La nueva teología del Ecoceno

Entrevista a Leonardo Boff

27 Enero de 2020

Esta entrevista foi dada em janeiro de 2020 e publicada na Italia. Ela, ao parecer, possui ainda atualidade. Por isso publico a versão espanhola.

A situação se agravou enormemente com a intrusão do Covid-19 especialmente com o negacionismo do atual presidente de extrema direita autoritária e até boçal. Mas sobre isso já escrevemos bastante.

De un Brasil en crisis, esclavizado, “campo de batalla en la guerra fría entre Estados Unidos y China”, de un continente explotado “para satisfacer a las superpotencias”, humillado, pisoteado, llega un mensaje de esperanza. De renovación. Que toca los temas del ambiente “rumbo a un nuevo Ecoceno” y de la igualdad social. Que habla del papel de la mujer, del nuevo rostro de la Iglesia, la del Papa Francisco. Un mensaje libre, “como el Espíritu Santo”.

El reportaje es de Annachiara Sacchi, publicado en el cuaderno La Lettura del Corriere della Sera del 26-01-2020.

Leonardo Boff, exponente destacado de la teología de la liberación, incómodo cuando era sacerdote y también después (dejó de ser fraile franciscano en 1992; en 1985 había sido advertido por la Congregación para la Doctrina de la Fe), activista de los derechos humanos y de la ecología, profesor universitario, está confiado: “En toda gran crisis hay la posibilidad de un cambio, pueden nacer nuevas fuerzas. Y Brasil es mayor que esa crisis”.

Esta es la entrevista.

¿Profesor Boff, está usted optimista o no?

En realidad, estoy preocupado. La situación en Brasil es trágica: el ultraliberalismo de Jair Bolsonaro, la extrema derecha política que hace apología de la violencia y de los regímenes dictatoriales, que exalta a los torturadores como héroes nacionales… Nunca vivimos nada semejante.

¿Cuál  es la explicación?

Detrás de eso, está el proyecto de recolonizar América Latina y obligarla a ser solamente exportadora de commodities (carne, alimentos, minerales…). Y, en esa estrategia perversa,  Brasiles central.

¿Por qué?

Porque es un país riquísimo, una reserva de bienes naturales que faltan en el mundo. Como dijo varias veces el premio Nobel Joseph Stiglitz, en los próximos años toda la economíadependerá de la ecología. Y Brasil tendrá un papel primordial en ese juego.

¿Es difícil vivir en Brasil hoy?

Mucho. El ministro de Economía, Paulo Guedes, es uno de los “Chicago Boys”, formados en la Universidad de Chicago, que trabajaron en el Chile de Pinochet. El ultraliberalismo de derecha está haciendo una política de los ricos para los ricos, está privatizando todo. Guedes está trayendo la política de Pinochet a Brasil. ¿Y sabes por qué nadie protesta, por qué la gente no sale a la calle como está pasando ahora en Chile? 

No.

¡Porque el gobierno anunció que reprimirá cualquier protesta con el ejército! Aquí todos tienen miedo, aunque el descontento crezca. Pero dentro de las paredes de casa. Asistimos a una triste forma de inercia popular.

En América Latina presidentes como Evo Morales y Lula cerraron su era. Ahora, nuevas fuerzas orientan la opinión pública. ¿El impulso reformista acabó?

Tuvimos gobiernos que hicieron mucho por los pobres. En Brasil, 36 millones de personas fueron incluidas en el welfare. Pero el año pasado, un millón de familias pasaron de la pobreza a la miseria. El gobierno está desmontando las políticas sociales de Lula. Estamos tratando con una élite reaccionaria y esclavista que nunca aceptó que un obrero –en el caso de Brasil, Lula, o un indígena en el caso de BoliviaEvo Morales– llegase a la presidencia del país. Esa élite ha hecho de todo con los medios más brutales. Pero a esta ola de violencia se le está oponiendo un movimiento de grupos progresistas, de afro-latino-americanos, de indígenas. Son los brotes de una realidad que veremos. Esa es la esperanza que nutrimos.

¿Ve usted algún nuevo líder político?

Lamentablemente no. Estamos en un momento de vacío, faltan figuras carismáticas, principalmente en Brasil. Tal vez también por culpa de Lula, gran carismático, pero que no supo formar una clase dirigente con nuevos carismas.

Su nuevo libro en italiano, “Soffia dove vuole” (Sopla donde quiere) habla del Espíritu Santo. ¿Por qué?

Los tiempos inquietantes que estamos viviendo exigen una reflexión seria sobre el Spiritus Creator.

Que quedó al margen de la teología

Eso no es cierto. Existen estudios grandiosos sobre el Espíritu, desde el de Yves Congar hasta el de Jürgen Moltmann, en diálogo con el nuevo paradigma cosmológico. Pero lo que podemos decir es esto: el Espíritu Santo ha estado casi siempre al margen de la jerarquía eclesiástica. Y con razón.

¿Cómo es eso?

La jerarquía está orientada hacia “áreas” como el poder, el orden, los dogmas, el derecho canónico, en una condición constante de autorreferencia. Son todos aspectos que sirven para mantener el statu quo y que tienen su razón de ser, no niego eso. Del mismo modo, sin embargo, ellos no pueden ser predominantes. El Espíritu es más carisma que poder, más movimiento que estabilidad, más innovación que permanencia. Él sigue una lógica diferente a la de la jerarquía de la Iglesia. Por eso, casi todos los predicadores del  Espíritu Santo fueron marginados o perseguidos. Los hechos confirman eso. Mi libro juzgado en 1985 por la Congregación para la Doctrina de la Fe (cuyo prefecto era Joseph Ratzinger), se titulaba Iglesia: carisma y poder. En Roma sin embargo lo leyeron como “Iglesia: carisma o poder”. Por esa confusión, me condenaron.

¿En vez de eso, que es lo que usted quería decir?

Yo quería crear un equilibrio entre carisma y poder. Pero ese equilibrio debe comenzar por el carisma. Si se comienza con el poder, se corre el riesgo de que este sofoque al carisma. En vez de eso, si se comienza con el carisma se impide que el poder sea ejercido de forma autoritaria, se le imponen límites, y se le obliga a ser poder-servicio y ponerse al servicio de la comunidad.  

¿Cuál es el papel del Espíritu Santo hoy?

Estamos en un momento histórico, el Antropoceno, en el que las bases que sustentan la vida y la Tierra han sido profundamente atacadas. O cambiamos o morimos. El Espíritu es Spiritus CreatorSpiritus Vivificans. Sólo el Espíritu puede restaurar el equilibrio destruido por la voracidad del hombre. Sólo con el Espíritu es posible superar el Antropoceno y llegar al Ecoceno, a una sociedad sostenible, vital, abierta a la convivencia de todos con todos donde lo ecológico ocupará la centralidad. De ahí, ecoceno.

¿Por qué, en su elaboración teológica, usted insiste en enfatizar el papel de la ciencia?

No es posible hacer una teología actualizada sin un diálogo profundo con la nueva visión del mundo proveniente de las ciencias de la vida, de la Tierra, del cosmos. Esa lectura tiene ya un siglo, pero no es hegemónica. Son pocos los teólogos que han aceptado este desafío.

¿Por qué?

Porque obliga a estudiar ciencias diferentes: la física cuántica, la nueva biología, la astrofísica, la teoría del caos y de la complejidad. Después de tal camino, digo esto por experiencia, es más fácil hacer teología, porque con esos datos, Dios aparece inmediatamente como la energía misteriosa y amorosa que sustenta todo y que lleva adelante todo el proceso cosmogénico. La categoría teológica del Espíritu Santo es más adecuada para esa nueva forma de teología.

¿La conciencia ecológica qué tiene que ver con el Espíritu Santo?

El principal objetivo de mi libro es afirmar que el diálogo con la ecología y con la nueva cosmología nos obliga a cambiar el paradigma. El paradigma de la filosofía y de la teología occidentales es de raíz griega, esencialista, basado en naturaleza, sustancia, esencia y otros términos semejantes que pertenecen al área de la permanencia, de la estabilidad. En vez de eso, cuando se habla de Espíritu, todo es dinamismo, innovación. Hay que cambiar la forma de pensar a Dios, la historia, la Iglesia. Dios es dinamismo de tres personas divinas en comunicación entre sí y con la creación. 

¿Teología de la ecología, entonces?

Yo he tratado de hacer una teología con un nuevo horizonte de comprensión. El mismo que el Papa Francisco indica en la encíclica Laudato si’: todo es relación; nada existe fuera de la relación. Poéticamente Francisco escribe: “El sol y la luna, el cedro y la florecilla, el águila y el gorrión: el espectáculo de sus incontables diversidades y desigualdades significa que ninguna criatura se basta a sí misma. Ellas existen solo en dependencia unas de otras, para completarse mutuamente en el servicio de unas a otras”. La tesis de la ecología es precisamente esta: todo está conectado para formar la gran comunidad de vida, el todo de la naturaleza y del universo. Y este modo de pensar corresponde a la naturaleza del Espíritu Santo.

¿Le parece a usted que la Iglesia católica está lista para aceptar estas reflexiones suyas?

La situación es diferente en cada país, pero en todas partes faltan profetas. Con Wojtyla y Ratzinger asistimos al retorno de la gran disciplina, vimos una Iglesia cerrada en sí misma, preocupada con la ortodoxia, atenta a combatir enemigos como la modernidad, las nuevas libertades. Y, sobre todo distante del pueblo, con una teología erudita pero pobre en innovacióny una liturgia ajena a la sensibilidad moderna.

Mientras que ahora…. 

Con el Papa Francisco surge otro tipo de Iglesia, abierta como un hospital de campaña, donde la centralidad no es tanto la ortodoxia, sino la pastoral del encuentro, de la ternura, de la convivencia. Para el Papa Francisco las doctrinas son importantes, pero lo más importante es entender que Cristo vino para enseñarnos a vivir los bienes del reino como el amor incondicional, la misericordia, la solidaridad, la compasión por quien sufre, por los últimos en total apertura al Padre de bondad y misericordia.

¿Mensaje recibido?

No siempre. Muchos católicos tradicionalistas no se han dado cuenta de que estamos ante otro tipo de papa, menos doctor y más pastor en medio de su pueblo. Un papa que lleva menos los símbolos paganos de los emperadores romanos y más la sencillez de un párroco de aldea, sencillo humilde, amigo de todos. Un hombre que viene de lejos, por eso es libre. Si no fuese así, ¿por qué el nombre de Francisco? Sería una contradicción pensar en San Francisco de Asís en un palacio pontificio. Pero tenemos a Francisco de Roma que vive y come con todos los demás, no él solo. 

¿El aumento de las protestas públicas en la Iglesia contra el Papa Francisco le preocupa?

No me preocupa, porque no le preocupa. ¿Cómo sé esto? El papa duerme desde las 21h30 hasta las 5h30 como un tronco, bebe su mate y lleva adelante, franciscanamente, su misión, con una irradiación mundial en sentido religioso, ético y político. Nos conocemos desde 1972. Intercambié con él algunas cartas sobre temas de ecología y sobre el Sínodo para la Amazoniade octubre pasado.

¿A propósito, qué espera usted de la exhortación apostólica pos-sinodal de Francisco, que se espera en breve?

Algo bueno. Sobre todo sobre la defensa del rostro indígena de la Iglesia y sobre las mujeres. En mis cartas le pedí que hiciese un gesto profético sin pedir nada a nadie, como hizo Juan XXIII cuando convocó el Concilio Vaticano II.

¿Qué gesto?

Ordenar a las mujeres.

¿Y le respondió?

Me gradeció la carta. 

Usted dedica su libro a las mujeres

Yo digo que la primera Persona divina en entrar en este mundo, o en irrumpir en el proceso de la evolución, no fue el Hijo, como dice la Iglesia. Fue el Espíritu Santo. Esto está muy claro en el texto de Lucas: “El Espírito vendrá sobre ti… y te cubrirá con su sombra”. Hice una búsqueda de meses en patrología: no hay ningún rastro de la centralidad del Espíritu. Ni siquiera en los grandes teólogos. De acuerdo con una lectura predominantemente masculina, prevalece el Hijo. Pero el Hijo vino después de la aceptación (“fiat”) de María, por lo tanto después del Espíritu. Y digo más aún: el Espíritu asumió a María, la divinizó. En el proyecto del Altísimo, hombre y mujer son igualmente divinizados. Forman parte de Dios.

Hoy la teología de la liberación es ecoteología, teología feminista, teología afro. Los pobres siguen siendo muchos y oprimidos. ¿La teología de la liberación tiene todavía un largo camino por delante?

La existencia de los pobres, de los oprimidos me hace pensar siempre en Jesús, en San Francisco y en tantos otros que tuvieron misericordia de ellos. Mientras existan pobres, especialmente en la medida en que su número aumenta, más necesaria se hace una teología de liberación. Es la situación actual en todo el mundo.  

Le acusaron de ser pro-marxista.

Marx nunca fue padre ni padrino de la teología de la Liberación, como insinuaban los dictadores latinoamericanos. Pero hoy, más que nunca, la teología de la liberación es urgente. El ejército de los pobres ha aumentado terriblemente. Si la teología, sea la que sea, no toma en serio la situación actual difícilmente se librará de la crítica de cinismo y de irrelevancia histórica. Es preciso leer los signos de los tiempos. El Espíritu nos invita a tomar una posición del lado de las víctimas, de aquellos que el sistema imperante ha hecho invisibles.

El libro en español se titula El Espíritu Santo: fuego interior, dador de vida y padre de los pobres, PAVSA, Managua 2014; Trotta, Madrid 2014  

Traducción de Mª José Gavito Milano

San José, patrono de la buena muerte

Un manto de tristeza y de desamparo se extiende sobre todo el planeta, especialmente sobre nuestro país. Somos víctimas de un gobierno cuyo jefe de Estado está dominado por una inequívoca pulsión de muerte que lo vuelve insensible a las casi trescientas mil víctimas de la Covid-19, e incapaz de palabras de solidaridad con los familiares y hasta con los auxiliares próximos fallecidos. Parece que hubiera sufrido una lobotomía, volviéndose indiferente al dolor y a la tragedia humana.

El día 19 de marzo se celebra en el mundo cristiano la fiesta de San José. Tuvieron que pasar cerca de 15 siglos para que la gran institución-Iglesia (Papa, obispos y sacerdotes) le concediesen algún valor y sentido. Ella no sabía qué hacer con San José, pues ella es una Iglesia de la palabra y él no dijo ninguna. Guardó siempre silencio y sólo tuvo sueños. Como los psicoanalistas nos enseñan, el sueño es también una forma de comunicación de las dimensiones de la profundidad humana, de los arquetipos más ancestrales donde anidan los “Grandes Sueños” (C.G.Jung), los miedos, las preocupaciones y esperanzas de la existencia humana. Sólo en 1870 fue proclamado Patrono de la Iglesia Universal, no por el Papa Pío IX sino por la Congregación de Ritos. 

A decir verdad, él es más patrono de la Iglesia-pueblo-de-Dios, de los humildes, de los anónimos, de la “gente buena” trabajadora que de la Iglesia-gran-institución. Aquellos son los que viven, sin mucha reflexión, los ideales de su hijo Jesús de buena voluntad, de amor, de solidaridad y de reverencia ante el misterio de la vida y de la muerte. Ellos dieron el nombre de José a hombres y también a mujeres (como por ejemplo, María José, la  traductora de mis textos al espanol), a ciudades, a calles, a instituciones públicas y a escuelas.

El Papa Francisco convocó a los fieles para reflexionar durante todo este año sobre larelevancia de la figura de San José, especialmente como padre en una sociedad sinpadre o con padre ausente. Publicó una Carta Apostólica “Patris corde” (corazón de padre o padre de corazón) en la cual delinea en siete rasgos sus principales características: “un padre amable, padre de ternura, padre de obediencia, padre de acogida, padre de valor creativo, padre trabajador y padre en la sombra”.

En el contexto actual cabe recordar una devoción muy popular, la de San José, patrono de la buena muerte, ya que la muerte se extiende por el mundo y en Brasil, junto con Estados Unidos, está haciendo el mayor número de víctimas.

Las informaciones sobre la muerte de San José se encuentran solo en un evangelio apócrifo (no canónico) “La historia de José, el carpintero” escrito entre los siglos IV yV en Egipto (edición de Vozes de 1990). Se trata de una larga narración en la cual Jesús cuenta a los Apóstoles cómo era su padre José y cómo murió. 

El apócrifo contextualiza su vida y su muerte, testimoniando que al volver del exilio forzado en Egipto, fue a vivir en Nazaret, donde “mi padre José, el anciano bendito, siguió ejerciendo la profesión de carpintero y, así, con el trabajo de sus manos, pudimos mantenernos; nunca jamás se podrá decir que comió su pan sin trabajar” (capítulo IX). Narra también que “yo llamaba a María, mi madre y a José, mi padre; les obedecía en todo lo que me ordenaban, sin permitirme replicarles ni una palabra; al contrario, les dedicaba siempre gran cariño”(c. XI).

Pero llegó un momento, ya en edad avanzada, que José enfermó: “perdió las ganas de comer y de beber, y sintió vacilar su habilidad en el desempeño de su oficio” (c.XV). Narra con pormenores que, echado en la cama, “se puso extremadamente agitado” y empezó a quejarse, profiriendo muchos ayes (c. XV e XVI). A oir tales ayes Jesús dice: “entré en el aposento en que se encontraba y lo saludé: salve, José, mi querido padre, anciano bondadoso y bendito”. A lo que José respondió: “Salve, mil veces, querido hijo! Al oír tu voz, mi alma recobró su tranquilidad (c.XVII).

No mucho después ocurrió el desenlace: “mi padre exhaló su alma con un gran suspiro” (c.XXI). Y concluye: “entonces yo me eché sobre el cuerpo de mi padre José; cerré sus ojos, cerré su boca y me levanté para contemplarlo” (c.XXIV). En el momento en que era llevado al túmulo, comenta Jesús: “Me vino a la mente el recuerdo del día en que me llevó a Egipto y las grandes tribulaciones que soportó por mí. No me contuve, me lancé sobre su cuerpo y lloré largamente” (c.XXVII).

Al final, terminando su narración, Jesús hace una petición a los apóstoles: “Cuandoseáis revestidos de mi fuerza y recibáis el Soplo de mi Padre, es decir, del EspírituParáclito y seáis enviados a predicar el evangelio, predicad también sobre mi querido padre José” (c.XXX).

Con esta pequeña reflexión estamos cumpliendo el mandato de Jesús. Ojalá San José acompañe con su fuerza y su cariño paterno a los miles de personas que están en las UCIs luchando por sus vidas, contra este terrible ataque que la Madre Tierra halanzado contra la humanidad, mandándonos la Covid-19 como señal: no prolonguenel estilo de vida consumista y devastador de los bienes y servicios limitados de la naturaleza; asuman un nuevo modo sostenible de vida y establezcan un lazo de amor y de respeto con la naturaleza y con todos sus seres, nuestros hermanos y hermanas, dentro de la Casa Común, el planeta Tierra, nuestra grande y bondadosa madre.

*Leonardo Boff ha escrito San José: el padre, el artesano y el educador, Vozes 2012

Traducción de Mª José Gavito Milano

São José, padroeiro da boa morte

Um manto de tristeza e de desamparo se estende sobre o inteiro planeta, especialmente, sobre o nosso país. Somos vítimas de um governo cujo chefe de Estado é dominado por uma inequívoca pulsão de morte que o torna insensível aos trezentos mil vitimados pelo Covid-19 e incapaz de palavras de solidariedade aos familiares e até aos auxiliares próximos falecidos. Parece que sofreu uma lobotomia, tornando-se indiferente à dor e à tragédia humana.

Hoje, dia 19 de março, se celebra no mundo cristão a festa de São José. Demorou cerca de 15 séculos para a Grande Instituição-Igreja (Papa, bispos e padres) conceder-lhe algum valor e sentido. Ela não sabia o que fazer com São José, pois ela é uma Igreja da palavra e ele não proferiu nenhuma. Guardou sempre silêncio e só teve sonhos. Como nos ensinam os psicanalistas, o sonho também é uma forma de comunicação, das dimensões do  profundo humano, dos arquétipos mais ancestrais onde se aninham os “Grandes Sonhos”(C.G.Jung), os medos, as preocupações e esperanças da humana existência.Só em 1870 foi proclamado Patrono da Igreja Universal, não pelo Papa Pio IX mas pela Congregação dos Ritos.

Na verdade, ele é mais  o patrono da Igreja-povo-de-Deus, dos humildes, dos anônimos, da “gente boa” e trabalhadora do que da Igreja-Grande-Instituição. São eles  que vivem, sem muita reflexão, os ideais de seu filho Jesus, de boa vontade,  de amor, de solidariedade e de reverência face ao mistério da vida e da morte. Eles deram o nome de José a homens e à mulheres (com por exemplo, Maria José), à cidades, à ruas, à instituições públicas e à escolas.

O Papa Francisco convocou os fiéis para, durante um ano, refletirem sobre a relevância da figura de São José, especialmente como pai numa sociedade sem pai ou do pai ausente.  Publicou uma Carta Apostólica “Patris corde” (coração de pai ou pai de coração) na qual em sete pontos delineia suas principais características:“um pai amável, pai de ternura, pai de obediência, pai de acolhida, pai de coragem criativa, pai trabalhador e pai na sombra”.

No atual contexto, cabe recordar uma devoção muito popular, a de São José, padroeiro da boa morte, já que a morte se alastra no mundo e no Brasil faz as maiores vítimas junto com os EUA.

As informações sobre a morte de São José se encontram apenas num evangelho apócrifo (não canônico) “A história de José, o carpinteiro” escrito entre o século IV e V no Egito (edição da Vozes de 1990). Trata de uma longa narração na qual Jesus conta aos apóstolos como era seu pai José e como morreu.

O apócrifo contextualiza sua vida e sua morte, testemunhando que, ao voltar exílio forçado no Egito, foi viver em Nazaré, onde “meu pai José, o ancião bendito, continuou exercendo a profissão de carpinteiro e, assim com o trabalho de suas mãos, pudemos nos manter; jamais se poderá dizer que comeu seu pão sem trabalhar” (capítulo IX). Narra ainda que “eu chamava a Maria de minha mãe e a José de meu pai; obedecia-lhes em tudo o que me ordenavam, sem me permitir replicar-lhes uma palavra; ao contrário, dedicava-lhes sempre grande carinho”(c. XI).

Mas chegou um momento, já em avançada idade, que adoeceu:”perdeu a vontade de comer e de beber; e sentiu vacilar a  habilidade no desempenho de seu ofício”(c.XV). Narra com pormenores que, deitado na cama, “ficou extremamente agitado” e começou a se lamentar proferindo  muitos ais (c.  XV e XVI). Ao ouvir tais ais Jesus “penetrou no aposento em que se encontrava e saudou-o: salve, José, meu querido pai, ancião bondoso e bendito”. Ao que José  retrucou:”Salve, mil vezes, querido filho! Ao ouvir tua voz, minha alma cobrou a sua tranquilidade (c.XVII).

Não demorou muito e ocorreu o desenlace:”meu pai exalou sua  alma com um grande suspiro”(c.XXI). E conclui: “eu então, me atirei sobre o corpo de meu pai José; fechei seus olhos, cerrei sua boca e levantei-me para contemplá-lo”(c..XXIV). No momento em que é levado ao túmulo, comenta Jesus:”Veio-me à mente a recordação do dia em que me levou ao Egito e das grandes tribulações que suportou por mim. Não me contive e lancei-me sobre seu corpo e chorei longamente”(c.XXVII).

Por fim, Jesus terminando sua narrativa, faz um pedido aos apóstolos:”Quando fordes revestidos de minha força e receberdes o Sopro de meu Pai, isto é, do Espírito Paráclito e fordes enviados a pregar o evangelho, pregai também a respeito de meu querido pai José”(c.XXX).

Com esta pequena reflexão estamos cumprindo o mandato de Jesus. Oxalá São José acompanhe com sua força e carinho paterno os milhares que estão nas UTIs lutando por suas vidas, contra este terrível ataque que a Mãe Terra desferiu contra a humanidade, mandando-nos o Covid-19 como sinal:  não prolonguem o estilo de vida consumista e devastador dos bens e serviços limitados da natureza; assumam um novo modo sustentável de vida e estabeleçam um laço de amor e de respeito para com a natureza e para com todos os seus seres, nossos irmãos e irmãs, dentro da  Casa Comum, o planeta Terra, nossa grande e bondosa Mãe.

Leonardo Boff escreveu São José: o pai, o artesão e o educador, Vozes 2012.


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Desafios para educação face às mudanças na vida e na humanidade

                                           Leonardo Boff*

A intrusão do coronavírus desde 2019, afetando pela primeira vez todo o planeta e cada uma das pessoas, não nossos animais domésticos como gatos e cachorros, tem um significado que é importante decifrar. Nada na natureza e em Gaia, nossa Mãe Terra, é sem propósito.

Que lição devemos aprender com esta pandemia? Para isso, não basta falar em ciência, tecnologia e todos os outros insumos. Mas devemos nos perguntar qual é o contexto do vírus? Ele não pode ser considerado isoladamente. É preciso identificar as condições que permitiram sua irrupção e sua devastação da espécie humana.

O Antropoceno e o Necroceno como contexto do Covid-19

O contexto da irrupção do Covid-19 reside no Antropoceno e no Necroceno. Em outras palavras, o motivo é a agressão sistemática que os seres humanos exercem contra a natureza e a Mãe Terra. Como muitos cientistas afirmaram: inauguramos uma nova era geológica: o Antropoceno. Ou seja, a grande ameaça à vida e até mesmo à vitalidade da Terra não se deve a um meteoro rasante que caiu no planeta, mas a nós, seres humanos.

Como não possuímos nenhum órgão especializado que garanta nossa subsistência – somos um ser biologicamente deficiente (Mangelwesen do antropólogo Arnold Gehlen) e também pelo fato não termos um habitat específico, temos que trabalhar a natureza e assim criar nosso oikos (casa,habitat) de modo a assegurar nossa existência e subsistência.

Nesse processo que criar nosso habitat,trabalhando a natureza, identificamos várias etapas.Nas primeiras fases da antropogênese, há milhões de anos, o ser humano teve uma relação para com a natureza de  interação harmoniosa, respeitando seus ritmos. Mais tarde no neolítico, há cerca de 10-12 mil anos, passou a uma relação de  intervenção, com a gestão da água, com a irrigação e as culturas agrícolas e de animais, já rompendo a sinergia com a dinâmica da natureza; Depois, na era industrial, passou-se à agressão direta, explorando a natureza sem considerar suas possibilidades e limites, com a falsa premissa de que os recursos naturais são infinitos que permitiriam um desenvolvimento igualmente infinito. No entanto, uma Terra com bens e serviços finitos não suporta um projeto infinito. Apesar disso, continuamos a desconsiderar tais limites, querendo extrair da Terra o que ela já não pode mais nos dar (a Sobrecarga da Terra, o Overshoot).Esse processo de superexploração nos levou à fase atual de   destruição da natureza. Não é mais o Antropoceno, mas o Necroceno, ou seja, a devastação massiva de formas de vida.

Estes são os  dados aterrorizantes fornecidos por Edward Wilson, um dos maiores biólogos atuais: a cada ano,  cerca de 100 mil espécies de seres vivos desaparecem, após milhões e milhões de anos de presença no planeta. Um milhão de outras espécies também correm grande risco de desaparecerem.

Aqui reside a causa da intrusão do coronavírus: a relação agressiva e danosa do ser humano com seu meio vital, destruindo as bases físicas, químicas, ecológicas que sustentam a vida. Por isso é válida a afirmação da Laudato Si do Papa Francisco: “Nunca maltratamos e prejudicamos a nossa casa comum como nos últimos dois séculos” (n.53). E continua: “As previsões catastróficas não podem mais ser vistas com desprezo e ironia … ultrapassamos as possibilidades do planeta, de tal forma que o atual estilo de vida insustentável só pode terminar em catástrofe”(n.161). Na outra encíclica Fratelli tutti que é um aprofundamento do Laudato Si, ele enfaticamente afirma “Estamos no mesmo barco: ou não salvamos todos ou ninguém salva”(n.32). Por isso, cobra “uma conversão ecológica radical” (n.5).

Na mesma direção vai a Carta da Terra de 2003, um dos documentos mais importantes nascidos de baixo, a partir de uma consulta a milhares de pessoas de todas as partes do mundo e de todas as classes sociais e assumida pela UNESCO como uma contribuição para uma nova educação, que afirma em seu primeiro parágrafo: “Estamos diante de um momento crítico na história da Terra, numa época em que a humanidade deve escolher seu futuro… Nossa escolha é: ou formamos uma aliança global para cuidar da Terra e uns dos outros, ou arriscamos nossa destruição e a  destruição da diversidade da vida”.  

Para encerrar esse cenário ameaçador convém citar a última frase de um dos maiores historiadores do século XX, o inglês Eric Hobsbawn, em seu conhecido livro-síntese “A era dos extremos” (1994). «O futuro não pode ser a continuação do passado … O nosso mundo está em perigo de explosão e implosão … Não sabemos para onde vamos. No entanto, uma coisa é certa: se a humanidade deseja um futuro que valha a pena, não pode se basear no prolongamento do passado ou do presente. Se tentarmos construir o terceiro milênio nesta base, falharemos. E o preço do fracasso, isto é, da alternativa à mudança da sociedade, é a escuridão »(p.562). Em outra parte do livro, ele fala sobre nossa autodestruição.

O que nos está salvando diante da intrusão do Covid-19

Como se há de interpretar o Covid-19 neste contexto dramático? Ele representa um sinal enviado pela Mãe Terra para nos dizer:”vocês não podem mais continuar com essa agressão e com esse espírito de destruição contra mim,  caso contrário lhes enviarei severos  e danosos sinais”. O Covid-19 é um contra-ataque da Terra contra o tipo de civilização humana que criamos, que implica uma  perigosa devastação do sistema da vida e do sistema da Terra. Caso não mudarmos,  poderemos ir ao encontro do pior ou de um caminho sem retorno.

Por outro lado, ficou claro: o que nos está salvando não são os mantras do sistema vigente: o lucro ilimitado, a competição desenfreada,o individualismo generalizado, a exploração feroz dos bens e serviços da natureza, o Estado mínimo e o mercado acima da sociedade.   

O que nos está salvando são os valores ausentes ou vividos apenas privadamente na cultura do capital: a vida em sua centralidade, a solidariedade, a interdependência de todos com todos, o cuidado uns dos outros e da natureza, um Estado suficientemente apetrechado para atender às demandas humanas e da sociedade dos humanos e não das mercadorias. Todos esses valores são aqueles que não fazem humanos enquanto humanos. Na encíclica recente Fratelli tutti esses valores são universalizados com alternativa ao paradigma vigente.

A partir deste quadro dramático coloca-se claramente a questão: Como deve ser nossa educação diante desses desafios, radicalizados pela presença letal do coronavírus? Podemos continuar como antes? O pior que nos pode acontecer é voltar à situação anterior, com uma dupla e perversa injustiça: uma ecológica com a devastação dos ecossistemas e com as ameaças que pesam sobre o nosso futuro, e outra social por um pequeno grupo que controla quase toda  a riqueza e os fluxos financeiros fazendo com que grande parte da humanidade viva na pobreza até na miséria, morrendo antes do tempo. A consequência lógica é que temos que mudar se quisermos sobreviver. Ou então, dar razão a Sigmunt Bauman que nos advertiu pouco antes de sua morte: “ou damo-nos  as mãos e todos colaboramos ou então vamos aumentar o cortejo daqueles que caminham na direção de seu própria sepultura”.

A nova situação da humanidade desafia a educação

Se isso for verdade, significa que nossa educação deve assumir também mudanças e novas diretrizes, princípios e valores para estar à altura dos desafios do momento presente. A Carta da Terra diz bem: “Como nunca antes na história, o destino comum nos conclama a buscar um novo começo” (Conclusão). Repare-se: não se fala simplesmente em melhorar, mas em buscar um novo começo. “Isso requer” – continua a Carta da Terra, na mesma linha  da Laudato Si e Fratelli tutti ”mudanças na mente e no coração; requer um novo sentido de interdependência global e responsabilidade universal … só assim chegaremos a um modo de vida sustentável (note-se não se diz um desenvolvimento sustentável, mas um modo de vida sustentável) a nível local, nacional, níveis regional e global ”.

O que significa mudar de mente? É ver a Terra, não como um baú de recursos para nosso uso e desfrute, mas como um super-organismo vivo que organiza sistemicamente todos os fatores para se manter vivo e produzir permanentemente vida a toda a comunidade da vida. É a Mãe Terra, conforme foi decidido pela ONU em importante sessão de 22 de abril de 2009: este dia já não é mais o Dia da Terra, mas o Dia da Mãe Terra, uma mãe que devemos tratar com amor, carinho e com cuidado.

O que significa mudar seu coração? Significa, como bem diz Laudato Si: “escutar ao mesmo tempo o grito da Terra e o grito dos pobres” (n.49). Não basta a razão instrumental-analítica,fria e calculista;  é preciso sentir no coração a realidade circundante;  é preciso  “ter ternura, compaixão e preocupação pelos seres humanos” (n.91) e por todos os seres, “como o sol, a lua, o cedro e a florzinha, a águia e o pardal e outros seres”(n.86).

O que significa ter um novo senso de interdependência global?  A Laudato Si esclarece belamente:” Tudo está relacionado e todos os seres humanos estão juntos como irmãos e irmãs em uma peregrinação maravilhosa que  une também com ternura afeição o irmão sol, a irmã lua, o irmão rio e a mãe terra (n.92). A afirmação básica da física quântica é: tudo é relação; nada existe fora do relação porque todos estão relacionados uns com os outros em todos os momentos e circunstâncias. O universo não é feito pelo conjunto dos corpos celestes, mas pelo tecido das relações que eles mantêm entre si.

O que significa nutrir uma responsabilidade universal? Para a  Laudato Si significa “a consciência amorosa de não estar desligado das outras criaturas, de formar com os outros seres do universo uma preciosa comunhão universal … é sentir que precisamos uns dos outros, que temos uma responsabilidade pelos outros e pelo mundo ”(nº 229). Terra e humanidade têm o mesmo destino comum que pode ser bem-aventurado ou trágico, dependendo das práticas dos seres humanos.

Tudo isso tem a ver com o tipo de educação que deve ser desenvolvida, enriquecida e reinventada para ajudar a criar um mundo necessário e não só possível, no qual coexistam os diversos mundos culturais, com seus valores, tradições e caminhos espirituais, na mesma e a única Casa Comum, a natureza incluída.

Jacques Delors, anos atrás, então secretário geral  da UNESCO propôs alguns marcos para a educação no século 21. Ele dizia que “é preciso aprender a conhecer, aprender a pensar, aprender a fazer, aprender a ser e aprender a conviver”. Tudo isso é irrenunciável. Mas temos que ir mais longe em face dos desafios que nos são apresentados pela realidade global profundamente mudada.

Como dizia a filósofa  Hannah Arendt:”podemos nos informar ao longo e toda vida sem nunca nos educar”, ou seja, não basta acumular informações. Hoje praticamente tudo se encontra no Google. Temos que nos educar com esssas informações para sermos mais humanos, mais sensíveis, mais fraternos e cuidadosos para com todas as coisas e garantir um futuro bom para todos, para a nossa civilização, para a vida e, portanto, para a Mãe Terra.

Marcos para uma educação adequada para o tempo atual

Alguns pontos são importantes e decisivos para uma educação adequada à situação da humanidade e da Terra. Não é o lugar aqui para aprofundá-los, mas para colocá-los como um desafio à reflexão.

O primeiro é o resgate da razão cordial ou sensível. Somos seres fundamentalmente de sensibilidade mais do que  de racionalidade. É por isso que devemos desenvolver, como diz LaudatoSsi, “uma paixão pelo cuidado do mundo, uma mística que nos encoraje, que dê ânimo e sentido à ação pessoal e comunitária” (n. 216).Ajudam-nos as reflexões que estão sendo feitas atualmente sobre o resgate desta dimensão cordial que enriquecerá a inteligência racional (cf.o meu Os direitos do coração, Paulus 2015).

Em segundo lugar, sentir-se parte viva e consciente da natureza, criando laços de amor, afeto, comunhão e cuidado com cada ser da natureza: não queimar nada, não derrubar florestas, não poluir o ar e os solos, permitir a regeneração da natureza dando-lhe descanso e cuidado. Nisso os povos originários são nossos mestres, pois sentem-se parte da natureza e a tratam com reverência e sumo cuidado.

Em terceiro lugar, aprender a conviver com a diversidade. Através da mídia global, entramos em contato com inumeráveis culturas e valores humanos diferentes que vão além dos nossos da cultura ocidental. Então: não permitir que as diferenças se transformem em desigualdades, mas entender que podemos ser humanos de maneiras diferentes e aceitá-las, como válidas e não apenas tolerá-las. Assim, podemos aprender uns dos outros e construir uma verdadeira fraternidade sem fronteiras. Como se canta entre nós: “a alma não tem fronteira, nenhuma vida é estrangeira”.

Em quarto lugar é incorporar uma ética do cuidado necessário. O cuidado pertence à essência da vida e principalmente do ser humano. Sem cuidado, não sobrevivemos (veja-se o meu Saber cuidar, Vozes 1999 e O cuidado necessário, 2013) Tudo o que amamos, nós também cuidamos e tudo o que cuidamos, também amamos. O cuidado deve ser incorporado não como um ato, mas como uma atitude fundamental em todas as áreas da vida, cuidando de si, do outro, do nosso espírito, do tipo de sociedade que queremos, cuidando dos ecossistemas, cuidando da Mãe Terra.

Finalmente, desenvolver uma dimensão espiritual da vida. Vivemos dentro de uma cultura que cultiva excessivamente os valores materiais para o consumo humano. Pouco desenvolvemos o que é especificamente humano: a nossa dimensão espiritual, feita de valores intangíveis mas que são essenciais como o amor incondicional, a solidariedade, a compaixão, a capacidade de perdão e reconciliação, a abertura ao sagrado da natureza, a Deus que está continuamente criando e sustentando tudo. O ser humano pode abrir-se a esta dimensão e acolher de forma consciente o Ser que faz ser todos os seres. O resultado é que nos tornamos mais humanos, mais sensíveis, mais solidários, mais comprometidos com a salvaguarda da vida e da justiça especialmente dos mais empobrecidos e feitos injustamente  invisíveis, sentindo-nos filhos e filhas da Mãe Terra e irmãos e irmãs de todos os outros humanos. Igualmente de todos os seres da criação.

Tudo começa com a educação. Sua tarefa essencial é construir a identidade do ser humano e hoje reinventá-la para poder enfrentar os desafios colocados pelas mudanças na própria Terra e na humanidade globalizada. Como disse o grande educador Paulo Freire: “A educação não muda o mundo. A educação muda as pessoas que vão mudar o mundo ”.

Este é o desafio de toda educação: transformar as pessoas e o mundo a salvar. Para isso temos que cultivar a esperança profundamente descrita na Fratelli tutti: “uma realidade enraizada no profundo do ser humano, independentemente das circunstâncias concretas e dos condicionamentos históricos em que vive” que nos permite sonhar com outros mundos e formas sociais (n.55).

São inspiradoras  as palavras finais do Papa Francisco na Laudato Si: “Irmãos e irmãs, caminhemos cantando; que nossas lutas e nossa preocupação com este planeta não tirem a alegria da esperança ”(n. 244).

Esta foi um palestra ministrada em espanhol via internet aos Irmãos Maristas de Compostela da Espanha e de Portugal no dia 16/03/2021 tendo como referência a ecologia integral da encíclica Laudato Si do Papa Francisco.


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