Sustentabilidade

Sustentabilidade – O que é – O que não é
A sustentabilidade representa, diante da crise socioambiental generalizada, uma questão de vida ou morte. O autor faz um histórico do conceito desde o século XVI até os dias atuais, submetendo a uma rigorosa crítica os vários modelos existentes de desenvolvimento sustentável.

Link do site da Livraria Vozes

Entrevista com o teólogo, escritor e professor Leonardo Boff

O teólogo, escritor e professor Leonardo Boff, em entrevista para a TV Brasil, apresenta seu novo livro, Sustentabilidade, discorre sobre o tema e fundamenta Ecoteologia da Libertação.

La Sostenibilidad

La sostenibilidad: Qué es y qué no es.

Sugerente propuesta capaz de inspirar valores y actitudes fundamentales ante la crisis generalizada que afecta a la humanidad. El autor plantea una nueva ética basada más en el “cuidado” que en la razón y la voluntad


Enlace al sitio web Ediciones Dabar

Boff presenta libro en Puebla «Diálogos con Leonardo Boff»

El día miércoles 11 de octubre de 2017, el Dr. Leonardo Boff presenta en el Centro de Convenciones de la ciudad de Puebla su libro La sostenibilidad. Qué es y qué no es, publicado por Ediciones Dabar. El filósofo brasileño acudió en respuesta a la invitación que le hizo El Colegio de Puebla, A.C. a entablar un diálogo con catedráticos y estudiantes.

Leonardo Boff aborda el tema de la ecología y más puntualmente el de la sostenibilidad o sustentabilidad, y más allá incluso, lo que señala es una urgente y nueva forma de relacionarnos con la Madre Tierra; lo cual implica un modo de relación no de explotación, sino de cooperación y profundo respeto con su alta dignidad como Madre Tierra. Esto tiene un sentido y una finalidad: garantizar la comunidad de la vida y el futuro común, señala el teólogo.

El discurso de Leonardo Boff se ha mantenido por varios años, confiado en que este mensaje debe llegar a todos y movernos a una postura diferente. Boff no sólo se conforma con denunciar la falta de conciencia ecológica sino que ha configurado una propuesta que se sostiene en las cuatro ecologías: ambiental, social, mental e integral, trabajo que -como refirió- constituye una perspectiva mucho más amplia que la relación con la naturaleza.

LA SOSTENIBILIDAD: QUÉ ES Y QUÉ NO ES

El libro de Leonardo Boff, publicado por Ediciones Dabar, parte de la premisa de la cordialidad con la Tierra, con el otro y con uno mismo. El objetivo es encontrar soluciones éticas y espirituales a problemas referentes al cuidado de nuestro hogar: la Madre Tierra.

Leonardo Boff es autor de más de 100 libros de antropología, filosofía, teología, espiritualidad y mística.

El Covid-19 nos obliga a pensar: que és lo esencial: la vida o el lucro?

Como afirmó el renombrado filósofo alemán Jürgen Habermas, en una entrevista sobre la Covid-19: ”Nunca supimos tanto de nuestra ignorancia de como ahora”. La ciencia es indispensable para sobrevivir y atender a la complejidad de las sociedades modernas, pero ella no puede ser arrogante y pretender, como ciertos cientificistas postulan, que podría resolver todos los problemas. A decir verdad,  lo que no sabemos es infinitamente más que lo que sabemos. Todo saber es finito y perfectible. Eso se está comprobando ahora con ocasión de la búsqueda desenfrenada de una vcuna eficaz contra la Covid-19. No sabemos cuándo va a estar disponible, ni cuándo desaparecerá la epidemia.

Tal hecho tiene como efecto el ocaso de un horizonte de vida y de esperanza  y causa aquello que tan bien escribió en su twitter la jueza y escritora (“La vida no es justa”) Andréa Pachá: “La pandemia ha hecho muchos estragos. Algunos físicos, concretos y definitivos. Otros sutiles, pero devastadores. Nos sustrajo el deseo de ir, de jugar, de hacer planes, incluso aquellos sólo utópicos e idealizados, que jamás se realizarían, pero que alimentaban el alma”.

Constatamos que hay un profundo abatimiento colectivo, melancolía, depresión y hasta rabia contra una epidemia acerca de la cual conocemos muy poco y poco podemos hacer. Todos nos sentimos rodeados por el fantasma de la contaminación, de la intubación y de la muerte.

El hecho es que vivimos no bajo una emergencia extraordinaria como el tsunami del Japón, que afectó las centrales  nucleares, una de las cuales continúa emitiendo radioactividad, afectando desde las costas de la India, de Tailandia, de Indonesia hasta las costas de California, o las grandes quemas de la Amazonia, del Pantanal y de los bosques de California. Con la Covid-19 estamos delante de una emergencia extrema, que afecta a todo el planeta, consecuencia de una profunda erosión ecológica causada por la voracidad de las grandes empresas que buscan exclusivamente el lucro material con el derribo de las selvas, el extractivismo, la expansión de monoculturas como la de la soja o la cría de ganado y la excesiva urbanización del mundo entero.

Esa intrusión del ser humano en la natureza, sin ningún sentido de respeto a su valor intrínseco, tenida como un mero medio de producción y no como algo vivo del cual somos parte y no dueños ni señores, negándonos a respetar sus límites de soportabilidad, ha producido la destrucción de los hábitats de miles de virus en animales y en plantas que se han transladado hacia otros animales y hacia el ser humano.

Tenemos que incorporar nuevos conceptos: la zoonosis (enfermedad que viene del mundo animal: aves, cerdos, vacas, murciélagos) y la transferencia zoonótica: una afección animal transmisible al ser humano. A partir de ahora entrarán en nuestro  vocabulario no sólo científico.

Uno de los mayores especialistas en virus,  David Quammen (Montana USA), nos advierte en su video “Spillover: the next human pandemic” (2015)”: es inevitable que vuelva a haber una gran pandemia. Puede matar a decenas de miles, centenas de miles, o millones de personas, según las  circunstancias y la forma como reaccionemos, pero  aparecerán cualquiera de estas cosas. Será con seguridad un agente zoonótico. Tendrá origen en animales no humanos. Será ciertamente un virus”. Observemos la gravedad de esta advertencia de un notable científico.

Frente a esta emergencia extrema aumentada por la escasa movilidad nacional e internacional, el aislamiento social, el distanciamiento entre las personas y el uso de la máscarilla nos propician plantear las cuestiones más fundamentales de nuestras vidas: ¿al final, qué es lo que cuenta en última instancia? ¿Qué es definitivamente esencial? ¿Cuáles son las razones que nos llevaron a tal situación de emergencia extrema? ¿Qué debemos y podemos hacer después de que pase la pandemia, si pasa? Estas preguntas son impostergables.

Entonces descubrimos que no hay mayor valor que la vida, nuestra vida y la de toda la comunidad de vida. Ella surgió hace 3,8 miles de millones de años y la humana hace cerca de 8-10 millones de años. Pasó por varias devastaciones pero siempre se mantuvo su existencia.  Y junto con la vida, los medios de vida sin los cuales ella no se sustenta: el agua, el suelo, la atmósfera, la biosfera, los climas, el trabajo y la naturaleza que nos ofrece todo lo que necesitamos para vivir y sobrevivir. Y la comunidad humana que nos acoge y nos ofrece las bases del orden social y espiritual que nos mantiene cohesionados como humanos. De nada vale la acumulación de bienes materiales, la apropiación individual, la pura y simple competición. Lo que nos salva como seres vivos y sociales es la solidaridad, la cooperación, la generosidad y el cuidado de unos a otros y del ambiente.

Estos son los valores humano-espirituales, contrarios a aquellos de la cultura del capital material, sobre la cual la Covid-19 representa una especie de rayo que la está reduciendo a pedazos. No podemos volver a ella para no provocar a la Madre Tierra y a la naturaleza que, si no cambiamos nuestra relación de respeto y de cuidado, nos enviarán otros virus, tal vez todavía más letales o hasta el último (The Big One) que diezmaría a la especie humana.

Este tiempo de recogimiento forzado es tiempo de reflexión y de conversión ecológica, tiempo de decidir qué tipo de Casa Común queremos para el futuro.Tenemos que crecer en solidaridad y en amor a todo lo que es creado, especialmente a los humanos, nuestros hermanos y hermanas.

Seremos  “el homo solidarius”, el principio de una nueva era, la era de la biocivilización, en la cual la vida en su diversidad tendrá centralidad y todo lo  demás estará al servicio de ella. No habrá ECOnomia sin ECOlogia. La vida vale por sí misma. Juntos en la Casa Común gozaremos de la alegre celebración de la vida.

*Leonardo Boff es ecoteólogo y filósofo y ha escrito “Covid-19: el contraataque de la Tierra contra la Humanidad” que saldrá publicada próximamente por la editorial Vozes.

Traducción de M°José Gavito Milano

 

 

Dra. Padula Anderson e Dr. Hanzelmann: sem o SUS é a barbárie?

Este texto importante, celebrando os 30 anos de existência oficial do Serviço Único de Saúde (SUS) foi elaborado em parceria  de Dra.Maria Inez Padula Anderson  o do  Dr.Ricardo Hanzelmann, ambos da diretoria da Sociedade Brasileiria de Medicina da Família e Comunidade- SBMFC. O contexto é um cenário de desmonte das políticas públicas e perdas de direitos sociais num dos países mais iniquos do mundo.Este texto representa um movimento em prol da reflexão e faz parte dos compromissos que nos levaram à Diretoria da SBMFC.

                                             Sem o SUS é a barbárie?

Há exatos 30 anos, no dia 19 de setembro de 1990, foi regulamentado através da Lei 8080, o Sistema Único de Saúde brasileiro, o SUS. Somente a partir de 1988, com a promulgação da Constituição Federal de 1988, a Saúde é considerada um dever do estado e um direito de Cidadania.

Antes do SUS, a oferta de serviços de saúde para a população brasileira era fragmentada, restrita, sem organicidade, uma vez que as unidades de saúde não se relacionavam e não havia perspectiva de integração. Milhões de brasileiros e brasileiras eram marginalizados e sempre dependentes de ações filantrópicas para ter direito a algum tipo de assistência que, na maioria das vezes, não cobria suas necessidades. Na época pré SUS, ter acesso a serviços de saúde podia ser considerado um privilégio para poucos, praticamente restrito à parcela da população urbana vinculada ao mercado formal de trabalho.

A lógica do sistema, como em outros países sub-desenvolvidos, era baseada no modelo e na oferta de serviços hospitalares, com foco na doença, que também direcionava a formação médica e das demais profissões da área da saúde. Esta lógica é incoerente com o fato de apenas cerca de 10% da população necessitar de cuidados intra-hospitalares durante um ano.

De fato, todas as pessoas necessitam ter acesso a serviços de diferentes tipos num Sistema de Saúde, mais frequentemente aos cuidados primários, que abrange a maioria das necessidades de saúde da população, ao longo de suas vidas. Estes serviços incluem consultas e tratamento para os problemas de saúde mais prevalentes, além de serviços preventivos, como a oferta de vacinas, passando pelas demandas de serviços de saúde mental, curativos, pequenas cirurgias ambulatoriais,  reabilitação física, entre tantos outros. Também necessitam de serviços mais especializados incluindo a hemodiálise e cirurgias. Enfim, a população necessita ter acesso a diferentes tipos de especialistas, mas, majoritariamente, àqueles que prestam cuidados abrangentes e longitudinais, como é o caso dos que atuam na Atenção Primária à Saúde. Mas, na era pré-SUS, mesmo os cuidados primários oferecidos nos Postos de Saúde, Unidades Básicas e Centros Municipais de Saúde eram fragmentados, baseados em linhas programáticas, e voltados apenas para algumas doenças infecciosas.

Ou seja, o SUS, pautado nos princípios da universalidade, integralidade e equidade, desde o seu nascimento, teve que disputar com o modelo hospitalocêntrico e focado nas doenças, como eixo central da prestação de serviços. Este modelo, interessa mais aos setores privados envolvidos na atenção médico-hospitalar, que têm a doença como parte de um ciclo de prestação de serviços lucrativos. Assim, para chegar até o SUS, foi também necessário um forte movimento em prol da luta contra as desigualdades sociais, o que só se tornou possível com a redemocratização do Brasil, após 21 anos da ditadura civil-militar.

Vale chamar a atenção para o fato de o SUS, desde o princípio, sofrer cronicamente com um orçamento inferior ao necessário para o desempenho das suas funções. Ao lado disso, observa-se ainda uma distribuição iníqua de seus recursos em benefício do setor hospitalar e da iniciativa privada, de tal modo que grande parte dos recursos da saúde no país acaba desviada para atender direta e/ou indiretamente os interesses dos prestadores privados de serviço. Isto quer dizer que a maior parte do dinheiro da Saúde que circula no Brasil vai para o setor privado (os planos de saúde): mais de 55% do total de recursos da Saúde se destina a atender 25% da população no setor privado.

Para a Saúde Pública, temos menos da metade do total de recursos em saúde do país, para atender a todos os brasileiros. O orçamento para Saúde Pública brasileira é muito inferior do que boa parte dos chamados países desenvolvidos. São menos de R$ 50 (cinquenta reais) por pessoa por mês; menos de R$ 2 (dois reais por dia)! Países europeus investem 4 a 5 vezes mais em saúde pública. Por outro lado, um plano de saúde privado, que muitas vezes não oferta todos os serviços cobertos pelo SUS pode chegar a R$ 4.000,00 por mês por pessoa, dependendo da idade e do plano. Mesmo considerando os planos mais “econômicos” (que também oferecem serviços muito restritos) os valores médios são muito mais elevados.

Nestes 30 anos, período relativamente curto para um país de dimensões continentais, e apesar de todas as dificuldades, o SUS se tornou um sistema abrangente, capilar, constituído por um conjunto de ações e serviços de saúde, prestados por órgãos e instituições públicas federais, estaduais e municipais, bem como pelos serviços conveniados ao SUS.

O SUS é reconhecidamente um dos maiores Sistemas Públicos de Saúde do mundo. Sete em cada dez brasileiros dependem exclusivamente do SUS para receber assistência à saúde, são mais de 150 milhões de pessoas. No entanto, todos os brasileiros e brasileiras utilizam serviços do SUS, mesmo aqueles que têm planos privados de saúde.

O SUS abrange um universo amplo e diverso de serviços de saúde – envolvendo ações de promoção, educação, assistência e recuperação da saúde a prevenção de doenças para brasileiros e brasileiras de todas as idades, cores, etnias, faixas etárias, e nível socioeconômico. Atua no nível dos cuidados primários, secundários e terciários de saúde. Está presente em todo o território nacional. Oferta desde as ações de vigilância sanitária, análise da qualidade da água e dos alimentos que se consome, até a oferta do maior programa mundial de vacinação pública e de transplante de órgãos.

A cada ano, são em média 3, 8 bilhões de procedimentos ambulatoriais, 1,3 bilhões de consultas, cerca de 12 milhões de internações, 2 milhões de partos, 900 milhões de exames, 300 milhões de doses de vacinas e imunológicos distribuídos.

Temos serviços do SUS em todos os 5.570 municípios do país. Neste contexto, vale destacar a Estratégia Saúde da Família como um modelo de organizar a Atenção Primária à Saúde que é mundialmente reconhecida como um modelo exitoso e copiado em diversos países. Sessenta e quatro por cento da população brasileira é coberta por equipes da Estratégia Saúde da Família: são 130 milhões de brasileiros que têm acesso direto e facilitado a unidades de saúde próximas do local onde moram. Também vale destacar outros serviços prestados pelo SUS, e que são do reconhecimento nacional ou internacional, como o programa brasileiro de cuidado às pessoas vivendo com HIV e AIDS, o programa de transplante de órgãos, a maior parte das cirurgias cardíacas e o da oferta e distribuição de todos os tipos de medicamentos para praticamente a totalidade dos problemas de saúde que podem ser apresentados por uma pessoa.

Em plena Pandemia do Coronavírus é o SUS que garante as ações de vigilância epidemiológica e mantém um sistema online de notificação dos casos suspeitos para acesso de todos os serviços de saúde do país, sejam eles públicos ou privados. Essa mesma lógica é usada para que tenhamos um dos maiores sistemas de informação em saúde do mundo, que monitora a evolução de muitas doenças, a exemplo da dengue e do sarampo.

Naturalmente que temos desafios a superar, alguns mantidos ou criados pela própria disputa em relação à hegemonia do sistema, especialmente os relacionados à infra-estrutura das unidades de saúde, à valorização dos profissionais de saúde, o aumento da oferta e acesso a exames, entre outros. Na própria Atenção Primária à Saúde, das mais de 40.000 (quarenta mil) equipes, cerca de 5.000 (cinco mil) têm Médicas e Médicos de Família e Comunidade, os especialistas nesta área.

Em um país onde persiste o racismo estrutural e uma profunda desigualdade gênero, onde os atuais governantes manifestam e incentivam atitudes lgbtfóbicas e misóginas, é o SUS que busca atuar sistematicamente para reduzir as iniquidades, garantindo acesso a serviços de saúde para as populações historicamente negligenciadas. Em meio ao crescente processo de desigualdade social, o SUS importa muito para população negra, para as mulheres, para a população moradora das periferias das grandes cidades, para população LGBTQIA+. O SUS enquanto política de Estado, mesmo tão pouco financiado, vem evitando uma tragédia ainda maior nestes tempos de pandemia e de crise econômica e democrática em nosso país.

Não bastasse já o insuficiente investimento desde sua criação, o SUS vem perdendo recursos desde a Emenda Constitucional (EC) 95/2016, a chamada PEC da Morte que congelou recursos para a saúde e a educação desde 2016, apesar da população estar crescendo e ficando mais empobrecida desde então.

Agora, em 2020, o Projeto de Lei de Diretrizes Orçamentárias (PLDO) 2021 da União, enviado ao Congresso Nacional, segue a regra PEC da Morte, e pode significar a perda de R$ 35 bilhões em 2021.

Temos que garantir mais recursos para o SUS, mais recursos para a Estratégia Saúde da Família e Atenção Primária à Saúde, que são a porta de entrada do sistema e onde se acolhem e resolvem a grande maioria dos problemas de saúde da população, independentemente da idade, da cor da pele, ou da classe social. Garantir equipes completas com médicos, enfermeiros, técnicos de enfermagem, agentes comunitários de saúde, com apoio de outros profissionais da saúde, é fundamental para termos uma saúde integral. Temos que ampliar as nossas ações de vigilância em saúde. Investir na garantia da oferta de serviços que garantam a integralidade do cuidado em saúde.

Para os empresários da doença, talvez continue interessando que o SUS não progrida, que não tenha financiamento adequado. O desmonte do SUS facilita o crescimento do setor privado que tem a saúde como negócio. Para a grande maioria da população brasileira, podemos dizer que, sim, sem o SUS é a barbárie.

O SUS é um patrimônio do Brasil e do povo brasileiro. Temos que mobilizar a todos para cuidar e nos responsabilizarmos por este patrimônio.