Brevísima relación de la destrucción de las “Indias Brasileras”

En función del Sínodo panamazónico de octubre vale la pena recordar cuál fue la destrucción de las Indias brasileñas, en el lenguaje de Bartolomé de las Casas que escribió en 1542 su “Brevisima Relación de las Destrucción de las Indias”, referiendose a America Central.

La primera reunión, el 21 de abril de 1500, narrada idílicamente por el cronista Pero Vaz de Caminha, pronto se convirtió en un desencuentro profundo. Debido a la voracidad de los colonizadores, no hubo reciprocidad entre los portugueses y los indios, sino una confrontación, desigual y violenta, con consecuencias desastrosas para el futuro de todas las naciones indígenas.

Como en el resto de América Latina se les negó la condición de seres humanos. Todavía en 1704 la Cámara de Aguiras, en Ceará, escribía en una carta al rey de Portugal que “las misiones con estos bárbaros están excusadas, porque de humanos solo tienen la forma, y quien diga algo más es un error conocido”. El papa Pablo III, con la bula Sublimis Deus del 9 de julio de 1537, tuvo que intervenir y proclamar la dignidad eminente de los indígenas como verdaderos seres humanos, libres y dueños de sus tierras.

Por las enfermedades de los blancos contra los cuales no tenían inmunidad: la gripe, la varicela, el sarampión, la malaria y la sífilis. Por la cruz, por la espada, por la degradación de sus tierras, imposibilitando la caza y la siembra, por la esclavitud, por guerras declaradas oficialmente por Don João VI el 13 de mayo de 1808 contra los Krenak en el Valle del río Dulce. Por la humillación sistemática y la negación de su identidad, los cinco millones se redujeron al número actual de 930,000. En lo que refiere a los pueblos indígenas, se hizo presente el propósito político de su erradicación, ya fuera por aculturación forzada, miscigenación espontánea y planificada, o por exterminio puro y simple, como hizo el Gobernador General de Brasil, Mendes Sá, con los Tupiniquim de Ihéus: “los cuerpos fueron colocados a lo largo de la playa, alineados en la extensión de una legua” Modernamente, cuando se abrieron las grandes carreteras y las presas hidroeléctricas en el Amazonas, se utilizaron contra ellos defoliantes químicos, ataques con helicópteros y vuelos rasantes de aviones, incluso bacterias introducidas intencionadamente.

Citemos solo un ejemplo paradigmático que representa la lógica de la “destrucción de las Indias brasileñas”. A principios de siglo, cuando los frailes dominicanos comenzaron una misión a orillas del río Araguaia, había 6-8.000 Kaiapó en conflicto con los recolectores de caucho de la región. En 1918 se habían reducido a 500. En 1927 a 27. En 1958 a un solo sobreviviente. En 1962 fueron declarados extintos en toda la región.

Con la aniquilación de más de mil pueblos, en 500 años de historia brasileña desapareció para siempre una herencia humana, construida en miles de años de trabajo cultural, de diálogo con la naturaleza, de invención de lenguas y de construcción de una visión del mundo, amiga de la vida y respetuosa de la naturaleza. Sin ellos, todos nos empobrecemos.

El sueño de un indio Terena, recogido por un buen conocedor del alma brasileña e indígena, muestra el impacto de esta devastación demográfica en personas y pueblos: “Fui al antiguo cementerio guaraní en la Reserva y vi una gran cruz allí. Vinieron hombres blancos y me clavaron boca abajo en la cruz. Se fueron y yo me quedé allí clavado y desesperado. Me desperté con mucho miedo” (Roberto Gambini, El espejo indio, Río de Janeiro 1980. p. 9).

Este miedo, por la continua agresión del hombre blanco y bárbaro (que arrogantemente se llama a sí mismo civilizado), se ha convertido en los pueblos indígenas en el temor de ser exterminados para siempre de la faz de la Tierra.

Gracias a las organizaciones indígenas, a las nuevas legislaciones proteccionistas estatales, al apoyo de la sociedad civil y de las iglesias, y a la presión internacional, los pueblos indígenas se están fortaleciendo y creciendo numéricamente. Sus organizaciones revelan el alto nivel de conciencia y articulación que han logrado. Se sienten ciudadanos adultos que quieren participar en los destinos de la comunidad nacional, sin renunciar a su identidad, colaborando con otros sujetos históricos con su riqueza cultural, ética y espiritual.

Por lo tanto, es extremadamente ofensivo para su dignidad la forma en que el estado brasileño, especialmente bajo el gobierno de Bolsonaro, los trata y maltrata con sus políticas indigenistas, como si fueran primitivos e infantiles. En realidad, ellos tienen una integralidad que nosotros los occidentales hemos perdido, rehenes de un paradigma de civilización que divide, atomiza y contrapone para dominar más. Son guardianes de la unidad sagrada y compleja del ser humano, inmersos con otros en la naturaleza de la cual somos parte y parcela. Conservan la feliz conciencia de nuestra pertenencia al Todo y de la alianza eterna entre el cielo y la tierra, origen de todas las cosas.

Cuando en octubre de 1999 me encontré con los indígenas noruegos -los samis-, en Umeo, me hicieron una primera pregunta antes de la conversación:

– ¿Los indios brasileños conservan o no el matrimonio entre el cielo y la tierra?

Inmediatamente entendí la pregunta y respondí resueltamente:

– Por supuesto, mantienen este matrimonio. Porque del matrimonio entre el cielo y la tierra nacen todas las cosas.

Ellos felices respondieron:

– “Entonces todavía son verdaderamente indios como nosotros. No son como nuestros hermanos de Estocolmo que olvidaron el cielo y se quedaron solo con la tierra. Por eso se sienten infelices y muchos se suicidan. Si mantenemos unidos el cielo y la tierra, el espíritu y la materia, el Gran Espíritu y el espíritu humano entonces salvaremos a la humanidad y a nuestra Gran Madre Tierra”.

Esta, seguramente, es la gran misión de los pueblos originales y su mayor desafío: ayudarnos a salvar la Tierra, nuestra Madre, que nos genera y nos sostiene a todos, y sin la cual nada en este mundo es posible.

Necesitamos escuchar su mensaje e incorporarnos a su compromiso, para hacernos como ellos testigos de la belleza, la riqueza y la vitalidad de la Madre Tierra.

*Leonardo Boff es ecoteólogo y ha escrito: El Casamiento entre el cielo y la Tierra, Mar de Ideias, Rio de Janeiro 2012.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Der Amazonas: Gemeinsames Gut der Erde und der Menschheit

Der Amazonas: Gemeinsames Gut der Erde und der Menschheit

Die aktuellen Brände im brasilianischen und bolivianischen Amazonas zeigen die Bedeutung des Amazonas-Bioms für das Gleichgewicht und die Zukunft des Lebens. Der Ernst der Lage zeigt sich in der Nachlässigkeit, mit der der brasilianische Präsident Umweltfragen behandelt, die schwerwiegendsten wissenschaftlichen Daten leugnet sowie die Bedrohung der indigenen Reserven. Dies wird noch verschlimmert durch die Art und Weise, wie der Umweltminister die wichtigsten Organe, die zum Schutz des Dschungels und der indigenen Länder dienen, schädigt und durch den unkontrollierten Vormarsch des Agro-Business in den noch unberührten Urwald.

Einigen internationalen Spezialisten zufolge ist der Amazonas das zweitverwundbarste Gebiet der Welt in Bezug auf den Klimawandel, der von Menschen verursacht wird. Papst Franziskus selbst warnte, “dass die Zukunft der Menschheit und der Erde an die Zukunft des Amazonas gebunden ist; es manifestiert sich zum ersten Mal mit einer solchen Klarheit, dass die Herausforderungen, Konflikte und sich abzeichnende Chancen in einem Gebiet die Gefahren für das Überleben des Planeten Erde und das Zusammenleben der gesamten Menschheit dramatisieren.” Das sind ernste Worte, die von den großen und gierigen Konzernen unterbewertet werden, weil sie wissen, dass sie ihre Produktions-, Verbrauchs- und Abfallwirtschaft ändern sollten. Aber sie ziehen der Achtung vor menschlichem Leben und dem der Erde ihre Profite vor.

Aus gutem Grund hat Papst Franziskus für Oktober dieses Jahres eine Pan-Amazon-Synode einberufen, deren Thema sein wird: “Der Amazonas: neue Wege für die Kirche und für eine ganzheitliche Ökologie”. Es wird darum gehen, seine Enzyklika “Über die Sorge des Gemeinsamen Hauses” umzusetzen, um eine weltweite sozio-ökologische Katastrophe zu vermeiden. Es wird nicht um eine ökologische und grüne Ökologie gehen, sondern um eine ganzheitliche Ökologie, die Umwelt, Gesellschaft, Politik, Wirtschaft, Alltagsleben und die spirituelle Dimension umfasst.

Einige allgemeine Daten über das Amazonas-Biom: Es umfasst eine Fläche von 8.129.057 Quadratkilometern in neun Ländern: Brasilien (67%), Peru (13%), Bolivien (11%), Kolumbien (6%), Ecuador (2%), Venezuela (1%), Suriname, Guyana und Französisch-Guayana (0,15). Es hat über 37.700.000 Einwohner, von denen 2,8 Millionen Indigene sind, aus 390 verschiedenen Nationen, die 240 Sprachen sprechen, der reichen Matrix von 49 sprachlichen Zweigen, ein einzigartiges Phänomen in der Geschichte der Weltlinguistik.

Es gibt drei Amazonasflüsse: den sichtbaren auf der Oberfläche; die „aerial“, so genannte “fliegende Flüsse” (jede 20 Meter breite Baumkronenplatte produziert 1000 Liter Wasser, die den Regen zum [sogenannten] “geschlossenen Biom” bringen, vom Süden bis zum Norden Argentiniens); der dritte Fluss, unsichtbar, ist der Fluss “rez do chéo” (nicht zu verwechseln mit dem touristischen Ort, Rez do Chéo), ein unterirdischer Fluss, der unter dem eigentlichen Amazonas fließt.

Das gesamte Amazonas-Biom ist ein gemeinsamer Reichtum der Erde und der Menschheit. Das zeigt sich in dem, was die Astronauten gesehen haben: Vom Mond oder von Raumfahrzeugen gesehen bilden Erde und Menschheit eine Einheit. Der Mensch ist der Teil der Erde, der anfing zu fühlen, zu denken, zu lieben und sich zu kümmern. Wir sind die Erde, wie Papst Franziskus und die Bibel selbst betonen.

Jetzt, in einer planetarischen Phase, finden wir uns im selben und einzigartigen Gemeinsamen Haus wieder. Die Zeit der Nationen vergeht. Jetzt ist die Zeit der Erde, und wir müssen uns organisieren, um die Mittel zu garantieren, die unsere Existenz und die der Natur erhalten werden. Niemand besitzt die Erde. Sie ist unser Gemeinwohl. Jeder hat das Recht, auf der Erde zu sein. Da der Amazonas Teil der Erde ist, sollte niemand denken, er/sie besäße das, was ein Gut von allen und für alle ist. Brasilien hat höchstens die Verantwortung für die Verwaltung des brasilianischen Anteils (67%), was Brasilien in unverantwortlicher Weise tut. Aus diesem Grund ist die große Sorge so weit verbreitet.

Das Amazonas-Biom ist angesichts seines Reichtums gegenwärtig das Objekt der Begierde der Welt. Es gibt zu viel Gewalt. Seit Mitte der 1980er Jahre hat der brasilianische Amazonas mehr als 12 Märtyrer hervorgebracht, Indigene, Laien und Ordensleute; 6 in Ecuador; 2 in Peru und unzählige weitere in Kolumbien.

Beim G-7-Treffen im August in Biarritz, Frankreich, wurde die Bedeutung des Amazonas-Bioms für das Gleichgewicht von Klima und Erde selbst deutlich. Ich vermute, dass sie es immer noch konventionell sehen, als eine Quelle voller Ressourcen für ihre wirtschaftlichen Projekte. Ich fürchte, dass sie die Vision der neuen Ökologie, die die Erde als lebendigen Superorganismus sieht und uns als Teil dieses Superorganismus, und nicht als ihre Meister, nicht verinnerlicht haben. Wenn der Amazonas völlig zerstört würde, würde alles vom Süden Brasiliens bis zum Norden Argentiniens und Uruguays in eine Wüste verwandelt. Daher die entscheidende Bedeutung dieses multinationalen Bioms.

Die Verantwortungslosigkeit von Präsident Jair Bolsonaro ist so groß, dass die Juristen der Welt planen, ihn des Ökozids zu beschuldigen, eines Verbrechens, das 2006 von der UNO anerkannt wurde, und ihn vor das Tribunal der “Verbrechen gegen die Menschlichkeit” zu bringen.

Ich schließe mit den Worten von Miguel Xapuri Ianomami, einem indigenen Yanomami:

„Ihr habt Gott, wir haben Omama. Sie schuf das Leben, und die Yanomamis, Sie lässt alles zu, was geschieht. Wir sind in ständiger Kommunikation mit Ihr.” Wer in der säkularen Welt könnte auf diese Weise vom Herzen sprechen?

Leonardo Boff ist Philosoph – Ökologetheologe -Erdcharta Kommission

 

 

A destruição das “Indias brasileiras”

Em função do Sínodo panamazônico de outubro, comvém relembrar o que foi a destruição das Indias Brasileiras, no linguajar de Bartolomé de las Casas com referência à América Central.

O primeiro encontro a 21 de abril de 1500, narrado idilicamente pelo cronista Pero Vaz de Caminha, logo se transformou num profundo desencontro. Por culpa da voracidade dos colonizadores, não ocorreu uma reciprocidade entre o português e o índio, mas um confronto, desigual e violento, com desastrosas consequências para o futuro de todas as nações indígenas.

Como no resto da América Latina, negou-se-lhes a eles a condição de seres humanos. Ainda em 1704 a Câmara de Aguiras, no Ceará, escrevia em carta ao rei de Portugal que “missões com esses bárbaros são excusadas, porque de humano só tem a forma, e quem disser outra coisa é engano conhecido”. Foi preciso que o Papa Paulo III, com uma bula Sublimis Deus de 9 de julho de 1537, interviesse e proclamasse a eminente dignidade dos indígenas como verdadeiros seres humanos, livres e donos de suas terras.

Pelas doenças dos brancos contra as quais eles não tinham imunidade – a gripe, a catapora, o sarampo, a malária, e a sífilis – pela cruz, pela espada, pelo esbulho de suas terras, impossibilitando a caça e as plantações, pela escravização, por guerras declaradas oficialmente como por Dom João VI em 13 de maio de 1808 contra os Krenak no Vale do Rio Doce. Modernamente, ao se abrirem as grandes estradas e hidrelétricas na Amazônia usaram-se contra eles desfolhantes químicos, ataques com helicópteros e voos rasantes de aviões até por bactérias intencionalmente introduzida. Pela sistemática humilhação e negação de sua identidade, os cinco milhões foram reduzidos ao número atual de 930.00 mil. Vigorou, na relação aos indígenas, o propósito político de sua erradicação, seja pela aculturação forçada, seja micegenização espontânea e planejada, seja pela pura e simples exterminação, como fez o Governador Geral do Brasil, Mendes Sá com os Tupiniquim de Ihéus:”os corpos foram  colocados ao longo da praia, alinhados, na extensão

 

de uma légua”.

Citemos apenas um exemplo paradigmático que representa a lógica da “destruição das Indias brasileiras”. No começo do século quando os padres dominicanos iniciaram uma missão às margens do rio Araguaia, havia 6-8 mil Kaiapó em conflito com os seringueiros da região. Em 1918 foram reduzidos a 500. Em 1927 a 27. Em 1958 a um único sobrevivente. Em 1962 eram dados como extintos em toda aquela região.

Com a dizimação de mais de mil povos, em 500 anos de história brasileira, desapareceu para sempre uma herança humana construída em milhares de anos de trabalho cultural, de dialogação com a natureza, de invenção de línguas e de construção de uma visão do mundo, amiga da vida e respeitosa da natureza. Sem eles todos ficamos mais pobres.

O sonho de um índio Terena, recolhido por um bom conhecedor da alma brasileira e indígena, mostra o impacto desta devastação demográfica sobre as pessoas e os povos: “Fui até o velho cemitério guarani na Reserva e lá vi uma grande cruz. Uns homens brancos chegaram e me pregaram na cruz de cabeça para baixo. Eles foram embora e eu fiquei lá pregado e desesperado. Acordei com muito medo” (Roberto Gambini, O espelho índio, Rio de Janeiro 1980. p. 9).

Esse medo, pela continuada agressão do homem branco e bárbaro (arrogantemente se auto-denomina  civilizado), se transformou, nos povos indígenas, em pavor de que sejam exterminados para sempre da face da Terra.

Graças às organizações indígenas, às novas legislações proteccionistas do estado, ao apoio da sociedade civil, das Igrejas e da pressão internacional, os povos indígenas estão se fortalecendo e, mais, estão crescendo numericamente. Suas organizações revelam o alto nível de consciência e de articulação que eles atingiram. Sentem-se cidadãos adultos que querem participar dos destinos da comunidade nacional, sem renunciar à sua identidade e colaborando junto com outros sujeitos históricos com sua riqueza cultural, ética e espiritual.

Por isso, é extremamente ofensiva à sua dignidade, a forma como o estado brasileiro, especialmente sob o governo de Bolsonaro, os trata e maltrata com suas políticas indigenistas como se fossem primitivos e infantis. Na verdade, eles guardam uma integralidade que nós ocidentais perdemos, reféns de um paradigma civilizacional que divide, atomiza e contrapõe para mais dominar. Eles são guardiães da unidade sagrada e complexa do ser humano, mergulhado com outros na natureza da qual somos parte e parcela. Eles conservam a consciência bem-aventurada de nossa pertença ao Todo e da aliança imorredoura entre o céu e a terra, origem de todas as coisas.

Quanto em outubro de 1999 estive encontrando os indígenas noruegueses – os samis ou esquimós – em Umeo, eles me fizeram uma primeira pergunta, prévia à conversação:

– Os índios brasileiros conservam ou não o casamento entre o céu e a terra?

Eu, entendi logo a questão e respondi resolutamente:

– Lógico, eles mantém este casamento. Pois do casamento entre o céu e a terra nascem todas as coisas.Eles, felizes, responderam:

– Então, são ainda, verdadeiramente, índios como nós. Eles não são como os nossos irmãos de Estecolmo que esqueceram o céu e só ficaram só com a terra. Por isso se sentem infelizes e muitos se suicidam. Se mantivermos unidos céu e terra, espírito e matéria, o Grande Espírito e o espírito humano então salvaremos a humanidade e a nossa Grande Mãe Terra.

Essa, seguramente, é a grande missão dos povos originários e o seu maior desafio: ajudar-nos a salvar a Terra, nossa Mãe, que a todos gera e sustenta e sem a qual nada neste mundo é possível.

Precisamos ouvir sua mensagem e incorporarmo-nos em seu compromisso, para fazermo-nos também nós, como eles, testemunhos da beleza, da riqueza e da vitalidade da Mãe Terra.

Leonardo Boff é ecoteólogo e escreveu:  O Casamento entre o céu e a Terra, Mar de Ideias, Rio de Janeiro 2014.

 

 

 

 

 

The Amazon:The Common Wealth of the Earth and Humanity

The Amazon:The Common Wealth of the Earth and Humanity

The current fires in the Brazilian and Bolivian Amazon demonstrate the importance of the Amazonian biome to the equilibrium and future of life. The gravity of the situation is seen in the carelessness with which the President of Brazil treats environmental issues, denying the most serious scientific data and the threat to the Indigenous reserves, aggravated by the way the Minister for the Environment has dismantled the principal organs for protecting the jungle and the Indigenous lands, and the uncontrolled advance of agro-business into the virgin jungle.

According to some international specialists, the Amazon is the second most vulnerable area on the planet with respect to climate change as caused by human beings. Pope Francis himself warned «that the future of humanity and of the Earth is bound to the future of the Amazon; is manifested for the first time with such clarity that the challenges, conflicts and emergent opportunities in a territory dramatize the dangers to the survival of planet Earth and the coexistence of all of humanity». Those are grave words, underrated by the big predatory corporations, because they know that they should change their modes of production, consumption and waste management. But they prefer profits over caring for human and earthy life.

With good reason, Pope Francis has called for a Pan Amazon Synod in October, this year, whose theme will be: “The Amazon: new paths for the Church and for an integral ecology”. It will be about applying his encyclical letter, “About the caring of the Common Home”, to avoid a world-wide socio-ecological catastrophe. It will not be about an environmental and green ecology, but about an integral ecology, that includes the environment, society, politics, economy, daily life and the spiritual dimension.

Some general data about the Amazonian biome: It covers an area of 8,129,057 square kilometers in nine countries: Brazil (67%), Peru (13%), Bolivia (11%), Colombia (6%), Ecuador (2%), Venezuela (1%), Suriname, Guyana and French Guiana (0.15). It has over 37,700,000 inhabitants, of which 2.8 million are Indigenous, from 390 different nations, who speak 240 languages, of the rich matrix of 49 linguistic branches, a unique phenomenon in the history of wold linguistics.

Three Amazon rivers exist: the one visible on the surface; the aerial, so called, “flying rivers” (each 20 meter-wide tree canopy top produces 1000 liters of water that bring the rains to the [so called] «closed biome», from the South up to the North of Argentina); the third river, invisible, is the river“rez do chão” (do not confuse this with the tourist place, Rez do Chão), a subterranean river that flows underneath the actual Amazon.

The entire Amazon biome is a Common Wealth of the Earth and of Humanity. That is evident in what the astronauts have seen: from the Moon or from spacecraft, Earth and Humanity form a single entity. The human being is the portion of the Earth that began to feel, to think, to love and to care. We are Earth, as Pope Francis and the Bible itself emphasizes.

Now in a planetary phase, we find ourselves together in the same and unique Common Home. The time of nations is passing. Now is the time of the Earth, and we must organize ourselves to guarantee the means that will sustain our existence and that of Nature. No one owns the Earth. She is our Common Good. Everyone has the right to be on the Earth. Since the Amazon is part of the Earth, no one should consider that they own that which is a Good of all and for all. Brazil, at most, has the responsibility of administering the Brazilian portion, (67%) which Brazil is doing irresponsibly. Hence such wide-spread concern.

The Amazon biome is presently the object of the world’s greed, given its wealth. There is too much violence. Since the mid 1980s the Brazilian Amazon has produced more than 12 martyrs, Indigenous. lay and religious; 6 in Ecuador; 2 in Peru and countless more in Colombia.

At the August G-7 gathering in Biarritz, France, the importance of the Amazon biome to the equilibrium of the climate and the Earth herself was evident. I suspect that they still see it conventionally, as a trunk full of resources for their economic projects. I suspect that they have not internalized the vision of the new ecology that sees the Earth as a living super organism, and us as part of that super organism and not as her masters. If the Amazon were totally destroyed, everything from the South of Brazil up to the North of Argentina and Uruguay would be transformed in a desert. Hence the vital importance of that multinational biome.

The irresponsibility of President Jair Bolsonaro is so great that world jurists plan to accuse him of ecocide, a crime recognized by the UN in 2006, and take him before the tribunal of the «crimes against Humanity».

I finish with the words of Miguel Xapuri Ianomâmi, an Indigenous Yanomami:

“You have God, we have Omama. She created life, and the Yanomamis, She permits all that happens. We are in constant communication with Her”. Who in the secular world could speak from the heart in this form?

Leonardo Boff Eco-Theologian-Philosopher,Earthcharter Commission

Free translation from the Spanish sent by
Koinonia, info@servicioskoinonia.org.
Done at REFUGIO DEL RIO GRANDE, Texas, EE.UU