nella società, l’isolamento sociale ed evitare l’affollamento delle persone. Tutto questo è fondamentale. Tuttavia, non possiamo considerare il coronavirus come un fatto isolato. Deve essere visto nel contesto che ha permesso la sua apparizione.

Il virus è venuto dalla natura. Ebbene, come dice papa Francesco nella sua enciclica “sulla cura della Casa comune”: “Non abbiamo mai maltrattato e ferito la nostra Casa comune come negli ultimi due secoli” (n. 53). È stato il processo industriale a ferirla: il socialismo reale (fin quando è esistito) e soprattutto il sistema capitalistico ormai globalizzato. Questo è il Satana della Terra che la sta devastando e che la sta portando ad ogni tipo di squilibrio.

È il principale (non l’unico) responsabile delle varie minacce al sistema-vita e al sistema-Terra: dal possibile olocausto nucleare, al riscaldamento globale, alla carenza di acqua potabile, all’erosione della biodiversità. Faccio eco alle parole del noto geografo americano David Harley: “COVID-19 è la vendetta della natura per più di quarant’anni di maltrattamenti e abusi per mano di un estrattivismo neoliberale violento e non regolamentato”.

Isabelle Stengers, chimica e filosofa della scienza che ha lavorato a lungo in collaborazione con il premio Nobel Ilya Prigogine, sostiene la tesi che sottoscrivo anch’io: “il coronavirus sarebbe un’intrusione della Terra-Gaia nelle nostre società, una risposta all’antropocene”.

Sapevamo di altre intrusioni: la peste nera (la peste bubbonica) che proveniva dall’Eurasia ha decimato un totale stimato di 75-200 milioni di persone. In Europa, tra il 1346 e il 1353, causò la morte di gran parte della sua popolazione, che passò da 475 a 350 milioni di abitanti. Ci sono voluti 200 anni per riprendersi. È stata la più devastante mai conosciuta nella storia. Anche l’influenza spagnola è stata notevole. Originaria probabilmente negli Stati Uniti, tra il 1918-1920 ha contagiato 500 milioni di persone e causato 50 milioni di morti, tra cui il presidente eletto di Brasile Rodrigues Alves nel 1919.

Ora, per la prima volta, un virus ha attaccato l’intero pianeta, causando migliaia di morti senza poterlo fermare a causa della sua rapida diffusione, poiché viviamo in una cultura globalizzata con un grande movimento di persone che viaggiano in tutti i continenti e possono essere portatori dell’epidemia.

La Terra ha già perso il suo equilibrio e ne sta cercando uno nuovo. E questo nuovo potrebbe significare la devastazione di parti importanti della biosfera e di una parte significativa della specie umana.

Questo accadrà, anche se non sappiamo nè quando né come, dicono biologi famosi. Se arriva il temuto NBO (The Next Big One), il prossimo grande virus devastante, potrebbe, secondo il ricercatore dell’USP Prof. Eduardo Massad, portare alla morte circa due miliardi di persone, riducendo l’aspettativa di vita generale da 72 a 58 anni. Altri temono addirittura la fine della specie umana.

Il fatto è che siamo già dentro la sesta estinzione di massa. Secondo alcuni scienziati, abbiamo inaugurato una nuova era geologica, quella dell’antropocene e della sua espressione più dannosa, il necrocene. L’attività umana (antropocene) è responsabile della produzione in massa della morte (necrocene) degli esseri viventi.

I diversi centri scientifici che monitorano sistematicamente lo stato della Terra confermano che, anno dopo anno, i principali elementi che perpetuano la vita (acqua, suolo, aria pulita, semi, fertilità, clima e altro) si stanno deteriorando giorno dopo giorno. Quando finirà tutto questo?

Il giorno di superamento della Terra (The Earth Overshoot day) si è verificato il 29 luglio 2019. Ciò significa che in quella data tutte le risorse naturali disponibili e rinnovabili per quell’anno erano state già consumate. La Terra è andata in rosso, con un assegno scoperto.

Come fermare questo esaurimento delle risorse? Se insistiamo nel mantenere il livello di consumo attuale, soprattutto il consumo dispendioso, dobbiamo esercitare più violenza contro la Terra, costringendola a darci ciò che non ha più o non può più sostituire.

La reazione della Terra si è manifestata mediante eventi estremi, come la flortissima tempesta di vento di Santa Catarina alla fine di giugno (in Brasile) e mediante gli attacchi di diversi tipi di virus conosciuti: zika, chicungunya, ebola, Sars, l’attuale coronavirus e altri. Dobbiamo anche includere la crescita della violenza sociale, poiché la Terra e l’umanità costituiscono un’unica entità relazionale.

O cambiamo il nostro rapporto con la Terra viva e con la natura o dovremo fare i conti con nuovi e più potenti virus che potrebbero annientare milioni di vite umane. Il nostro amore per la vita, la saggezza umana dei popoli e il bisogno di cura non sono mai stato così urgenti.

*Leonardo Boff è ecoteologo e scrittore. Ha scritto il libro O Covid-19: A Mãe Terra contra-ataca a Humanidade, che sarà pubblicato dalla Editora Vozes quest’anno.

Traduzione di Mª José Gavito e Stefano ToppiLeia mais »