¿HACIA DÓNDE ESTAMOS YENDO?

Leonardo Boff*

Hay una convergencia de innumerables crisis que están afligiendo a toda la humanidad. Sin necesidad de citarlas todas, voy a restringirme a dos, extremadamente peligrosas, incluso letales: una guerra nuclear entre las potencias militaristas, disputándose la hegemonía en la dirección del mundo. Como nunca hay total seguridad, ahí funcionaría la fórmula 1+1=0, o sea, se llevaría consigo todo el sistema-vida humana. La Tierra continuaría, empobrecida, llena de llagas, pero todavía giraría alrededor del sol, no sabemos durante cuantos millones de años, pero sin ese Satán de la vida que es el ser humano demente que perdió su dimensión de sapiente.

La otra es el cambio climático creciente que no sabemos en cuántos grados Celsius se va a estabilizar. Un hecho es innegable, afirmado por los propios científicos escépticos: la ciencia y la técnica han llegado atrasadas. Hemos pasado el punto crítico en el que ellas todavía nos podrían ayudar. Ahora solo pueden advertirnos de los eventos extremos que vendrán y disminuir los efectos dañinos. Algunos climatólogos sugieren que en los años venideros el clima posiblemente se establecería en términos globales en torno a los 38-40 grados Celsius. En otras regiones podría llegar en torno a los 50°C. Habrá millones de víctimas, especialmente entre los niños y las personas mayores, que no conseguirán adaptarse a la nueva situación de la Tierra.

Esos mismos científicos han advertido a los Estados sobre el hecho de millones de migrantes, que dejarán sus tierras queridas debido al exceso de calor y a la frustración de las cosechas de alimentos. Es posible y deseable que obligatoriamente haya una gobernanza planetaria global y plural, constituida por representantes de los pueblos y de las clases socialespara pensar sobre la situación modificada de la Tierra, que no respete los límites de las naciones. Se trata de salvar no este o aquel país, sino a toda la humanidad. Con realismo el Papa Francisco ha dicho varias veces: “esta vez no hay un arca de Noé que salva a algunos y deja a los demás: “o nos salvamos todos o nadie se salva”.

Como se deduce, estamos ante una situación límite. La conciencia de esta urgencia es muy débil en la mayoría de la población, entorpecida por la propaganda capitalista de un consumo sin freno y la de los propios estados, controlados en gran parte por las clases dominantes. Estas solo miran a un horizonte por delante, crédulas de un progreso ilimitado en dirección al futuro, sin tomar nunca en serio que el planeta es limitado y no aguanta, y que necesitamos 1,7 planetas Tierra para satisfacer su consumo suntuoso.

¿Hay una salida para este acúmulo de crisis, a dos de las cuales nos hemos restringido? Creo que ni el Papa ni el Dalai Lama, ni ningún sabio privilegiado pueden predecir cuál sea nuestro futuro. Si miramos las maldades del mundo tenemos que dar la razón a José Saramago, que decía: “No soy pesimista; la situación es la que es pésima”. Recuerdo al cautivador San Francisco de Asís que, encantado, veía el lado luminoso de la creación. Pedía sin embargo a sus cofrades: no consideren demasiado los males del mundo para no tener motivos para reclamar a Dios. En cierta manera todos somos un poco Job que reclamaba, pacientemente, por todos los males que lo afligían. Nosotros también reclamamos porque no entendemos el porqué de tanta maldad, especialmente por qué Dios se calla y permite que, muchas veces, el mal triunfe como ahora frente al genocidio de niños inocentes en la Franja de Gaza. ¿Por qué no interviene para salvar a sus hijos e hijas? ¿No es Él “el apasionado amante de la vida” (Sabiduría 11,26)?

Se atribuye a Freud, que no se consideraba un hombre de fe, la frase siguiente: si me presento delante de Dios, tengo más preguntas que hacerle a él que él a mí, pues hay tantas cosas que nunca entendí cuando estaba en la Tierra.

Ni la filosofía ni la teología consiguieron hasta hoy ofrecer una respuesta convincente al problema del mal. Lo máximo fue afirmar que Dios, al aproximarse a nosotros por la encarnación –no para divinizar al ser humano sino para humanizar a Dios– va con nosotros al exilio, asume nuestro dolor y hasta la desesperación en la cruz. Eso es grandioso, pero no responde al por qué del mal. ¿Por qué Dios humanado tuvo que sufrir también él y “aunque fuera Hijo de Dios, aprendió la obediencia por medio de los sufrimientos que tuvo” (Hebreos,5,8)?. Esa propuesta no hace desaparecer el mal. Continúa como una espina en la carne.

Tal vez tengamos que contentarnos con la afirmación de Santo Tomás de Aquino que escribió, así reconocido ampliamente, uno de los más brillantes tratados “Sobre el Mal”( De Malo). Al final, se rinde ante la imposibilidad de la razón para explicar el mal y concluye: “Dios es tan poderoso que puede sacar un bien del mal”. Eso es fe confiante, no razón razonante.

Lo que podemos decir con cierta seguridad es: si la humanidad, especialmente el sistema del capital con sus grandes corporaciones globalizadas, continúa con su lógica de explotar hasta agotar los bienes y servicios naturales en función de su acumulación ilimitada, entonces podremos decir con la expresión de Zygmunt Bauman que “engrosaremos el cortejo de aquellos que se dirigen hacia su propia sepultura”.

Después de haber cometido el peor crimen perpetrado en la historia: el asesinato judicial del Hijo de Dios, clavándolo en la cruz, nada ya es imposible. Como dijo J.P.Sartre después de las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki: el ser humano se ha apropiado de la propia muerte. Y Arnold Toynbee, el gran historiador, comentó: ya no necesitamos que Dios intervenga para poner fin a su creación; cupo a nuestra generación presenciar la posibilidad de su propia destrucción.

¿Pesimismo? No. Realismo. Pero también tenemos la posibilidad de dar el salto de la fe que se inscribe como una posible emergencia del proceso cosmogénico: creemos que el verdadero señor de la historia y de su destino no es el ser humano, sino el Creador, que de las ruinas y de las cenizas puede crear un hombre nuevo y una mujer nueva, un nuevo cielo y una nueva Tierra. Allí la vida es eterna y reinará el amor, la fiesta, la alegría y la comunión de todos con todos y con la Suprema Realidad. Et tunc erit finis.

*Leonardo Boff ha escrito: Cuidar la Tierra-proteger la vida: cómo escapar del fin del mundo, Nueva Utopía, Madrid 2011; Nuestra resurrección en la muerte, Vozes 2012, Sal Terrae en español.

Wohin gehen wir?

                                                                    Leonardo Boff

Es gibt eine Konvergenz unzähliger Krisen, von denen die gesamte Menschheit betroffen ist. Ohne sie aufzählen zu müssen, beschränke ich mich auf zwei äußerst gefährliche und sogar tödliche: einen Atomkrieg zwischen militaristischen Mächten, die um die Vorherrschaft in der Welt wetteifern. Da die Sicherheit niemals vollständig ist, würde die Formel 1+1=0 funktionieren, d.h. einer würde den anderen vernichten und das gesamte menschliche Lebenssystem mit sich reißen. Die Erde wäre immer noch verarmt und voller Wunden, aber sie würde immer noch für viele Millionen Jahre um die Sonne kreisen, aber da wäre immer noch der Satan des Lebens, nämlich der verrückte Mensch, der seine Dimension der Weisheit verloren hat.

Das andere Problem ist der zunehmende Klimawandel, von dem wir nicht wissen, bei welchem Grad Celsius er sich stabilisieren wird. Eine Tatsache ist unbestreitbar und wird von den skeptischen Wissenschaftlern selbst festgestellt: Wissenschaft und Technologie kommen zu spät. Wir haben den kritischen Punkt überschritten, an dem sie uns noch helfen könnten. Jetzt können sie uns nur noch vor den kommenden Extremereignissen warnen und die schädlichen Auswirkungen minimieren. Klimaforscher gehen davon aus, dass sich das Klima schon in den nächsten Jahren weltweit auf etwa 38-40 Grad Celsius einpendeln könnte. In anderen Regionen könnten es bis zu 50 Grad werden. Es wird Millionen von Opfern geben, vor allem unter Kindern und älteren Menschen, die nicht in der Lage sein werden, sich an die veränderte Situation der Erde anzupassen.

Dieselben Wissenschaftler haben die Staaten davor gewarnt, dass Millionen von Migranten ihr geliebtes Land wegen der übermäßigen Hitze und der Frustration bei der Nahrungsmittelernte verlassen werden. Es ist möglich und wünschenswert, dass es eine globale und plurale planetarische Governance gibt, die sich aus Vertretern von Völkern und sozialen Klassen zusammensetzt, um über die Situation einer veränderten Erde nachzudenken, ohne die strengen Grenzen zwischen den Nationen zu respektieren. Es geht nicht darum, dieses oder jenes Land zu retten, sondern die gesamte Menschheit. Realistischerweise hat Papst Franziskus mehrfach gesagt: Diesmal gibt es keine Arche Noah, die einige rettet und den Rest untergehen lässt: “Entweder wir retten uns alle oder niemand wird gerettet”.

Wie Sie sehen, befinden wir uns in einer Grenzsituation. Das Bewusstsein für diese Dringlichkeit ist bei der Mehrheit der Bevölkerung sehr gering, betäubt von der kapitalistischen Propaganda des ungehemmten Konsums und von den Staaten selbst, die weitgehend von den herrschenden Klassen kontrolliert werden. Sie blicken nur auf den Horizont und glauben an einen unbegrenzten Fortschritt in der Zukunft, ohne zu erkennen, dass der Planet begrenzt ist und nicht mehr ausreicht, und dass wir 1,7 Planeten auf der Erde brauchen, um ihren üppigen Konsum zu befriedigen.

Gibt es einen Ausweg aus dieser Anhäufung von Krisen, von denen wir uns hier auf zwei beschränken? Ich glaube, dass weder der Papst noch der Dalai Lama, noch irgendein privilegierter Weiser unsere Zukunft vorhersagen kann. Wenn wir die Übel der Welt betrachten, müssen wir José Saramago zustimmen, der sagte: “Ich bin kein Pessimist; es ist die Situation, die schrecklich ist”. Ich erinnere mich an den bezaubernden Franz von Assisi, der verzaubert die leuchtende Seite der Schöpfung sah. Er forderte seine Mitbrüder jedoch auf: Betrachtet die Übel der Welt nicht zu sehr, damit ihr keinen Grund habt, über Gott zu klagen. In gewisser Weise sind wir alle ein wenig wie Hiob, der geduldig über all die Übel klagte, die ihn bedrückten. Wir beklagen uns auch, weil wir nicht verstehen, warum es so viel Böses gibt, und vor allem, weil Gott schweigt und das Böse oft triumphieren lässt, wie jetzt angesichts des Völkermords an unschuldigen Kindern im Gazastreifen. Warum schreitet er nicht ein, um seine Söhne und Töchter zu retten? Ist er nicht “der leidenschaftliche Liebhaber des Lebens” (Weisheit 11,26)?

Freud, der sich selbst nicht als gläubig bezeichnete, wird der Ausspruch zugeschrieben: Wenn ich vor Gott trete, habe ich ihm mehr Fragen zu stellen, als er mir zu stellen hat, denn es gibt so viele Dinge, die ich nie verstanden habe, als ich auf der Erde war.

Weder die Philosophie noch die Theologie haben bisher eine überzeugende Antwort auf das Problem des Bösen geben können. Sie sagen allenfalls, dass Gott, indem er uns durch die Inkarnation nahe kam – nicht um den Menschen zu vergöttlichen, sondern um Gott zu vermenschlichen -, sagen wollte, dass dieser Gott mit uns ins Exil geht, unseren Schmerz und sogar unsere Verzweiflung am Kreuz auf sich nimmt. Das ist großartig, aber es gibt keine Antwort auf den Grund des Bösen. Warum musste der vermenschlichte Gott auch leiden, “obwohl er Gottes Sohn war, lernte er Gehorsam durch seine Leiden” (Hebräer 5,8). Dieser Vorschlag lässt das Böse nicht verschwinden. Es bleibt ein Stachel im Fleisch.

Vielleicht müssen wir uns mit der Aussage des heiligen Thomas von Aquin begnügen, der eine der zugegebenermaßen brillantesten Abhandlungen “Über das Böse” (De Malo) verfasst hat, in der er am Ende vor der Unmöglichkeit der Vernunft, das Böse zu erklären, kapituliert und schlussfolgert: “Gott ist so mächtig, dass er aus dem Bösen das Gute machen kann”. Das ist Vertrauen in den Glauben, nicht in die Vernunft.Was wir  mit Sicherheit sagen können ist: Wenn die Menscheit, besonders das kapitalistische System mit seinen grossen globalen Unternehmen weiter die Natur und die Personen ausbeutet im Sinne mehr Akumulation von Reichtum fortfahrt , dann können wir mit den Worten von Sigmunt Bauman sagen: “wir alle gehen zusammen in Richtung unseres Begrägnis”.

Wenn wir erst einmal das schlimmste Verbrechen begangen haben, das je in der Geschichte begangen wurde: den gerichtlichen Mord am Sohn Gottes, indem wir ihn ans Kreuz genagelt haben, ist nichts anderes mehr möglich. Wie J.P. Sartre nach den Bombenangriffen auf Hiroshima und Nagasaki sagte: Der Mensch hat sich den Tod selbst angeeignet. Und Arnold Toynbee, der große Historiker, bemerkte: Wir brauchen nicht mehr das Eingreifen Gottes, um seiner Schöpfung ein Ende zu setzen; es ist an unserer Generation, die Möglichkeit ihrer eigenen Zerstörung zu erleben.

Pessimismus? Nein. Realismus. Aber es gehört auch zu unserer Möglichkeit, den Glaubenssprung zu wagen, der als mögliche Emergens des kosmogenen Prozesses eingeschrieben ist: Wir glauben, dass der wahre Herr der Geschichte und ihres Schicksals nicht der Mensch ist, sondern der Schöpfer, der aus den Trümmern und der Asche einen neuen Mann und eine neue Frau, einen neuen Himmel und eine neue Erde schaffen kann. Dort wird das Leben ewig sein und die Liebe, das Fest, die Freude und die Gemeinschaft aller mit allen und mit der Höchsten Wirklichkeit herrschen: Et tunc erit finis.

Leonardo Boff ist Autor von Die Erde ist uns anvertraut, Butzon&Becker, Kevelaer 2010.

PARA ONDE ESTAMOS INDO?

Leonardo Boff

Há a convergência de inúmeras crises que estão afligindo a humanidade inteira. Sem precisar citá-las restringo-me a duas, extremamente perigosas e até letais: uma guerra nuclear entre as potências militaristas, disputando a hegemonia na condução do mundo. Como a segurança nunca é total, aí funcionaria a fórmula 1+1=0.Quer dizer, uma destruiría a outra e levaria junto todo o sistema-vida humana. A Terra continuaria empobrecia,cheia de chagas, mas giraria ainda ao redor do sol por não sabemos quantos milhões de anos, mas ser esse Satã da vida que é  o ser humano demente que perdeu sua dimensão de sapiente.

A outra é a mudança climática crescente que não sabemos em que grau Celsius vai se estabilizar. Um fato é inegável, afirmado pelos próprios cientistas céticos: a ciência e a técnica chegaram atrasadas. Passamos o ponto crítico em que elas poderiam ainda nos ajudar. Agora apenas podem nos advertir dos eventos extremos que virão e minorar os efeitos danosos. Climatólogos sugerem que, nos muito próximos anos, possivelmente o clima se estabeleceria, em termos globais, em torno de 38-40 graus Celsius. Em outras regiões pode chegar por volta de 50C. Haverá milhões de vítimas, especialmente entre crianças e idosos que não conseguirão se adaptar à situação mudada da Terra.

Estes mesmos cientistas têm advertido os Estados para o fato de milhões de migrantes que deixarão suas terras queridas pelo excesso de calor e pela frustração das safras de alimentos. Possivelmente, e é o desejável, que haja, obrigatoriamente,uma governança planetária global e plural,constituída por representantes dos povos e das classes sociaispara pensar a situação da Terra mudada, não respeitando os obseletos limites entre as nações. Trata-se de salvar não este ou aquele país, mas a humanidade inteira. Realisticamente disse várias vezes o Papa Francisco: desta vez não há uma arca de Noé que salva alguns e deixa perecer os demais:”ou nos salvamos todos ou ninguém se salva”.

Como se depreende, estamos diante de uma situação limite. A consciência desta urgência é muito fraca na maioria da população, entorpecida pela progapaganda capitalista de um consumo sem freios e dos próprios estados, em grande parte controlados pelas classes dominantes. Estas só olham para um horizonte à frente, crédulas de um progresso ilimitado em direção futuro, sem tomar a sério que o planeta é limitado e não aguenta e que precisamos de 1,7 planetas Terra para satsfazer seu consumo suntuoso.

Há uma saída para este acúmulo de crises, das quais nos restringimos a duas? Creio que nem o Papa nem o Dalai Lama, nenhum sábio previlegiado podem predizer qual seja o nosso futuro. Se olharmos as maldades do mundo temos que dar razão a José Saramago que dizia: “Não sou pessimista; a situação é que é péssima”. Lembro o encantador São Francisco de Assis que, encantado, via o lado luminoso da criação. Pedia,no entanto, a seus confrades: não considerem demasiadamente os males do mundo para não terem razões de reclarmar de Deus. De certa maneira todos somos um pouco Jó que reclamava, pacientemente, de todos os males que o afligiam. Nós também reclamamos porque não entendemos o porquê de tanta maldade e especialmente porque  Deus se cala e permite que, muitas vezes, o mal triunfe como agora face ao genocídio de crianças inocentes na Faixa de Gaza. Por que não intervém para salvar seus filhos e filhas? Não é Ele “o apaixonante amante da vida”(Sabedoria 11,26)?

Atribui-se a Freud, que não se considerava um homem de fé, a seguinte frase: se aparecer diante de Deus, tenho mais perguntas a fazer a ele do que ele a mim, pois há tantas coisas que nunca entendi quando estava na Terra.

Nem a filosofia nem a teologia conseguiram até hoje oferecer uma resposta convincente ao problema do mal. No máximo é afirmar que Deus ao aproximar-se de nós pela encarnação – não para divinizar o ser humano – mas para humanizar Deus –  foi dizer que esse Deus vai conosco para o exílio, assume a nossa dor e até o desespero na cruz. Isso é grandioso, mas não responde o porquê do mal. Por que o Deus humanado teve que sofrer também ele,”embora fosse Filho de Deus, aprendeu a obediência por meio dos sofrimentos que teve”(Hebreus,5,8). Essa proposta não faz desaparecer o mal. Ele continua como um espinho na carne.

Talvez tenhamos que nos contentar com a afirmação de São Tomás de Aquino que escreveu, reconhecimente, um dos mais brilhantes tratados “Sobre o Mal”( De Malo).No fim ele se rende à impossibilidade da razão de dar conta do mal e conclui:”Deus é tão poderoso que pode tirar um bem do mal”. Isso é fé confiante, não razão raciociante.

O que podemos dizer com certa certeza: se a humanidade,especialmente, o sistema do capital com suas grandes corporações globalizadas continuar com sua lógica de de explorar até a exaustão os bens e serviços naturais em função de sua acumulação ilimitada, aí sim podemos dizer,na expressão de Sigmunt Bauman:”vamos engrossar o cortejo daqueles que estão rumando na direção de sua própria sepultura”.

Depois termos cometido o pior crime já perpetrado na história: o assassinato judicial do Filho de Deus, pregando-o na cruz, nada mais é impossível. Como disse J.P.Sartre após a bombas sobre Hiroshina e Nagasaki: o ser humano se apropiou da própria morte. E Arnold Toynbee, o grande historiador, comentou: não precisamos mais que Deus intervenha para pôr fim à sua criação; coube a nossa geração assistir à possibilidade de sua própria destruição.

Pessimismo? Não. Realismo. Mas, pertence também à nossa possibilidade de dar o salto da fé que se inscreve como uma possível emergência do processo cosmogênico: cremos que o verdadeiro senhor da história e de seu destino não é o ser humano, mas o Criador que das ruínas e das cinzas pode criar um homem novo e uma mulher nova, um novo céu e uma nova Terra. Lá a vida é eterna e reinará o amor, a festa, a alegria e a comunhão de todos com todos e com a Suprema Realidade.Et tunc erit finis.

Leonardo Boff escreveu: Cuidar da Terra-proteger a vida: como escapar do fim do mundo, Record, Rio de Janeiro 2010; A nossa ressurreição na morte, Vozes 2012.

Die historische Stärke der Armen und Unterdrückten

                    Leonardo Boff

Ich war schon immer von einer kleinen Geschichte beeindruckt, die im Buch „Prediger“ im Alten Testament erzählt wird. Es wird angenommen, dass Prediger das Werk des weisen Königs Salomo ist. Er wäre das, was wir heute einen Gelehrten oder einen Universitätsprofessor nennen würden (auf Hebräisch Kohelet). Er ist bekannt durch den Ausdruck “Eitelkeit der Eitelkeiten, alles ist eitel” (1,2). Einige moderne Versionen übersetzen: “Illusion, reine Illusion; alles ist Illusion”.

Das ganze Buch ist eine unermüdliche Suche nach dem Glück, aber er wird mit dem unausweichlichen Tod konfrontiert, der alles Suchen zu Illusionen macht, zu reinen Illusionen. Aber das hindert ihn nicht daran, gottesfürchtig und ethisch in seiner Empörung angesichts der Unterdrückung zu sein: “Wie viele Tränen sind die der Unterdrückten, die niemanden haben, der sie tröstet, wenn sie unter der Macht der Unterdrücker stehen… Glücklich ist, wer nicht geboren ist, weil er das Böse, das unter der Sonne geschieht, nicht gesehen hat” (4,1.3).

Die kleine Geschichte geht so: “Es war einmal eine Stadt mit wenigen Einwohnern. Ein mächtiger König marschierte auf sie zu, belagerte sie und errichtete große Angriffsrampen gegen sie. In der Stadt lebte ein armer, weiser Mann, der sie mit seiner Weisheit hätte retten können. Aber niemand erinnerte sich an diesen armen Mann. Die Weisheit des armen Mannes wird verachtet und seine Worte werden nicht gehört” (9,14-16).

Diese Beobachtung führt mich zur lateinamerikanischen Befreiungstheologie. Es ist eine Theologie, deren artikulierende Achse “die nicht-exklusive Option für die Armen, gegen die Armut und für ihre Befreiung” ist. Sie stellt die Armen in den Mittelpunkt, wie es das Evangelium des historischen Jesus tut: “Glücklich seid ihr Armen, denn euch gehört das Reich Gottes” (Lk 6,20). Aber die Befreiungstheologie hat etwas noch nie Dagewesenes, das über die traditionelle öffentliche Wohlfahrt und den Paternalismus hinausgeht, der zwar Nächstenliebe gegenüber den Armen praktizierte, sie aber in ihrer Situation der Armut beließ.

Die Befreiungstheologie brachte etwas Einzigartiges: Sie erkannte die historische Stärke der Armen an. Sie begannen zu begreifen, dass ihre Armut weder gottgewollt noch natürlich ist, sondern die Folge sozialer und politischer Kräfte, die sie ausbeuten, um sich auf ihre Kosten zu bereichern und sie so arm zu machen. Sie sind also nicht einfach nur arm, sondern werden unterdrückt.

Gegen jede Unterdrückung steht die Befreiung. Im Bewusstsein dieser Tatsache und organisiert bilden sie soziale Kräfte, die in der Lage sind, zusammen mit anderen Kräften die Gesellschaft zu verändern, damit sie besser wird und nicht so ungerecht, unterdrückend und ungleich ist.

Die Christen ließen sich von der Tradition des Exodus inspirieren (“Ich hörte das Geschrei meines unterdrückten Volkes und stieg herab, um es zu befreien”, Ex 3,7), von der der Propheten, die die Unterdrücker der Armen und Witwen, die herrschenden Eliten und die Könige anprangerten (Jesaja, Amos, Hosea, Jeremia) und Gott sagen ließen: “Ich will Barmherzigkeit und nicht Opfer; sucht das Recht, richtet den Unterdrücker, gebt den Waisen und Witwen Recht” (Jesaja, 1,17), aber vor allem in der Praxis des historischen Jesus, der immer klar auf der Seite des leidenden Lebens stand, insbesondere der Armen, der Kranken, der Ausgegrenzten, der Frauen, und eine wirklich befreiende Praxis des menschlichen Leidens ausübte. Er verkündete ihnen den Plan Gottes, eine absolute Revolution: ein Reich der Liebe, des Friedens, der Vergebung, des Mitgefühls und auch der Herrschaft über die rebellische Natur.

Dies ist die Grundlage der Befreiungstheologie. Marx war weder der Vater noch Pate dieser Art von Theologie, wie ihr heute noch viele vorwerfen. Die Befreiungstheologie gründet sich auf die prophetische Tradition und Praxis des historischen Jesus. Vergessen wir nicht, dass er von den Religiösen seiner Zeit, die mit der römischen politischen Macht verbunden waren, wegen der Freiheit, die er sich von unterdrückenden Gesetzen und dem Bild eines rächenden Gottes nahm, verurteilt und ans Kreuz gehängt wurde. Er hat für alles die Liebe und die Barmherzigkeit als Maßstab gewählt. Wenn sie nicht der Liebe dienten und nicht zur Barmherzigkeit führten, brach er mit den Sitten und Gebräuchen, die das Leben des ganzen Volkes belasteten.

Die Befreiungstheologie gab den Armen ein Vertrauensvotum, indem sie als Protagonisten ihrer eigenen Befreiung und als Akteure in einer Gesellschaft werden,wie der unseren betrachtete, die immer mehr Arme schafft und sie schändlich verachtet und an den Rand drängt. Sie beruht auf der Ausbeutung der Menschen, auf Wettbewerb und nicht auf Solidarität, auf dem unverantwortlichen Raubbau an der Natur und nicht auf der Sorge um sie.

Die Erfahrung, die wir gemacht haben, ist genau die, die im Buch Prediger beschrieben wird: Die Armen sind weise, sie lehren uns, weil ihr Wissen aus Erfahrungen besteht; wir tauschen unser Wissen aus, unser wissenschaftliches Wissen und ihr Erfahrungswissen, und auf diese Weise vereinen wir unsere Kräfte. Wir entdecken, dass sie, wenn sie sich in Gemeinschaften und Bewegungen organisieren und als Bürger an Parteien teilnehmen, die sich für soziale Gerechtigkeit einsetzen, ihre Fähigkeit offenbaren, Druck auszuüben und sogar soziale Veränderungen durchzusetzen.

Aber wer sind die Politiker in den Parlamenten und die wenigen Regierungen, die ihnen zuhören und auf ihre Forderungen eingehen? In der Regel wird nur bei Wahlen auf sie gezählt, um sie für ihre meist fiktiven Projekte zu verführen.

Ich werde Ihnen, nicht ohne Schwierigkeiten, erzählen, was mir passiert ist. Der große Philosoph und Jurist Norberto Bobbio von der Universität “degli Studi” in Turin wollte die Befreiungstheologie ehren, indem er mir den Titel eines “doctor honoris causa” in Politik verlieh. Abteilungen des Vatikans und der Kardinal von Turin übten starken Druck aus, um die Veranstaltung zu verhindern, was den Philosophen und Juristen Bobbio sehr verärgerte. Die Veranstaltung fand in seinem Beisein statt, der inzwischen alt und krank war. In der Urkunde der Universität heißt es: “Die Persönlichkeit des Franziskaners Leonardo Boff zeichnet sich sowohl durch seine Forschungen in den politischen und theologischen Wissenschaften als auch durch sein ethisches und soziales Engagement aus. Seine Schriften und seine Überlegungen, die sehr originell und von einer bürgerlichen Leidenschaft getragen sind, stehen im Mittelpunkt einer leidenschaftlichen politischen und kirchlichen Debatte in der heutigen Welt”. Am 27. November 1990 wurde mir der oben erwähnte Titel verliehen.

Noberto Bobbio war von der Rede, die ich zur Würdigung des Titels hielt, so beeindruckt, dass er sagte: “Wir Linken mussten auf einen Theologen warten, der uns daran erinnert, dass die Armen Subjekte der Geschichte sind” (vgl. M. Losano, Norberto Bobbio: uma biografia cultural, E. Unesp 2022, S. 460-463).

Für mich war es die Bestätigung der Wahrheit der Prediger-Geschichte: Wir müssen auf die Armen hören (um ihretwillen wurde ich mit dem Titel geehrt), die, bevor sie die Buchstaben lesen, die Welt richtig lesen. Ohne ihre Weisheit und die der ursprünglichen Völker werden wir unsere Gesellschaften nicht retten und auch die Katastrophen unserer Zivilisation nicht vermeiden können.

Leonardo Boff Autor von: Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018; La búsqueda de la justa medida: cómo equilibrar el planeta Tierra, Vozes 2023.