La tenebrosa figura de Jair Bolsonaro amenaza la democracia

El actual presidente parece desvariar y ha lanzado constantesamenazas a la normalidad democrática, en el caso de que pierda las elecciones. En la primera vuelta, el 2 de octubre, recibió el 43,44% de los votos y el expresidente Lula el 48,5%. Hay gran expectativa de que gane la elección, pues la superioridad sobre Bolsonaro es notable. 

Lula ha recibido el apoyo de casi todos los partidos incluso de los más distantes, pues han percibido que la democracia está en juego y el destino histórico de nuestro país también. La victoria de Bolsonaro llevaría adelante su proyecto de desmantelamiento de las instituciones de forma abiertamente autoritaria y amenazadora de golpe de estado. 

Tenemos que tratar de entender por qué irrumpió esta ola de odio, de mentiras como método de gobierno, fake news, calumnias y de corrupción gubernamental que no puede ser investigada. Me viene a la mente un artículo que publiqué tiempo atrás y que voy a reformular aquí.

Dos categorías resultan clarificadoras: una proviene del psicoanálisis junguiano, la de la sombra, y otra de la gran tradición oriental del budismo y afines y, entre nosotros, del espiritismo, el karma.

La categoría de sombra, presente en cada persona o colectividad, está constituida por aquellos elementos negativos que nos cuesta aceptar, que procuramos olvidar o incluso reprimir, enviándolos al inconsciente ya sea el personal o el colectivo. 

En efecto, cinco grandes sombras marcan la historia político-social de nuestro país: 

La primera es el genocidio indígena, que perdura hasta hoy, pues sus reservas están siendo invadidas y durante la pandemia fueron prácticamente abandonados por las autoridades actuales. 

La segunda es la colonización, que nos impidió tener un proyecto propio de pueblo libre, y no al contrario, siempre dependiente de poderes extranjeros de ayer y de hoy. Creó el síndrome del “vira-lata”, el perro callejero.

La tercera es la esclavitud, una de nuestras vergüenzas nacionales, pues implicaba tratar a la persona esclavizada como una cosa, una ”pieza”, puesta en el mercado para ser comprada y vendida, sometida constantemente al látigo, al desprecio y al odio.

La cuarta es la permanencia de la conciliación entre sí de los representantes de las clases dominantes, ya sean herederas de la Casa Grande o del industrialismo, especialmente a partir de São Paulo, denominadas por Jessé Souza las “élites del atraso”. Son profundamente egoístas hasta el punto de que Noam Chomsky ha afirmado: “Brasil es un tipo de caso especial, pues raramente he visto un país donde elementos de la élite tengan tanto desprecio y odio por los pobres y por el pueblo trabajador”. Ellas no pensaron nunca en un proyecto nacional que incluyese al pueblo, su proyecto es solamente de ellos para ellos, capaces de controlar el estado, ocupar sus aparatos y conseguir sobornos y fortunas en los proyectos estatales. 

La quinta sombra es la democracia de baja intensidadentrecortada por golpes de estado, que siempre se rehace pero sin cambiar de naturaleza. Perdura hasta hoy y actualmente muestra una gran debilidad por la posición de los representantes de derecha o extrema derecha, con sus chanchullos como el presupuesto secreto. Medida por el respeto a la constitución, por los derechos humanos personales y sociales, por la justicia social y por el nivel de participación popular, parece antes una farsa que una democracia realmente consolidada. 

Siempre que un líder político con ideas reformistas, venido del piso de abajo, de la senzala social, presenta un proyecto más amplio que abarque al pueblo con políticas sociales inclusivas, estas fuerzas de conciliación, con su brazo ideológico, los grandes medios de comunicación, como periódicos, radios y canales de televisión, asociados a parlamentarios y a sectores importantes de la judicatura, han usado el recurso del golpe, ya sea militar como en 1964 o jurídico-político-mediático como en 2016 para garantizar sus privilegios. 

El desprecio y el odio, en otro tiempo dirigido a los esclavizados, ha sido transferido cobardemente a los pobres y miserables, condenados a vivir siempre en la exclusiónEstas sombras flotan sobre la atmósfera social de nuestro país, siempre ideológicamente escondida, negada y reprimida.

Con el presidente actual y con el séquito de sus seguidores lo que estaba oculto y reprimido salió del armario. Estaba siempre allí, recogido pero activo, impidiendo que nuestra sociedad, dominada por la élite del atraso, hiciese las transformaciones necesarias y consiguiendo que continuase con una característica conservadora y, en algunos campos, como en las costumbres, hasta reaccionaria y por eso de fácil manipulación política. Dentro del alma de una porción de brasileros hay un pequeño “bolsonaro” reaccionario yodiador. El Bolsonaro histórico ha dado cuerpo a este “bolsonaro” escondido. Lo mismo sucedió con el “hitler” escondido en una parte del pueblo alemán. 

Estas cinco sombras mencionadas se han visto agravadas actualmente por la adquisición incentivada de armas por parte de la población, por la magnificación de la violencia e incluso de la tortura, por el racismo cultural, por la misoginia, por el odio a los de otra opción sexual, por el desprecio a los afrodescendientes, a los indígenas, a los quilombolas y a los pobres en general. Es de extrañar que muchos, hasta personas sensatas, inclusive académicos y gente de clase media puedan seguir a una figura tan perturbada, maleducada y sin ninguna empatía con las personas que sufrieron la pérdida de seres queridos por la Covid-19.

Esta es una explicación, ciertamente no exhaustiva, a través de la categoría de sombra que subyace a las diferentes crisis político-sociales.

La otra categoría es la del karma. Para darle algún grado analítico y no solo hermenéutico (esclarecedor de la vida), me valgo de un largo diálogo entre el gran historiador inglés Arnold Toynbee y Daisaku Ikeda, eminente filósofo japonés, recogido en el libro Elige la vida, (Emecé. Buenos Aires 2005).

Karma es un término sánscrito que originalmente significa fuerza y movimiento, concentrado en la palabra “acción” que provocaba su correspondiente “re-acción”. Se aplica a los individuos y también a las colectividades.

Cada persona es marcada por las acciones que practica en la vida. Esa acción no se restringe a la persona, sino que connota todo el ambiente. Es una especie de cuenta-corriente ética cuyo saldo está en constante mutación según las acciones buenas o malas que se hacen, o sea los “débitos y los créditos”. Incluso después de la muerte, la persona, en la creencia budista y espiritista carga esta cuenta; por eso se reencarna para que, por medio de varios renacimientos, pueda poner a cero la cuenta negativa y entrar en el nirvana o en el cielo. 

Para Toynbee no es necesario recurrir a la hipótesis de los muchos renacimientos porque la red de vínculos garantiza la continuidad del destino de un pueblo (p.384). Las realidades kármicas impregnan las instituciones, los paisajes, configuran a las personas y marcan el estilo singular de un pueblo. Esta fuerza kármica actúa en la historia, marcando los hechos benéficos o maléficos, cosa ya vista por C. G. Jung en sus análisis psico-socio-históricos.

Toynbee en su gran obra en diez volúmenes Estudio de la Historia (A Study of History) trabaja el binomio Desafío-Respuesta (Challange-Response) y ve sentido en la categoría del karma. Pero le da otra versión que me parece clarificadora y nos ayuda a entender un poco las sombras nacionales, especialmente de la extrema derecha brasilera e incluso internacional.

La historia está hecha de redes relacionales dentro de las cuales está insertada cada persona, ligada con las que la precedieron y con las presentes. Hay un funcionamiento kármico en la historia de un pueblo y de sus instituciones de acuerdo a los niveles de bondad y justicia o de maldad e injusticia que produjeron a lo largo del tiempo. Este sería una especie de campo mórfico que permanecería impregnando todo.

Tanto Toynbee como Ikeda concuerdan en esto: “la sociedad moderna (incluidos nosotros) sólo puede ser curada de su carga kármica, añadiríamos, de su sombra, a través de una revolución espiritual social comenzando en el corazón y en la mente (p.159), en la línea de la justicia compensatoria, de políticas sanadoras e instituciones justas. 

Sin embargo, ellas solas no son suficientes y no desharán las sombras y el karma negativo. Es necesario el amor, la solidaridad, la compasión y una profunda humanidad para con las víctimas. El amor será el motor más eficaz porque él, en el fondo, afirman Toynbee e Ikeda “es la Última Realidad” (p.387). Algo semejante dice Watson, uno de los descodificadores del código genético: el amor está en nuestro ADN.

Una sociedad atravesada por el odio y por la mentira como en Bolsonaro y sus seguidores, algunos fanatizados, es incapaz de deconstruir una historia tan marcada por las sombras y por el karma negativo como la nuestra. Esto se aplica específicamente alos modos rudos, ofensivos y mentirosos del actual presidente y de sus ministros.

Solo la dimensión de luz y el karma del bien libran y redimen a la sociedad de la fuerza de las sombras tenebrosas y de las kármicas del mal como los grandes sabios de la humanidad, como el Dalai Lama y los dos Franciscos, el de Asís y el de Roma, lo atestiguan.


Si no derrotarnos electoralmente al actual presidente en esta segunda vuelta que se realizará el 30 de octubre, el país se moverá de crisis en crisis, creando una corriente de sombras y karmas destructivos, comprometiendo el futuro de todos. Pero la luz y la energía de lo positivo siempre se han mostrado históricamente más poderosas que las sombras y el karma negativo.

Estamos seguros de que serán ellas las que garanticen, así lo esperamos, la victoria de Lula, que no guarda rencor ni odio en el corazón, sino que se mueve por la amorosidad y por la política del cuidado del pueblo, especialmente de los empobrecidos y de sus necesidades.

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y ha escrito Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Leonardo Boff: «Scontro fra civiltà e barbarie»

Esta entrevista foi dada antes das eleições de 2 de outubro na qual Lula saiu vitorioso com 48,15% dos votos contra os 43,44% de Bolsonaro. A decisão em segundo turno se dará no dia 30 de outubro. Lboff

Parla l’ecoteologo fra i fondatori della Teologia della Liberazione,Leonardo Boff, Il rischio golpe, i limiti di Lula sull’ecologismo, l’ombra dell’«élite do atraso»

Claudia Fanti

Più che «utile», il voto per Lula è, come ha scritto il giurista Conrado Hübner, «un voto di sopravvivenza»: quella di un modello di società in cui trovino posto la solidarietà, la giustizia (sociale e ambientale), l’uguaglianza. Ed è un voto che va espresso già al primo turno, domenica prossima: perché una vittoria immediata di Lula non indicherebbe solo, nel modo più potente, che la presidenza Bolsonaro è stata solo una tragica parentesi, ma risparmierebbe al paese le violenze che hanno funestato nel 2018 la campagna per il secondo turno e indebolirebbe in eventuali ballottaggi i candidati bolsonaristi alla carica di governatore. Ma, soprattutto, legittimerebbe con più forza il programma governativo del leader del Partito dei lavoratori, scongiurando il rischio di nuove concessioni alle “forze del mercato” in vista del ballottaggio. Ne abbiamo parlato con l’ecoteologo Leonardo Boff, uno dei padri fondatori della Teologia della liberazione, che di Lula conosce bene la passione, la determinazione, i sogni, ma anche i limiti della visione politica.

Ce la farà Lula a vincere già domenica?
La possibilità è reale. Si sta registrando un significativo travaso di voti a suo favore da parte di molti elettori di altri candidati per mettere fine già al primo turno all’incubo rappresentato da un presidente che disprezza i poveri, gli indigeni, i neri, gli omosessuali, le donne, che tratta gli avversari come nemici, che difende apertamente la tortura e si dichiara ammiratore di Pinochet, che – è stato calcolato – è capace di mentire sette volte al giorno. Che nega il dramma di 33 milioni di persone che soffrono la fame e di 110 milioni di persone sottoalimentate. Un presidente, insomma, che appartiene più all’ambito della psichiatria che a quello della politica. In questo quadro, quello che è in gioco domenica è lo scontro tra la civiltà e la barbarie, tra la democrazia e il neofascismo.

Quanto è reale il rischio di un golpe?

E i militari che ruolo possono giocare?
Esistono più di 6mila militari ai diversi livelli dell’amministrazione, ma non in servizio attivo. E se è vero che l’Alto Comando è diviso tra quelli che vogliono un Brasile più autonomo e quelli più asserviti alle strategie imperialiste Usa, nessuno dei generali in servizio attivo si è mostrato incline a sostenere le eventuali avventure golpiste del presidente. Il rischio reale viene dai fanatici del suo zoccolo duro che si sono armati in seguito ai suoi decreti, grazie a cui circolano più di un milione di armi in mano ai civili. Bolsonaro, che ha più volte lasciato intendere di non essere disposto ad accettare una sconfitta, potrebbe scatenare i suoi miliziani e provocare un’ondata di violenza, ma è difficile che la sua strategia golpista abbia successo. E in ogni caso, l’Unione europea e il governo Usa hanno già fatto sapere che riconosceranno immediatamente la legittimità di un’eventuale vittoria di Lula.

In questa campagna elettorale quanto si è parlato dell’Amazzonia, degli ecosistemi minacciati, dei popoli indigeni, della crisi climatica?
Si è assistito a una grave assenza di questi temi nei dibattiti politici. È grazie al sostegno di Marina Silva, grande conoscitrice dell’Amazzonia, che si è iniziato un po’ a parlare di ecologia. Quando era in prigione, Lula, grazie alle pressioni di vari amici, comprese le mie, si è reso conto di quanto il tema ambientale e climatico sia strategico. Nel suo programma, tuttavia, l’agenda ecologica, pur presente, non ha assunto la centralità necessaria, malgrado la sua importanza cruciale per il futuro della vita già nei prossimi 4-5 anni, secondo l’allarme dell’Ipcc e dell’Organizzazione meteorologica mondiale.

In effetti, a differenza di quanto si propone Gustavo Petro in Colombia, Lula non mette in discussione il modello estrattivista: la sfida, per lui, è piuttosto rilanciare la Petrobras come «grande impresa nazionale» e fare di nuovo del Pré-Sal «il passaporto per il futuro» del paese. Non sembra un programma molto incoraggiante…
Ai suoi amici Lula ha detto: se vinco le elezioni il mio discorso pubblico sarà più moderato, ma punterò a dar vita a una rivoluzione sociale radicale; a 76 anni, è l’ultima chance della mia vita e voglio fare il massimo a favore dei poveri di questo paese. E ha aggiunto di aver bisogno per questo di un ampio appoggio da parte dei movimenti sociali, al di là delle alleanze con le forze parlamentari disposte a combattere una delle maggiori disuguaglianze al mondo. Se questa opzione è chiara, Lula si pone però ancora all’interno del vecchio modello capitalista. Combatte, sì, il neoliberismo, ma non prende le distanze dal capitalismo come sistema omicida ed ecocida con la profondità richiesta dalle minacce che incombono sul sistema-vita e sul sistema-Terra.

La presenza di Marina Silva nei governi di Lula non era bastata a spostarne un po’ il baricentro verso politiche più sostenibili. Il suo sostegno di adesso cosa comporterà?
Tutti i progressisti e gli ecologisti hanno celebrato la riconciliazione tra Marina Silva e Lula. Da fonti vicinissime a Marina, so che lei ha condizionato il proprio appoggio alla realizzazione di quasi tutti i punti del suo programma, il quale prevede tra l’altro l’azzeramento della deforestazione in Amazzonia, un’ampia riforestazione delle regioni devastate dall’agribusiness e la creazione di centri di ricerca all’interno della foresta con la presenza di studiosi di tutto il mondo. Il Brasile potrebbe diventare una potenza ecologica sfruttando in maniera sostenibile l’immensa ricchezza della sua biodiversità. Penso che Marina svolgerà un ruolo importante nel prossimo governo, operando in maniera che il fattore ecologico attraversi trasversalmente tutti i ministeri.

Come è possibile tutelare l’Amazzonia senza ridimensionare quell’agribusiness a cui Lula continua a garantire il massimo appoggio?
Lula riconosce l’importanza dell’agribusiness per le finanze del paese, ma vuole che esso produca anche per il consumo interno e non solo per l’esportazione – quanto si trova sulla tavola dei brasiliani proviene per il 70% dall’agricoltura familiare e dall’agroecologia -, e non a scapito della natura e delle riserve indigene. In tale ambito Lula ha fatto progressi nel modo di considerare l’agribusiness e i suoi rischi ecologici.

La scelta di Alckmin come vice, il sostegno di Henrique Meirelles, la ricerca delle più ampie alleanze indicano chiaramente che il prossimo sarà un nuovo governo di coalizione, non certo un governo socialista.
Lula è un politico di grande esperienza. Sa di cosa sono capaci le dieci famiglie che controllano una ricchezza equivalente a quella di cento milioni di brasiliani. Noam Chomsky ha dichiarato recentemente di non aver mai visto un disprezzo per i poveri e per i lavoratori come quello mostrato da una parte significativa dell’élite brasiliana. È l’élite do atraso, dell’arretratezza, come l’ha definita il sociologo Jessé Souza: quella dei discendenti dei proprietari di schiavi che si sono alleati tra loro per assicurarsi i propri privilegi alle spalle della società. E che hanno risposto al tentativo di portare avanti un progetto di inclusione sociale da parte di Lula e Dilma Rousseff con il golpe parlamentare-giuridico-mediatico del 2016. Per questo è importante l’appoggio di figure come Alckmin, che è in grado di dialogare efficacemente con la classe imprenditoriale e con il sistema bancario, e dell’ex ministro dell’Economia Meirelles, che è molto rispettato dal mercato nazionale e internazionale.

<cla.fanti@gmail.com> no Il Manifesto 3/10/2022.

Fonte:https://ilmanifesto.it/leonardo-boff-scontro-fra-civilta-e-barbari

Die nächste Wahl als Plebiszit: Biophilie (Liebe zum Leben) versus Nekrophilie (Liebe zum Tod)

Im Ostergottesdienst wird eine der schönsten Hymnen der Gregorianik gesungen, in der es heißt: “Tod und Leben, sich anschauend, stritten ein Duell” (mors et vita duello conflixere mirando). Und sie schließt: “der Herr des Lebens regiert lebendig” (dux vitae, regnat vivus).

Ich beziehe mich auf diesen liturgischen Text als Metapher für das, was ich bei den nächsten Wahlen sehe: ein Plebiszit, bei dem ein politisches Duell zwischen zwei Projekten für Brasilien und zwei Modellen des Präsidenten ausgetragen wird. Ich möchte es nicht aussprechen, aber einer der brillantesten Juristen unseres Landes, der ehemalige Gouverneur von Rio Grande do Sul und ehemalige Justizminister Tarso Genro, hat es bestätigt:

„Für Jair Bolsonaro gibt es keine Gegner, sondern nur Feinde, die mit Waffen getötet werden müssen. Wie kann ein Politiker, der die Hinrichtung von Verdächtigen, die Erschießung von “30.000 Landsleuten”, die Ermordung eines friedlichen und demokratischen Präsidenten, die Folter als inquisitorische Methode, das Ende der politischen Demokratie verteidigt, der behauptet, der Fehler der Diktatur sei es gewesen, nicht zu foltern, sondern “nicht zu töten”, der öffentlich seine Bewunderung für Hitler zum Ausdruck bringt und sich über die Folterungen einer ehrbaren Frau lustig macht, die aus dem Präsidentenamt entfernt werden sollte, wie dieser Politiker vom neoliberalen “Establishment” und den großen Mediennetzen feige eingebürgert wurde, nachdem er zahlreiche barbarische Verbrechen begangen und wiederholt und bewusst eine völkermörderische Propaganda gegen das Impfen betrieben hatte.“

Hier wird es klar, dass es ein Todesprojekt gibt, das Bolsonaro im Falle seiner Wiederwahl durchführen wird. Es ist die Domäne der Nekrophilie, der Förderung des Todes und seiner Derivate, wie Hass und Lügen.

Auf der anderen Seite des Duells steht ein weiterer Kandidat, Luis Inácio Lula da Silva. Ich möchte kein Manichäist sein, der nur das Gute auf der einen und das Böse auf der anderen Seite sieht. Gut und Böse sind vermischt. Aber wir müssen anerkennen, dass das Gute in Lula stärker zum Ausdruck kommt. Er stellt ein Projekt vor, in dessen Mittelpunkt das Leben steht, angefangen bei denen, die am wenigsten besitzen: die dreißig Millionen Hungernden, die 110 Millionen Menschen, die nicht genug zu essen haben, die Millionen von Arbeitslosen oder Unterbeschäftigten, die Arbeitnehmer und Rentner, deren Rechte beschnitten wurden, weil der Mindestlohn eingefroren wurde.

Zusammenfassend lässt sich sagen, dass als Erstes das Minimum gewährleistet werden muss: Nahrung, Gesundheit, Arbeit, Bildung, Wohnung, Land zur Erzeugung von Nahrungsmitteln für die Bevölkerung, Sicherheit und Chancen für diejenigen, die historisch gesehen die Nachkommen der Senzala sind (54 % der Bevölkerung), die Zugang zu höherer, universitärer oder technischer Bildung haben.

Regieren heißt, sich um alle zu kümmern, aber immer ausgehend von den Gedemütigten und Gekränkten. Die Inspiration stammt von Gandhi, der sagte: Politik zu machen bedeutet, eine liebevolle Geste gegenüber den Menschen zu zeigen und sich um die gemeinsamen Dinge zu kümmern. Oder um es mit den Worten von Papst Franziskus in seinem „Fratelli tutti“ zu sagen: Politik muss mit Zärtlichkeit betrieben werden, “die eine nahe und konkrete Liebe ist, eine Bewegung, die aus dem Herzen kommt und die Augen, Ohren und Hände erreicht” (Nr. 196). Es ist das Reich der Biophilie, der Liebe zum Leben.

Diese beiden Projekte stehen sich bei dieser Wahl wie in einem Duell gegenüber. Es liegt an den Wahlberechtigten, ihre Entscheidung zu treffen: Welches Land wollen wir, welcher Präsident ist lebensfroher, lebensbejahender, hoffnungsvoller und lebenswerter? Wir sind keine Steine, die einfach nur existieren. Wir wollen nicht nur existieren, wir wollen leben und in Frieden zusammenleben.

Was wir in der Regierung des gegenwärtigen Präsidenten erlebt haben, ist die Herabsetzung unserer Menschlichkeit, die Preisgabe von Tausenden von Menschen, die der Bösartigkeit von Covid-19 zum Opfer gefallen sind und die gestorben sind, obwohl sie hätten gerettet werden können, wenn nicht die offizielle Verweigerungshaltung so hartnäckig gewesen wäre.

Was uns am meisten schmerzt und beschämt, ist die fehlende Gelassenheit der höchsten Autorität der Nation, die die Tugenden leben sollte, die er im Volk verwirklicht sehen möchte, wie Solidarität, Sorge füreinander und für unsere natürlichen Reichtümer und die Förderung unserer Wissenschaft und Kultur, die er in einer ärgerlichen Weise angegriffen hat. Im Gegenteil, es herrschten Hass, Fake News, Unhöflichkeit, unflätige Sprache und alle Arten von Diskriminierung, unter anderem gegenüber Afroamerikanern, Indigenen, Quilombolas, Frauen, Armen und LGBT+-Personen, vor.

Wir werden diese politisch-soziale und nekrophile Geißel nur überwinden können, wenn wir uns in diesem Duell für das Projekt der Biophilie entscheiden. Auch hier möchte ich den ehemaligen Gouverneur Tarso Genro zitieren: “Eine Woche vor dem Plebiszit müssen wir eine große politische Einigung über die Regierungsführung und die Regierbarkeit erzielen und Jair Bolsonaro in der ersten Runde besiegen, vereint um den stärksten Namen, um zu gewinnen und die Nation zu dem demokratischen und sozialen Schicksal zu führen, das unser Volk verdient”.

Dieser Name kristallisiert sich als Favorit der Wähler heraus: Lula da Silva. Er ist ein Überlebender der großen nationalen Drangsal, er hat gezeigt, dass er in der Lage ist, die Politik zu humanisieren, indem er Brasilien von der Landkarte des Hungers befreit und eine Sozial- und Volkspolitik geschaffen hat, die den Ausgegrenzten und vielen anderen Chancen eröffnete und vor allem den Verarmten ihre Würde zurückgab.

Das Schicksal unserer Nation liegt in unseren Händen. Es hängt davon ab, dass wir die Entscheidung treffen, die Brasilien aus dem Graben zieht, in den es gestürzt wurde, die es uns ermöglicht, die grausame soziale Ungleichheit zu verringern und uns endlich die Freude am Leben zu schenken. Das bevorstehende Wahlduell am 2. Oktober wird der große Test sein, welches Brasilien und welchen Präsidenten wir eigentlich wollen.

Möge das Projekt der Biophilie, der Liebe zum Leben, insbesondere zum leidenden Leben der großen Mehrheit, triumphieren.

Leonardo Boff ist Ökotheologe und Schriftsteller. Er hat gescrhieben:Ökologie: Schrei der Arme – Schrei der Erde, Patmos 2010.

Rescatar la democracia ante la amenaza de golpe

Oímos con frecuencia las amenazas de golpe a la democracia por parte del actual presidente. Él ha realizado aquello que Aristóteles llama kakistocracia: “la democracia de los peores”. Se rodeó de milicianos, colocó en los cargos públicos a algunas decenas de militares de espíritu autoritario, ligados todavía a la revolución empresarial-militar de 1964, hizo alianza con los políticos del grupo Centrão que, en vez de representar los intereses generales del pueblo, viven de privilegios y de sobornos y hacen de la política profesión para el enriquecimiento propio.

No he visto una mejor descripción realista de nuestra democracia que esta de mi compañero de estudios, inteligencia brillante, Pedro Demo. En su Introducción a la sociología (2002) dice enfáticamente: «Nuestra democracia es una escenificación nacional de hipocresía refinada, repleta de leyes “bonitas”, pero hechas siempre en última instancia por la élite dominante para que le sirva a ella de principio a fin. El político es alguien que se caracteriza por ganar mucho, trabajar poco, hacer negocios sospechosos, emplear a parientes y apaniguados, enriquecerse a costa de los dineros públicos y entrar en el mercado por arriba. Si ligásemos democracia con justicia social, nuestra democracia sería su misma negación» (p.330.333).

Lógicamente, hay políticos honrados, éticos y orgánicamente articulados con sus bases, con los movimientos sociales y con el pueblo en general. En su mayoría, los políticos siguen el ideal clásico de Max Weber: la política como misión con vistas al bien común y no como profesión en busca del bien individual. Hace decenios que estamos discutiendo y tratando de enriquecer el ideal de la democracia: pasar de la democracia representativa a la participativa y popular, a la democracia económica, a la democracia comunitaria de los andinos (del bien vivir), a la democracia sin fin, a la democracia ecológico-social y finalmente a una democracia planetaria.

Todo esto se ha esfumado ante los frecuentes ataques del actual presidente. Este pertenece, primeramente, al ámbito de la psiquiatría y, secundariamente, al de la política. Tenemos que vérnosla con alguien que no sabe hacer política, pues trata a los adversarios como enemigos a ser abatidos (recordemos lo que dijo en la campaña: hay que eliminar a 30 mil progresistas). Afirma descaradamente que torturar a las personas fue un error de la revolución de 1964 cuando deberían haberlas matado, defiende a torturadores, admira a Hitler y a Pinochet. En otras palabras, es alguien dominado psíquicamente por la pulsión de muerte, lo cual quedó claro por la forma irresponsable como se ocupó de la Covid-19. 

Por el contrario, la política en un régimen democrático de derecho supone la diversidad de proyectos y de ideas, divergencias que hacen del otro un adversario pero nunca un enemigo. El presidente no conoce nada de esto. Por no mencionar la falta de decoro que la alta dignidad del cargo exige, pues se comporta de manera grosera y avergüenza al país cuando viaja al extranjero. 

Nos vemos obligados a defender la democracia mínima, la representativa. Tenemos que recordar el mínimo del mínimo de toda democracia, que es la igualdad, a la luz de la cual ningún privilegio se justifica. El otro es un ciudadano igual a mí, un semejante con los mismos derechos y deberes. Esta igualdad básica funda la justicia societaria que debe ser efectiva siempre en todas las instituciones y en todas las relaciones sociales o comunitarias.. Este es un reto inmenso, el de la desigualdad, herederos como somos de una inmensa desigualdad, producto de una sociedad de la Casa-Grande y de la senzala de los esclavizados, caracterizada precisamente por privilegios y negación de todos los derechos a sus subordinados.

Incluso así, tenemos que garantizar un estado de derecho democrático en contra de las más diferentes motivaciones que el presidente inventa para negar la seguridad de las urnas, para no aceptar una derrota electoral, pronosticada por las encuestas, como Datafolha, a la cual él contrapone la fantasiosa Datapovo. 

La elección actual viene a ser un verdadero plebiscito: ¿qué forma de Brasil deseamos? ¿Qué tipo de presidente queremos? Por todo lo que ha desmantelado durante su gestión se trata de un enfrentamiento de la civilización contra la barbarie. Si fuera reelegido conducirá al país a situaciones oscuras del pasado superadas desde hace mucho por la modernidad. Es tan obtuso y enemigo del desarrollo necesario que combate directamente la ciencia, desmonta la educación y desregula la protección de la Amazonia.

La presente situación supone un desafío para todos los candidatos, sin importar su filiación de partido: hacer una declaración clara y pública en defensa de la democracia. Diría más, sería un gesto de patriotismo, poniendo a la nación por encima de los intereses partidarios y personales, si los candidatos que, según las encuestas, claramente no tienen posibilidad de ganar o de ir a la segunda vuelta, proclamasen su apoyo al mejor situado en términos electorales y que se propone, como ya lo ha hecho, rescatar la democracia y atender a los millones de hambrientos y a muchos otros millones de desheredados.

Tenemos que demostrarnos a nosotros mismos y al mundo que hay gente de bien que son solidarios con las víctimas de la Covid-19, en particular el MST, que sigue haciendo cultura e investigación. Este será un legado sagrado para que no olvidemos nunca que, incluso en condiciones adversas, existió bondad, inteligencia, cuidado, solidaridad y finura de espíritu.

Personalmente me es incómodo escribir sobre esa democracia mínima, cuando me he comprometido con una democracia socioecológica. Frente a los peligros que nos tocará enfrentar, especialmente el calentamiento global y sus efectos dañinos, nuestra generación tiene que decidir si todavía quiere continuar sobre este planeta o tolerará destruirse a sí misma y a gran parte de la biosfera. La Tierra, sin embargo, continuará, pero sin nosotros.

*Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y ha escrito: Cuidar la Tierra-proteger la vida: cómo evitar el fin del mundo, Record 2010. Próximo a salir: En busca de la justa medida: cómo equilibrar el planeta Tierra, Vozes 2022.

Traducción de MªJosé Gavito Milano