Tiempos de crisis – Tiempos de cuidado

El tema del cuidado es un tema recurrente en la reflexión cultural de los últimos tiempos. Primero fue vehiculado a través de la medicina y la enfermería, pues representa la ética natural de estas actividades. Después fue asumido por la educación y hecho paradigma por filósofas y teólogas feministas, principalmente norteamericanas, que ven en él un elemento esencial de la dimensión ánima, presente en el hombre y en la mujer. Produjo y sigue produciendo una continuada y tenaz discusión, especialmente en Estados Unidos, entre la ética de base patriarcal, centrada en el tema de la justicia, y la ética de base matriarcal, articulada por el cuidado esencial.
Adquirió especial fuerza en la discusión ecológica, siendo una pieza central de la Carta de la Tierra. Cuidar del medio ambiente, de los recursos escasos, de la naturaleza y de la Tierra se han vuelto imperativos del nuevo discurso. Por último, el cuidado se ha visto como esencial para la comprensión del ser humano tal como lo aborda Martin Heidegger en Ser y Tiempo, recogiendo una tradición que se remonta a los griegos, a los romanos y a los primeros pensadores cristianos como san Pablo y san Agustín.
Se constata además que la categoría cuidado gana fuerza siempre que se producen situaciones críticas. El cuidado es quien impide que las crisis se transformen en tragedias fatales.
La Primera Guerra Mundial (1914-1918), desencadenada entre países cristianos, destruyó el ilusorio glamour de la era victoriana y produjo un profundo desamparo metafísico. Fue cuando Martin Heidegger (1889-1976) escribió su genial Ser y Tiempo (1929), cuyos párrafos centrales (§ 39-44) están dedicados al cuidado como ontología del ser humano.
Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) despuntó la figura del pediatra y psicólogo D. W. Winnicott (1896-1971), encargado por el gobierno inglés de atender a niños huérfanos, víctimas de los horrores de los bombardeos nazis sobre Londres. Desarrolló toda una reflexión y una práctica en torno a los conceptos de cuidado (care), de preocupación por el otro (concern), así como del conjunto de cuidados y apoyos que hay que proporcionar a los niños o a las personas vulnerables (holding), aplicables también a los procesos de crecimiento y educación.
En 1972 el Club de Roma dio la alarma ecológica sobre el estado enfermo de la Tierra. Identificó la causa principal: nuestro modelo de desarrollo, consumista, predatorio, perdulario y sin ningún cuidado ni hacia los recursos escasos ni con la forma como tratamos los residuos, muchos de ellos dañinos y no asimilables por la naturaleza. Después de varios encuentros organizados por la ONU en los años 80 del siglo pasado, se llegó a la propuesta de un desarrollo sostenible como expresión del cuidado humano hacia medio ambiente, pero enfocado principalmente al aspecto económico.
En 1991, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el Fondo Mundial para la Naturaleza y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza elaboraron una estrategia minuciosa para el futuro del planeta bajo el lema Cuidando la Tierra (Caring for the Earth 1991). En ella se dice:
La ética del cuidado se aplica tanto a nivel internacional como a nivel nacional e individual; ninguna nación es autosuficiente, todos nos beneficiaremos con la sostenibilidad mundial y todos estaremos amenazados si no conseguimos alcanzarla .
Recogiendo esta línea de pensamiento, después de un trabajo de ocho años a nivel mundial, en marzo de 2000 termina en París la redacción de la Carta de la Tierra.

La categoría cuidado y el modo sostenible de vivir constituyen los dos principales ejes articuladores del nuevo discurso ecológico, ético y espiritual propuesto por este documento. En 2003 la UNESCO asume oficialmente la Carta de la Tierra y la presenta como un instrumento pedagógico sustancial para la construcción de la responsabilidad colectiva de la humanidad por nuestro futuro común.
En 2003 los ministros y secretarios de medio ambiente de los países de América Latina y del Caribe elaboraron un notable documento “Manifiesto por la vida, por una ética de la sostenibilidad” donde se incluye la categoría cuidado en la idea de un desarrollo que sea efectivamente sostenible y radicalmente humano.
El cuidado está especialmente presente en los dos extremos de la vida: en el nacimiento y en la muerte. El niño sin cuidado no puede existir. El moribundo necesita cuidado para salir decentemente de esta vida.
Cuando en algún grupo despunta una crisis generando tensiones y divisiones, la sabiduría del cuidado es el camino más adecuado para oír a las partes, favorecer el diálogo y buscar convergencias. El cuidado se impone cuando aparece una crisis de salud que exige hospitalización. Entonces, se pone en acción el cuidado por parte de los médicos, los enfermeros y enfermeras, que deciden el tratamiento mejor.
El cuidado es absolutamente necesario en prácticamente todas las esferas de la existencia, desde el cuidado del cuerpo, de los alimentos, de la vida intelectual y espiritual, de la conducción general de la vida, hasta para atravesar una calle con mucho movimiento. Como ya observaba el poeta romano Horacio, el cuidado es «como una sombra que siempre nos acompaña y nunca nos abandona porque hemos sido hechos a partir del cuidado».
Hoy, dada la crisis generalizada, ya sea social o ambiental, el cuidado se hace imprescindible para preservar la integridad de la Madre Tierra y salvaguardar la continuidad de nuestra especie y de nuestra civilización.

Sustainability and Education

Sustainability, one of the central themes of the United Nations Conference on Sustainable Development, Río+20, that will take place in Rio de Janeiro, Brazil, from June 20 to 22 of this year, is not produced mechanically. Sustainability results from a process of education, through which humans redefine all the relationships maintained with the universe, the Earth, nature, society and with themselves, within the criteria of ecological equilibrium, of respect and love for the Earth and the community of life, of solidarity with future generations and of building an unending socio-ecological democracy.

I am convinced that only a generalized process of education can develop, as the Earthcharter seeks, the new minds and hearts capable of carrying out the paradigmatic revolution demanded by the global threat under which we currently live. As Paulo Freire often said : «education does not change the world: education changes the people who will change the world». Everyone is urged to change now. We have no alternative: either we change, or we will know darkness.

I will not address here the many aspects of education so well presented by UNESCO in 1966: learn to know, to do, to be and to live together; to these, I would add, learn to care for Mother Earth and for all beings. But even this education is insufficient. The changed world situation demands that everything be ecologized, this is, that every human being lend his and her cooperation to protect the Earth, to save human life and our planet. Consequently, the ecological moment must permeate all knowledge.

On December 20, 2002, the UN approved a resolution proclaiming the years 2005 to 2014 as the Decade of Education for Sustainable Development. That document defines 15 strategic perspectives towards a sustainable education. We will mention some:

Socio-cultural Perspectives, including human rights, peace and security, equality among the sexes, cultural diversity and inter-cultural understanding, health, AIDS, global government.

Environmental Perspectives includes natural resources (water, energy, agriculture and biodiversity), climatic changes, rural development, sustainable urbanization, prevention and mitigation of catastrophes.

Economic Perspectives, whose objectives are reducing poverty and misery, and building responsibility and accountability of business. Thus, the ecologic moment must be present in all disciplines. Otherwise, generalized sustainability will not be attained.

When the ecological paradigm burst, we all became aware of the fact that we all are eco-dependant. We participate in a community of interests with all the other living beings that share the biosphere with us. The basic common interest is maintaining the conditions for the continuity of life and of the Earth herself, understood as Gaia. That is the final goal of sustainability. Starting now, education must quickly include the four great tendencies of ecology: environmental, social, integral, and mental or profound (the one that deals with our place in nature).

Among educators, this perspective is ever more present: to educate to live well, which is the art of living in harmony with nature, and of deciding to share equitably with other humans the resources of culture and of sustainable development. We must understand that it is not just a question of making corrections to the system that caused the present ecologic crisis, but to educate for its transformation. This implies overcoming the still prevalent reductionist and mechanical vision, and building a culture of complexity, that allows us to see the interrelations of the living world and the eco-dependencies of the human being. This awareness requires environmental questions to be addressed in a global and integrated manner.

This type of education creates the ethical dimension of responsibility and caring for the Earth and humanity’s common future. It makes the human being become the caretaker of our Common House and guardian of all beings. We want democracy without end (Boaventura de Souza Santos) to assume socio-ecologic characteristics, because only that way will it be suitable for the ecozoic era, and respond to the demands of the new paradigm. Human beings, Earth and nature mutually belong to each other. That is why it is possible to forge a path of peaceful coexistence. That is the challenge of education in our days.

Lamento dos Afro-descendentes: treze de Maio

                                   

Hoje, 13 de maio, é o dia das mães. Mas não esqueçamos a mães negras, especialmente as “amas-de-leite”, as mucamas. Quantas crianças brancas não foram por elas  amamentadas e salvas?

Agora, finalmente a Justiça fez justiça aos afrodescentendes, pagando uma dívida histórica que pesava em nossa consciência branca coletiva. Foram-lhes concedidas as cotas de acesso às universidades federais. Mas a nossa dívida começou apenas a ser paga. Há tantas reparações e compensações ainda por fazer.

Enquanto isso  a Paixão de Cristo continua pelos tempos afora no corpo destes crucificados. Jesus agonizará até o fim do mundo, enquanto houver um único destes seus irmãos e irmãs que estejam ainda pendendo de alguma cruz.

Assim pensa também o budismo tibetano. O  bodhisattwa (o iluminado) pára no umbral do Nirvana e suplica retornar ao mundo da dor – samsara – para viver solidariamente  com quem sofre no reino humano, animal e vegetal. Nesta mesma convicção, a Igreja Católica, na liturgia da Sexta-feira Santa, coloca na boca do Cristo estas palavras pungentes:

”Que te fiz, meu povo eleito? Dize em que te contristei! Que mais podia ter feito, em que foi que te faltei? Eu te fiz sair do Egito e com maná de alimentei. Preparei-te bela terrra, e tu, a cruz para o teu rei”.

Rememorando a abolição da escravatura a 13 de maio, nos damos conta de que ela não foi completada ainda. A paixão de Cristo continua na paixão do povo afrodescendente. Falta a segunda abolição, da miséria e da fome, como postula o senador Cristovam Buarque. Ouvem-se ainda os ecos dos lamentos de cativeiro e de libertação, vindos das senzalas, hoje das favelas ao redor de nossas cidades:

“Meu irmão branco,  minha irmã branca, meu povo: que te fiz eu e em que te contristei? Responde-me!

Eu te inspirei a música carregada de banzo e o ritmo contagiante. Eu te ensinei como usar o bumbo, a cuíca e o atabaque. Fui eu que te dei o rock e a ginga do samba. E tu tomaste do que era meu, fizeste nome e renome, acumulaste dinheiro com tuas composições e nada me devolveste.

Eu desci os morros, te mostrei um mundo de sonhos, de uma fraternidade sem barreiras. Eu criei mil fantasias multicores e te preparei a maior festa do mundo: dancei o carnaval para ti. E tu te alegraste e me aplaudiste de pé. Mas logo, logo, me esqueceste, reenviando-me ao morro, à favela, à realidade nua e crua do desemprego, da fome e da opressão.

Meu irmão branco, minha irmã branca, meu povo: que te fiz eu e em que te contristei? Responde-me!

Eu te dei em herança o prato do dia-a-dia, o feijão e o arroz. Dos restos que recebia, fiz a feijoada, o vatapá, o efó e o acarajé: a cozinha típica da Bahia. E tu me deixas passar fome. E permites que minhas crianças morram famintas ou que seus cérebros sejam irremediavelmente afetados, infantilizando-as para sempre.

Eu fui arrancado violentamente de minha pátria africana. Conheci o navio-fantasma dos negreiros. Fui feito coisa, “peça”, escravo. Fui a mãe-preta para teus filhos e filhas. Cultivei os campos, plantei o fumo para o cigarro e a cana para o açúcar. Fiz todos os trabalhos. E tu me chamas de preguiçoso e me prendes por vadiagem. Por causa da cor da minha pele me discriminas e me tratas ainda como se continuasse escravo.

Meu irmão branco, minha irmã branca, meu povo: que te fiz eu e em que te contristei? Responde-me!

Eu soube resistir, consegui fugir e fundar quilombos: sociedades fraternais, sem escravos, de gente pobre mas livre, negros, mestiços e brancos. Eu transmiti, apesar do açoite em minhas costas, a cordialidade e a doçura à alma brasileira. E tu me caçaste como bicho, arrasaste meus quilombos e ainda hoje impedes que a abolição da miséria que escraviza, continue como realidade cotidiana e efetiva.

Eu te mostrei o que significa ser templo vivo de Deus. E, por isso, como sentir Deus no corpo cheio de axé e celebrá-lo no ritmo, na dança e nas comidas sagradas. E tu reprimiste minhas religiões chamando-as de ritos afro-brasileiros ou de simples folclore. Não raro, fizeste da macumba caso de polícia.

Meu irmão branco, minha irmã branca, meu povo: que te fiz eu e em que te contristei? Responde-me!

Quando com muito esforço e sacrifício consegui ascender um pouco na vida, ganhando um salário suado, comprando minha casinha, educando meus filhos e filhas, cantando o meu samba, torcendo pelo meu time de estimação e podendo tomar no fim de semana uma cervejinha com os amigos, tu dizes que sou um negro de alma branca, diminuindo assim o valor de nossa alma de negros, dignos e trabalhadores. E nos concursos em igual condição quase sempre tu me preteres em favor de um branco. Porque sou negro.

E quando se pensaram políticas públicas para reparar a perversidade histórica, permitindo-me o que sempre me negaste, estudar e me formar nas universidades e assim melhorar minha vida e de minha família, a maioria dos teus grita: é contra a constituição, é uma discriminação, é uma injustiça social. Mas finalmente a Justiça agora nos fez justiça e nos abriu as portas das universidades federais.

Meu irmão branco, minha irmã branca, meu povo: Que te fiz eu e em que te contristei? Responde-me!”

“Responde-me, por favor”.

E nós brancos, os que dispomos do ter, do saber e do poder, geralmente calamos, envergonhados e cabisbaixos. É hora de escutar o lamento destes nossos irmãos e irmãs afro-descendentes, somar forças com eles e construir juntos uma sociedade inclusiva, pluralista, mestiça, fraterna, cordial onde nunca mais haverá, como ainda continua havendo no campo, pessoas que se atrevem a escravizar outras pessoas.

 

Oxalá possamos gritar: “escravidão nunca mais”. E enxugando as lágrimas podemos dizer como no Apocalipse:”Tudo isso passou”.

 

O amor incondicional: para o dia das mães

 

O dia das mães é a festa do amor incondicional. Elas nos deram a vida, nos acolheram e nos colocaram em seu coração. E de lá nunca mais saímos. Quando desanimados, procuramos o seu seio. Quando rejeitados, sabemos onde encontrar abrigo. No meio do perigo é a palavra “mãe” que pronunciamos. E quando nos despedimos desta vida  é ainda o nome “mãe” que nos vem aos lábios. Ela nos introduzirá no grande Útero da Mãe eterna, de infinita bondade e ternura.

Neste dia das mães não fala a inteligência analítica e funcional mas a inteligência emocional e razão cordial. Logico, o comércio explora esse dia, mas o significado da figura da mãe é tão poderoso que não se deixa nunca desvirtuar totalmente.

É excusado sublinhar a importância da figura da  mãe na orientação futura da vida de uma criança. Baste-nos  referir as constribuições inestimáveis de Jean Piaget com sua psicologia e pedagogia evolutiva e principalmente as de Donald W. Winnicot com sua pediatria combinada com psicanálise infantil. Eles nos detalharam os complexos percursos da psiqué infantil nesses momentos iniciais e seminais da vida que nos conferem o sentimento de sermos amados, protegidos e sempre acolhidos.

Hoje não cabe esse tipo de reflexão por mais importante que seja. Tem seu lugar o afeto cujas raizes se encontram há mais de duzentos milhões de anos, quando surigiram no processo da evolução os mamíferos dos quais nós descendemos. Com eles nos veio  o afeto, o amor e o cuidado, guardados como informações até os dias atuais pelo cérebro límbico. Entreguemo-nos brevemente à terna força deste afeto.

Há muitos textos comovedores que exaltam a figura da mãe como o belíssimo do bispo chileno Ramon Jara. Mas há um outro de grande beleza e verdade que nos vem da Africa,  de uma nobre abissínia, recolhido como prefácio ao livro Introdução à essência da mitologia (1941), escrito por dois grandes mestres na área, Charles Kerény e C. G. Jung. Assim fala uma mulher em nome de todas as mulheres e mães.

“Como pode saber um homem o que é uma mulher? A vida da mulher é inteiremante diferente daquela dos homens. Deus a fez assim. O homem fica o mesmo, do tempo de sua circuncisão até o seu declínio. Ele é o mesmo antes e depois de ter encontrado, pela primeira vez, uma mulher. O dia, porém, em que a mulher conheceu seu primeiro amor, sua vida se divide em duas partes. Neste dia ela se torna outra. Antes do primeiro amor, o homem é igual ao que era antes. A mulher, a partir do dia de seu primeiro amor, é outra. E assim permanecerá por toda a vida toda”.

“O homem passa uma noite com uma mulher e depois vai embora. Sua vida e seu corpo são sempre os mesmos. A mulher, porém, concebe. Como mãe, ela é diferente da mulher que não é mãe. Pois, ela carrega em seu corpo, por nove meses, as consequências de uma noite. Algo cresce dentro dela, que jamais desaparecerá. Pois ela é mãe. E permanecerá mãe, mesmo quando a criança ou todas as crianças tiverem morrido. Pois ela carregou a criança em seu coração. Mesmo depois que ela nasceu, continua a carregá-la em seu coração. E de seu coração não jamais sairá. Mesmo que a criança não viva mais”.

“Tudo isso o homem não conhece. Ele não sabe nada disso. Ele não conhece a diferença entre o “antes do amor” e o “depois do amor”, entre antes da maternidade e depois da maternidade. Ele não pode conhecer. Só uma mulher pode saber e falar sobre isso. É por isso que nós, mães, nunca nos deixamos persuadir por nossos maridos. A mulher pode somente uma coisa: ela pode cuidar dela mesma; ela pode se conservar decentemente; ela deve ser o que a sua natureza é; ela deve ser sempre menina e  mãe. Antes de cada amor é  menina. Depois de cada amor é mãe. Nissso poderás saber se ela é uma boa mulher e mãe  ou não”.

Sem dúvida, trata-se se uma visão sublimada da mulher e da mãe. Pois nelas há também sombras que acompanham sempre a condição humana, também feminina.

Mas no dia de hoje, queremos esquecer as sombras para apenas focalizarmos o momento de luz que toda mãe representa. Por isso tantos se movem nesta data: viajam até para longe para ver sua “mãezinha querida”, para dar-lhe um abraço filial e cobri-la de beijos.

Elas merecem. Pois não estaríamos aqui se elas não tivessem tido o infinito cuidado de nos acolher na vida e de nos encaminhar pelos misteriosos caminhos da existência. A elas, nossas mães, o nosso afeto, o nosso carinho e o nosso amor: às vivas e aquelas que estão para além da vida.

Autor do livro em parceria com Rose-Marie Muraro Feminino e Masculino. Uma nova consciência pra o encontro das diferenças (Sextante) 2002.