En homenaje a los indígenas muertos por la Covid-19

Son muchos nuestros hermanos y hermanas indígenas que están muriendo por causa de la Covid-19 por y la falta de atención de las políticas genocida y etnocida del actual gobierno.

Quiero dedicarles este bello mito-historia de los pueblos amazónicos sobre el sentido de la muerte y la entrada en la suprema Felicidad. Es también para los familiares de los miles de fallecidos a causa del coronavirus. Para todos nuestra solidaridad y nuestras palabras de consuelo.

Siempre nos preguntamos: ¿cómo llegan al cielo las personas fallecidas? Existe la convicción entre los pueblos de que todos deben hacer un viaje. Y en ese viaje hay que pasar pruebas. Según este relato de los pueblos amazónicos, cada uno debe purificarse, volverse leve para poder sumergirse dentro de ese mundo de alegría y de fiesta donde están todos los antepasados y los parientes fallecidos.

Por causa de la falta de atención de las autoridades que desprecian e incluso odian a los pueblos originarios, muchos pajés están muriendo, víctimas de la Covid-19. Con ellos desaparece una biblioteca completa de conocimientos que ellos heredaron, enriquecieron y pasan siempre a las nuevas generaciones. Con su muerte se produce una ruptura dolorosa de esa tradición. Ellos y nosotros sufrimos y quedamos más pobres. Para todos ellos nuestra profunda solidaridad y compasión, sufrimos el dolor que ellos sufren: LBoff

En muchas tribus de la Amazonia se cree que los muertos se transforman en mariposas. Durante el tiempo necesario para la purificación, cada cual adquiere una forma adecuada. Las que se purifican pronto, son albísimas, con pocas horas de vida y con colores blancos. Penetran directamente en el mundo de la felicidad.

Las que necesitan más tiempo son más pequeñas, ligeras y multicolores. Y las que necesitan mucho tiempo son más grandes, pesadas y de colores oscuros.

Todas ellas vuelan de flor en flor, chupando el néctar y fortaleciéndose para cargar su propio peso cuando se alcen al cielo, donde vivirán felices con todos los antepasados y parientes, que están solo en el otro lado de la vida.

En aquella selva se cuenta la siguiente historia:

Coaciaba, era una joven india, esbelta y de rara belleza. Había quedado viuda muy pronto, pues su marido, valiente guerrero, cayó bajo una flecha enemiga. Cuidaba con extremo cariño de su única hijita, Guanambi.

Para aliviar la saudade interminable del marido, paseaba cuando podía por la orilla del río, mirando las mariposas, o por el campo, cerca del sembrado, donde también revoloteaban colibrís y muchos insectos.

De tanta tristeza, Coaciaba acabó muriendo. No sólo se muere de enfermedad, de vejez o por un virus maligno de la naturaleza. También se muere de saudade de la persona amada.

Guanambi, su hija, quedó completamente sola. Inconsolable, lloraba mucho, especialmente a la hora en que su madre solía llevarla de paseo. Aun siendo pequeña, sólo quería visitar el túmulo de su madre. No quería vivir más. Le pedía a ella y a los espíritus que viniesen a buscarla y la llevasen donde estuviese su madre.

De tanta tristeza, Guanambi fue languideciendo día tras día hasta que también ella murió. Sus parientes estaban muy apenados con tanta desgracia sobrevenida sobre la misma familia.

Pero curiosamente su espíritu no se volvió mariposa como en los demás indios de la tribu. Quedó aprisionado dentro de una linda flor de lila, muy cerca de la sepultura de su madre. Así podía estar junto a su madre, como había pedido a los espíritus.

La madre, Coaciaba, cuyo espíritu sí se había trasformado en mariposa, volaba de flor en flor chupando el néctar para fortalecerse y preparar su viaje al cielo.

Cierto día, al atardecer, zigzagueando de flor en flor, se posó sobre una linda flor de lila. Al chupar el néctar, oyó un lloriqueo triste y dulce. Su corazón se estremeció y casi desfalleció de emoción. Había reconocido dentro de ella la vocecita de su querida hija Guanambi. ¿Cómo podía estar aprisionada allí? Se rehízo de la emoción y dijo:

-Hija querida, mamá está aquí contigo. Estate tranquila que voy a liberarte para que podamos volar juntas al cielo.

Pero pronto se dio cuenta de que era una levísima mariposa y no tenía fuerzas para abrir los pétalos, romper la flor y libertar a su hijita querida. Entonces se recogió en un rincón y, entre lágrimas, suplicó al Espíritu creador y a todos los ancestros de la tribu:

-Por amor a mi marido, valiente guerrero, muerto en defensa de todos los parientes, por compasión de mi hija huérfana, Guanambi, presa en el corazón de la flor de lila, os imploro, Espíritu de bondad y a todos vosotros ancianos de nuestra tribu: transfórmenme en un pajarillo veloz y ágil, dotado de un pico puntiagudo para romper la flor de lila y liberar a mi querida hijita.

Tanta fue la compasión despertada por Coaciaba que el Espíritu creador y los ancianos de la tribu atendieron sin tardanza su súplica. La transformaron en un bellísimo colibrí, ligero, ágil, que se posó inmediatamente sobre la flor de lila. Le susurró con voz cargada de ternura:

-Hijita, soy yo, tu mamá. No te asustes. He sido transformada en un colibrí para venir a liberarte.

Con el pico puntiagudo fue sacando con cuidado un pétalo tras otro hasta abrir el corazón de la flor. Allí estaba Guanambi sonriente, tendiendo los bracitos hacia su madre.

Purificadas y abrazadas volaron hacia lo alto, cada vez más alto hasta llegar juntas al cielo.

Desde entonces existe entre muchos indígenas amazónicos la siguiente costumbre: siempre que muere una criatura huérfana, se cubre su cuerpecito con flores de lila, como si estuviese dentro de una gran flor, en la certeza de que su madre, en forma de colibrí, vendrá a buscarla para volar abrazadas al cielo, donde estarán eternamente juntas y felices con todos los antepasados y todos sus demás parientes.

*Leonardo Boff reescribió mitos-historias de nuestros pueblos indígenas: El casamiento entre el cielo y la Tierra, Mar de Ideias, Rio de Janeiro 2014.
Traducción de Mª José Gavito Milano

 

 

Em homenagem aos indígenas mortos pelo covid-1

São muitos irmãos e irmãs nossos indígenas que estão morrendo por causa do Covid-19 e o descaso das políticas genocidas e etnocida do atual Governo.

Dedico-lhes este belo mito-estória dos povos amazônicos sobre o sentido da morte e da entrada na suprema Felicidade. Ela vale também para os familiares dos milhares de falecidos por causa do Coronavírus. Eles merecem a nossa solidariedade e também nossas palaras de cosolo.

Sempre nos perguntamos: como as pessoas falecidas chegam ao céu? Há uma convicção entre os povos de que todos devem fazer uma viagem. Nessa viagem há provas a passar. Segundo este relato dos povos amazônicos, cada um deve se purificar, tornar-se leve para poder mergulhar para dentro daquele mundo de alegria e de festa onde estão tdos os antepassados e os parentes falecidos.

A nossa tristeza é que, por causa do descaso das atuais autoridades que desprezam e até odeiam os povos originários, muitos pajés estão morrendo, vítimas do Covid-19. Com eles desaparece uma inteira biblioteca de conhecimentos que eles herdaram, enriqueceram e sempre passam às novas gerações. Com sua morte há uma ruptura dolorosa dessa tradição. Eles e nós sofremos e ficamos mais pobres. A todos eles nossa profunda solidarieda e com-paixão, sofrendo também a dor que eles sofrem: LBoff

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Em muitas tribos da Amazônia acredita-se que os mortos se transformam em borboletas. Durante o tempo necessário para a purificação, cada qual ganha uma forma adequada. As que se purificam logo, são alvíssimas, com poucas horas de vida e com cores brancas. Penetram diretamente no mundo da felicidade.

As que precisam de mais tempo, são menores, leves e multicores. E as que precisam de muito tempo são maiores, pesadas e com cores escuras.

Todas elas voam de flor em flor, sugando nectar e fortalecendo-se para carregar o próprio peso ao se alçarem ao céu, onde viverão felizes com todos os antepassados e parentes que estão apenas no outro lado da vida. Conta-se naquela floresta a seguinte estória:

Coaciaba, era uma jovem índia, esbelta e de rara beleza. Ficara viúva muito cedo, pois seu marido, valente guerreiro, tombara sob uma flecha inimiga. Cuidava com extremo carinho da única filhinha, Guanambi.

Para aliviar a saudade interminável do marido, passeava, quando podia, pelas margens do rio, vendo as borboletas ou na campina, perto do roçado, onde também esvoaçavam os colibris e outros insetos.

De tanta tristeza, Coaciaba acabou morrendo. Não se morre só de doença, por velhice ou por causa de um vírus maligno da natureza. Morre-se também por saudade da pessoa amada.

Guanambi, a filha, ficou totalmente sozinha. Inconsolável, chorava muito, especialmente, nas horas em que sua mãe costumava levá-la a passear. Mesmo pequena, só queria visitar o túmulo da mãe. Não queria mais viver. Pedia a ela e aos espíritos que viessem buscá-la e a levassem lá onde estivesse a sua mãe.

De tanta tristeza, Guanambi foi definhando dia após dia até que também ela morreu. Os parentes ficaram muito penalizados, com tanta desgraça sobrevindo sobre a mesma família.

Mas, curiosamente, seu espírito não virou borboleta como a dos demais indios da tribo. Ficou aprisionado dentro de uma linda flor lilás, pertinho da sepultura da mãe. Assim podia ficar junto da mãe, como havia pedido aos espíritos.

A mãe Coaciaba, cujo espírito fora, sim, trasformado em borboleta, esvoaçava de flor em flor sugando nectar para se fortalecer e encetar sua viagem ao céu.

Certo dia, ao entardecer, ziguezagueando de flor em flor, pousou sobre uma linda flor lilás. Ao sugar o nectar, ouviu um chorinho triste e doce. Seu coração estremeceu e quase desfaleceu de emoção. Reconheceu dentro dela   a vozinha da filha querida Guanambi. Como poderia estar aprisionada ai? Refez-se da emoção e disse:

-Filha querida, mamãe está aqui com você. Fique tranquila que vou libertá-la para juntos voarmos para o céu.

Mas deu-se logo conta de que ela era uma levíssima borboleta e que não teria forças para abrir as pétalas, romper a flor e libertar a filhinha querida. Recolheu-se, então, a um canto e, em lágrimas, suplicou ao Espírito criador e a todos os ancestrais da tribo:

-Por amor ao meu marido, valente guerreiro, morto em defesa de todos os parentes, por compaixão de minha filha órfã, Guanambi, presa no coração da flor lilás, eu vos imploro, Espírito benfazejo e a vós todos, anciãos de nossa tribo: transformem-me num pássarinho veloz e ágil, dotado de um bico ponteagudo para romper a flor lilás e libertar a minha querida filhinha.

Tanta foi a compaixão despertada por Coaciaba que o Espírito criador e os anciãos da tribo atenderam, sem delongas, a sua súplica. Transformaram-na num belíssimo beija-flor, leve, ágil, que pousou imediantamente sobre a flor lilás. Sussurrou com voz carregada de enternecimento:

-Filhinha, sou eu, sua mãe. Não se assuste. Fui transformada num beija-flor para vir libertá-la.

Com o bico ponteagudo, foi tirando com cuidado pétala por pétala até abrir o coração da flor. Lá estava Guanambi sorridente, estendendo os bracinhos em direção da mãe.

Purificadas e abraçadas voaram alto, cada vez mais alto até chegarem juntas ao céu.

Desde então se introduziu entre indígenas amazônicos, o seguinte costume: sempre que morre uma criança órfã, seu corpinho é coberto de flores lilás, como se estivesse dentro de uma grande flor, na certeza de que a mãe, na forma de um beija-flor, venha buscá-a para, abraçadas, voarem para o céu, onde estarão eternamente juntas e felizes com todos os antepassados e com todos os demais parentes.

Leonardo Boff reescreveu mitos-estórias de nossos povos indígenas:”O casamento entre o céu e a Terra”, Mar de Ideias, Rio de Janeiro 2014.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A mãe que virou beija-flor para libertar a filhinha

São muitos irmãos e irmãs nossos indígenas que estão morrendo por causa do Covid-19 e o descaso das políticas genocidas e etnocidas do atual Governo.

Dedico-lhes este belo mito-estória dos povos amazônicos sobre o sentido da morte e da entrada na suprema Felicidade. Ela vale também para os familiares dos milhares de falecidos por causa do Coronavírus. Eles merecem a nossa solidariedade e também nossas palavras de cosolo.

Sempre nos perguntamos: como as pessoas falecidas chegam ao céu? Há uma convicção entre os povos de que todos devem fazer uma viagem. Nessa viagem há provas a passar. Segundo este relato dos povos amazônicos, cada um deve se purificar, tornar-se leve para poder mergulhar para dentro daquele mundo de alegria e de festa onde estão todos os antepassados e os parentes falecidos.

A nossa tristeza é que, por causa do descaso das atuais autoridades que desprezam e até odeiam os povos originários, muitos pajés estão morrendo, vítimas do Covid-19. Com eles desaparece uma inteira biblioteca de conhecimentos que eles herdaram, enriqueceram e sempre passam às novas gerações. Com sua morte há uma ruptura dolorosa dessa tradição. Eles e nós sofremos e ficamos mais pobres. A todos eles nossa profunda solidariedade e com-paixão, participando também da paixão  que eles sofrem: LBoff

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Em muitas tribos da Amazônia acredita-se que os mortos se transformam em borboletas. Durante o tempo necessário para a purificação, cada qual ganha uma forma adequada. As que se purificam logo, são alvíssimas, com poucas horas de vida e com cores brancas. Penetram diretamente no mundo da felicidade.

As que precisam de mais tempo, são menores, leves e multicores. E as que precisam de muito tempo são maiores, pesadas e com cores escuras.

Todas elas voam de flor em flor, sugando nectar e fortalecendo-se para carregar o próprio peso ao se alçarem ao céu, onde viverão felizes com todos os antepassados e parentes que estão apenas no outro lado da vida.

Conta-se naquela floresta a seguinte estória:

Coaciaba, era uma jovem índia, esbelta e de rara beleza. Ficara viúva muito cedo, pois seu marido, valente guerreiro, tombara sob uma flecha inimiga. Cuidava com extremo carinho da única filhinha, Guanambi.

Para aliviar a saudade interminável do marido, passeava, quando podia, pelas margens do rio, vendo as borboletas ou na campina, perto do roçado, onde também esvoaçavam os colibris e outros insetos.

De tanta tristeza, Coaciaba acabou morrendo. Não se morre só de doença, por velhice ou por causa de um vírus maligno da natureza. Morre-se também por saudade da pessoa amada.

Guanambi, a filha, ficou totalmente sozinha. Inconsolável, chorava muito, especialmente, nas horas em que sua mãe costumava levá-la a passear. Mesmo pequena, só queria visitar o túmulo da mãe. Não queria mais viver. Pedia a ela e aos espíritos que viessem buscá-la e a levassem lá onde estivesse a sua mãe.

De tanta tristeza, Guanambi foi definhando dia após dia até que também ela morreu. Os parentes ficaram muito penalizados, com tanta desgraça sobrevindo sobre a mesma família.

Mas, curiosamente, seu espírito não virou borboleta como a dos demais indios da tribo. Ficou aprisionado dentro de uma linda flor lilás, pertinho da sepultura da mãe. Assim podia ficar junto da mãe, como havia pedido aos espíritos.

A mãe Coaciaba, cujo espírito fora, sim, trasformado em borboleta, esvoaçava de flor em flor sugando nectar para se fortalecer e encetar sua viagem ao céu.

Certo dia, ao entardecer, ziguezagueando de flor em flor, pousou sobre uma linda flor lilás. Ao sugar o nectar, ouviu um chorinho triste e doce. Seu coração estremeceu e quase desfaleceu de emoção. Reconheceu dentro dela   a vozinha da filha querida Guanambi. Como poderia estar aprisionada ai? Refez-se da emoção e disse:

-Filha querida, mamãe está aqui com você. Fique tranquila que vou libertá-la para juntos voarmos para o céu.

Mas deu-se logo conta de que ela era uma levíssima borboleta e que não teria forças para abrir as pétalas, romper a flor e libertar a filhinha querida. Recolheu-se, então, a um canto e, em lágrimas, suplicou ao Espírito criador e a todos os ancestrais da tribo:

-Por amor ao meu marido, valente guerreiro, morto em defesa de todos os parentes, por compaixão de minha filha órfã, Guanambi, presa no coração da flor lilás, eu vos imploro, Espírito benfazejo e a vós todos, anciãos de nossa tribo: transformem-me num pássarinho veloz e ágil, dotado de um bico ponteagudo para romper a flor lilás e libertar a minha querida filhinha.

Tanta foi a compaixão despertada por Coaciaba que o Espírito criador e os anciãos da tribo atenderam, sem delongas, a sua súplica. Transformaram-na num belíssimo beija-flor, leve, ágil, que pousou imediantamente sobre a flor lilás. Sussurrou com voz carregada de enternecimento:

-Filhinha, sou eu, sua mãe. Não se assuste. Fui transformada num beija-flor para vir libertá-la.

Com o bico ponteagudo, foi tirando com cuidado pétala por pétala até abrir o coração da flor. Lá estava Guanambi sorridente, estendendo os bracinhos em direção da mãe.

Purificadas e abraçadas voaram alto, cada vez mais alto até chegarem juntas ao céu.

Desde então se introduziu entre indígenas amazônicos, o seguinte costume: sempre que morre uma criança órfã, seu corpinho é coberto de flores lilás, como se estivesse dentro de uma grande flor, na certeza de que a mãe, na forma de um beija-flor, venha buscá-a para, abraçadas, voarem para o céu, onde estarão eternamente juntas e felizes com todos os antepassados e com todos os demais parentes.

Leonardo Boff reescreveu mitos-estórias de nossos povos indígenas:”O casamento entre o céu e a Terra”, Mar de Ideias, Rio de Janeiro 2014.

    

 

 

 

Nota de apoio ao Padre Edson Adélio Tagliaferro contra o projeto de morte de Bolsonaro

Nota de apoio ao Padre Edson Adélio Tagliaferro contra o projeto de morte de Bolsonaro

08/07/2020

Nota de apoio ao Padre Edson Adélio Tagliaferro. Mais de cem padres já assinaram

“Nós, que nos denominamos ‘Padres da Caminhada‘, articulados em nível de Brasil, viemos nos solidarizar com você, nosso irmão, Padre Edson Adélio Tagliaferro. Nós nos alegramos com sua voz profética que se levanta para denunciar todo esse projeto de morte que vem sendo implantado! Saiba que você não está sozinho. Conte sempre conosco e com nossa solidariedade. E agradecemos ao bom Deus que não deixa morrer a profecia. Continua a suscitar homens de coragem e de compromisso. Continue sendo essa voz que denuncia tudo o que diminui ou mata a vida de nosso povo“, escrevem os Padres da Caminhada, de todo o Brasil, em apoio ao Padre Edson Tagliaferro.
Eis a nota.

“Se calarem a voz dos profetas
As pedras falarão
Se fecharem os poucos caminhos
Mil trilhas nascerão”
(Pão de Igualdade, de Cecília Vaz Castilho)

O texto bíblico que inspirou esta música de Cecília Vaz Castilho está no contexto da entrada de Jesus em Jerusalém. Os fariseus, neste momento, pedem que Jesus mande as multidões se calarem! Logo depois Jesus chora sobre Jerusalém, por causa da falta de acolhida à sua proposta de vida e liberdade. A seguir Jesus entra no Templo e expulsa de lá os comerciantes, acusando-os de desvirtuarem a religião, que manipula Deus e a fé do povo em vista de seus interesses (cf. Lc 19,39-40). Alguns teólogos afirmam que aqui está o motivo pelo qual Jesus foi condenado, pois mexeu no coração do sistema político-religioso-financeiro.

Frei Betto constantemente nos lembra que somos seguidores de um perseguido político, que foi assassinado pelo centro do poder de sua época. Jesus não se dobrou nem compactuou com os poderes de sua época. Permaneceu firme à missão que Deus lhe confiou, instaurou o Reino com seu jeito de ser e de viver. Pautou sua vida pelo carinho e acolhida. Mas, nem por isso, foi conivente com as injustiças e tantos desmandos de sua época. Jesus, neste sentido, foi verdadeiramente Profeta. Não se calou nem permitiu que calassem a voz dos pequenos e humildes, das mulheres e dos pecadores, dos marginalizados e tantos intocáveis de seu tempo. Pela fidelidade a Deus e ao Povo levou até o fim a sua missão profética, sem pedir licença nem perdão aos poderosos.

Em sintonia com o Mestre, Profeta e Mártir Jesus, não podemos nos calar diante de tanta injustiça e de tantos desmandos. Um projeto de morte vem sendo instalado em nosso País. Este projeto de morte congelou os investimentos no campo social por 20 anos, cortou direitos trabalhistas, deu um golpe terrível na Previdência; ainda temos muitos outros sinais desta necropolítica. Além disso, está avançando numa política econômica ultraliberal que tem como horizonte a privatização de empresas estatais importantes e abre mão da soberania, submetendo-se a uma subserviência ao poder imperial e econômico estadunidense. Este projeto não leva em conta a vida dos pobres e descartáveis da sociedade.

Se não bastasse isso, ainda encontramos “cães de guarda” do capital e desta necropolítica. São pessoas que se empenham diuturnamente a fazer linchamentos de pessoas pelas redes sociais. Seus instrumentos são largamente conhecidos e estão sob investigação. Disseminam notícias mentirosas e destroem a vida dos que se opõem a este projeto de morte. Qualquer um que se atreva a discordar ou levantar sua voz contra este projeto e seus executores sofrem ataques sem dó nem piedade, chegando ao ponto de sofrerem também ameaças e pressões.

Mas a profecia na Igreja, embora não seja a maioria, resiste! Ela não está adormecida! Temos muitas comunidades e pessoas que mesmo diante das perseguições e tribulações mantêm-se fiéis no seguimento do Morto-Ressuscitado, anunciando o Reino e denunciando as mazelas dos poderes deste mundo. Queremos trazer presente e agradecer a Deus por uma voz que não se calou! Ousou levantar sua voz profética diante desse projeto de morte, para anunciar o projeto de Jesus, pois “quem comunga o seu Evangelho não pode se associar ao reino da morte” (Padre Edson Adélio Tagliaferro). No dia 02 de julho, quinta-feira, Padre Edson refletiu sobre as leituras e sobre a realidade em que nos encontramos. Não foi discurso de político! Foi discurso teológico! Assim como os profetas e Jesus, Padre Edson denunciou a opressão e o descaso que nosso povo brasileiro está submetido. Não é possível ficar impassível, indiferente diante de tantas mortes, de maneira especial dos empobrecidos e dos esquecidos.

Dante Alighieri retrata o futuro dos indiferentes, ou no dizer de Jesus, daqueles que são mornos, nem frios nem quentes, que ocuparão o vestíbulo (ante-inferno) aqueles que não se rebelaram nem foram fiéis a Deus (Inferno, Canto III, 61-63), o qual John F. Kennedy interpretou da seguinte forma: “No inferno os lugares mais quentes são aqueles reservados àqueles que escolheram a neutralidade em tempos de crise”. Não existe neutralidade quando o povo, principalmente, os empobrecidos são solapados em seus direitos e em sua justiça. Por emprestar sua voz à voz dos empobrecidos, Padre Edson teve um gesto de pai e de profeta. E agora, por tal atitude, ele tem sido vítima de ataques e manipulações de grupos que estimulam o ódio, a mentira e o linchamento virtual. Tais práticas são próprias de quem está distante do Deus do Reino, pois “o Diabo é mentiroso e pai da mentira” (Jo 8,44).

Por isso, nós, que nos denominamos “Padres da Caminhada”, articulados em nível de Brasil, viemos nos solidarizar com você, nosso irmão, Padre Edson Adélio Tagliaferro. Nós nos alegramos com sua voz profética que se levanta para denunciar todo esse projeto de morte que vem sendo implantado! Saiba que você não está sozinho. Conte sempre conosco e com nossa solidariedade. E agradecemos ao bom Deus que não deixa morrer a profecia. Continua a suscitar homens de coragem e de compromisso. Continue sendo essa voz que denuncia tudo o que diminui ou mata a vida de nosso povo. As palavras do profeta continuam a ecoar em nossas mentes e em nossos corações: contra uma religião refém das conveniências e dos intimismos, “que o direito corra como a água e a justiça como um rio caudaloso” (cf. Am 5,21-27). Vale também lembrar o Papa Francisco, na Exortação Evangelii Gaudium: “A missão é uma paixão por Jesus, e simultaneamente pelo seu povo” (268) e de seu chamado a cada um de nós que é a de “que toquemos a miséria humana, que toquemos a carne sofredora dos outros” (270). Somente quem tem amor a Deus e ao povo é capaz de não se conformar e calar. Quem tem a capacidade de se sensibilizar pelas chagas do povo precisa gritar para que toda essa morte cesse! “Se eles calarem, as pedras gritarão!”.

Conte sempre com nosso apoio neste momento e em toda a sua caminhada. Não estamos sós! Estamos distantes, mas unidos num mesmo sonho, num mesmo projeto. Continue sendo sempre este grande profeta e conte sempre com nossas orações.

Padres da Caminhada

Assinam essa Nota de Solidariedade, em 07 de julho de 2020.

1. Pe. Alex José Kloppenburg – Diocese de Bagé – RS
2. Pe. Altair Manieri – Arquidiocese de Londrina – PR
3. Pe. Antônio Carlos Fernandes, SDN – Diocese de Caratinga – MG
4. Pe. Antonio Manzatto – Arquidiocese de São Paulo – SP
5. Pe Antônio de Jesus Sardinha – Diocese de Jales – SP
6. Pe. Adeventino Alves de Oliveira – Diocese de Apucarana – PR
7. Pe. Antonio Lopes de Lima – Diocese de Limoeiro do Norte – CE
8. Pe. Francisco de Aquino Júnior – Diocese de Limoeiro do Norte – CE
9. Pe. José Amaro Lopes de Sousa – Diocese de Xingú-Altamira – PA
10. Pe. Bruno Steim – Diocese de Limeira – SP
11. Pe. Celso Carlos Puttkammer dos Santos – Prelazia do Marajó – PA
12. Pe. José Cristiano Bento dos Santos – Arquidiocese de Londrina – PR
13. Pe. Danilo Pena – Diocese de Jacarezinho – PR
14. Pe. Dennis Koltz, PIME – Macapá – AP
15. Pe. Diego Giuseppe Pelizzari – Conselho Indigenista Missionário – CIMI
16. Pe. Domingos Rodrigues – Diocese de Bagé – RS
17. Pe. Dirceu Luiz Fumagalli – Arquidiocese de Londrina – PR
18. Pe. Edegard Silva Júnior, ms – Diocese de Pemba – Moçambique
19. Pe. Edson André Cunha Thomassim – Diocese Novo Hamburgo – RS
20. Pe. Edson Zamiro da Silva – Diocese de Apucarana – PR
21. Pe. Eduardo Milaré – Diocese de Limeira – SP
22. Pe. Ezael Juliatto – Arquidiocese de São Paulo – SP
23. Pe. Ferdinand Doren, SVD – Diocese de Campo Limpo – SP
24. Pe. Flávio Corrêa de Lima – Diocese de Novo Hamburgo – RS
25. Pe. Francisco Gecivam Garcia – Arquidiocese de Maringá – PR
26. Pe. Genivaldo Ubinge – Arquidiocese Maringá – PR
27. Pe. Geraldino Rodrigues de Proença – Diocese de Apucarana – PR
28. Pe. Gilberto Tomasi – Diocese de Caçador – SC
29. Pe. Hermes Antonio Tonini – Diocese de Lages – SC
30. Pe. Ivanil Pereira da Silva – Diocese de Umuarama – PR
31. Diac. Jorge Luiz A. Souza – Arquidiocese de São Paulo – SP
32. Pe. Jorge Pereira de Melo – Arquidiocese de Londrina – PR
33. Pe. José Amaro Lopes de Sousa – Diocese de Xingú-Altamira – PA
34. Dom José Mário Stroeher – Bispo Emérito do Rio Grande – RS
35. Pe. José Roberto Moreira – Diocese de Lages – SC
36. Pe. Júlio R. Lancellotti – Pastoral Povo de Rua – Arquidiocese de São Paulo – SP
37. Pe. Leandro de Mello – Diocese de Passo Fundo – RS
38. Pe. Leomar Antonio Montagna – Arquidiocese de Maringá – PR
39. Pe. Lino Batista de Oliveira – Diocese de Apucarana – PR
40. Pe. Lino Mayer – Diocese de Rio Grande – RS
41. Pe. Luis Miguel Modino – Miss. Fidei Donum – Arquidiocese de Manaus – AM
42. Pe. Luiz Carlos Palhares – Diocese de Apucarana – PR
43. Pe. Frei Luiz Favaron, OFM – Diocese de Santo André – SP
44. Pe. Luiz Roberto Sandini – Diocese de Chapecó – SC
45. Dom Manoel João Francisco – Diocese de Cornélio Procópio – PR
46. Pe. Manoel José de Godoy – Arquidiocese de Belo Horizonte – MG
47. Pe. Marcelo de Oliveira – Arquidiocese de Campinas – SP
48. Pe. Marcos Roberto Almeida dos Santos – Arquidiocese de Maringá – PR
49. Pe. Mauro Batista Pedrinelli – Arquidiocese de Londrina – PR
50. Pe. Mauro Sérgio Souza Nunes – Diocese de Nova Friburgo – RJ
51. Pe. Medoro de Oliveira – Diocese de Valença – RJ
52. Pe. Nelson Muchenski – Diocese de Apucarana – PR
53. Pe. Paulo Sérgio Bezerra – Diocese de São Miguel Paulista – SP
54. Pe. Paulo Joanil da Silva, OMI – Belém – PA
55. Pe. Raimundo Vanthuy Neto – Diocese de Roraima – RR
56. Pe. Ramiro Mincato – Diocese de Novo Hamburgo – RS
57. Pe. Ricardo Aguiar de Araújo – Diocese de Limeira – SP
58. Pe. Rui Fernando de Oliveira Santos –Diocese de Apucarana – PR
59. Pe. Sebastião Rodrigues da Silva – Diocese de Cornélio Procópio – PR
60. Pe. Severino Leite Diniz – Diocese de Lins – SP
61. Pe. Sisto Magro, PIME – Macapá – AP
62. Pe. Vileci Basílio Vidal – Diocese de Crato – CE
63. Pe. Vilmar Gazaniga – CEBs Regional Sul IV – Diocese de Caçador – SC
64. Pe. Vilson Groh – Arquidiocese de Florianópolis – SC
65. Pe. Frei Wilmar Villalba Ortiz, OFM – Diocese de Ubatuba – SP
66. Pe. Sérgio Eduardo Mariucci, SJ – Unisinos – Diocese de Novo Hamburgo – RS
67. Pe. Sérgio Silva – Diocese de Novo Hamburgo – RS

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